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lunes, 11 de marzo de 2024

Al borde de la desesperación


 

 

Por estos días se conmemoró el día de la mujer, en homenaje a las víctimas de la explotación laboral que dieron su vida para mostrar los diferentes niveles de maltrato que en muchos momentos han padecido las mujeres, víctimas de un trato desigual y menospreciante frente a su papel, tanto para la sociedad como para los individuos. Y en medio de esta conmemoración han venido a mi mente las múltiples ocasiones en las que la mujer sigue padeciendo la discriminación y el maltrato, pero sobre todo el menosprecio y el señalamiento, especialmente cuando deciden enfrentar el mundo, en busca de la libertad, la dignidad y la felicidad.

Disertando sobre esto, han venido a mi memoria las muchas historias de mujeres que han padecido una vida que paso de las restricciones y limitaciones de familias que, en medio del machismo cultural, las han coartado y limitado, llevándolas a una búsqueda de independencia, que las lanzo a relaciones en las cuales su mayor beneficio fue minar y destruir su autoestima, relaciones con personas que, en medio de sus incapacidades e inseguridades, proyectaron esto a sus parejas. Relaciones donde el amor fue remplazado por la costumbre, donde la mujer era tratada como un objeto conquistado, sin individualidad, sin independencia, sin inteligencia y sin libertad, destruyendo su dignidad como personas y convirtiendo la felicidad en cuentos de hadas, algo inalcanzable e inexistente.

Y entonces, estas heroínas del día a día, del amor por sus hijos e hijas, estas valientes que decidieron liberarse del yugo machista de hombres incapaces de amar, deciden enfrentar el mundo solas, para brindar a sus retoños un mundo diferente, un mundo de libertad, dignidad, amor y felicidad. Deciden salir a luchar por el bienestar de sus familias y se encuentran con una lucha que nunca pensaron enfrentar, quedando al borde de la desesperación.

La primera gran muralla que deben enfrentar es el resentimiento, egoísmo y rechazo, de aquellos que alguna vez fueron sus compañeros y ahora se convierten en sus principales detractores, hombres mediocres que convierten en su objetivo de vida destruir sus vidas, minar sus sueños y ponerlas en contra de toda la sociedad que las rodeaba, seres que su mayor mérito ha sido menospreciar el amor y destruir a quienes dijeron amar. Y en su afán de venganza, tratan de mostrar falsamente que la sociedad las rechaza, buscan insinuar que jamás serán capaces de lograr nada. Frente a esta muralla la mejor arma será nunca olvidar su valor, su capacidad, que siempre han sido la base para construir, que fueron ellas quienes forjaron un hogar, que fueron ellas quienes siempre les han dado amor a sus retoños y que nadie le tira piedras al que está en el piso, solo se le tiran a quien está por encima.

La segunda gran muralla, son los propios pensamientos, esos que fueron forjados durante años para minar su amor propio, esas frases que durante décadas fueron repetidas y grabadas en su mente, donde constantemente se les menosprecio y se les pordebajeo, para que nunca tuvieran el deseo de escapar, que al igual que a una fiera cautiva, desde muy jóvenes se les enseño a temerle a la libertad. Frente a esta muralla es mucho más complejo luchar, requiere que todos los días, cada mañana, al mirarse al espejo recuerde que ella puede con todo, que sin importa lo oscuro de la noche, siempre llega al amanecer.

Nunca es fácil enfrentar la libertad, jamás es sencillo luchar por la dignidad y por la felicidad, requiere romper cadenas, mitos y enfrentar paradigmas, pero si cada día recuerdas porque lo estás haciendo, si cada instante que las cosas no dan el fruto que esperas, traes a tu mente tu motivación, las razones que te llevaron a buscar tu felicidad, tu libertad y tu dignidad. Si ante cada caída, recuerdas que sobre tus hombros esta la felicidad de tus hijos e hijas, vas a tener la capacidad de abrir los ojos y ver como en el horizonte está empezando a salir sol.

Vas a caer, vas sentir que el mundo está en tu contra, pero si nunca dejas de lado lo que te motiva, podrás ver cómo, en cada cosa, el universo realmente te está dando una nueva oportunidad de ser feliz. Por lo menos así lo he visto yo.

 


domingo, 22 de octubre de 2023

Enfrentando el vacio



Hace algunos años en medio del proceso de superar una pérdida escribí un post lleno de desolación, desesperanza y desencanto: “La vacuidad” este tomaba como punto de referencia al nemesis que protagonizó la primera película de “la historia sin fin”. Era tan desolador, que al finalizar la única conclusión es que del vacío y la desolación del alma no hay escape, ni salida; solamente nos queda deambular por el mundo sin sentido, ni significado.


Hoy, unos años más tarde, con más experiencias, con nuevas pérdidas y nuevos aprendizajes, he querido retomar esta visión apocalíptica de la vida personal, que alimentaba con su pensamiento la visión desesperanzadora de la pérdida. El concepto de que la vida puede perder en alguna medida sentido ante un duelo. Cierto, durante ese instante nuestros ojos se llenan de sombras, nuestros oídos dejan de escuchar y nuestra piel deja de sentir.


Ante esta situación, ante esa visión llena de vacíos, donde consideramos que la vida ha perdido significado, que nosotros no tenemos nada, ni somos nada. Que nuestro corazón tiene un profundo hueco que absorbe cualquier intento de felicidad. ¿cómo enfrentarlo? ¿cómo superarlo? Lo primero que necesitamos, retomando aquel monólogo del gran Facundo Cabral, es darnos cuenta que todos nuestros sentidos se encuentran distraídos. Que nuestros ojos no están viendo, nuestros oídos oyendo y nuestra piel sintiendo. Que hemos permitido que ese desolador sentimiento se apodere de todo nuestro cuerpo.


Y al hacer evidente que nuestros sentidos están siendo obnubilados, manipulados o distraídos por algo quiere hacernos olvidar de la realidad, estaremos en capacidad de quitar ese velo que nos impide ver que la naturaleza nos puede hacer olvidar ese vacío. Que el sol del amanecer, la lluvia del atardecer o césped lleno de vida, nos recuerdan cada instante la magia de la vida. Que al hacer evidente que estamos distraídos, podemos destapar nuestros oídos para volver escuchar las sinfonías, las letras, las musas, las canciones y palabras que nos recuerdan que cada instante de vida es maravilloso, es mágico e inigualable.


