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sábado, 21 de octubre de 2023

Me levantaré

 


Hace unos pocos días cuando estaba escuchando el sermón, el predicador tomó de base una de las historias más usadas, conocidas y referenciadas: “El hijo pródigo”. Esta relata la historia de un joven rebelde que decide salir de su casa e ir a conocer al mundo, acompañado solo de su deseo de libertinaje y aventura.

 

El relato bíblico, quizá ya conocido en demasía por ustedes, nos muestra cómo este joven, dejándose llevar por el desenfreno y limitado solo por la satisfacción de sus más corruptas pasiones, sigue un camino de desafortunadas decisiones, que lo llevan a terminar en el más lógico de los destinos: un mundo de escasez, de dolores, de pérdidas y miseria. Abandonado completamente por los que se decían sus amigos, por quienes dijeron amarlo, pero sólo gozaron de su desenfreno. Terminó solo, rodeado de dolor, miseria y lamentaciones.

 

Es aquí donde el predicador dio un rumbo especial al relato, y a diferencia de muchas ocasiones donde escuché esta misma historia, mostró elementos que muchas veces los hemos pasado por alto. El primero de ellos es que para generar un cambio en nuestras vidas, debemos mirar a nuestro alrededor y tener la capacidad de reconocer nuestra responsabilidad frente a lo que estamos viviendo.

 

Vimos como aquel joven se dio cuenta de su realidad, en medio de una porqueriza, de hambre y de mugre, ve como todo lo que está viviendo fue su responsabilidad, su culpa, sus decisiones y acepta que el único culpable de eso fue él: “... he pecado contra el cielo y contra ti” no se justificó, no buscó minimizar sus errores. Simplemente aceptó y reconoció su realidad.

 

El segundo paso fue tomar una decisión con respecto a su realidad: “me levantaré e iré…” Él no se puso a buscar culpables, ni a encontrar a quien responsabilizar de su realidad; mucho menos a esperar que llegara alguien a buscarlo, a sacarlo de ahí y llevarlo a un estado de bienestar. Nada de eso; pero tampoco se quedó ahí, solo reconociendo su responsabilidad frente a su realidad o solo tomando la decisión en su mente de cambiar y enfrentar su realidad; ¡NO! ACTUÓ en consecuencia de sus decisiones. Este es el tercer paso: “Y se levantó” Sí, se levantó, emprendió el viaje a su destino y por último, al llegar se mantuvo firme en todo lo que había decidido hacer.

 

¿cuántas veces nos quedamos en los sueños? en muchas ocasiones simplemente nos quedamos en los planes. A veces, nos devolvemos y ya no reconocemos nuestra responsabilidad, sino que damos un paso atras buscando quien pueda ser el responsable, el culpable o el generador de nuestras malas decisiones. Lo bonito de la historia, es que al igual que pasa en la vida de cualquier persona, siempre que cambiemos y hagamos las cosas de manera diferente, vamos a obtener resultados diferentes.

 

El secreto para lograr cambiar nuestras vidas, para transformar nuestra realidad, para dejar de estar tirados en medio de la porqueriza y alimentándonos de las sobras de los cerdos, radica en 4 simples pasos: reconocer que nos hemos equivocado; decidir que no queremos esa vida, que queremos cambiar; actuar, no quedarnos en sueños e ilusiones, en planes sin ejecución, sino levantarnos y empezar el camino; y por último, mantenernos, el camino es largo, pedregoso y difícil; pero una vez empezamos el camino, debemos terminarlo.

 

No es fácil, cuesta lágrimas, humildad y requiere de toda la fuerza de tu voluntad, pero los frutos se van dando. Yo lo estoy haciendo, y si que he llorado, pero te puedo asegurar que no hay mejor decisión. Por lo menos así lo vivo yo.


sábado, 14 de octubre de 2023

¿Victimas de la entropía?

 


Una de esas tardes de caminatas interminables en búsqueda de respuestas ante la situación por la que me encontraba pasando, llena de abrojos, pero en general consecuentes con algunas desacertadas decisiones que había tomado en mi pasado inmediato y que reflejaban una búsqueda permanente de autodestrucción, me distraje con el humor nerdo de un diálogo proveniente de una de mis series favoritas:

  • ¿Cómo va tu vida?

  • Como la de todos, sujeta a entropía, decadencia y eventual muerte


Y entonces vino a mi mente la duda de si lo que estaba viviendo era simplemente algo que no podía modificar, que mi vida como la de todos está sujeta obligatoriamente al caos, a la entropía, a entrar en una decadencia interminable y que sin importar que pudiera hacer, en lugar de cambiar lo que estaba viviendo y generar un nuevo destino, solo estaba condenado a seguir cometiendo errores y cayendo cada día más en un pozo sin fin hasta simplemente llegar a la eventual muerte.

Pero como siempre, quise saber más sobre la entropía (esta ley filosófica y magnitud física) encontrando algo interesante, el origen de la palabra simplemente es evolución. Fue ahí donde caí en la cuenta de uno de los errores más comunes de nosotros, vemos el caos, el desorden y la entropía como procesos negativos, como determinantes que solo nos van a llevar a la tristeza, a la desilusión y la infelicidad.


Y no es así, son evolución, son la oportunidad de cambiar, de volver construir, de empezar de nuevo, de aprender de nuestros errores y mejorar en los aspectos que tenemos que mejorar. Siempre va a haber un pequeño elemento de caos y desorden, pero será el que nos abra siempre la puerta a mejorar. Sobre el éxito y lo construido, no se puede hacer nada. Se aprende del fracaso y se construye sobre las ruinas.


Cierto, hoy mi vida a los ojos de un observador despistado podría estar en ruinas, como la de muchos. Pero lo que no se da cuenta es que es lo que se necesita para poder construir, levantar nuevas edificaciones, nuevos sueños, nuevas metas, nuevos objetivos. Yo estoy empezando a construir sobre las ruinas de mis desacertadas decisiones pasadas, pero esta vez con la experiencia que no tenía, y con conocimientos que antes no había adquirido. 


