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jueves, 2 de noviembre de 2017

La mujer que TÚ me diste!


Estando en una de las clases que dicto, como acostumbro, lleve una frase célebre al inicio de la teoría para disertar sobre la vida y la realidad. En medio del análisis de lo dicho, que guardaba relación con tomar responsabilidad frente a nuestros actos, recordé aquel pasaje bíblico en el que Dios se encuentra con Adán y Eva, después de haber hecho de las suyas, digo, de haber comido del fruto del árbol del bien y del mal.

En el relato, cuando Dios le pregunta a Adán que había pasado este contestó: “la mujer que TÚ me diste”. Siempre coloco este ejemplo, ¿qué hubiera pasado si en lugar de decir eso, adán se hubiera arrepentido y hubiera reconocido su culpa? Y desde ahí la humanidad la ha cagado en todo lo que hace, por un simple y pequeño detalle siempre buscamos un responsable, o mejor dicho, un culpable de todo lo que nos pasa en la vida.

No pienso generar una discusión sobre el origen del hombre, pero partiendo de este relato y pensando en el comportamiento humano, hay algo más humano que errar y es buscar a quien echarle la culpa de los errores cometidos. En la historia bíblica Adán se pasa, no solo, como piensan algunos, culpa a Eva sino que realmente culpa al mismísimo Dios. “La mujer que TÚ me diste”… mire la clase de piruja que usted me ha dado por mujer, ¿no tenía algo mejorcito? Si ve como lo que usted me da me hace pecar, me hace caer.

Y la humanidad siempre ha buscado a quien echarle la culpa de lo que pasa, de los errores, de las situaciones. Y al mejor estilo de Adán, cuando no hay a quien echarle la culpa, miramos hacia el cielo y decimos “¿si ve lo que usted hace?”. Hoy en día la sociedad vive inmersa en ese mundo, incluso la psicología en muchos aspectos trata de buscar “los responsables” de nuestro comportamiento.

De cada cosa mala que nos pasa siempre hay un culpable. Si estoy mal económicamente es culpa del gobierno, de la economía, pero no vemos que cuando tenemos plata la derrochamos como si al día siguiente no fuéramos a vivir. Cuando estudiamos y perdemos, la culpa es de nuestros compañeros que nos distrajeron, del profesor que no supo explicar, de mis padres que no me compraron los libros para estudiar o de Dios que no me dio la inteligencia. No vemos que cuando era tiempo de atender o estudiar estábamos jugando o dispersos.

De adultos, cada vez que no logro algo es culpa de alguien, si caigo en los vicios, fue culpa de mis amigos que me dañaron, si me accidento fue culpa del otro que venía manejando. No importa que pase, siempre habrá un responsable, pero jamás seré yo quien tenga las riendas de mi vida, solamente soy una víctima de las circunstancias.

Y entonces caemos en el más profundo de los abismos, la indiferencia frente a nuestra realidad o más aun, la amargura para con la vida. Porque siempre, siempre habrá un responsable fuera de nosotros de lo que nos está pasando.  Pero poco nos detenemos a evaluar nuestra vida, nuestra realidad, nuestras decisiones y nuestra obstinación frente a lo que pasa.

A veces vamos por el camino equivocado pero no hacemos nada para cambiarlo, porque Dios, la vida, el buki … debería bajar y llevarme por donde debo y si no, pues ni modo, yo sigo mi camino sin importar que pase “porque así soy yo”, “porque yo soy firme en mis decisiones”… pero a pesar de la firmeza, los culpables de las consecuencias siempre serán otros.

Esto no es de culpables o inocentes, de víctimas y victimarios, la vida es de responsables, de aprendices, de ser consiente por encima de todo que soy “un ser en construcción” y cada cosa es un aprendizaje. Lo importante es aprender, cambiar de camino cuando no funciona. Aceptar las  consecuencias de mis errores, como lecciones. Pero sobre todo entender, como el poeta, que “yo soy el arquitecto de mi destino”.

No hay nadie más, no es el estado, no es la iglesia, no son mis padres, no es mi ex pareja, mi pareja o mis hijos. El único responsable de mi vida, de lo bueno y de lo malo soy yo. Quizá unos nacieron en circunstancias más difíciles que otros, pero entre más difícil se te presentó el camino, mayor será la recompensa cuando superes todas las dificultades.


Y sin embargo, sino lo haces, la culpa no será de la circunstancias, será de tu falta de pericia para enfrentar los problemas. No te preguntes porque otros están mejor o les es más fácil, mira que estás haciendo para dificultar tu camino y sobre todo, recuerda que no fue “la mujer que TÚ me diste”, fue tu decisión y tu determinación ante esa situación.


Fuente imagen: https://comunicacionderesistencia.files.wordpress.com/2013/04/culpables.jpg

lunes, 22 de mayo de 2017

¡Matándome suavemente!



Hace algunos días disfrutaba del humor de un meme que hacía referencia al tabaquismo, en la imagen, una cajetilla advertía que el cigarrillo daba cáncer, pero en letra menuda decía que igual la carne, el sol y respirar, así que en últimas tendríamos una muerte horrenda, entonces porque no disfrutar ese “pequeño y malsano hábito”.  Y me dejó pensando en la infinidad de pequeñas cosas que acostumbramos día a día y nos pasarán en un futuro la cuenta de cobro, una manera delicada de matarnos suavemente.

Viendo poco a poco como diariamente tenemos hábitos que nos consumen suavemente, nos van destruyendo. Desde cosas elementales como la sal, la carne y las harinas, solo por mencionar los alimentos. A esto se pueden sumar costumbres como caminar bajo el sol, el exceso de ejercicios, podríamos decir que efectivamente casi todo lo que nos rodea y nos general algún tipo de placer, de una u otra forma nos lleva destruirnos.

