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martes, 29 de enero de 2019

Viejos los cerros


Mi padre suele decir “viejos los cerros y reverdecen” cada que alguien quería insinuar que por su edad no estaba en capacidad de hacer o lograr algo. Dejando claro que la edad no es el límite para hacer las cosas, ni la excusa para no lograr los sueños o las metas. Esta graciosa comparación siempre me ha dejado divagando sobre reverdecer.

Son muchas las ocasiones, cuando se aproxima nuestra fecha de cumpleaños, esa conmemoración del primer día que abrimos nuestros ojos en este plano… que empezamos a sentirnos viejos, agotados e incapaces, en especial cuando las velitas en el pastel superan las 30.

Por alguna extraña situación cuando las vamos alcanzando la 4 década de vida, y en adelante, las personas tienen la tendencia a sentirse acabadas y desmotivadas, especialmente cuando siente que las metas autoimpuestas, a partir de los resultados de otros, no han sido alcanzadas o incluso estamos muy lejos de alcanzarlas.

Y es que de una extraña manera, toda la vida vivimos buscando expresar nuestra individualidad, nuestra diferencia con los demás, el hecho de que somos únicos y diferentes. Pero a la hora de evaluar nuestros resultados, de revisar las metas y sueños alcanzados, nos comparamos con otros, pensando que tenemos que hacer y alcanzar las metas al ritmo o capacidad de otro, y sino es así, nos sentimos incapaces, inútiles y fracasados.

Y si a esto le sumamos la edad, el nivel de frustración se eleva exponencialmente… olvidando que muchos de los que marcaron la historia, que muchos de los que han dejado huellas positivas en el mundo lo hicieron en un estado avanzado de edad; sin embargo jamás pensaron la vejez fuera una limitante… que la adultez fuera sinónimo de incapacidad.

Todo lo contrario, la edad era entendida como experiencia, los años como conocimiento y tiempo vivido, como un cumulo de herramientas que favorecerían la posibilidad de alcanzar los sueños y las metas impuesta. Reverdecieron, no se dieron por vencidos, no se sintieron fracasados y dieron un paso atras. Avanzaron, lucharon, se levantaron ante cada caída y buscaron una nueva forma para alcanzar sus sueños.


Así que no fue la edad la que los detuvo, esta fue una oportunidad de volver a nacer, fue una oportunidad de alcanzar nuevamente sus metas y seguir evolucionando como ser humano. Así que los años, sean 40, 50 o 60 no son el límite para alcanzar tu sueños o lograr tus metas, lo único que te puede detener es tu forma de ver el mundo, es tu capacidad de luchar, de levantarte; pero sobre todo, tu capacidad para ver todo el maravilloso ser que eres y que está en construcción.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La mujer que TÚ me diste!


Estando en una de las clases que dicto, como acostumbro, lleve una frase célebre al inicio de la teoría para disertar sobre la vida y la realidad. En medio del análisis de lo dicho, que guardaba relación con tomar responsabilidad frente a nuestros actos, recordé aquel pasaje bíblico en el que Dios se encuentra con Adán y Eva, después de haber hecho de las suyas, digo, de haber comido del fruto del árbol del bien y del mal.

En el relato, cuando Dios le pregunta a Adán que había pasado este contestó: “la mujer que TÚ me diste”. Siempre coloco este ejemplo, ¿qué hubiera pasado si en lugar de decir eso, adán se hubiera arrepentido y hubiera reconocido su culpa? Y desde ahí la humanidad la ha cagado en todo lo que hace, por un simple y pequeño detalle siempre buscamos un responsable, o mejor dicho, un culpable de todo lo que nos pasa en la vida.

No pienso generar una discusión sobre el origen del hombre, pero partiendo de este relato y pensando en el comportamiento humano, hay algo más humano que errar y es buscar a quien echarle la culpa de los errores cometidos. En la historia bíblica Adán se pasa, no solo, como piensan algunos, culpa a Eva sino que realmente culpa al mismísimo Dios. “La mujer que TÚ me diste”… mire la clase de piruja que usted me ha dado por mujer, ¿no tenía algo mejorcito? Si ve como lo que usted me da me hace pecar, me hace caer.