Hoy veo en mis fracasos y en mis derrotas, las herramientas que necesito para edificar el objetivo que me estoy trazando y alcanzar las metas que me he impuesto. Así aprendí que no soy víctima del caos y la entropía, ellos son mecanismos para evolucionar y crecer y no para decaer. Bueno por lo menos así lo veo yo.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

En legítima defensa!




Hace algunos días los medios y la redes sociales se inundaron con la noticia de una actriz que había sido maltratada por su pareja, con graves afectaciones físicas sobre su rostro y otras partes de su cuerpo. Tan pronto salió esto muchas personas se movilizaron con expresiones de apoyo y símbolos en reproche de la situación vivida por la figura pública, trayendo nuevamente a los medios la temática de la violencia contra la mujer.

En su momento mi única crítica, mas allá de la situación, fue en relación con los medios. Pues cuando se trata de un personaje de la farándula o mediático, todos salen a hablar a indignarse, pero esta es una realidad que afecta a muchas mujeres del común todos los días y, lamentablemente, nadie dice nada.

Sin embargo, a pesar de mi crítica al típico comportamiento de los medios frente a su amarillismo cuando un miembro de la farándula sobre los embates de la realidad social, lo que realmente me quitó el aliento fue la postura de algunos "opinadores" sobre la responsabilidad del hecho. Muchos fueron capaces de insinuar que tan solo era una pantomima y que "que abría hecho para que le pasara lo que le pasó".

Y entonces caí duramente con una de las condiciones más comunes de nuestra sociedad, la justificación de la violencia. Fue tal el movimiento de opinadores que el victimario salió en varios medios diciendo que su actuar habías sido "en legítima defensa". ¿la violencia es justificable? Ciertamente existe el agravante de que la situación fue en contra de una mujer, aunque quitando el papel machista de esta expresión, así hubiera sido contra un hombre, ¿existe una razón para defender la violencia de cualquier tipo?

Pues para mi no. Cierto, hay situaciones donde un ser humano actúa en defensa y protección de su vida, pero siempre será bajó situaciones donde la ventaja del oponente es claramente superior y el instinto de superviviencia toma control del organismo, otras que la constitución y la ley consideran legítimas.

Sin embargo, yo considero que no existe un motivo para golpear, maltratar o lesionar física, verbal o emocionalmente a alguien, en especial si esta persona, de un modo u otro, hace parte de tu vida. No existe argumento, base o justificación para levantar la mano o las palabras contra quien en otro momento quisiste acariciar.

No importa la frustración, el dolor o el orgullo herido, siempre el camino correcto será dar la vuelta e irse. Nada, absolutamente nada debe llevarnos a justificar de un modo u otro el atentar contra otro ser humano y menos cuando estuvo vinculado con nuestras vidas. La violencia solo genera más violencia, dolor y resentimiento.

Socialmente estamos acostumbrados a buscar justificaciones a determinados comportamientos, pero aceptar la violencia y defenderla, solo muestra de nosotros una incapacidad de razonar y entender que el mundo y las cosas no son siempre como queremos.

Bueno, por lo menos así lo veo yo.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Un camino de obscuridad


Se acerca el cierre de otro año, el cierre de un ciclo, 335 oportunidades que vivimos para ser felices y alcanzar nuestros sueños (faltan 30 días todavía para ser 365).Y en este tiempo, no sé a ustedes, viví muchos momentos obscuros donde me sentía atravesando por un sendero tenebroso, escalofriante y deprimente. En muchas ocasiones tuve la intención de desistir, simplemente tirar la toalla porque no encontraba una salida a este espantoso sendero.

En muchas ocasiones me dí por vencido completamente, sabría que no importaba cuantos días transcurrieran yo iba a seguir atrapado en ese obscuro lugar. El pasar de los días, en muchas ocasiones, solo el recuerdo de las frustraciones vividas, de las rutas o caminos que por mi propia mano dejé que se cerraran ante mis narices. Incluso laboralmente iniciando el año me sentí afligido e insatisfecho.

Lo más angustiante en su momento fue buscar un motivo, una razón para todas estas problemáticas, cómo dirían algunos, el porque me encontraba donde me encontraba. Generalmente la búsqueda de esta situación me llevaba al mismo punto, era mi culpa, yo había sido el responsable de ingresar por ese camino, yo me había desviado y había permitido que todo se volcara por donde se estaba volcando.

En ese momento, y solo por un instante, le di la razón a quienes no creen en Dios, porque Dios no tenía nada que ver con las cosas malas que ocurrían o con las emociones que me afligían. Todo lo que estaba pasando en mi vida era solo la cosecha de los frutos que yo sembré en el camino. Cada cosa por la que estaba pasando era recoger lo que durante mucho tiempo había sembrado.

Pero esto, de nada sirvió, encontrar un responsable no me solucionó nada, eso no me sacaba de ese camino, no cambia el horizonte y mucho menos prendía una luz en la obscuridad para encontrar una salida próxima. Todo lo contrario me tenía aferrado a mi tristeza, me dejaba atrapado en pasado. La única solución que se me ocurría en ese momento era encontrar un camino a mi pasado y cambiar mi situación (Al mejor estilo de Marti Mcfly)

Efectivamente la sola idea de viajar en el tiempo a solucionar mis problemas solo lograba hacerme sentir más estúpido y enterrarme más en la melancolía. Era un año oscuro, con un camino aún más tenebroso que cualquiera de las cintas de terror que alguna vez vi en mi infancia. Y para acabar de completar, mi mente solo buscaba responsables. Tenía que haber a quien quién pagara por todo el infierno que estaba pasando. Pero ser la respuesta a la pregunta, me dejaba en el mismo punto donde había iniciado y ese no era el objetivo.