Y podríamos llegar a la conclusión de que deberíamos meternos en una esferita que nos evite morirnos trágicamente; pero, ¿realmente estaríamos viviendo? Alejarnos de todo, encerrarnos en una esfera sin disfrutar de nada, encontrándole el pero a cada cosa que encontramos a nuestro alrededor, esa sería solo una forma de matarnos rápidamente, y no lentamente, como estamos hechos para hacerlo, porque lo único realmente claro en nuestra existencia es que querámoslo o no, algún día llegará ese día donde nuestro cuerpo deje de respirar.

Bueno, me he desviado un poco de la temática sobre la que quiero disertar en este post… fuera de nuestros hábitos alimenticios o de nuestras costumbres para sentirnos vivos, hay unos realmente destructivos y que nos consumen. Y estos son los hábitos emocionales, esas costumbres que no destruyen el cuerpo, sino el alma, el espíritu y nos van cortando poco a poco las ganas de vivir.

Son muchos las costumbres de ese tipo que vamos adquiriendo en el camino de la vida, generalmente nacidas de nuestros temores y que nos llevan a tomar posturas de vida que acaban con lo realmente importante, nuestro espíritu. Una de los hábitos más comunes de este tipo es la autoflagelación, tomamos la tendencia a darnos “látigo por nuestras decisiones.

Muy en el fondo de nuestro corazón consideramos que no podemos cometer errores y cuando los cometemos la empredemos lanza en ristre contra nosotros mismos, nos flagelamos, nos castigamos… casi que nos torturamos y obviamente, nuestros vecinos generalmente aportan significativamente a esto, emitiendo juicios de valor sobre nosotros, considerando que nuestros errores “nos definen” y la realidad es que solo representan un momento de nuestra vida, pero que siempre estaremos en capacidad de cambiar. Esta búsqueda de la perfección nos consume peor que el tabaco, porque nunca vamos a ser perfectos, somos imperfectos y ahí está el placer de vivir, en ser imperfectos.

Luego nos encontramos con la firmesa, la inamovible  palabra, es tan precioso ver como las personas se destruyen así mismas cimentadas en esta “astuta” determinación. Escuchas frases de cajón como “es que yo tome una decisión y la sostengo hasta sus últimas consecuencias”, y lo más interesante del asunto es que por dentro se van consumiendo, se van perdiendo, dejando de ser quienes son, pero es que ya se tomo una decisión, ya se dijo algo y hay que mantenerlo.

Me recuerda la postura de un amigo que alguna vez acepto frente a su familia que sus preferencias sexuales habían cambiado, sin embargo tiempo después volvió a sentir atracción por el sexo opuesto, sin embargo ya no se iba a regresar, porque ¿Cómo diría en su casa que antes era y ahora no?... fue bastante cómico. En la vida, gracias el maravilloso Einstein se llegó a la conclusión de que todo es relativo… las decisiones son llevadas a cabo por motivaciones del entorno, pero si estas cambian, estoy en la libertad de cambiarlas.

Olvidamos que no somos máquinas que tengamos una programación, somos seres humanos RACIONALES y libres, por tanto, si las razones de una decisión cambian, yo tengo la libertad de cambiar de postura cuantas veces quiera… nada me retiene en un punto, más allá de mi deseo de autodestruirme. Cambia cuantas veces quieres, solo le debes cuentas a un ser humano, a ti mismos.

A estas costumbres se puede sumar la dependencia, esa horrible actitud que nos genera apego a las personas, a las cosas, al “Statu Quo”… le tenemos miedo a cambiar, queremos mantener nos apegados a las personas, se vuelve una droga, no dejamos ir, no soltamos… parecemos una rémora pegada a otro como si no hubiésemos llegados solos a este maravilloso mundo, hasta de nuestra madre nos cortan el cordón umbilical en el mismo instante de nuestro nacimiento, porque de lo contrario por ahí empezaríamos a morir.

No estamos atados a nadie, ni a nada. El corte del cordón umbilical nos debe enseñar que si mantenemos esos lazos y amarres, poco a poco nos iría destruyendo, consumiendo, infectando hasta desaparecer, dejando de ser quienes somos. La única vida sobre la cual estamos atados, que tenemos que sacar adelante y que nunca podremos soltar, somos nosotros… la vida es un camino, que va cambiando, a veces hay lluvia, otras sol… pero en ese camino siempre cambiante nos encontraremos compañeros de viaje, unos irán a nuestro lado unos metros más que otros, pero lo único que siempre será el constante es el camino, el cambio y tú.

Por último, pero no menos dañino, está el mismo miedo… el miedo a vivir a equivocarnos, a caernos, a rasparnos y aprender. Pero aprender no es encerrarnos en un espejo o llenarnos de prejuicios en el corazón para no volver a experimentar. Vinimos al mundo a vivir intensamente, a disfrutar, a equivocarnos, a caer, a saltar, a soñar, a reír y a llorar. El miedo nos va consumiendo la vida, la fuerza para desear vivir y disfrutar.

Cierto nos vamos a lastimar, quizá vamos a llorar, pero cada lagrima también nos ha enseñado a reír… nada más destructivo que dejar de vivir por miedo, nada que realmente nos mate, como simplemente cubrirnos en nuestro miedo para no hacer las cosas… ¿de qué te cuidas? ¿No sabes que al final no saldrás vivo de esto?

Vive intensamente, con energía, lucha, sonríe, camina bajo la lluvia, tiende la mano, enamórate, perdona, no guardes rencor… solamente vive… no hay tiempo para nada más…


Deja de matarte suavemente y empieza a vivir intensamente. Al final cuando llegues al límite del camino y te toque ver de frente a la parca, lo único que valdrá la pena fue lo que viviste, lo que amaste, lo que ayudaste y lo que reíste.