Que al despejar nuestra piel, podemos volver a sentir las caricias de nuestros seres amados, quienes han sufrido al vernos distraídos anhelando el final de nuestra vida. Podemos volver a tocar, a palpar, a amar… a sentir el calor, el frío y la vida que nos rodea. Que al volver a despejar nuestros sentidos de todos esos distractores, nos daremos cuenta de que el vacío era solo una mentira. La vida, el amor y la felicidad siempre han estado a nuestro alrededor.


Por lo menos así lo siento yo.






 

lunes, 29 de octubre de 2018

Camino de tristezas


Quienes hayan tenido el gusto de conocerme y compartir mi camino, en algún momento de la vida, saben que uno de mis hábitos más marcados es caminar. Una amiga siempre expresa que «camina más que el profesor Moncayo», y es que para mí el caminar es una forma de liberar el espíritu, de alinear los chacras o liberar energías… al caminar generalmente me desconecto de la realidad y simplemente voy disfrutando del camino, del aire, de las nubes y de las estrellas.

Pero últimamente, en determinadas rutas que han sido caminos recorridos, rutas que antes compartía y que era un hábito, casi diario, recorrerlas en su compañía, hoy se han transformado en un martirio. Hoy al recorrerlas son solo un cumulo de recuerdos de viejas lunas y un Sol que quema mis entrañas. Un cumulo de pesares de tristezas.

De tristezas del presente que se alimentan de alegrías del pasado, alegrías que colmaron mi alma y alimentaron mi espíritu, pero alegrías que la fuente que las alimentaba hoy no está presente, hoy no comparte esos caminos, no comparte esas rutas y al deambular por ellas solo quedan los ecos de las risas, los aromas del pasado. Hoy solo quedan los suspiros y las lágrimas.

Un camino de recuerdos, de sueños frustrados y esperanzas fallidas que llenan de amargura el corazón, enconan el espíritu con anhelos de venganza, de venganza contra el artífice de esta tristeza, contra el único culpable de que esos caminos hoy solo sean fuente de tristeza, contra el responsable de que las risas, las miradas y los besos, de los que aquellos caminos fueron cómplices, hoy solo sean espinas en el corazón que desangran la alegría y llenan de tristeza.

Solamente sueño con levantar la mano y acabar con ese malvado ser que trunco mis sueños, acabo mis esperanzas y frustro mis metas… contra mí.

Y con todo lo que quiera, con todo el tiempo que quede por delante, sin importar cuantas lunas y soles pasen, esos siempre serán caminos de tristezas, esas siempre serán rutas de dolor, de recuerdos, porque esos caminos siempre estarán en mi andar y porque conmigo siempre los caminará el culpable de mis lágrimas.

martes, 30 de enero de 2018

Dejando de existir



Hoy en día existen muchos temores, miedos obsesivos y fobias (ese temor que rompe todo límite de la razón). Cada día se escucha de nuevos miedos, desde los más comunes como a las alturas, hasta gente que le tiene miedo a las figuras con muchos agujeros. Es interesante como escuchas de cosas tan salidas de los cabellos como temerle a colores, objetos o partes de cuerpo, incluso a los fluidos corporales. A veces no se si me causa gracia o tristeza tanta vaina.

Sin embargo, disertando un poco sobre los temores y las fobias me quedé pensando cual puede ser uno realmente atemorizante desde mi percepción de la realidad. Y en esos ires y venires llegue a la consideración de que uno de los más grandes males, y sobre el que yo tengo gran temor: perderme. Y no hablo precisamente de la ubicación geográfica; hablo de dejar de ser, de poco a poco desvanecerme y dejar de ser yo, dejar de existir.

Y es que en mis experiencias de los últimos años, me di cuenta que hay vacíos en el alma que cuando nos inundan, cuando nos sofocan esas desolaciones, nos conducen a tratar de llenarnos a como de lugar. En esos momentos sentimos que nuestra alma y nuestro espíritu se está perdiendo, que nuestra alma se desvanece y no encontramos consuelo. En ese momento buscamos por todas partes, amores, vicios, desviaciones, perversiones… caminamos en todos los sentidos tratando de llenar el vacío de una ausencia, de una pérdida o de una libertad.

Y ese afán de encontrar algo que nos llene, nos vamos perdiendo, vamos dejando de ser quienes somos, vamos dejando de existir. Es algo peor incluso que la muerte o que terminar cuadripléjica en una silla de ruedas; porque al final de todo el camino, lo que queda no somos nosotros. Queda un ser completamente diferente a lo que alguna vez fuimos, que ha probado y caminado tanto por el mundo tratando de llenar sus vacíos que lo único que logra es acrecentar más sus necesidades, sus adicciones y dependencias; queda solo desecho.

Al mejor estilo de un adicto, nada logra satisfacer ese profundo vacío sobre el cual nuestra alma se está perdiendo. Pero el problema fue que desde un principio habíamos llenado ese vacío en el alma con las cosas incorrectas: personas, vicios, objetos materiales, egos y reconocimientos. Y ese vació en el alma lo único que realmente lo logra llenar es amarnos.

Suena simple, pero es profundo. Aceptarnos y amarnos, ser conscientes que somos seres humanos imperfectos en un camino de construcción. Que las personas a nuestro alrededor solo son compañeros en un viaje y que en cualquier momento cambiaran su rumbo y el único que siempre estará con nosotros en ese camino, todo el recorrido desde el principio hasta el final, seremos nosotros mismos. Solo cuando dejemos de buscar llenar ese vacío con otros, con superficialidades o cosas materiales, solo cuando aprendamos a amarnos, lograremos satisfacer esa necesidad.

Entonces entendí que ese temor a perderme, ese temor a dejar de ser quien soy y desaparecer en la búsqueda de saciar ese profundo vacío que sentí durante muchas noches, me había resguardado de caídas y pesares. Que ese miedo absoluto a dejar de ser el maravilloso ser humano que vió por primera vez la luz una noche invierno, me cuido, me protegió… ese profundo temor me resguardó de muchas cosas.