Era el más obscuro camino que había caminado en toda mi vida, 36 años o 700 eras… nunca había estado ahí. De repente, y recordando muchos de mis discursos profesionales, recordé una premisa que siempre defendí: ante un problema, no importan los responsables, hay que buscar las soluciones. Los responsables pueden esperar. Cuando el camino vuelva a su sendero, cuando todo retome las vías necesarias, ahí será el momento de hallar los responsables.

Y entonces en mi mente todo empezó a cambiar, lo obscuro del camino ya no me afectaba. Debía trabajar en las soluciones y no en la problemática, ni en los responsables. En mi mente cada cosa debía tomar un nuevo sentido y esfuerzo. Cada fuerza en mi ser debía estar destinada solo a una cosa, cambiar realmente el rumbo de mi vida. La vida me había llevado a ese lugar, no para quedarme aterrado en un rincón. Era la oportunidad de replantear, de renacer.

Lo primero, dejar de pensar en el ayer. Dejar el pasado en el pasado, mirar al horizonte en la búsqueda del nuevo sendero que seguir, dejar de pensar en lo pasado. Lo segundo soltar las cargas, las culpas, los rencores, las responsabilidades autoimpuestas que correspondían a otros. Ya es difícil recorrer el camino con las propias cargas, imaginen recorrerlo con las cargas de los demás.

Cuando levanté la mirada ante todas estas decisiones me di cuenta que el año estaba terminando, pero que estaba avanzando, quizá no al ritmo que hubiese querido, quizá  no con los logros que esperaba o las metas que pretendía alcanzar, pero estaba avanzando. Había logrado algunas, otras estaban empezadas. El camino al cierre de este año empezaba a tornarse en otros tonos.

Hubo decisiones dolorosas, personas que dejar en el pasado, sueños y esperanzas que solo representaban ataduras imposibles de librar, que era necesario olvidar. Y extrañamente estas decisiones y acciones, estas libertadas… abandonar la búsqueda desgastante de un culpable me había permitido pensar en soluciones.

Para muchos faltan unas pocas horas para cerrar el año y ya empezaron con el látigo a infligirse los castigos necesarios por no alcanzar las metas esperadas en este obscuro año que termina. Ya empezaron a juzgarse por los sueños no maternizados o las promesas incumplidas. Lo que no se dan cuenta es que solo fue otra vuelta al sol, pero todavía se pueden alcanzar esos sueños y esas metas.

Falta unas horas para terminar esta vuelta al astro que domina nuestro entorno, pero no para dejar de caminar en pos de alcanzar las metas proyectadas. Solo es el comienzo hasta lograr lo querido.

No es un cierre o un final, es un nuevo comienzo para continuar por el camino, avanzando al horizonte con los ojos llenos de esperanza, conscientes de que vamos a lograr, de que podemos alcanzarlos, salir de los escabrosos y llegar a tierras más placenteras. Solo hay que dejar de buscar culpables y soltar las culpas. Solo hay que caminar pensando en soluciones y esperanzas.


Feliz cierre de año para todos. 


Fuente de soda: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMG5xb1WxNP1vlLohe1R2b6ynuVt9ex2hzzibkxnm3L727Ng0L_XKE8gV8y8saT8ZBHsACdtDhVRUt3ZcM1vY9gQVd9gZjD8-lcu62ejNM2aTwMwMDYH8m7NiQ9OqNEiERDdXnEE7PueRC/s1600/oscuro-bosque-naturaleza-paisaje-31000.jpg

viernes, 1 de septiembre de 2017

La de malas


Mi anciano padre (de cariño) tiene un dicho que siempre pronunciaba en esos momentos donde yo culpaba al devenir (a la fortuna) de mis problemas “la de malas y los pendejos, siempre van de la mano”, dicho en palabras un poco más coloquiales, la mala suerte es la excusa de los idiotas.

En aquellas épocas lo tomaba generalmente como una crítica sin sentido, hasta lo sentía como una burla de parte de mi progenitor, pues no podía creer realmente que aquellas cosas malas que pasaban fueran mi culpa. Tenía que existir algún elemento externo, una fuerza sobrenatural que estaba pendiente de que estaba haciendo yo, para ir a dañarme “el caminado” y afectar significativamente lo que estaba haciendo.

Sin embargo, y como todo en la vida, el pasar del tiempo me ha hecho ver un poco diferente las situaciones que han ocurrido en mi vida, cambiar mi consideración frente a la de malas, y evaluar un poco más las pendejadas que he ido cometiendo con el paso de los años… bueno ya lo dice el dicho “sabe más el diablo por viejo, que por diablo”. Y es que disertando sobre esta la realidad, en aquellos momentos de meditación, existencialismo y desocupe, empecé a caminar en retrospectiva sobre las crisis pasadas y presentes.

En cada momento de dificultad, que parecía llegar de forma fortuita en mi vida, que parecía resultado del azar o de las perversas intenciones de un malvado ser interesado en poner trabas y tristezas a mi miserable existencia… al verlo un poco en retrospectivas y con la mirada fría y calculadora de un observador y no del protagonista de esa historia, me di cuenta que cada fracaso, cada frustración, cada tristeza y dolor fue solo el resultado acumulado de muchas decisiones equivocadas, tomadas a la ligera y sin pensar.

Por poner unos pocos ejemplos, una de las grandes frustraciones de mi vida guarda relación con la imposibilidad de estudiar ingeniería electrónica en “la mejor, para los mejores” efectivamente mis posibilidades económicas no daban para más. Y en lugar de organizarme, estudiar y dedicarme, me confié de mi brillantez y no me esforcé más por estudiar y obtener un mejor puntaje en las pruebas de estado.