Fuente imagen: https://exitoxminuto.com/wp-content/uploads/2016/09/man-1394395_1920-649x433.jpg

martes, 3 de enero de 2017

Decisiones


Una de las primeras canciones de salsa que me gustó (Y debo confesarlo que, a pesar de ser caleño, no soy muy salsero) fue precisamente uno de los éxitos de Ruben Blades que lleva el mismo nombre de este post. La canción, que estoy seguro todos la conocen, relata una serie de situaciones en la vida donde las decisiones marcan un factor fundamental en cada paso de nuestras vidas.

De hecho el estribillo de la canción cita “decisiones… cada día, alguien pierde, alguien gana… decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y en este pequeño coro de la canción relata la realidad de las decisiones en nuestras vidas. Cada que tomamos una decisión, alguien pierde o alguien gana.

Deteniendo un poco mi disertación en esta parte del estribillo, la realidad es que querámoslo o no, cada vez que tomamos una decisión alguien pierde o alguien gana, podemos ser nosotros o puede ser otro, algo tan sencillo como enviar una hoja de vida y obtener un empleo; esa decisión llevó a que otra persona, quien también concurso, perdiera ese empleo seguramente.

Cuando estamos en una calle y abordamos un taxi, y alguien más adelante lo necesitaba, nuestra decisión llevó a que esa persona perdiera esa “oportunidad”. El motivo de estos ejemplos nace porque muchas veces la razón para no tomar una decisión, es el miedo a “lastimar” a otros y lo cierto es que cuando otro no pierde… lamentablemente perdemos nosotros.

A veces la bondad en nuestros corazones nos lleva a retrasar decisiones porque tenemos miedo de hacerle daño a alguien y la realidad es que por sencilla que sea la decisión, siempre, siempre… alguien pierde y alguien gana… el problema es que cuando nosotros perdemos, estamos poniendo en juego nuestra felicidad.

Siguiendo con la canción, la otra parte del coro cita “decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y lo bello de esta parte es que contiene otra gran verdad de la vida. Las decisiones nos cuestan todo, nos pueden costar una vida de felicidad o una vida de tristeza.

Una decisión tan simple como verte con el amor de tu vida, con el cual te encuentras distanciado, una noche intrascendente de lunes, sin un motivo, sino una charla superflua o verte con tus amigos de farra, los cuales puedes ver cualquier otro día del año; puede significar entre reconciliarte con el amor de tu vida o vivir largas noches de pena pensando que debiste haber acudido a esa cita, en lugar de estarte azotando contra las paredes por haber perdido la mejor mujer del mundo.

Las decisiones nos cuestan todo, la felicidad, el éxito o el fracaso, un sí o un no, por insignificantes que parezcan, nos pueden cambiar la vida de la noche a la mañana… “Salgan y hagan sus apuestas” perderás o ganaras con la siguiente decisión que tomes…

Y aunque la canción nos invita a pensar que toda decisión es un juego de azar, en el cual no sabemos si ganaremos o perderemos con la siguiente decisión que tomemos… lo cierto es que el azar depende de que tanto hayamos reflexionado frente a la consecuencia de cada decisión.

Puede parecer un poco patético, pero ante cada decisión que tomemos en la vida, sin importar el rumbo que decidamos, siempre habrá un poco de arrepentimiento frente al resultado de la decisión tomada. El truco está en que tanto esa decisión nos genera felicidad…

Suena contradictorio pero no… hay cosas de las que nos arrepentimos superficialmente, como no ir a una fiesta o no comernos una torta de chocolate, pero en el fondo sabemos que la decisión fue sabia porque el resultado nos va a beneficiar.

Hay otras decisiones, como desaprovechar una oportunidad o perder un amor, que nos marcaran para toda la vida y nos dejaran una herida imborrable, que por más queramos, cada vez que recordemos lo tontos que fuimos al tomar esa decisión, indefectiblemente nos harán llorar.

Hay otras, sin embargo, que no sabes que puede causar más dolor, si mantenerte o dejarlo, si seguir o cambiar, sabes que no importa el camino que tomes vas a llorar desconsoladamente… en ese momento y recordando a Socrates “no importa el camino, te vas a arrepentir”, en ese momento sólo hay una pregunta que hacer… en el largo plazo que te va a generar menos dolor.

Por eso, mi amigo lector, a lo que te quiero invitar con esta pequeña disertación es que en la vida no dejes tus decisiones al azar, no dejes tus decisiones a los demás y mucho menos postergues tus decisiones, por dolorosas que parezcan, por difíciles que puedan ser o las lágrimas que puedan generar a ti o a otros, debes tomar las riendas de tu vida y decidir.


Si lo dejas a los demás o al tiempo, solo obtendrás un resultado seguro, mucha tristeza… y a la vida no vinimos a ser tristes sino felices… así que levántate y decide por tu vida… Algo importante, no importa la decisión que tomes, siempre habrá la posibilidad de volver a decidir y ¡ser felices!

Fuente imagen: http://www.emprendepyme.net/wp-content/uploads/2013/02/Aprender-a-tomar-decisiones.jpg

viernes, 28 de octubre de 2016

Zombies de otra estirpe

http://www.vidanaturalia.com/wp-content/uploads/2014/09/depresion-tratamiento-natural-vidanaturalia.jpg

Hace algunas publicaciones hablé de un tipo espacial de "zombies" que encontramos entre nosotros, aquellos que solamente ven las cosas malas de la vida, aquellos que la amargura y el odio llena su corazón y su espíritu, y van destruyendo a su paso la esperanza en los corazones de las personas que "osan" cruzarse en su camino y que al igual que los personas del "séptimo arte" van en busca de nuevas victimas para que engrosen la larga lista de amargados.

Pero en esta "jugla de asfalto" nos encontramos con otra especie de "zombies" unos que no están interesados en convertir a nadie a su estado, pero que al mejor estilo de un muerto viviente van por la vida caminado sin corazón, ni esperanza. Respiran básicamente porque es un efecto reflejo del organismo y no tienen manera de controlarlo.