Gracias a ese temor aprendí una de las mayores lecciones de mi vida, una que me ha costado 36 años de una búsqueda infructuosa de la aceptación del otro, y fue darme cuenta de la verdad más sencilla y profunda, lo único que puede llenar ese vacío en mi corazón es amarme, aceptarme, quererme y buscar mi crecimiento… y siendo luz, podría iluminar a otros en el mismo camino.

Por eso mis queridos amigos, de todos los temores y fobias que se encuentren, solo hay uno que les recomiendo escuchar, el temor a desaparecer en la búsqueda de llenar los vacíos del alma… ese temor les enseñará que solo ustedes pueden llenar ese vacío.


Bueno, por lo menos eso creo yo.

Fuente imagen: http://www.cuarzomistico.com/wp-content/uploads/2017/06/VACIO-EMOCIONAL-1024x536.jpg

viernes, 1 de diciembre de 2017

Un camino de obscuridad


Se acerca el cierre de otro año, el cierre de un ciclo, 335 oportunidades que vivimos para ser felices y alcanzar nuestros sueños (faltan 30 días todavía para ser 365).Y en este tiempo, no sé a ustedes, viví muchos momentos obscuros donde me sentía atravesando por un sendero tenebroso, escalofriante y deprimente. En muchas ocasiones tuve la intención de desistir, simplemente tirar la toalla porque no encontraba una salida a este espantoso sendero.

En muchas ocasiones me dí por vencido completamente, sabría que no importaba cuantos días transcurrieran yo iba a seguir atrapado en ese obscuro lugar. El pasar de los días, en muchas ocasiones, solo el recuerdo de las frustraciones vividas, de las rutas o caminos que por mi propia mano dejé que se cerraran ante mis narices. Incluso laboralmente iniciando el año me sentí afligido e insatisfecho.

Lo más angustiante en su momento fue buscar un motivo, una razón para todas estas problemáticas, cómo dirían algunos, el porque me encontraba donde me encontraba. Generalmente la búsqueda de esta situación me llevaba al mismo punto, era mi culpa, yo había sido el responsable de ingresar por ese camino, yo me había desviado y había permitido que todo se volcara por donde se estaba volcando.

En ese momento, y solo por un instante, le di la razón a quienes no creen en Dios, porque Dios no tenía nada que ver con las cosas malas que ocurrían o con las emociones que me afligían. Todo lo que estaba pasando en mi vida era solo la cosecha de los frutos que yo sembré en el camino. Cada cosa por la que estaba pasando era recoger lo que durante mucho tiempo había sembrado.

Pero esto, de nada sirvió, encontrar un responsable no me solucionó nada, eso no me sacaba de ese camino, no cambia el horizonte y mucho menos prendía una luz en la obscuridad para encontrar una salida próxima. Todo lo contrario me tenía aferrado a mi tristeza, me dejaba atrapado en pasado. La única solución que se me ocurría en ese momento era encontrar un camino a mi pasado y cambiar mi situación (Al mejor estilo de Marti Mcfly)

Efectivamente la sola idea de viajar en el tiempo a solucionar mis problemas solo lograba hacerme sentir más estúpido y enterrarme más en la melancolía. Era un año oscuro, con un camino aún más tenebroso que cualquiera de las cintas de terror que alguna vez vi en mi infancia. Y para acabar de completar, mi mente solo buscaba responsables. Tenía que haber a quien quién pagara por todo el infierno que estaba pasando. Pero ser la respuesta a la pregunta, me dejaba en el mismo punto donde había iniciado y ese no era el objetivo.

Era el más obscuro camino que había caminado en toda mi vida, 36 años o 700 eras… nunca había estado ahí. De repente, y recordando muchos de mis discursos profesionales, recordé una premisa que siempre defendí: ante un problema, no importan los responsables, hay que buscar las soluciones. Los responsables pueden esperar. Cuando el camino vuelva a su sendero, cuando todo retome las vías necesarias, ahí será el momento de hallar los responsables.

Y entonces en mi mente todo empezó a cambiar, lo obscuro del camino ya no me afectaba. Debía trabajar en las soluciones y no en la problemática, ni en los responsables. En mi mente cada cosa debía tomar un nuevo sentido y esfuerzo. Cada fuerza en mi ser debía estar destinada solo a una cosa, cambiar realmente el rumbo de mi vida. La vida me había llevado a ese lugar, no para quedarme aterrado en un rincón. Era la oportunidad de replantear, de renacer.

Lo primero, dejar de pensar en el ayer. Dejar el pasado en el pasado, mirar al horizonte en la búsqueda del nuevo sendero que seguir, dejar de pensar en lo pasado. Lo segundo soltar las cargas, las culpas, los rencores, las responsabilidades autoimpuestas que correspondían a otros. Ya es difícil recorrer el camino con las propias cargas, imaginen recorrerlo con las cargas de los demás.

Cuando levanté la mirada ante todas estas decisiones me di cuenta que el año estaba terminando, pero que estaba avanzando, quizá no al ritmo que hubiese querido, quizá  no con los logros que esperaba o las metas que pretendía alcanzar, pero estaba avanzando. Había logrado algunas, otras estaban empezadas. El camino al cierre de este año empezaba a tornarse en otros tonos.

Hubo decisiones dolorosas, personas que dejar en el pasado, sueños y esperanzas que solo representaban ataduras imposibles de librar, que era necesario olvidar. Y extrañamente estas decisiones y acciones, estas libertadas… abandonar la búsqueda desgastante de un culpable me había permitido pensar en soluciones.

Para muchos faltan unas pocas horas para cerrar el año y ya empezaron con el látigo a infligirse los castigos necesarios por no alcanzar las metas esperadas en este obscuro año que termina. Ya empezaron a juzgarse por los sueños no maternizados o las promesas incumplidas. Lo que no se dan cuenta es que solo fue otra vuelta al sol, pero todavía se pueden alcanzar esos sueños y esas metas.

Falta unas horas para terminar esta vuelta al astro que domina nuestro entorno, pero no para dejar de caminar en pos de alcanzar las metas proyectadas. Solo es el comienzo hasta lograr lo querido.

No es un cierre o un final, es un nuevo comienzo para continuar por el camino, avanzando al horizonte con los ojos llenos de esperanza, conscientes de que vamos a lograr, de que podemos alcanzarlos, salir de los escabrosos y llegar a tierras más placenteras. Solo hay que dejar de buscar culpables y soltar las culpas. Solo hay que caminar pensando en soluciones y esperanzas.