Y la humanidad siempre ha buscado a quien echarle la culpa de lo que pasa, de los errores, de las situaciones. Y al mejor estilo de Adán, cuando no hay a quien echarle la culpa, miramos hacia el cielo y decimos “¿si ve lo que usted hace?”. Hoy en día la sociedad vive inmersa en ese mundo, incluso la psicología en muchos aspectos trata de buscar “los responsables” de nuestro comportamiento.

De cada cosa mala que nos pasa siempre hay un culpable. Si estoy mal económicamente es culpa del gobierno, de la economía, pero no vemos que cuando tenemos plata la derrochamos como si al día siguiente no fuéramos a vivir. Cuando estudiamos y perdemos, la culpa es de nuestros compañeros que nos distrajeron, del profesor que no supo explicar, de mis padres que no me compraron los libros para estudiar o de Dios que no me dio la inteligencia. No vemos que cuando era tiempo de atender o estudiar estábamos jugando o dispersos.

De adultos, cada vez que no logro algo es culpa de alguien, si caigo en los vicios, fue culpa de mis amigos que me dañaron, si me accidento fue culpa del otro que venía manejando. No importa que pase, siempre habrá un responsable, pero jamás seré yo quien tenga las riendas de mi vida, solamente soy una víctima de las circunstancias.

Y entonces caemos en el más profundo de los abismos, la indiferencia frente a nuestra realidad o más aun, la amargura para con la vida. Porque siempre, siempre habrá un responsable fuera de nosotros de lo que nos está pasando.  Pero poco nos detenemos a evaluar nuestra vida, nuestra realidad, nuestras decisiones y nuestra obstinación frente a lo que pasa.

A veces vamos por el camino equivocado pero no hacemos nada para cambiarlo, porque Dios, la vida, el buki … debería bajar y llevarme por donde debo y si no, pues ni modo, yo sigo mi camino sin importar que pase “porque así soy yo”, “porque yo soy firme en mis decisiones”… pero a pesar de la firmeza, los culpables de las consecuencias siempre serán otros.

Esto no es de culpables o inocentes, de víctimas y victimarios, la vida es de responsables, de aprendices, de ser consiente por encima de todo que soy “un ser en construcción” y cada cosa es un aprendizaje. Lo importante es aprender, cambiar de camino cuando no funciona. Aceptar las  consecuencias de mis errores, como lecciones. Pero sobre todo entender, como el poeta, que “yo soy el arquitecto de mi destino”.

No hay nadie más, no es el estado, no es la iglesia, no son mis padres, no es mi ex pareja, mi pareja o mis hijos. El único responsable de mi vida, de lo bueno y de lo malo soy yo. Quizá unos nacieron en circunstancias más difíciles que otros, pero entre más difícil se te presentó el camino, mayor será la recompensa cuando superes todas las dificultades.


Y sin embargo, sino lo haces, la culpa no será de la circunstancias, será de tu falta de pericia para enfrentar los problemas. No te preguntes porque otros están mejor o les es más fácil, mira que estás haciendo para dificultar tu camino y sobre todo, recuerda que no fue “la mujer que TÚ me diste”, fue tu decisión y tu determinación ante esa situación.


Fuente imagen: https://comunicacionderesistencia.files.wordpress.com/2013/04/culpables.jpg

jueves, 1 de junio de 2017

Algo estamos haciendo mal


Una de esas noches de tertulia, que tanto me apasionan, hablábamos con unos amigos de noticias de actualidad en la sociedad, pasamos de los conflictos de seguridad y las “barras bravas”, al juego de la ruleta sexual entre los adolescentes. Del Bullying mal manejado por los jóvenes, a las altas tasas de homicidios cometidos por jóvenes. En fin, desde temas de alta profundidad moral y ética, hasta superficiales y banales, como los nuevos “youtubers”.

Y en cada momento de la discusión, al mejor estilo de un grupo de ancianos pensionados, llegaba el señalamiento a las nuevas generaciones; como estos jóvenes se están tirando el mundo en el que vivimos… en fin, fue una tertulia larga de ires y venires; pero de todo en mi cabeza quedó dando vueltas cómo el mundo está patas arriba, como efectivamente un joven acaba con una vida por el color de una camiseta, por un celular, por comprar un bareto o simplemente por cruzar una calle (las fronteras invisibles).