Sus ojos solamente ven obscuridad, sus labios sonríen como una acto incontrolable de la naturaleza, su vida a perdido toda razón de ser y de existir, pero a diferencia de los anteriores, estos simplemente, como seres inertes, desearían con todas sus fuerzas regresar el tiempo y volver a un tiempo en el que la vida tenía sentido, a una fase de su historia donde había un motivo para sonreír. Donde su vida no era solo tristeza y desolación.

Estos, mi querido lector, son los "zombies" del amor, aquellos que por su propia decisión perdieron el amor, que en un momento de descontrol o locura actuaron en contra de su propio bienestar y en ese camino soltaron la mano de aquella persona que los venía acompañando en el camino de la vida y cuando dieron la vuelta para volver a encontrarlo, el tumulto y la maraña de personas los hizo perder de vista su gran amor.

Van por el camino sin corazón, porque en una etapa de su historia lo entregaron por convicción propia, pero que sin darse cuenta, empezaron a deambular sin rumbo, sin destino y sin punto de partida. No encuentra satisfacción, ni emoción en aquello que antes les generaba alegrías. La vida se ha convertido solo en un castigo, una forma de pagar por los errores del pasado, esos que los llevaron a quedarse sin su complemento.

Generalmente no es fácil reconocerlos, pues en el afán de esconder su dolor, viven como el actor, desempeñando su papel con pasión y tragándose la frustración de saber que el pasado no se puede retornar y que el futuro solo depara más soledad.

Algunos son más osados y tratan de compartir su soledad con otro de la misma especie, pero esto solo ahonda el dolor de saber, que aquello que no solo se perdió, sino que también se descuido, no se puede remplazar. Y terminan sumidos en una soledad acompañada, que es mucho más terrible que la misma soledad.

La curación a esta infección es difícil de encontrar, son una especie que no busca dañar a nadie más, solo manterner sumida su tristeza como parte integral de su vida, quizá en algún momento puedan recuperar el sentido de la vida y recuperar aquello que perdieron por descuido y sin razón, a veces el corazón vuelve a nacer en el mismo lugar donde antes estaba, otras veces dan con seres que les comparten el corazón y vuelven a vivir.

Lo cierto, mi querido amigo, es que si te cruzas por el camino con uno de estos enigmáticos personajes, no trastes por la fuerza que cambie su estado, ni mucho menos trates de levantarlo de su melancólica situación, solamente brindale la mano, y permite que el tiempo y su condición actualizante lo lleve poco a poco a superar su situación, el tiempo dirá si la supera, o si se sigue consumiendo hasta simplemente desaparecer sumido en la tristeza.


jueves, 28 de abril de 2016

Ahí, como las tamaleras...


Hay un saludo que en ocasiones utiliza mi "anciano" padre cuando quieres ser "ligeramente" sarcástico y responder a la pregunta "como está" y es "Ahí, como las tamaleras, mal y comiendo y vendiendo del tamal". Lo llamativo de este dicho oriundo de su tierra, es el evidente conformismo de la expresión... algo así como bien no voy a estar, pero pues tengo para comer de lo mismo que estoy vendiendo.

Por lo que disertando un poco más, uno podría llegar a imaginarse la actitud de nuestra querida "tamalera" pensando que al menos tiene para comer, cuando quizá haya mucha gente que ni para eso tiene. Y surge en eso momento de pensamientos divergentes una idea interesante en toda la extensión de la palabra... ¿qué pasa con el "confor... mismo"?

Porque en ocasiones no importa los problemas que tengamos y las necesidades que nos estén apremiando, simplemente sentimos que estamos "bien", no sentimos deseos de avanzar, por el contrario experimentamos una calma y una frescura, un sentido de "pa' que". Vemos nuestras dificultades, nuestras necesidades y simplemente miramos hacia abajo y decimos "Hay gente que está peor...". No vemos la necesidad de movernos.

Somos "la arepa caliente" para la "mantequilla de las necesidades"... frente a las necesidades y las dificultades simplemente mantenemos una actitud fresca, tranquila y distanciada de toda ambición "peligrosa" (En este caso léase como un sarcasmo). Le tenemos tanto miedo a la ambición y a querer cosas que nos quedamos en una actitud conformista... de no avanzar, de no crecer... porque el "materialismo" es peligroso, nos aparta de lo importante, entonces es mejor mantener una paz imperturbable frente a las necesidades económicas; sigamos como las tamaleras.

Pero el conformismo es un sentimiento tan traicionero que sin darte cuenta en que momento, te lleva a sentirte tranquilo, inmerso en la más absoluta de las necesidades. Es algo así como una droga enajenante, que te distancia de la realidad y cuando te das cuenta estas tirado en medio de la carretera de una gran ciudad, apestando "a rayos" y con moscas por todo tu cuerpo y con la extraña sensación de que muy seguramente debe haber alguien en peor situación que tú (Y muy seguramente lo puede haber).

Siempre que mires hacia abajo, habrá alguien que esté peor que tú, aunque en ocasiones la situación te engañe y lo único que estés viendo sea tu reflejo contra el suelo; pero si miras hacia arriba seguramente te encontrarás con personas que definitivamente estarán mejor que tu. Y entonces es donde surge un elemento fundamental... Soñar, desear, ambicionar o luchar por estar mejor, por ser mejor, por dejar un mejor futuro a nuestras próximas generaciones.

Y es que aunque en muchas ocasiones nos hayan metido en la cabeza que la ambición es mala, peligrosa y hasta auto-destructiva, los seres humanos hemos venido al mundo para crecer, para avanzar, para superarnos... para continuar cambiando. Citando a Heráclito "En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos" nos invita a estar en un continuo cambio, a no dejarnos adormecer por la comodidad  de no sentir ambición.