Feliz cierre de año para todos. 


Fuente de soda: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMG5xb1WxNP1vlLohe1R2b6ynuVt9ex2hzzibkxnm3L727Ng0L_XKE8gV8y8saT8ZBHsACdtDhVRUt3ZcM1vY9gQVd9gZjD8-lcu62ejNM2aTwMwMDYH8m7NiQ9OqNEiERDdXnEE7PueRC/s1600/oscuro-bosque-naturaleza-paisaje-31000.jpg

jueves, 7 de septiembre de 2017

Todo un fracaso


Una de las cosas que me enamoran de enseñar o dictar una cátedra (como lo quieran llamar) es que cada vez que estoy frente a un grupo de estudiantes termino aprendiendo algo, ósea, en mis clases al menos una persona aprende. Este aprendizaje llega a mí cuando quiero llevarlos a un razonamiento, al final me logro dar cuenta de que muchas cosas que he dejado en el olvido, me pueden ser muy útiles en ese preciso instante.

Así paso hace unos pocos días cuando hablando sobre un tema sin importancia empecé a hablar sobre el fracaso, ese concepto al que todos le tenemos miedo, algo así como el coco para los adultos, basta con nombrarlo y todo se nos oscurece. Fracaso… no hay expresión que nos genere mayor temor que pensar que podemos ser unos fracasados o que quizá ya lo somos.

Y entonces en esas disertaciones que se den enfrente de un grupo de desinteresados, en mi mente empecé a buscar que era realmente el fracaso, donde radicaba realmente ese tenebroso termino, cual era realmente la razón por la que nos sentimos devastados si alguien tan siquiera insinúa que nosotros somos unos fracasados.

Primero me fui por la línea más fácil, fracasar es equivocarnos, cometer errores no hace fracasados. Es la visión más fácil, pero en ese orden de ideas, todos seríamos fracasados. Todo el que esté vivo y haya querido lograr algo se ha equivocado a cometido errores y generalmente más de los que quisiera aceptar que ha cometido.

Encontrar la perfección entendida como la omisión del error o el éxito persona o profesional sin haber perdido, cometido errores o haber tenido algunas cuantas quiebras, creo que no tiene precedentes en la historia, por lo menos en la historia que yo conozco. Los más grandes han cometido errores, en todas las líneas del conocimiento o del desarrollo profesional o personal.

Entonces, ¿qué es fracasar? Y me empecé a ver que el verdadero fracaso es no avanzar, que el verdadero fracaso no es cometer errores o sufrir derrotas, el fracaso es no ser capaz de sobreponerse a una perdida, no avanzar, no evolucionar. Somos un ser diseñado para querer crecer, para avanzar, para superarnos a nosotros mismos, salir de nuestra zona de confort y lograr grandes cosas.

Pero, los miedos, las tristezas, las derrotas, las perdidas nos distraen de lo que es realmente importante. Los amores perdidos, los fracasos económicos, las noticias trágicas, nos llevan a alejarnos de la “realidad” a buscar un placebo que nos distraiga, nos aleje, nos adormezca y dejemos de crecer y evolucionar, aprender.

Y es entonces cuando hemos llegado al fracaso, es ahí donde realmente somos unos fracasados, cuando no podemos ver una salida, cuando no podemos ver un futuro… cuando solo vemos tristezas, cuando no queremos seguir, cuando solo nos queremos quedar tirados… es ahí donde perdimos nuestra esencia.

Estancarnos, no mejorar y sobre todo, perder la capacidad de creer que yo puedo hacerme una buena vida y salir de esa zona de confort que me oxida y me impide mover… ese es el mayor de los fracasos.

A veces nosotros mismos nos imponemos esa frustración, nos aferramos al dolor, a la culpa, a la perdida, a la derrota y al error para no continuar avanzando, porque siempre será más sencillo ser un fracasado que un triunfador.

Porque siempre es más fácil tirar la toalla, que levantarse y continuar luchando por lo que queremos. Sin embargo hay algo importante de tener en claro, lo más atractivo del fracaso es que nunca viene solitario, no hay lugar con mayor compañía para el ser humano que el fracaso… pero de eso hablaré en otro post.

Ser un triunfador a veces viene solo, requiere tener humidad para aceptar los errores, pero valor para volver a enfrentar la vida, para volver a tomar decisiones que puedan generar triunfos o derrotas, pero siempre que me levante y vuelva a intentarlo y avanzar, no seré un fracasado, seré un triunfador en proceso. Y sobre todo, sabiduría para saber cuándo  cambiar una decisión.


Así que no lo pienses más, sal de tu zona de confort, sal de ese estado de fracaso, lucha, esfuérzate, camina… no es fácil, pero es realmente gratificante.

Fuente imagen: http://www.runners.es/media/cache/runners_all/upload/images/article/746/article-10-consejos-para-superar-el-fracaso-58b6c99a29182.jpg

miércoles, 30 de agosto de 2017

El peso de los años


Es común entre mis amigos, cada vez que nos reunimos, hacer referencia a mi “longevidad” según sus bromas y comentarios, no solo soy el más viejo del grupo, sino de todos los grupos. Es natural ver en mi cumpleaños la referencia a Luis I de Hungría (Desde hace tres años), puesto que ellos insisten que es la referencia más antigua de mi vida. Para mi estas comparaciones en lugar de molestarme, me llenan de orgullo, sentirme el ser humano más viejo entre mis amigos o incluso entre la mismísima humanidad.

Ha habido momentos donde he llegado a pensar que realmente lo creen, que piensan que en realidad soy tan anciano como acostumbran decirlo, incluso creo que yo mismo he llegado a considerarlo como una realidad. Es interesante ver como cada vez que llega alguien nuevo se queda asombrado y pregunta si soy mayor de lo que parezco… el motivante de estas pequeñas bromas no es objeto de este post, más bien he querido disertar sobre el peso de los años en algunas personas.

Muy a diferencia de mi actitud frente a la longevidad y la posibilidad realmente de haber vivido durante varios eones, es muy sorprendente ver el impacto que la edad tiene sobre algunas personas. Por estos meses que deambulan, varios de mis amigos han empezado su camino al cuarto piso, y al igual del impacto que tendría subir por las gradas de cuatro pisos corriendo, la llegada a este escalón de la vida los ha dejado sin alientos, tristes, podría decir que hasta desmotivados.