Mi resultado fue muy bueno, pero no suficiente, la vagancia no me dejó lograr algo más. Luego, al momento de presentarme, mi padre me aconsejó ingresar a otro programa y luego pedir traslado interno, pero mi astucia me dijo que entraba a esa o esa… y  el destino me dijo que no. Y así fueron pasando mis días con grandes errores. Cuando debí pensar en estudiar pensé en rumbear. Cuando ya estudiaba y podía pensar superarme aún más, solo pensaba en la vagancia.

Cuando debía ahorrar y administrar, solo pensé en malgastar y presumir, siempre fui tomando las decisiones inadecuadas. Cuando debí invertir, tiré. Cuando debía escuchar, hablé… Cada momento de mi vida, cada error, cada frustración estuvo siempre precedida de una decisión acelerada, a la ligera y pensando solo en el momento, sin pensar en el impacto.

En ese camino hubo muchos que me invitaron a centrarme, a pensar y calcular, pero mi brillantez solo me permitía escuchar los consejos de mi ego, encaminados a llevarme a fracasar. No puedo decir que todavía haya aprendido por completo mi lección, pero al menos ya encontré la fuente de mis descaches; ya tengo la certeza de que la fortuna, la de malas o el azar, son solo excusas que inventamos para quitarnos la responsabilidad.

Quizá pienses que estoy equivocado, que tu caso es diferente, que tú eres la víctima de un malvado ser del universo empecinado en hacerte llorar por las noches, amargamente junto a tu cama, pero puedo invitarte, al igual que con mi vida, que te siente a revisar cuales fueron las decisiones que te trajeron hasta donde estas y te aseguro que de la fortuna y el azar solo encontrarás aportes positivos, porque los negativos serán solo el resultado de tus decisiones.

Por eso, yo he decidido dejar mi dependencia de la suerte y empezar a labrarme, de la mano de mis decisiones y mi voluntad, un futuro más conforme, satisfactorio y gratificante. Dejar las excusas y temores, tomar conciencia y responsabilizarme de mi vida, aceptando que lo que pase o deje de pasar, solo será el resultado de lo que yo haya decidido construir para mí.


Ojala pienses lo mismo para ti.

Fuente imagen: http://www.elinformador.com.co/images/stories/sociales/2016/12-diciembre/13soc4.jpg

miércoles, 30 de agosto de 2017

El peso de los años


Es común entre mis amigos, cada vez que nos reunimos, hacer referencia a mi “longevidad” según sus bromas y comentarios, no solo soy el más viejo del grupo, sino de todos los grupos. Es natural ver en mi cumpleaños la referencia a Luis I de Hungría (Desde hace tres años), puesto que ellos insisten que es la referencia más antigua de mi vida. Para mi estas comparaciones en lugar de molestarme, me llenan de orgullo, sentirme el ser humano más viejo entre mis amigos o incluso entre la mismísima humanidad.

Ha habido momentos donde he llegado a pensar que realmente lo creen, que piensan que en realidad soy tan anciano como acostumbran decirlo, incluso creo que yo mismo he llegado a considerarlo como una realidad. Es interesante ver como cada vez que llega alguien nuevo se queda asombrado y pregunta si soy mayor de lo que parezco… el motivante de estas pequeñas bromas no es objeto de este post, más bien he querido disertar sobre el peso de los años en algunas personas.

Muy a diferencia de mi actitud frente a la longevidad y la posibilidad realmente de haber vivido durante varios eones, es muy sorprendente ver el impacto que la edad tiene sobre algunas personas. Por estos meses que deambulan, varios de mis amigos han empezado su camino al cuarto piso, y al igual del impacto que tendría subir por las gradas de cuatro pisos corriendo, la llegada a este escalón de la vida los ha dejado sin alientos, tristes, podría decir que hasta desmotivados.

No puedo negar que antes de que se empezara a realizar entre mis amigos el comentario de mi sorprendente longevidad, cada vez que se aproximaba la llegada de mi onomástico, entraba en una grave crisis existencia pensando en lo que no había hecho, en las metas no cumplidas, en las malas decisiones, en los grandes errores, en las perdidas y fracasos.

Era mortal y no solo por el tiempo que, quizá, me restaba, sino porque las metas que me había autoimpuesto no se estaban cumpliendo en los lapso que había determinado, porque esto o aquello debía haberlo hecho en tal o cual fecha y ya había pasado. Era como si el cierre de ese ciclo significara presentar un informe de gestión al más sádico de los patronos, mi propio ego.

Y entonces era totalmente terrible ya había llegado a los 30 y no había aprendido los dos idiomas que me había puesto de meta, ya tenía 33 y todavía no sabía tocar un instrumento, llegaron los 34 y no había empezado mi maestría, ya estoy en los 36 y todavía no he tenido mi primer carro… cada cierre de ciclo se convertía, para mi, en un juicio, en un patíbulo… en un cronometro que podía detenerse en cualquier momento y yo seguí sin cumplir con los mínimos que me había IMPUESTO.

Y entonces comenzaron las chazan frente a mi innegable longevidad, la longevidad de ese ser imaginario que ha visto crecer a Amparo Grisales, que le dio clases a Chavelo en la escuela y que conocío el mar muerto, cuando todavía estaba vivo… y en medio de los chistes, las bromas y chascarrillos una idea nació en mi interior. Los años no son nada, el tiempo es solo una dimensión que nos hemos impuesto nosotros mismos.

Nosotros buscamos las herramientas para frustrarnos frente a las metas y sueños, somos excelentes destructores de nuestra autoestima y esperanza, nos imponemos fechas, tiempos y reglas y caminos que muy seguramente pueden tomar un poco más, pero lo hacemos para tener la posibilidad de, masoquistamente, darnos látigo.

Pensar en mi longevidad me hizo darme cuenta que 30 o 40 años no son nada, son un suspiro, son un camino de experiencias y aprendizajes, que quizá otros en ese tiempo hayan logrado más cosas, pero también hay muchos que no han vivido lo que yo he vivido… son casi 40 años (reales) de caminar, cometer errores, aprender… pero sobre todo de vivir, no sé cuántos años más me depare el futuro, no se si relamente sean siglos o tal vez tan solo unos minutos.