Hemos venido al mundo a crecer, por eso desde que nacemos aprendemos, mejoramos, "evolucionamos"... estamos aquí para ser mejores cada día, para desear crecer y aprender nuevas cosas. Pero sobre todo para dejar un buen futuro y una buena vida a las generaciones que nos remplazarán.

Vivir la vida sin "ambicionar" ser mejores, vivir mejor... es como estar en medio del trance de una droga que nos encarcela en una zona de "Confort", no te permitas a ti mismo a vivir así... levántate, despierta, lucha, esfuérzate por ser mejor y verás como transformas tu mundo y el de los que siguen tu camino.

La decisión está en tus manos... vivir mejor o seguir como "las tamaleras".


Fuente de la foto: http://www.habildeclarante.com/public/images/noticias/13-conformismo-y-sociedad.jpg

martes, 19 de abril de 2016

Aprendo, luego existo!


El filósofo francés Rene Descartes es muy conocido por su frase "Pienso, luego existo" (el cogito ergo sum en latín) dándonos como base de nuestra existencia el pensamiento, estableciendo que no podemos hablar de estar en este plano, sino partimos de nuestro pensamiento, elemento que nos diferencia de los animales.  Partiendo de este pensamiento y disertando un poco sobre el tema; sin ir a faltarle al respeto a este ilustre personaje, quise parafracear un poco y partir de aprender.

Aprender es esa hermosa capacidad que tenemos de ir conociendo nuestro entorno, de asimilar la realidad que nos rodea y sobre todo de generar un nuevo aprendizaje, crear un nuevo conocimiento, esta pequeña hija de la curiosidad nos lleva no sólo a crecer intelectualmente, sino como seres humanos. Nos invita a ser humildes, año dar nada por hecho y tener el deseo de seguir creciendo y aprendiendo.

Así mismo, nos enseña a ser humildes porque entre más aprendemos, más nos damos cuenta de cuánto tenemos por aprender, de cuantas cosas nos faltan por recorrer, nos invita a ser compasivos y dadivosos, porque el aprender nos lleva a querer enseñar e iluminar a otros. Al mejor estilo del clásico filósofo Sócrates "solo sé que nada sé", cada vez que aprendemos algo en nuestra vida, encontramos mucho más la necesidad de seguir aprendiendo.

Sin embargo lo importante no es solo aprender, acumular conocimiento sin uso o utilidad. Es empezar a aplicar ese conocimiento en nuestra vida, que cada cosa que aprendamos la apliquemos para ser mejores, para ayudar, para servir, para crecer. Caminar por la vida buscando que nuestro día no termine sin haber adquirido un nuevo aprendizaje, que no cerremos nuestros ojos sin que en nuestra vida no haya algo nuevo que aplicar.

Porque solo cuando empezamos a aplicar conocimiento ese conocimiento se vuelve vivencial, práctico, útil. Solo ahí empezamos realmente a vivir, a disfrutar de nuestro entorno, a sentir el mundo que nos rodea y darnos cuenta que la vida es un lugar hermoso. Y entonces que nos damos cuenta que la única forma de lograr que este mundo sea un mejor lugar para todos es comprometiéndonos con aprender y aplicar ese conocimiento para todos.

Aprovecha tu día, aprovecha tu vida, no dejes que pase simplemente en vano, como si entre la cuna y la tumba hubieses pasado "sin pena ni gloria"... Porque solo cuando aprendes, existes...


Fuente foto: http://3cero.com/siempre-mantente-aprendiendo/

miércoles, 13 de abril de 2016

Somos lo que hacemos

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Todos en algún momento de nuestra vida hemos escuchado hablar de Aristóteles, uno de los grandes filósofos clásicos, muy conocido por haber sido uno de los educadores del gran conquistador Alejandro Magno (El Grande). Una de las frases que se cree que dijo declaraba "Somos lo que hacemos día a día; de modo que la excelencia no es una acto, sino un hábito", concluyendo que nuestros hábitos nos definen.

Algo más o menos que la famosa frase de una película muy taquillera "No importa quien seas en el interior, son tus actos los que te definen"... y es que disertando un poco sobre estas frases me he dado cuenta que nuestros discursos son muy bellos... nos llenamos los labios hablando de lo bueno que somos, de la excelencia de nuestras acciones personales y profesionales; pero cuando volteamos y vemos lo que hacemos cada día, vemos que muchas veces la excelencia y el profesionalismo es más un acto aislado que un hábito diario.

Siempre que vamos por la vida encontramos excusas para no actuar con la mayor excelencia y profesionalismo que nos debe caracterizar; por el contrario encontramos que muchas veces buscamos el atajo, la forma fácil y rápida de hacer las cosas, aunque esté más rodeada de mediocridad que de buenos factores. Y lo más cómico del asunto es que entre más trivial y personal sea la labor, más razones encontramos para no actuar con excelencia y profesionalismo.

Y entonces valdría la pena hacernos la pregunta, ¿si son nuestros hábitos los que nos definen y no lo que "decimos" ser, realmente somos excelentes?... obviamente es más una pregunta retorica. La realidad es que diariamente deberíamos realizar una evaluación de nuestras acciones, de nuestras palabras, de nuestros caminos y de nuestras respuestas, y revisar si estuvieron llenos de esa "superior calidad o bondad que los hace dignos de aprecio" o si por el contrario sentimos un poco de vergüenza frente a ellos.

Porque en muchas ocasiones sentimos el deseo de mejorar, de tener un mayor éxito, un mejor nivel de vida, alcanzar todos nuestros sueños; pero nos pasa lo del flojo, encontramos siempre una excusa para no hacer las cosas mejor... postergamos la decisión de ser excelentes, profesionales, de entregar lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos... "porque eso no vale la pena", pero al igual que la frase Einstein "... seguimos haciendo las cosas de la misma manera, seguiremos obteniendo los mismos resultados".