No puedo negar que antes de que se empezara a realizar entre mis amigos el comentario de mi sorprendente longevidad, cada vez que se aproximaba la llegada de mi onomástico, entraba en una grave crisis existencia pensando en lo que no había hecho, en las metas no cumplidas, en las malas decisiones, en los grandes errores, en las perdidas y fracasos.

Era mortal y no solo por el tiempo que, quizá, me restaba, sino porque las metas que me había autoimpuesto no se estaban cumpliendo en los lapso que había determinado, porque esto o aquello debía haberlo hecho en tal o cual fecha y ya había pasado. Era como si el cierre de ese ciclo significara presentar un informe de gestión al más sádico de los patronos, mi propio ego.

Y entonces era totalmente terrible ya había llegado a los 30 y no había aprendido los dos idiomas que me había puesto de meta, ya tenía 33 y todavía no sabía tocar un instrumento, llegaron los 34 y no había empezado mi maestría, ya estoy en los 36 y todavía no he tenido mi primer carro… cada cierre de ciclo se convertía, para mi, en un juicio, en un patíbulo… en un cronometro que podía detenerse en cualquier momento y yo seguí sin cumplir con los mínimos que me había IMPUESTO.

Y entonces comenzaron las chazan frente a mi innegable longevidad, la longevidad de ese ser imaginario que ha visto crecer a Amparo Grisales, que le dio clases a Chavelo en la escuela y que conocío el mar muerto, cuando todavía estaba vivo… y en medio de los chistes, las bromas y chascarrillos una idea nació en mi interior. Los años no son nada, el tiempo es solo una dimensión que nos hemos impuesto nosotros mismos.

Nosotros buscamos las herramientas para frustrarnos frente a las metas y sueños, somos excelentes destructores de nuestra autoestima y esperanza, nos imponemos fechas, tiempos y reglas y caminos que muy seguramente pueden tomar un poco más, pero lo hacemos para tener la posibilidad de, masoquistamente, darnos látigo.

Pensar en mi longevidad me hizo darme cuenta que 30 o 40 años no son nada, son un suspiro, son un camino de experiencias y aprendizajes, que quizá otros en ese tiempo hayan logrado más cosas, pero también hay muchos que no han vivido lo que yo he vivido… son casi 40 años (reales) de caminar, cometer errores, aprender… pero sobre todo de vivir, no sé cuántos años más me depare el futuro, no se si relamente sean siglos o tal vez tan solo unos minutos.

Pero hay algo de lo que estoy totalmente seguro, lo que esté por delante tengo que verlo con expectativa, con esperanza, con fe, con ánimo porque es la oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir creciendo, de seguir conociéndome… es la oportunidad de seguir viviendo y para vivir no hay edad.

¿no has alcanzado una meta cuando lo querias? Si no estás muerto la vida te está invitando a que lo hagas cuando quieras!!! No hay excusa!!! Estamos vivos ... HAY QUE VIVIR.

Así que quizá estás llegando al cuarto o al quinto o al sexto… no importa a que piso de los niveles de tu vida estés llegando, mira el pasado como una experiencia, el presente como una oportunidad y el futuro como un sueño.

Los años no son un peso, los años son la fuente de energía para enfrentar todo lo que la vida nos depara en el presente y en el porvenir.


Por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://c.pxhere.com/photos/d9/d9/ghost_town_forgotten_place_wild_west_village_old_wood_building_house-1088921.jpg!d

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Quien soy?



Uno de los actores de acción que siempre me ha dejado fascinado con sus películas es el gran Jackie Chan, el corte de humor en sus actuaciones y las acrobacias dan un enfoque diferentes a sus películas. Una de ellas tenía por título la misma frase de este post “Who Am I?” ¿Quién soy yo?, la historia se desenvolvía, entre acción y comedia, a través de las aventuras de un personaje que había olvidado por completo quien era.

Recordando esto y divagando un poco sobre la realidad en la que me encuentro actualmente, en medio de una caminata de las que acostumbro acompañar mis disertaciones, me puse a pensar en la respuesta a esta interesante interrogante. Se supone que filosóficamente esta palabra no tiene una respuesta certera, porque no importa cuántos años alcancemos a trasegar por este plano de la existencia, nunca llegará el momento donde puede establecer quienes somos.

Hasta hace algunos meses yo tenía casi que la absoluta de certeza de saber quién era, sin caer en las típicas frases de cajón donde las personas hablan de su profesión, de sus capacidades o de sus experiencias. Hay quienes incluso se definen a sí mismos como un nombre, un apellido o un abolengo. Pero la realidad es que no tienen idea quienes son.

En mi realidad yo tenía claramente definido quien era, que quería, que soñaba, cuales eran mis capacidades y sobre todo, lo que no quería ser. Estaba inmerso en el absoluto afán de ser aceptado por mis semejantes, aplaudido; porque no, admirado. Siempre me esforcé por ser el mejor en todo lo que hacía, para que mi público me llenara de aplausos y ovaciones. Todo era tan absolutamente claro, mis sueños, mis metas, mis ideales, mi manera de ver la vida y mi manera de vivirla.

Todo absolutamente lleno de egocentrismo y egoísmo, no había nada más importante en mi vida para mí, que yo mismo. Alguien alguna vez me hizo ver cuán equivocado estaba, como todo lo que tenía o creía poseer, porque aquí entre nos, la realidad es que jamás posemos algo; las cosas llegan a nuestra vida en préstamo y cuando no las sabemos administrar se van. Entonces la vida, el Buki, Jebus, Jesús… llámalo como lo quieras llamar… me dio una gran lección, sino eres humilde, no eres nadie.

Entonces lo perdí todo, todo absolutamente todo, la mujer que amaba terminó en manos de un ser humano que nunca consideré superior a una cucaracha, para golpear un poquito mi ego. Las amistades me dieron la espalda, a excepción de unos, que nunca superarán los dedos de una sola mano.