Como los jóvenes juegan a la ruleta rusa al tener sexo sin protección con cualquier persona; y valga la aclaración, considero que sería mucho más seguro que se abstuvieran, pero sino lo van a hacer, por lo menos que no juegues con la salud y el futuro. Pero no todo se detiene ahí en esta generación, cada vez se es más superficial, no solo en los gustos, la música o el valor que se da a lo banal; se ha llegado al punto de valorar más una vida animal, que una vida humana.

Y entonces, disertando un poco sobre todo esto, llegue a la pregunta ¿Qué estamos haciendo mal? Porque efectivamente mucho de lo que vemos hoy en día no es nuevo, ni es un comportamiento innovador, efectivamente, como hablaba con alguien, el mundo ha vivido muchas veces y desde la antigüedad estas corrupciones morales o éticas, esta falta de respeto sobre la vida, sobre el otro. Entonces, ¿Qué tiene de especial hoy?

Ya nos hemos matado por un color, por un partido, por una religión, la sociedad ya ha destruido países y razas enteras por cosas pasajeras, el desorden en lo sexual se ha visto en las grandes familias, llegando a grandes corrupciones como el incesto o el sado masoquismo, dejando como gran diferencial la difusión masiva de los medios de comunicación, los cuales nos llevan toda la información a todas partes.

Pero el tema no es solamente mediático, no es solo de sobrepoblación y polución; es estructural, es coyuntural y profundo. Muy a pesar de lo que se piensa y difunde en los medios, son cada vez más los que perversamente siente placer con el daño al otro, cada día se encuentran acciones menos racionales y más autodestructivas. La conciencia del otro, la pérdida del respeto por el otro, por la diferencia.

Ver como los jóvenes pueden asesinar sin el menor sentimiento de culpa, dañar incluso a los de su propia familia. Ver como hoy la sociedad esta totalmente desintegrada y se lamenta más fácilmente por la muerte de un animal, que por el sufrimiento de un ser humano. ¿Qué nos pasó?

Y el trasfondo, desde mi punto de vista, está soportado en los hombros de las generaciones adultas, nos dedicamos a vender valores pasajeros a las nuevas generaciones, centrarnos en el dinero, en lo pasajero, en lo poco trascendental. Nosotros cambiamos la sociedad, en el afán de alcanzar la libertad le enseñamos a las nuevas generaciones que todo es relativo.

Enseñamos que mientras yo esté bien, que se jodan los demás. Formamos un mundo de egoístas sin corazón, que no pensaban en el otro. Un mundo donde para realizar lo que yo quiero, nada puede perdurar, un mundo de amores pasajeros… porque nada es para siempre. Un mundo donde el dinero es la mayor expresión de amor, así que volvimos interesados a nuestros hijos, para ellos no hay tiempo, hay dinero.

Fue tal el afán de salir de las estructuras sociales arcaicas, machistas y falo céntricas, que destruimos todas las estructuras sociales, éticas, morales. El otro perdió importancia, yo soy el importante… yo soy lo único que existe. Y le enseñamos eso a las nuevas generaciones, nunca les mostramos la importancia de ver y pensar que el otro es parte de mi. Creamos una generación que no sabe dar, solo recibir.

Y ahora estamos recogiendo los frutos, un sociedad egoísta, donde cada pensamiento pequeño quiere ser impuesto por la fuerza a los demás, porque el otro tiene la obligación de aceptarme, una sociedad superficial que no conoce el valor de las cosas, solamente su precio. Una sociedad donde la vida no es lo importante, sino la moda.

Ojala, algún día, volvamos la mirada atrás, retomemos la importancia de aceptarnos mutuamente, de apoyarnos, de respetarnos. Ojala volvamos a darnos cuenta de lo importante, de lo trascendental. De lo necesario de compartir… que por las cosas se lucha, no se desechan. Quizá, en ese momento, volvamos a ser realmente una sociedad capaz de superar todas las vicisitudes.

Solo cuando recuperemos nuestra capacidad de dar valor a las cosas transcendentales, de dar la mano al otro y reconocerlo como parte de mi vida, donde entendamos que nada es más importante que la dignidad, la vida y la libertad… que el otro es parte fundamental para yo exista… solo entonces dejaremos de estar condenados a desaparecer.

Lo primero sería volver a dar valor a la familia, al hogar, volver a construir sentido de pertenencia en un grupo primario que me enseñe a amar y a valorar… no solo a mi, sino el mundo que me rodea.