Solo hay un camino para ser felices, para levantarnos del fracaso y alcanzar el éxito, hacer la diferencia en el mundo, darle un poco la contraria a lo que hacen las mayorías mediocres o perversas (de lo malas que son) y es buscar la excelencia en todo, absolutamente todo lo que hacemos; no tratar de ser, sino ser completamente excelentes ansiando la calidad superior en cada labor que emprendamos.

Nada más satisfactorio que terminar el día y dicir, "hoy hice la diferencia, di lo mejor de mi en cada paso de mi vida". De esa forma darnos cuenta que realmente somos lo que hacemos... porque si nuestro hábito es entregar y hacer las cosas con excelencia, realmente seremos seres humano excelentes...

No te conformes con la mediocridad... entrega lo mejor de ti... Se lo que haces, se excelente.

viernes, 18 de marzo de 2016

Despertares


Generalmente cuando hemos luchado mucho tiempo para superar una situación o hemos caminado grandes distancias llega un momento donde nos sentamos y empezamos a adormecernos, poco a poco nos vamos quedando quietos, sin aliento. Sentimos internamente que lo intentamos todo, que ya no hay salida y muy internamente nos empezamos a rendir.

Sentimos en nuestro alrededor cierto confort, somos conscientes de nuestras dificultades y problemas, pero han sido tantas las batallas y las luchas; y tan pocas las victorias que la esperanza empieza a escucharse como una vieja conocida que no volvimos a ver, la recordamos en la distancia, pero no tenemos las fuerzas para ir a buscarla.

Me recuerda la historia de las ranas y el agua tibia y es que al igual que en dicha historia, donde la rana no siente el calor sino que se va quedando dormido, hasta que poco a poco queda totalmente cocinada sin darse cuenta, cuando los problemas nos afligen y las soluciones no surten efecto, poco a poco vamos perdiendo las energías y nos vamos adormeciendo.

Poco a poco los problemas se nos van convirtiendo en paisaje y se convierte en nuestra zona de confort, nos adormecemos, perdemos la fe y la esperanza de algún día salir de nuestras dificultades. Incluso llegamos a olvidar haber estado bien alguna vez y lo único que nos queda es el recuerdo y la culpa de las malas decisiones… nos vamos quedando dormidos… incluso muertos en vida.

Y entonces, lo único que realmente queda es despertar, levantarnos, tomar la decisión de no darnos por vencido. Saber que nadie podrá hacerlo por nosotros… Respirar profundo, tomar impulso y despertar. Quizá sean muchos los intentos que hayamos realizado e igualmente muchos los fracasos, pero nuestra valentía está en volver a intentarlo.

Levantarnos retomar fuerzas y recordar que los fracasos no son los que nos definen, son las veces que nos levantamos y volvemos a intentarlo. El éxito no se alcanza por estar sentados, lo alcanzamos cuando tenemos el valor de levantarnos y volver a luchar. Recordar que Edison logró inventar la bombilla incandescente después de 2000 fracasos (Aunque él siempre dijo que aprendió 2000 formas de cómo no hacer una bombilla).

Que Lincoln fue presidente de los Estados Unidos después de 10 derrotas electorales y es uno de los presidentes más amados y más recordados… cuando conoces estos ejemplos, te das cuenta que te falta mucho camino por recorrer para alcanzar el éxito… pero que lo único que necesitas es decidir levantarte…

Despierta, es momento de levantarnos y volver a luchar, no rendirnos, estoy seguro de que si nos comparamos con Edison o Lincoln, son muchas las derrotas que nos faltan para alcanzar el éxito.

jueves, 18 de febrero de 2016

El arte de la mediocridad

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Hace algunos años una persona a la que aprecio mucho y de quien he aprendido muchas cosas, pues fue mi jefe por más de 10 años, recordando una empresa en la que habíamos trabajado juntos me comento "No has visto como a los mediocres no les va mal en la vida, nunca se esfuerzan, cumplen con su deber; pero no entregan más allá, por eso nunca los saturan de trabajo, no son malos para sacarlos, pero tampoco son sobre salientes, solo siguen ahí con su nadadito de perro".

En ese momento solo quedó en mi mente como una conversación superflua, en la que hicimos referencia a personas que habíamos conocido y que definitivamente nunca entregaron lo mejor de si en sus puestos de trabajo. Pero regreso a mi mente hace unos días, cuando en una conversación con mis padres, quienes como toda familia cariñosa te invitan a reflexionar frente a lo que haz hecho y porque caíste en desgracia "laboralmente", y en medio de ese dialogo familiar empece a recordar mis tres últimos años de trabajo en una empresa que no vale la pena mencionar.

Y recordé como empece el año 2013 trabajando en dos áreas al tiempo, manejando tres grandes proyectos trabajando por incrementar matriculas y dedicando a mi labor más de las horas laborales reglamentarias, sin ninguna objeción, como un año después dentro de mi haber había formulado y costeado uno de los proyectos más grandes que mi empresa podía tener, su propia institución de educación superior, había sacado adelante un proyecto con el MEN y estaba recibiendo los técnicos, literalmente ya no tenía vida personal.

Cada iniciativa nueva que salía yo estaba en ella para sacarla adelante, no había proyecto nuevo en el que yo no estuviera comprometido, al punto de llegar el momento donde las horas del día no me alcanzaban para terminar todo lo que tenía por hacer, además de criar una familia y tratar de tener amigos. Al siguiente año el fruto de todo ese trabajo había sido ganarme la envidia de mucha gente, que se tomaban el trabajo de hacer seguimiento a mi trabajo para encontrar el error e irse lanza en ristre contra él, y cual fue mi decisión, bajar un poco el ritmo y esperar pasar desapercibido.