Pero hay algo de lo que estoy totalmente seguro, lo que esté por delante tengo que verlo con expectativa, con esperanza, con fe, con ánimo porque es la oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir creciendo, de seguir conociéndome… es la oportunidad de seguir viviendo y para vivir no hay edad.

¿no has alcanzado una meta cuando lo querias? Si no estás muerto la vida te está invitando a que lo hagas cuando quieras!!! No hay excusa!!! Estamos vivos ... HAY QUE VIVIR.

Así que quizá estás llegando al cuarto o al quinto o al sexto… no importa a que piso de los niveles de tu vida estés llegando, mira el pasado como una experiencia, el presente como una oportunidad y el futuro como un sueño.

Los años no son un peso, los años son la fuente de energía para enfrentar todo lo que la vida nos depara en el presente y en el porvenir.


Por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://c.pxhere.com/photos/d9/d9/ghost_town_forgotten_place_wild_west_village_old_wood_building_house-1088921.jpg!d

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Quien soy?



Uno de los actores de acción que siempre me ha dejado fascinado con sus películas es el gran Jackie Chan, el corte de humor en sus actuaciones y las acrobacias dan un enfoque diferentes a sus películas. Una de ellas tenía por título la misma frase de este post “Who Am I?” ¿Quién soy yo?, la historia se desenvolvía, entre acción y comedia, a través de las aventuras de un personaje que había olvidado por completo quien era.

Recordando esto y divagando un poco sobre la realidad en la que me encuentro actualmente, en medio de una caminata de las que acostumbro acompañar mis disertaciones, me puse a pensar en la respuesta a esta interesante interrogante. Se supone que filosóficamente esta palabra no tiene una respuesta certera, porque no importa cuántos años alcancemos a trasegar por este plano de la existencia, nunca llegará el momento donde puede establecer quienes somos.

Hasta hace algunos meses yo tenía casi que la absoluta de certeza de saber quién era, sin caer en las típicas frases de cajón donde las personas hablan de su profesión, de sus capacidades o de sus experiencias. Hay quienes incluso se definen a sí mismos como un nombre, un apellido o un abolengo. Pero la realidad es que no tienen idea quienes son.

En mi realidad yo tenía claramente definido quien era, que quería, que soñaba, cuales eran mis capacidades y sobre todo, lo que no quería ser. Estaba inmerso en el absoluto afán de ser aceptado por mis semejantes, aplaudido; porque no, admirado. Siempre me esforcé por ser el mejor en todo lo que hacía, para que mi público me llenara de aplausos y ovaciones. Todo era tan absolutamente claro, mis sueños, mis metas, mis ideales, mi manera de ver la vida y mi manera de vivirla.

Todo absolutamente lleno de egocentrismo y egoísmo, no había nada más importante en mi vida para mí, que yo mismo. Alguien alguna vez me hizo ver cuán equivocado estaba, como todo lo que tenía o creía poseer, porque aquí entre nos, la realidad es que jamás posemos algo; las cosas llegan a nuestra vida en préstamo y cuando no las sabemos administrar se van. Entonces la vida, el Buki, Jebus, Jesús… llámalo como lo quieras llamar… me dio una gran lección, sino eres humilde, no eres nadie.

Entonces lo perdí todo, todo absolutamente todo, la mujer que amaba terminó en manos de un ser humano que nunca consideré superior a una cucaracha, para golpear un poquito mi ego. Las amistades me dieron la espalda, a excepción de unos, que nunca superarán los dedos de una sola mano.

Perdí mi público, todos los que me aplaudían, admiraban y amaban, se habían ido. Solo quedamos mi ego y yo. Entonces decidí cambiar dejar de pensar en mi ego, dejar de buscar los aplausos y la aceptación de otros. Caminar por mi, porque lo que soy, por lo que quería. Pero entonces me encontré con otro pequeño dilema.

Después de haber dejado mi ego de lado, mis anhelos de aceptación, mi búsqueda de sobresalir y recibir los aplausos, llegue a una conclusión… No sé quién soy. A veces me levanto con la esperanza de encontrar un sentido, una personalidad, un carácter, una fuerza, un horizonte, un norte… algo que me ayude a encontrar quien soy y entonces empezar a caminar hacia donde quiero llegar.

Al perderlo todo, fue todo, me perdí yo mismo. Solo quedó, como en unos post atrás, un inmenso vacío. Llegó en punto donde realizó cosas que yo JAMÁS hubiera hecho, porque yo no era así… el problema es que ahora, no sé quién soy, así que muy seguramente ese que soy ahora tal vez haría esas cosas o tal vez no.

Y entonces llegó la pregunta ¿cómo me puedo reconocer? Y la respuesta llegó tan rápido como la pregunta, No hay que reconocer o reconstruir, no hay que pegar o unir, simplemente no hay nada… unos recuerdos, unos conocimientos, unas cuantas normas de convivencia por ahí… entre tanto desorden no sé dónde están mis metas, ni tampoco mis sueños.

Y al igual que el personaje de la historia que empezó a caminar para saber quien era… me dí cuenta que solo tengo una salida, emprender un camino, un nuevo camino para encontrar quien soy o, dicho de mejor forma, para construir un nuevo yo. Solo en la oscuridad de este frio asfalto, en la soledad del camino sin rumbo puedo volver a construir un carácter, una personalidad.

No se que tan bueno sea, muchos dicen que empezar de cero es el mejor camino para lograr cosas buenas, mi abuelo siempre dijo que es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto. Pues en mi caso, voy a tener que construir un hombre nuevo, de la nada, solo yo, el camino y las sombras… esperar que el tiempo me permita construir un buen ser humano.