Bueno, por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: http://www.quo.es/var/quo/storage/images/ciencia/encuentra-evidencias-entre-la-violencia-en-adolescentes-y-el-desarrollo-cerebral/1248295-1-esl-ES/encuentra-evidencias-entre-la-violencia-en-adolescentes-y-el-desarrollo-cerebral_full_landscape.jpg

miércoles, 15 de marzo de 2017

Amor $incero


Una de las actitudes sociales más criticadas y menoscabadas, de forma general, por casi todos los grupos de personas, es el amor centrado en el materialismo. Es comidilla y chisme en casi todas las mesas de reunión el ver una vieja o un man "arrivista" sacando provecho de su juventud o su belleza, para obtener una mejor posición económica o una mejorar calidad de vida.

Obviamente, ni que decir de las referencias sociales que generalmente se hacen, acerca de quienes se dedican a la venta de favores amorosos, a cambio de unos cuantos centavos (aunque a veces terminan siendo más de lo que recibimos los honrados trabajadores). Ahí si que se llega a altos niveles de ofensas y expresiones de alto calibre. 

Sin embargo, y muy a pesar de que considere que el amor debe tener algo de interés (lo cual será material para otro post) hoy no voy a profundizar en este tipo de amor materialista, sino en uno que considero, con el perdón de ustedes, mucho más dañino y autodestructor, y son las relaciones cimentadas en la conveniencia y no en el amor.

Disertando un poco sobre el tema, y esperando aclarar las dudas que haya generado con el párrafo anterior, las relaciones basadas en conveniencia económica no siempre son tan destructivas como parecen, pues para empezar cada uno de los involucrados sabe exactamente que esperar del otro y es consciente de lo que va a recibir del otro, no hay mentiras, ni engaños, más allá de los que socialmente quieran vender. Pero, por lo demás, es una relación bastante sana y honesta, nadie puede resultar realmente herido.

En cambio, aquellas relaciones basadas en otro tipo de conveniencias terminan siendo dañinas para ambos, destructivas y nocivas en todo el sentido de la palabra, el primer caso que conocí fue el de el amigo de un amigo, el mio... en algún momento de mi vida y en esos afanes de no estar solo, decidí incursionar en una relación con una persona altamente nociva para ella y para los demás, mi afan de no estar solo y recibir los favores de la intimidad me llevo a vivir 2 y medio maravillosos años en el infierno, metido donde no quería estar.

Lo único por lo que estaba en esa relación era por no estar solo y por tener quien me ayudara a liberar mi libido, pero todo lo demás era destructivo y nocivo para ella y para mi,  discusiones todo el tiempo y alegatos, chantajes en fin, mi contraparte en la relación (que parecía una guerra) también estaba en la búsqueda materialista de sustentar su necesidad de no estar sola, así que el juego, aparentemente claro,  terminó minando la tranquilidad y la paz de ambos. 

En muchas ocasiones me escuche decir a mi mismo, Me quiere, porque no aguantarse un poco más así no la quiera... y eso me daba fuerza para tolerar una semana más, hasta que llegó el momento de decir no más, tiene que haber algo más en la vida que estar por necesidad con alguien.

El segundo caso que conocí no fue menos patético que el mio, un amigo cercano mantenía un relación con una chica que conoció en medio de la rumba y que la frase más profunda de amor de ella fue: es que el me da tantas cosas. Que era claro el motivante de ella, el de él era más profundo y destructivo, el quería tener un motivo para ser infiel, para justificar su perradas y necesitaba alguien que no estuviera por amor en su vida.. Y mantuvo esta relación lo más que recursos pudieron.

Años más tarde, la vida me llevo a conocer una mujer físicamente hermosa y aparentemente intelectualmente muy inteligente, hasta que en una conversación soltó que ella no estaba con su esposo porque lo amara, sino porque él la amaba, y que obviamente ella solventaba su necesidad de amar en los brazos de los caballeros que llenaran sus expectativas, manteniendo claro que no dejaría nunca su relación de amor $insero. El le brindaba seguridad, estabilidad y la hacía sentir especial.

Pero más allá del interés, nada los unía. Materialismo del más puro y detestable, porque por dentro te vas consumiendo, al saber que estas con alguien por necesidad y no por amor, por costumbre y no por satisfacción, por lastima y no por deseo.