Por un momento de mi vida anhele ser un completo mediocre, que la gente no me viera no me cargara de trabajo, sino solamente cumplir con mis obligaciones sin tener mayor carga. Trabajar tranquilo sin que nadie me viera, sin que nadie me envidiara y quisiera darme en la cabeza. Ser tan mediocre que la gente ni siquiera se tomara la molestia de venderme mascaradas para traicionarme, porque nadie traiciona a un mediocre... ¿cuál sería el objeto?

Es más que me vieran tan mediocre que me saliera un trabajo rápido, porque últimamente siempre me salen conque estoy sobrecalificado para los cargos que concurso... y me puse a disertar un poco sobre el asunto. Que lindo es no vivir con envidias ni engaños, que lindo es pasar desapercibido. Pero ninguno de mis ídolos ha sido mediocre... la mediocridad no te genera una satisfacción real.

Que felicidad te puede generar saber que no eres excelente en nada, que eres "aprendiz de todo y maestro de nada"... como ser feliz sabiendo que eres un absoluto cero a la izquierda, que nadie te recordara porque simplemente la gente no tiene ni idea que existes.

Cuál es la belleza del arte de ser mediocre, si absolutamente nadie lo ve, porque básicamente no eres nadie, ni sumas, ni restas. Mientras que la excelencia, el ser el mejor en lo que haces y en lo que sabes, puede que no te asegure la opulencia, el éxito rotundo, pero te aseguro que dejas huella y te llena de una gran satisfacción saber que tú eres el mejor.

Y obviamente, como todo lo bueno, los resultados llegarán, quizás no hoy, quizás no mañana, pero va a llegar y serás aun más feliz, porque no tuviste que vender tu esencia... porque todos estamos hechos para brillar, lo que pasa es que tenemos mucho miedo de que la gente envide nuestra luz.

No te dejes llevar por el arte de la mediocridad... trabaja por la excelencia... por sobresalir, ahh... eso requiere trabajo, también por eso pocos la buscan.

martes, 16 de febrero de 2016

Superficial y pasajero

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Nunca he logrado definir porque nos volvemos superficiales, en que momento de nuestra vida dejamos de darle importancia a las cosas trascendentales como los amigos, la familia, los buenos momentos; el disfrutar las cosas simples como un partido en la cancha del barrio, correr bajo la lluvia, tomarse una gaseosa litro entre todos los que corrimos. 

Cuando convertimos el concepto de ser feliz en cosas complicadas, ropa de marca, autos presuntuosos, elementos exóticos y dejamos atrás las cosas que realmente valen la pena. Saber que no estas solo, que tienes personas con las cuales contar en los momentos difíciles. Que la próxima vez que te caigas habrá quien te tienda la mano.

Hay un minúsculo límite donde olvidamos lo trascendental y le damos importancia a lo superficial, a lo pasajero y dejamos atrás lo maravilloso de los pequeños detalles que tienen gran significado. Los que realmente marcarán nuestros recuerdos; esos que no están mediados por el dinero o los vienes, o por ridículos códigos que nos inventamos cuando "vamos madurando", para complicar las relaciones y llenar de superficialidad algo muy valioso, tanto que cuando eramos niños no permitíamos que una discusión nos distanciara, más allá de unos minutos.

Y es en este momento donde las relaciones han perdido su importancia, a lo superficial y pasajero le damos significados trascendentales e infinitos, y a lo realmente trascendental como el amor, la amistad y los momentos memorables, le damos un significado de pasajero. Nos llenamos de "motivos" cuando las personas no aceptan nuestras reglas de vida y nos imponemos porque nuestro estilo y nuestras cosas son valiosas y las de los demás no.

Preferimos lo pasajero, actuando en ocasiones como niños, pero a diferencia de ellos guardamos rencores "significativos" por motivos pasajeros, perdiendo lo valioso de la vida. Y hoy valoramos más lo material que lo inmaterial, las cosas, a los momentos y a las personas. 

Eso me hizo recordar la pregunta de un amigo, en vísperas de mi onomástico, y fue "¿qué quieres de regalo?"... Dándole vueltas supe lo que quería, disfrutar de una noche con mis amigos, con los que no tenga que ocultar lo que soy o vender una mascarada para ser aceptado, compartir con quienes me amen como soy y si nos vamos a algo material... un libro, que siempre recordaré que me lo dio un amigo en mi cumpleaños.

Dejemos atrás lo pasajero, no nos distraigamos con lo superficial. Lo importante, lo trascendental, lo realmente valioso es el amor, los amigos y los bellos momentos... esos que quedarán para siempre en tu corazón y en los momentos de aflicción te llenarán de felicidad...

lunes, 15 de febrero de 2016

Oh! Y ahora quien podrá defenderme!

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Recuerdo que hace algunos años el grito desesperado y alarmante de "Oh! y ahora quien podrá defenderme!" era la señal para que de inmediato llegara en tu auxilio uno de los héroes más "sui generis" que han pasado por la pantalla chica, El Chapulín Colorado. Llegaba a ayudarte, rescatarte del problema y se retiraba una vez todo quedaba como debía ser.

Ahora bien, muchas veces parecía empeorar las cosas en lugar de arreglarlas y en últimas terminabas tu mismo solucionando tus problemas y hasta rescatando al pobre super héroe de pacotilla. Eso sí, todos sus movimientos siempre estaban fríamente calculados, así que terminabas pensando que todo lo había hecho él.

Lo triste en estos momentos es que te queda en el inconsciente la idea de que en esos momentos de miedo y desesperación alguien vendrá en tu ayuda, entonces levantas los brazos y gritas con todas tus fuerzas "Oh! y ahora quien podrá ayudarme"... pero nunca aparece un super héroe para sacarte de tus problemas, para ayudarte a volar sobre el pantano y continuar tu vida de forma tranquila.