Así que mis queridos amigos, a veces la contestación de esta pregunta requiere no solo que mires en tu interior, a veces requiere que te construyas … que te enfrentes, te confrontes y camines… solo en el camino te darás cuenta quien eres o quien puedes ser.


Cuando sepa quién soy les estaré contando.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0KrdaBG2cN02DISH-XgAi7xBoAaNdCsMivFSX2TfasqbGScs50EP4mKEbE6CaMUjr6w9kNJACrdi6SZmeYoNTvMUj9yEghHqIdJKIJv9jw1RpcjoN7ZoFO31gpaOJFQltA-v7biYfTAw/s1600/Descargar+Pack+Espectaculares+fondo+de+paisajes+(409).jpg

martes, 31 de enero de 2017

Amar sin ser amado


Hace algunos años viendo una de las primeras películas de Cantinflas (Aclaro que no la vi en estreno, luego dicen que estoy viejo) En un dialogo con el humorista que le hacia la contraparte, le preguntó el uno al otro: “¿Qué tiempo del verbo es amar sin ser amado?”. Y el otro le contestaba: “Es perder el tiempo”.

Era evidentemente un dialogo conducente a generar que el público se doblara de la risa frente a tan interesante afirmación… amar sin ser amado es perder el tiempo… lo interesante es que muchas veces vamos por la vida pensando en la misma postura. Vamos por la vida dándonos garrote por haber sido tan “ilusos” de estar enamorados solos, perdiendo nuestro valioso tiempo.

Lo cierto es que, disertando un poco sobre el tema, amar sin ser amado no es perder el tiempo, el problema es que la mayoría de las veces que creemos estar enamorados, hemos confundido nuestros sentimientos, a veces solo sentimos admiración por el otro, otras simplemente nos hemos apegado al otro.

En muchos de los casos creemos estar perdidamente enamorados, pero el sentimiento de fondo que hay en nuestro corazón, es una posesión sobre el otro, como sobre un objeto. Pero no es amor, es un sentimiento en el que quiero que el otro me haga feliz, me ame como yo quiero, actúe como a mí me interesa… piense como yo pienso. Vea el mundo a mi manera, desde mi perspectiva… pero lo más importante “Me HAGA muy feliz”.

Obvio como en todo hay sentimientos muy interesantes, compromiso emocional, agradecimientos y admiraciones que se confunden con el amor. Generamos compromisos emocionales y sedemos, y sedemos, hasta que llegan las tormentas. Y entonces, en medio de la tormenta todo se acaba… y es cuando escuchamos frases tan profundas como “El amor se me acabó”, "nunca me amó como yo lo amé".

Pero es entonces donde todo se descubre, el amor no se acaba, el amor no tiene fin, no se remplaza; el verdadero amor es como el que le profesa una madre a su hijo o un padre a su hijo… es eterno, no tiene fin, no tiene condición. El verdadero amor es totalmente incondicional. Se ama porque en el corazón nació el más puro de los sentimientos, aquel que es capaz de dar la vida por otro.

Aquella emoción basada en la razón y en la decisión de compartir el resto de la vida con otro ser humano. Aprender y crecer juntos. El amor no es tan egoísta que busque solo el crecimiento de uno… sí, cuando se piensa solo en uno, sin importar que sea el otro, también es egoísmo. Porque cuando las cosas no “Funcionen” podré decir que yo lo hice todo y el otro no. El amor se vive en pareja, no en individuos.

El amor puede soportar cualquier dificultad, el amor puede perdonar cualquier error, el amor puede superar cualquier obstáculo. Pero sobre todo el amor nos enseña a ser grandes, humildes, bondadosos. El amor no espera su beneficio únicamente…

Entonces llegué a la conclusión de que amar sin ser amado, no es perder el tiempo, porque lo cierto es que cuando logramos amar de verdad, de corazón… cuando aprendemos que hemos decidido amar a alguien por encima de cualquier cosa, cuando decidimos amarlo con todas nuestras fuerzas… el hecho de que ese amor no sea reciproco no es condición para seguirlo amando.

El simple hecho de amarlo se vuelve la más grande satisfacción, así esa persona no nos ame… por el contrario, amar siendo amado es la más hermosa de las casualidades, cruzarnos en la vida con alguien que me ame y que yo ame será lo más hermoso del mundo.

Lamentablemente el verdadero amor solamente se da una vez en la vida, porque cuando decides amar a alguien, es como cuando decides amar a tus hijos, tú ya no decides dejar de amarlo… lo amarás por el resto de tu vida, en tu corazón decidiste amar a esa persona y eso no va a cambiar.

Así que ten cuidado a quien decides amar, porque esa es una decisión para toda la vida… el amor no tiene fecha de vencimiento. Se ama para toda la vida.

No te desanimes, quizá encuentres personas con las cuales te sientas bien, pero cuando amaste de verdad… será definitivo.


Bueno, por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggsxyzPp_FuOBFWauyQ1C-v3r2KfMYDj1cMGK8J9T0evYeIXyKitP_okCarKaH8rFDeIF1bdHdcPpjY0utjVMBnMjv3Qwc9AcdWC-u1ybvUJvVDgoByv6bcd2XY960luA9sMJ4goMI-5Y/s1600/amor-imposible-amando-ex.jpg

martes, 10 de enero de 2017

Un burro hablando de orejas


Recuerdo mucho que en aquellas discusiones de infancia, cuando uno a otro se decían cosas, nunca faltaba aquel, que al mejor estilo de un gran filósofo, le sentenciaba al contrincante “No pues, un burro hablando de orejas”… aquella lapidaria frase en muchas ocasiones dejaba sin argumentos a su aferrado contrincante.

Y es que a pesar de lo infantil y tonta que pueda sonar esta expresión típica de los niños, tiene la profundidad de una verdad universal… cuantas veces vamos por la vida emitiendo juicios de quienes están a nuestro alrededor, expresiones que menosprecian sus capacidades, competencias, valores o gustos; y la realidad es que nosotros sólo somos unos burros, criticando las orejas de los demás.