Cuanto se va consumiendo nuestro corazón cuando lo único que nos une a una persona es el interés, el interés de sentirme seguro, de sentir libertad o estabilidad, de sentir lastima y no querer hacer sufrir al otro como yo lo he hecho y sin embargo, sin darnos cuenta, estamos envenenando el corazón al decirle que el amor no importa.

Vamos envenenando nuestro ser, nuestra capacidad de amar, al decir a nuestro espiritu que no es importante amar, que es importante sentirse seguro, que es importante la estabilidad... en fin... esto es importante... pero con amor... con amor puro y verdadero, porque me nace, porque siento pasión por hacerlo... porque con todas las fuerzas de mi corazón y de mi alma quiero estar con esa persona... no porque me conviene hacerlo.

Al final, de estas relaciones llenas de sinceridad solo queda frustración y dolor, solo quedan lamentos, heridos y maldiciones... quizá no se diferencie de algunas relaciones de amor, pero lo triste es que a diferencia de las apasionadas... al final de estas todo es amargura.

Una pareja no es una decisión de juegos de azar, no es una decisión de conveniencias... es elegir el mejor compañero de viaje para la vida, es elegir alguien no que me borre o no se vuelva un ser simbiotico... es alguien que me acompañe... ayude y enseñe... y que me guste viajar con él o ella...

Así que mis queridos amigos... los invito a revisar su viaje... .a veces es mejor solo, que mal acompañado... y al preguntarte porque estas con esa persona, las respuesta no es porque la amo... no es una buena compañía.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisTqniQtkJLQR4BUax3zo8f6_Cp-I9pMTEjdXciArJU-Zbo8f17kLGCwXSxfYIxy7YFId4Yn-9CQSk8XFm61NJzGXNQLnOxfNuwlhPwYmJxRA7YuVQduZ4d1uewuroUX07GPxM1cGTCcw/s1600/MATERIALISTA.jpg


viernes, 17 de febrero de 2017

El camino a lo desconocido


Los seres humanos a medida que vamos creciendo vamos dejando en evidencia, hacia los otros, ese anhelo de controlarlo todo, de calcularlo todo, de tener el poder y dominar cada elemento que se cruza a nuestro alrededor. Obvio, hay quienes han logrado disfrutar de la vida sin caer en ese temible y autodestructivo abismo que significa querer controlarlo todo.

Es este anhelo de control el que, disertando un poco sobre el tema, nos lleva vivir una de las emociones más terribles y aterradoras que podamos experimentar, El miedo a lo desconocido, esa sensación que nace en cada decisión que tomamos, que cada día al despertarnos nos invade el alma al no saber qué va a pasar, como van a resultar las cosas.

Pensar, cada vez que vamos a tomar una decisión, qué va a pasar, cuáles serán las consecuencias, cómo me voy a sentir, a quién voy a lastimar. Sentirnos en un sendero a lo desconocido, caminando en medio de un bosque donde no sabremos cómo serán las cosas; y entonces ese temor nos empieza a invadir el cuerpo.

Empezamos a aplazar nuestras decisiones, vamos buscando excusas para no tener que confrontar ese futuro, para no tener que tomar esa decisión. Pensamos que el tomar una decisión nos va a amarrar para toda la vida. No encontramos un mecanismo para controlar lo que puede pasar. Tratamos con todas nuestras fuerzas de encontrar como dominar las consecuencias.

Y entonces, vemos el futuro como algo incontrolable, desesperanzador. Nuestra mete se llena de angustias, de frustraciones y no queremos que el mañana llegue, porque nos sabemos que nos va a traer. Queremos encerrarnos en una burbuja donde no tengamos que pensar en el futuro. En ese camino desconocido, solo queremos que todo se detenga.

Pensamos muchas veces que es mejor posponer nuestras decisiones y no tener que enfrentar las consecuencias, que si dejamos que todo siga su camino, quizá mágicamente se solucione y no sea necesario jugar a ser Dios,  tomando decisiones.

En ocasiones deseamos ser simplemente una máquina que no debe tomar decisiones, que no tiene que pensar y planear su futuro. Que eso de planear y soñar es tortuoso y desgastante, al fin y al cabo las cosas nunca resultan como queremos y entonces para que llenarnos de frustraciones, para que matarnos la cabeza pensando.