Todo lo contrario, llegan todavía más problemas y más dificultades, y ni para que gritar, ni para que buscar ayuda porque sabes que nadie lo hará. Es más, muchos de los que estaban a tu lado repentinamente desaparecen, pues ya no hay ninguna razón para estar contigo, ya no eres nadie. Y con la muerte de la esperanza, mueren las fuerzas; ya no luchas, simplemente te dejas morir porque todo se ha terminado y no puedes con tantos problemas.

Tu esperanza murió con el último intento por salir de tus problemas que no te sirvió para nada, ahí también quedo tu espíritu. Las personas que pensabas que te podrían ayudar y que algunas vez lo hicieron, en esta ocasión salen de tu vida con una palmada en el hombro y una frase de cajón. Ya solo esperas que en algún momento te quedes dormido y no tengas que volver a levantarte, simplemente dejar este plano y ya... parar de sufrir.

Surge entonces una imagen de ese super héroe latinoamericano, el en realidad nunca ayudo, la verdad es que no le soluciono el problema a nadie. Su labor era siempre mostrarte que tú puedes salir de tus problemas, que solo vasta pensar que lo puedes hacer y lo logras. Que lo único que tienes que hacer es tomar una decisión.

Levantarte y decir "ok, se ha puesto difícil" pero nadie dijo que fuera a ser fácil. Y actuar, caminar, correr, hacer.... Actuar. Vivimos esperando la llegada de un mesías que nos soluciones todos nuestros problemas, que nos rescate como el príncipe azul a la princesa en apuros. Un Robin Hood que nos de alimento y enfrente al Sheriff de Nottingham... Queremos huir de nuestra responsabilidad de enfrentar y superar nuestros propios problemas.

Aquí o empiezas a luchar, tomas la decisión de levantarte de la cama, solucionar cada problema que aparezca. Recordar que los problemas no son otra cosa que oportunidades, oportunidades para conocer a las personas, para conocer mis propias fuerzas, para aprender y por supuesto, para crecer.

En medio de la desesperanza y la aflicción la solución no está en sentarnos a llorar, ni mucho menos en buscar o llamar un héroe que nos rescate. Está en levantarte y decidir luchar. Quitarte la sábana, salir de las cobijas y luchar.

La decisión es tuya, seguir llorando y lamentándote por los problemas que tienes o levantarte y LUCHAR, aprender y superar todo lo que se te venga encima.

martes, 9 de febrero de 2016

Causa y efecto


Uno de los personajes más enigmáticos de una de las trilogías más impactantes de los últimos años, "El Merovingio" de Matrix, tenía como una de sus frases de cabecera "toda acción tiene una reacción, todo causa y tiene un efecto" y la más interesante de todas "No existe la casualidad, solo la causalidad". Claro que unos cuantos años antes del "Merovingio" uno de los padres de la física moderna había dejado establecido el principio de acción y reacción, Sir Isaac Newton, según la cual toda acción de un cuerpo sobre otro genera una fuerza igual, pero en sentido opuesto, una reacción.

Lo interesante de esto es que las personas vamos por la vida sin darnos cuenta de que cada acción que realicemos, va a generar una respuesta de igual magnitud pero en hacia nosotros. Lo bello de la física en la vida de los hombres es que esta reacción nno siempre ocurre instantáneamente, en ocasiones los efectos de nuestras acciones tardan tiempo, nos toman por sorpresa, nos toman descuidados y en ese instante surge nuestra pregunta esencial "porqué a mi!!".

Otra veces llegamos hasta pensar que hemos salido ilesos por los daños o aflicciones que hayamos generado. Casi que celebramos, nos sentimos orgullosos de haber herido corazones, truncado vidas y maltratado almas... Y seguimos caminando sin el menor arrepentimiento, hasta que la reacción a nuestras acciones regresa, nos golpea, nos lastima, nos dejan en el suelo y decimos "no es justo, yo no estaba haciendo nada" o "pero es que yo no he hecho el daño que estoy recibiendo" y olvidamos a cuantos dañamos, a cuantos ofendimos, a cuantos hemos truncado.

Me recuerda la película de "Oz, el poderoso", cuando él fue el causante de su propia perdición hiriendo el corazón de alguien que se le entregó por completo, pero el dolor generado la llevo a convertirse en la peor pesadilla de Oz. Sin importar cuantas veces el tratara de solucionar el problema, el daño ya estaba generado, ese corazón no volvería a ser igual. Y obviamente la vida de Oz tampoco sería igual, llevando la culpa de dañarse no sólo a él, sino a los demás.

Y resulta que estamos recibiendo es la reacción acumulada de todos los daños que hemos generado. Obviamente las reacciones no sólo son negativas, también son positivas, el bien que hagamos tarde que temprano volverá con la misma intensidad. Y muy seguramente esto pasara cuando menos lo esperemos y de quién menos lo esperamos. 

Es tan solo la física de vida, que nos invita a no ir por el mundo actuando sin pensar en las consecuencias, nos invita vivir con cautela a caminar con precaución, siendo conscientes que todas nuestras acciones tendrán una consecuencia. En esto no es venganza, no es la retribución de la vida, es el simple principio de que lo que siembras eso recoges.

Ahora bien, en ocasiones sentimos que la vida solo nos devuelve lo malo, no encontramos la reacción de nuestras buenas acciones, pero te invitaría a que no desfallezcas, así como nuestras malas acciones se acumulan en una reacción, las buenas también se acumulan. Es importante recordar en esos momentos que en la física de la vida, también estamos aprendiendo a mantener una actitud humilde frente a lo que pasa, el problema es que nuestra soberbia también nos trae consecuencias que buscan enseñarnos a ser humildes.

Como diría el poema, tu eres el responsable de tu propia destino, así que procura generarte unas maravillosas reacciones, actuando siempre maravillosamente con todos los que te rodean...  Actúa para realizar las causas de los efectos que esperas recibir.