Perdí mi público, todos los que me aplaudían, admiraban y amaban, se habían ido. Solo quedamos mi ego y yo. Entonces decidí cambiar dejar de pensar en mi ego, dejar de buscar los aplausos y la aceptación de otros. Caminar por mi, porque lo que soy, por lo que quería. Pero entonces me encontré con otro pequeño dilema.

Después de haber dejado mi ego de lado, mis anhelos de aceptación, mi búsqueda de sobresalir y recibir los aplausos, llegue a una conclusión… No sé quién soy. A veces me levanto con la esperanza de encontrar un sentido, una personalidad, un carácter, una fuerza, un horizonte, un norte… algo que me ayude a encontrar quien soy y entonces empezar a caminar hacia donde quiero llegar.

Al perderlo todo, fue todo, me perdí yo mismo. Solo quedó, como en unos post atrás, un inmenso vacío. Llegó en punto donde realizó cosas que yo JAMÁS hubiera hecho, porque yo no era así… el problema es que ahora, no sé quién soy, así que muy seguramente ese que soy ahora tal vez haría esas cosas o tal vez no.

Y entonces llegó la pregunta ¿cómo me puedo reconocer? Y la respuesta llegó tan rápido como la pregunta, No hay que reconocer o reconstruir, no hay que pegar o unir, simplemente no hay nada… unos recuerdos, unos conocimientos, unas cuantas normas de convivencia por ahí… entre tanto desorden no sé dónde están mis metas, ni tampoco mis sueños.

Y al igual que el personaje de la historia que empezó a caminar para saber quien era… me dí cuenta que solo tengo una salida, emprender un camino, un nuevo camino para encontrar quien soy o, dicho de mejor forma, para construir un nuevo yo. Solo en la oscuridad de este frio asfalto, en la soledad del camino sin rumbo puedo volver a construir un carácter, una personalidad.

No se que tan bueno sea, muchos dicen que empezar de cero es el mejor camino para lograr cosas buenas, mi abuelo siempre dijo que es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto. Pues en mi caso, voy a tener que construir un hombre nuevo, de la nada, solo yo, el camino y las sombras… esperar que el tiempo me permita construir un buen ser humano.

Así que mis queridos amigos, a veces la contestación de esta pregunta requiere no solo que mires en tu interior, a veces requiere que te construyas … que te enfrentes, te confrontes y camines… solo en el camino te darás cuenta quien eres o quien puedes ser.


Cuando sepa quién soy les estaré contando.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0KrdaBG2cN02DISH-XgAi7xBoAaNdCsMivFSX2TfasqbGScs50EP4mKEbE6CaMUjr6w9kNJACrdi6SZmeYoNTvMUj9yEghHqIdJKIJv9jw1RpcjoN7ZoFO31gpaOJFQltA-v7biYfTAw/s1600/Descargar+Pack+Espectaculares+fondo+de+paisajes+(409).jpg

jueves, 27 de julio de 2017

La vacuidad



Una de las películas que más me gusto en mi infancia tenía uno de los títulos más sugestivos para un niño soñador “la historia sin fin” yo, un infante lleno de sueños e ilusiones, que le gustaba montarse cuentos en la mente y armar grandes e imaginarias historias sobre lo que podía hacer, al mejor estilo de Calvin y sus sueños, al ver esta película fue como que me hubieran leído la mente, una historia sin fin, una aventura constante… wow… era todo un sueño.

Obviamente, como en toda gran historia siempre había un némesis, un personaje fiero destructor de todo, el más tenebroso de todos los grandes archienemigos que un súper héroe pueda imaginarse… y no era el lobo Gmork, no. El ser malvado de esta maravillosa aventura era aún más temible, más destructor, más difícil de derrotar… La vacuidad, la nada, el vacío… como lo quieras llamar.

Es realmente fantástico, fascinante como el escritor de este clásico de la literatura moderna se inspiró tan profundamente para crear tal destructivo, malvado y enigmático ser de maldad. Y lo más bello de todo es que no tiene forma, entonces ¿Cómo lo combates?... el vacío, la vacuidad y su capacidad de destrucción del ser.

No hay duda alguna, sea en el mundo de la fantasía o en la realidad que tanto nos agobia, no hay ser más temible (por llamarlo de alguna forma) que la vacuidad… ese vacío que se apodera de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestra vida. Esa terrible sensación de sentirte totalmente vacío, desesperanzado, desanimado… esa sensación de no saber qué quieres.

Esa terrible desolación que llena tu alma cuando sientes que puedes estar rodeado de muchas personas, pero en últimas estas completamente solo, que eres un 0 a la izquierda y en cualquier momento puedes faltar y nadie notará tu ausencia, porque tu presencia nadie la nota.

Ese vacío agobiante y tenebroso done nada parece tener significado ni trascendencia, donde lo has probado todo y nada te da significado, nada te da energía, nada, absolutamente nada te da sentido u orientación para elegir un camino. Simplemente vas caminando por la vida porque tienes la obligación de hacerlo, porque según parece ese es tu único objetivo, llenar un espacio vacío en el universo, pero no sabes cómo estará más vacuo, si contigo o sin ti.

Es totalmente destructivo el vacío, acaba con todas las esperanzas y como solo sientes la desolación, la nada no tienes como combatirlo. No es un ser tangible que puedas enfrentar, no es algo que puedas insultar y mandar a la mie…. O darle unos buenos azotes y superarlo. No es un vicio que puedas combatir y dejar.

Por el contrario, ese nada en el corazón y el alma te llevan a no disfrutar, ni siquiera los vicios te dan satisfacción como solían hacerlo, por el contrario parece que ese profundo vacío en tu corazón no te deja sentir más que la desolación de tu alma.

No hay sueños, no hay esperanza, no hay ideales, no hay nada… absolutamente nada, no hay deseos, no hay fuerza… solo un infinito vacío sin sentido, hasta la vida pierde su aroma.

Definitivamente es el ser más malvado y destructivo de todas las historias que te puedas encontrar, lamentablemente, aunque en la novela se podría combatir con la imaginación y los sueños, cuando se ha apoderado de tu alma no hay sueño que logre acabarlo, simplemente te conviertes en un ente vacío que va caminando por la vida, sin sentido, sin dirección, sin emoción, sin vida.