Recordando esta profunda frase de la vida de infante me puse a disertar sobre el asunto, cuantas veces por la vida he ido juzgando la estupidez de los demás, incluso en este mi blog de disertaciones, han sido muchas las ocasiones donde me he burlado del alto grado de estupidez de algunos de los compañeros que me he cruzado por el camino de la vida y hoy mis queridos amigos me llegó la hora de poner el espejo.

Durante muchas veces, al mejor estilo de la frase con la que título este post, más de uno me la pudo haber sentenciado, solo soy un burro hablando de orejas y es que entrando un poco en la intimidad de mi vida, han sido innumerables las ocasiones donde mi actuar no ha demostrado la más mínima inteligencia racional y mucho menos emocional… he demostrado una “astucia” (entiéndase el sarcasmo) del nivel del más estúpido de los seres que haya pisado este hermoso planeta.

Sólo por recordar un episodio, yo tuve la fortuna de encontrar una mujer como ninguna, inteligente, bonita, dedicada; tanto que aprendió a cocinar por mi y hacia unos manjares que hoy extraño. Me perdonó patanadas, me perdono infidelidades y su único afán fue verme siempre sonreír y ser feliz porque ella era feliz conmigo.

Pero al mejor estilo de los imbéciles más grandes del planeta, me dedique a perderla, me llene de orgullo cuando me busco, esperando que volviera a bajar la cabeza, tome el tiempo como una canita al aire, mientras ella aceptaba que no podía vivir sin mi… pero todo por ser bueno y amar se cansa, yo que hablaba que había que demostrar y no esperar a perder para saber lo que se tenía… solo hasta que perdí me vine a dar cuenta de lo que había perdido.

Hoy, el único consuelo que me queda es que después de perderlo todo, porque no solo perdí a mi mujer, sino mi hogar, fue que verme sin absolutamente nada en la vida, me permitió evaluarme y darme cuenta de cuantos errores estaba cometiendo en mi vida, de cómo todas las decisiones y actitudes que tomaba solo me estaban llevando a un resultado lógico y palpable… la más infeliz de las vidas.

Sólo hasta ese momento pude despertar de mi absoluta estupidez y darme cuenta de cuanto lo estaba siendo, fue darme cuenta que ser sabio no es conocer unos libros, tener una profesión y saberse unas cuantas anécdotas históricas… ser sabio es saber vivir, es valorar las cosas buenas que la vida nos entrega y cuidarlas; es saber que hay bueno y que hay malo en nosotros y cambiarlo, sin necesidad de llegar a una crisis; es aprender a pedir perdón y cambiar de verdad, no solo por el momento.

Ser sabio es conocer el verdadero valor de las cosas y no solo su precio. No permitas que llegues a un punto crítico para cambiar, pero sobre todo, cuando critiques una característica en los demás, asegúrate de que tú no la tengas, es muy feo verse como Un burro hablando de orejas.


Fuente imagen: http://universal.org.hn/wp-content/uploads/2015/08/se%C3%B1a_1.jpg


martes, 3 de enero de 2017

Decisiones


Una de las primeras canciones de salsa que me gustó (Y debo confesarlo que, a pesar de ser caleño, no soy muy salsero) fue precisamente uno de los éxitos de Ruben Blades que lleva el mismo nombre de este post. La canción, que estoy seguro todos la conocen, relata una serie de situaciones en la vida donde las decisiones marcan un factor fundamental en cada paso de nuestras vidas.

De hecho el estribillo de la canción cita “decisiones… cada día, alguien pierde, alguien gana… decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y en este pequeño coro de la canción relata la realidad de las decisiones en nuestras vidas. Cada que tomamos una decisión, alguien pierde o alguien gana.

Deteniendo un poco mi disertación en esta parte del estribillo, la realidad es que querámoslo o no, cada vez que tomamos una decisión alguien pierde o alguien gana, podemos ser nosotros o puede ser otro, algo tan sencillo como enviar una hoja de vida y obtener un empleo; esa decisión llevó a que otra persona, quien también concurso, perdiera ese empleo seguramente.

Cuando estamos en una calle y abordamos un taxi, y alguien más adelante lo necesitaba, nuestra decisión llevó a que esa persona perdiera esa “oportunidad”. El motivo de estos ejemplos nace porque muchas veces la razón para no tomar una decisión, es el miedo a “lastimar” a otros y lo cierto es que cuando otro no pierde… lamentablemente perdemos nosotros.

A veces la bondad en nuestros corazones nos lleva a retrasar decisiones porque tenemos miedo de hacerle daño a alguien y la realidad es que por sencilla que sea la decisión, siempre, siempre… alguien pierde y alguien gana… el problema es que cuando nosotros perdemos, estamos poniendo en juego nuestra felicidad.

Siguiendo con la canción, la otra parte del coro cita “decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y lo bello de esta parte es que contiene otra gran verdad de la vida. Las decisiones nos cuestan todo, nos pueden costar una vida de felicidad o una vida de tristeza.

Una decisión tan simple como verte con el amor de tu vida, con el cual te encuentras distanciado, una noche intrascendente de lunes, sin un motivo, sino una charla superflua o verte con tus amigos de farra, los cuales puedes ver cualquier otro día del año; puede significar entre reconciliarte con el amor de tu vida o vivir largas noches de pena pensando que debiste haber acudido a esa cita, en lugar de estarte azotando contra las paredes por haber perdido la mejor mujer del mundo.

Las decisiones nos cuestan todo, la felicidad, el éxito o el fracaso, un sí o un no, por insignificantes que parezcan, nos pueden cambiar la vida de la noche a la mañana… “Salgan y hagan sus apuestas” perderás o ganaras con la siguiente decisión que tomes…

Y aunque la canción nos invita a pensar que toda decisión es un juego de azar, en el cual no sabemos si ganaremos o perderemos con la siguiente decisión que tomemos… lo cierto es que el azar depende de que tanto hayamos reflexionado frente a la consecuencia de cada decisión.