Fuente imagen: http://www.mataifu.org/ftp/20160427063614_eje-vacio.jpg

martes, 31 de enero de 2017

Amar sin ser amado


Hace algunos años viendo una de las primeras películas de Cantinflas (Aclaro que no la vi en estreno, luego dicen que estoy viejo) En un dialogo con el humorista que le hacia la contraparte, le preguntó el uno al otro: “¿Qué tiempo del verbo es amar sin ser amado?”. Y el otro le contestaba: “Es perder el tiempo”.

Era evidentemente un dialogo conducente a generar que el público se doblara de la risa frente a tan interesante afirmación… amar sin ser amado es perder el tiempo… lo interesante es que muchas veces vamos por la vida pensando en la misma postura. Vamos por la vida dándonos garrote por haber sido tan “ilusos” de estar enamorados solos, perdiendo nuestro valioso tiempo.

Lo cierto es que, disertando un poco sobre el tema, amar sin ser amado no es perder el tiempo, el problema es que la mayoría de las veces que creemos estar enamorados, hemos confundido nuestros sentimientos, a veces solo sentimos admiración por el otro, otras simplemente nos hemos apegado al otro.

En muchos de los casos creemos estar perdidamente enamorados, pero el sentimiento de fondo que hay en nuestro corazón, es una posesión sobre el otro, como sobre un objeto. Pero no es amor, es un sentimiento en el que quiero que el otro me haga feliz, me ame como yo quiero, actúe como a mí me interesa… piense como yo pienso. Vea el mundo a mi manera, desde mi perspectiva… pero lo más importante “Me HAGA muy feliz”.

Obvio como en todo hay sentimientos muy interesantes, compromiso emocional, agradecimientos y admiraciones que se confunden con el amor. Generamos compromisos emocionales y sedemos, y sedemos, hasta que llegan las tormentas. Y entonces, en medio de la tormenta todo se acaba… y es cuando escuchamos frases tan profundas como “El amor se me acabó”, "nunca me amó como yo lo amé".

Pero es entonces donde todo se descubre, el amor no se acaba, el amor no tiene fin, no se remplaza; el verdadero amor es como el que le profesa una madre a su hijo o un padre a su hijo… es eterno, no tiene fin, no tiene condición. El verdadero amor es totalmente incondicional. Se ama porque en el corazón nació el más puro de los sentimientos, aquel que es capaz de dar la vida por otro.

Aquella emoción basada en la razón y en la decisión de compartir el resto de la vida con otro ser humano. Aprender y crecer juntos. El amor no es tan egoísta que busque solo el crecimiento de uno… sí, cuando se piensa solo en uno, sin importar que sea el otro, también es egoísmo. Porque cuando las cosas no “Funcionen” podré decir que yo lo hice todo y el otro no. El amor se vive en pareja, no en individuos.

El amor puede soportar cualquier dificultad, el amor puede perdonar cualquier error, el amor puede superar cualquier obstáculo. Pero sobre todo el amor nos enseña a ser grandes, humildes, bondadosos. El amor no espera su beneficio únicamente…

Entonces llegué a la conclusión de que amar sin ser amado, no es perder el tiempo, porque lo cierto es que cuando logramos amar de verdad, de corazón… cuando aprendemos que hemos decidido amar a alguien por encima de cualquier cosa, cuando decidimos amarlo con todas nuestras fuerzas… el hecho de que ese amor no sea reciproco no es condición para seguirlo amando.

El simple hecho de amarlo se vuelve la más grande satisfacción, así esa persona no nos ame… por el contrario, amar siendo amado es la más hermosa de las casualidades, cruzarnos en la vida con alguien que me ame y que yo ame será lo más hermoso del mundo.

Lamentablemente el verdadero amor solamente se da una vez en la vida, porque cuando decides amar a alguien, es como cuando decides amar a tus hijos, tú ya no decides dejar de amarlo… lo amarás por el resto de tu vida, en tu corazón decidiste amar a esa persona y eso no va a cambiar.

Así que ten cuidado a quien decides amar, porque esa es una decisión para toda la vida… el amor no tiene fecha de vencimiento. Se ama para toda la vida.

No te desanimes, quizá encuentres personas con las cuales te sientas bien, pero cuando amaste de verdad… será definitivo.


Bueno, por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggsxyzPp_FuOBFWauyQ1C-v3r2KfMYDj1cMGK8J9T0evYeIXyKitP_okCarKaH8rFDeIF1bdHdcPpjY0utjVMBnMjv3Qwc9AcdWC-u1ybvUJvVDgoByv6bcd2XY960luA9sMJ4goMI-5Y/s1600/amor-imposible-amando-ex.jpg

martes, 24 de enero de 2017

Una carga imposible de llevar


Hace algunos años un libro de anécdotas, frases y experiencias se hizo muy famoso, su título “La culpa es de la vaca” era bastante interesante, aunque lo único relacionado con el título fue una anécdota que mostraba una característica muy colombiana, buscar echarle la culpa a otros de todo. Al final de la historia todo concluía que la culpa era de las vacas…

Lo interesante de esta sarcástica presentación, de esta costumbre tan marcada en nuestra idiosincrasia, era dejar en evidencia lo fácil que vamos dejando la culpa en los hombros de otros; sin embargo, culturalmente tenemos otra costumbre muy nuestra: ir cargando nuestras culpas por el resto de la vida, como grilletes que nos amarramos a los pies y de los cuales botamos la llave.

Obviamente es importante reconocer los errores, aceptar las culpas cuando nos corresponda y emprender el cambio, pero aferrarnos a la culpa, recordar constantemente los errores del pasado, es un elemento que va alimentando nuestra desesperanza, nuestra tristeza… nos va dejando en un estado de melancolía irremediable, que cada día nos frena el caminar, nos roba la energía y nos vuelve los peores jueces de nuestra vida.

Y si a este terrible juez, le sumamos las actitudes nocivas del algunos amigos y familiares, que cada que se les antoja la gana nos señalan, nos juzgan y se creen con derecho de medir con una balanza el acierto o desacierto de nuestras decisiones… el resultado evidente es un caldo de cultivo para una depresión crónica, donde hasta el mismo respirar se vuelve tedioso, ya solo sentimos un desdén “porque han sido tanto nuestros errores, que solo somos un costal de basura, deambulando por la vida”.

Y con cada paso que vamos dando, en la medida de lo que podemos, vamos llenando más el costal a nuestra espalda con más culpa, pensamos que incluso el abrir la boca y opinar, es otro error que sumar a la larga lista de los actos “delictivos” que vamos cargando a cuestas por el camino de la vida.

Para acabar de completar, en este proceso de auto-flagelación y castigo, donde todo lo que hacemos va encaminado a cobrarnos nuestros errores, lo justificamos con discursos filosóficos, poéticos y hasta estéticos “Es que debo aceptar y reconocer mis culpas para cambiarlas” … Y sí, efectivamente tenemos que reconocer y aceptar nuestras culpas para cambiarlas; pero eso no significa seguirlas cargando de por vida y flagelarme todos los días por los pecados cometidos.

Aceptar mis errores y mis culpas, no es considerar que soy un juez emitiendo una sentencia de cadena perpetua, para cargar con la pena y la culpa, aceptar es identificar cual fue mi error, saber que me equivoque, que tomé una mala decisión y que debo trabajar en no seguir el mismo camino… pero ir cargando la culpa no va a retroceder el tiempo.

Seguir cargando la culpa nunca me dejará vivir el presente y mucho menos lograr un futuro; pero esto no significa que me permita viajar al pasado y corregir los errores cometidos. Debemos aprender a perdonarnos, a seguir. Aceptar que, aunque no lo queramos, somos seres humanos y cometemos errores, es duro aceptar que no somos perfectos; pero no podemos vivir presos en nuestra culpa.

Lo importante es cambiar, evitar que los errores se repitan. Quizá haya habido perdidas valiosas por nuestros errores, pero cargar la culpa no los va a regresar; y sin embargo, nos cerrará la puerta para seguir avanzando. Pero no todo queda ahí, así como debemos perdonarnos y dejar de golpearnos, NO debemos permitir que personas nocivas nos “refrieguen” en la cara los errores y las culpas del pasado.

Las personas se creen con la capacidad de juzgar nuestro comportamiento y lo cierto es que como diría aquel carpintero de galilea “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”…


Así que amigo lector, suelta ese costal lleno de culpa y sigue avanzando, no es echarle la culpa a otros, tampoco es cargar con ella de por vida. Es aceptar nuestros errores, perdonarnos y seguir avanzando… seguir creciendo hasta alcanzar lo que vinimos a buscar en este mundo ¡La felicidad!

Fuente imagen: https://soyespiritual.com/wp-content/uploads/2015/08/culpa.jpg

viernes, 6 de enero de 2017

Y que de la crisis


Hace algunos días un amigo me preguntaba si era posible que un pueblo cambiara sus costumbres en un corto periodo de tiempo, al darse cuenta que su idiosincrasia lo estaba llevando por “terrenos escabrosos” y mi respuesta, como amante de la historia, fue que la realidad es que en la historia los pueblos no cambian, generalmente, sus costumbres, a no ser que se encuentren en un momento de crisis extrema.

En su momento puse varios ejemplos que soportan esta premisa, pero la pregunta que siguió fue verdaderamente obvia, “¿no existe una experiencia diferente?” y aunque inicialmente patiné un poco en la respuesta pude encontrar algunas experiencias diferentes.

Sin embargo, y después de una conversación con el ser más maravilloso del mundo, en la cual me expresaba que gracias a una crisis yo también había emprendido un cambio radical en mi vida… en medio de la discusión, aunque acepté que en su momento la mayor crisis de mi vida (y no me refiero a dinero, sino haber perdido al amor de mi vida y haber perdido a mi familia) me llevó a darme cuenta de cuantas cosas estaba haciendo mal.

Y a pesar de que en la historia de la humanidad y de los seres humanos son las crisis las que nos hacen ver los malos caminos que estamos emprendiendo; y aunque muchas veces nuestros cambios son superficiales cuando no son fruto de una crisis... esto no significa que debamos estar agradecidos con las crisis, ni que debamos dar gracias por las mismas.

Sí, efectivamente la crisis nos lleva a revaluarnos y darnos cuenta de que hay cosas en nuestra vida que debemos cambiar, eso nos hace inteligentes. Porque como diría una frase de un amigo al que aprecio mucho: “el necio no aprende de sus errores, el inteligente aprende de sus errores, pero el sabio aprende de los errores de los demás”.

Lo cierto es que disertando un poco sobre el asunto, a veces no cambiamos porque el entorno nos lleva a un estado de confort en el cual encontramos siempre una salida, pero la realidad es que sin llegar a la crisis total, si el entorno se encargara de mostrarnos que todo puede llegar a su final, no permitiríamos la llegada de la crisis.

Cierto, en mi caso lo perdí todo, todo lo que me llenaba de felicidad cada día, todo lo que realmente le daba sentido a mi vida, y esta crisis me llevó cambiar, a tomar un nuevo rumbo en mi vida… a tomar nuevas decisiones y a buscar ser un mejor ser humano… pero lo cierto es que no debió llegar a esto, quizá una conversación y un consejo oportuno me hubiera servido para darme cuenta de lo que iba a perder, pero en ese momento no hubo quien lo hiciera.

Hoy solo puedo pensar una cosa, la crisis me permitió cambiar, me dio la oportunidad de darme cuenta lo mal que estaba y el mal camino que estaba llevando, pero lo cierto es que no tengo nada que agradecerle. Perdí lo que realmente le daba significado a mi vida… y aunque he cambiado, hoy me doy cuenta que realmente me falto un buen consejo en esos momentos.

Sí, el cambio real a veces es fruto de una crisis total, pero lo cierto es que como seres racionales no debemos permitir que esto pase, debemos vivir evaluando el rumbo de nuestras decisiones y reflexionar sobre lo que estas nos pueden llevar a perder o a ganar.

Amigo lector, quizás estés pasando por una fuerte crisis o quizá no hayas llegado a ella, lo importante es que cada día evalúes si realmente eres la persona que realmente quieres ser, sin lastimar a nadie, o si estas por un camino que te va a generar más tristezas y amarguras que alegrías… no permitas que tengas que llegar a la crisis para cambiar.


No dejes que la crisis asome a tu ventana para cambiar, se como el sabio, aprende de los errores de los demás y serás mucho más feliz.

Fuente Imagen: http://www.tuhomeopatia.com/wp-content/uploads/2012/05/ataquepanico.jpg