Puede parecer un poco patético, pero ante cada decisión que tomemos en la vida, sin importar el rumbo que decidamos, siempre habrá un poco de arrepentimiento frente al resultado de la decisión tomada. El truco está en que tanto esa decisión nos genera felicidad…

Suena contradictorio pero no… hay cosas de las que nos arrepentimos superficialmente, como no ir a una fiesta o no comernos una torta de chocolate, pero en el fondo sabemos que la decisión fue sabia porque el resultado nos va a beneficiar.

Hay otras decisiones, como desaprovechar una oportunidad o perder un amor, que nos marcaran para toda la vida y nos dejaran una herida imborrable, que por más queramos, cada vez que recordemos lo tontos que fuimos al tomar esa decisión, indefectiblemente nos harán llorar.

Hay otras, sin embargo, que no sabes que puede causar más dolor, si mantenerte o dejarlo, si seguir o cambiar, sabes que no importa el camino que tomes vas a llorar desconsoladamente… en ese momento y recordando a Socrates “no importa el camino, te vas a arrepentir”, en ese momento sólo hay una pregunta que hacer… en el largo plazo que te va a generar menos dolor.

Por eso, mi amigo lector, a lo que te quiero invitar con esta pequeña disertación es que en la vida no dejes tus decisiones al azar, no dejes tus decisiones a los demás y mucho menos postergues tus decisiones, por dolorosas que parezcan, por difíciles que puedan ser o las lágrimas que puedan generar a ti o a otros, debes tomar las riendas de tu vida y decidir.


Si lo dejas a los demás o al tiempo, solo obtendrás un resultado seguro, mucha tristeza… y a la vida no vinimos a ser tristes sino felices… así que levántate y decide por tu vida… Algo importante, no importa la decisión que tomes, siempre habrá la posibilidad de volver a decidir y ¡ser felices!

Fuente imagen: http://www.emprendepyme.net/wp-content/uploads/2013/02/Aprender-a-tomar-decisiones.jpg

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Con más pena, que gloria?


Nos encontramos a tan solo 17 para que llegue el final de uno de los años que, al menos para mí, me hubiese gustado evitar “esta copa”, han sido 348 días de los cuales puedo asegurar que más del 90% fueron frustrantes, tristes, cerrados con lágrimas en los ojos o un severo estado de alicoramiento, buscando como buen alcohólico, ahogar las penas.

Fue una año lleno de caídas, errores, desaciertos y sobre todo de malas decisiones. Un año de pérdidas valiosas, de penas, de dolores, de tristezas y remordimientos, seguramente si me encontrara con el genio de la lámpara el único deseo que tendría para él sería poder repetir este año con el conocimiento de las decisiones que tengo al final de él.

Pero efectivamente esto es tan posible como ganarme el baloto el próximo sábado 31 de diciembre; sin embargo, con todo lo que tiene por borrar este año debo reconocer que hay algunos elementos que las nubes de la melancolía en ocasiones no me deja divisar… los ojos encharcados de lágrimas me han ocultado algunos elementos positivos.

Y es que aunque suene a “frase de cajón” aquel dicho de los abuelos “No hay mal que por bien no venga” tiene algo de cierto, por algo dicen que la sabiduría popular habla por la experiencia; y es que este año, a pesar de las perdidas, las lágrimas y los errores me dejó grandes enseñanzas.

La primera, conocer las personas realmente valiosas en mi vida, esos momentos de necesidad y escases me llevaron a conocer quiénes eran realmente las personas que me querían, quienes realmente vale la pena conservar en mi vida y en mi corazón, también me mostros quienes fueron los traidores, quienes solo estaban por un favor o un beneficio.

Este año también me enseño que debo conocerme, que muy a pesar de lo que mi ego dijera, todavía me falta mucho por aprender, que para ser un buen ser humano me falta mucho camino por recorrer. Este año me llevó a darme cuenta que cada decisión la debo reflexionar pensando en las consecuencias y en las heridas que puedo generar a otros.

Al final del año, también llegue a entender que Dios también era importante en mi vida (Y aquí les pido disculpas a los que no creen en Dios), pero por los menos para continuar creciendo me di cuenta que solo aferrarme a mi creencia en la trasendentalidad del alma me ayudará a salir del profundo estado de melancolía que a veces me invade.

Cierro el año sin mi hogar, sin mi familia, con muchos aprendizajes y sobre todo consciente que las cosas irán pasando como deban pasar, las cosas malas pasan, pero lo que debemos mirar es que nos quieren enseñar.

Al final de este año sé que aprendí muchas cosas, que fue necesario para continuar mi proceso de crecimiento como ser humano y empezar el 2017 con una nueva mirada sobre el mundo, sobre la vida, sobre las personas, pero sobre todo, sobre el impacto que mis decisiones puede generar en mi felicidad.

Quizá al igual que yo, tu año aparentemente no haya sido bueno; pero en lugar de pensar en las tristezas, las perdidas y las derrotas, porque no miras los aprendizajes, las lecciones, los cambios que te llevarán a ser aún mejor y más fuerte de lo que eras.

Por eso, al mejor estilo de aquél clásico de año viejo, “yo no olvido al año viejo”, pero a diferencia de la canción, aunque no me dejo una chiva, una burra vieja, una yegua blanca y mucho menos una suegra (no me importaría si buena, ni mala); me dejó muchas enseñanzas, muchos aprendizajes y sobre todo la certeza de que el camino sigue y hay que seguir avanzando.


Fuente imagen: http://cdn.colombia.com/sdi/2016/12/13/programadora-informatica-anuncio-el-fin-del-mundo-para-2016-530446.jpg