Pero esto solo nos hace perder las esperanzas en vivir, vamos incrementando el miedo a la vida y llega el momento donde tenemos más miedo de estar vivos que de morir, incluso llegamos a ver la muerte como algo muy deseado, como un descanso donde no tendremos que enfrentar decisiones, ni futuros inciertos, solo un final y ya.

Es entonces donde debemos dejar de lado el deseo de control, la vida se hizo para ser disfrutada para ser vivida, para correr, para respirar, para amar, para ser feliz. Para cantar a vos en cuello de alegría en medio de las calles. Para caminar sobre el pasto sintiendo el rocío de la mañana. Que la vida no debe ser controlada para ser disfrutada.

Que soñar y planear no es una pérdida de tiempo, no es para controlar nuestro alrededor para lo que soñamos y planeamos, es para prepararnos a nosotros mismos a enfrentar cada reto que nos ponga la vida en el camino.

Darnos cuenta que las decisiones son las formas como vamos enfrentando la vida y que no debemos aplazarlas, que quizá nos equivoquemos, pero ganaremos experiencia conocimiento. Y sobre todo, que sin importar que hayamos decidido, mientras estemos vivos podemos dar un giro, podemos retractarnos y cambiar. No somos uno autómatas que no podamos arrepentirnos y volver a decidir.

Entender que a medida que vamos creciendo y que el tiempo va pasando vamos aprendiendo y por tanto podemos cambiar nuestras decisiones y nuestras opiniones, que la firmeza y rigurosidad debe ser en los valores, no en las decisiones.

Ver como poco a poco ese bosque a medida que lo vamos caminando nos va mostrando bellas y fascinantes cosas, que lo que veíamos con temor, lo podemos ver con curiosidad y enfrentar lo desconocido con la mejor de las energías.


Entonces, sin importar que nos traiga la vida, sin importar que reto nos imponga, nuestra actitud nos ayudará a superar cualquier problema. Así que deja de temer… vive, difruta, deja de temer.

Fuente imagen:http://venderenlared.com/wp-content/uploads/2012/05/miedo-a-lo-desconocido.jpg

martes, 3 de enero de 2017

Decisiones


Una de las primeras canciones de salsa que me gustó (Y debo confesarlo que, a pesar de ser caleño, no soy muy salsero) fue precisamente uno de los éxitos de Ruben Blades que lleva el mismo nombre de este post. La canción, que estoy seguro todos la conocen, relata una serie de situaciones en la vida donde las decisiones marcan un factor fundamental en cada paso de nuestras vidas.

De hecho el estribillo de la canción cita “decisiones… cada día, alguien pierde, alguien gana… decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y en este pequeño coro de la canción relata la realidad de las decisiones en nuestras vidas. Cada que tomamos una decisión, alguien pierde o alguien gana.

Deteniendo un poco mi disertación en esta parte del estribillo, la realidad es que querámoslo o no, cada vez que tomamos una decisión alguien pierde o alguien gana, podemos ser nosotros o puede ser otro, algo tan sencillo como enviar una hoja de vida y obtener un empleo; esa decisión llevó a que otra persona, quien también concurso, perdiera ese empleo seguramente.

Cuando estamos en una calle y abordamos un taxi, y alguien más adelante lo necesitaba, nuestra decisión llevó a que esa persona perdiera esa “oportunidad”. El motivo de estos ejemplos nace porque muchas veces la razón para no tomar una decisión, es el miedo a “lastimar” a otros y lo cierto es que cuando otro no pierde… lamentablemente perdemos nosotros.

A veces la bondad en nuestros corazones nos lleva a retrasar decisiones porque tenemos miedo de hacerle daño a alguien y la realidad es que por sencilla que sea la decisión, siempre, siempre… alguien pierde y alguien gana… el problema es que cuando nosotros perdemos, estamos poniendo en juego nuestra felicidad.

Siguiendo con la canción, la otra parte del coro cita “decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y lo bello de esta parte es que contiene otra gran verdad de la vida. Las decisiones nos cuestan todo, nos pueden costar una vida de felicidad o una vida de tristeza.

Una decisión tan simple como verte con el amor de tu vida, con el cual te encuentras distanciado, una noche intrascendente de lunes, sin un motivo, sino una charla superflua o verte con tus amigos de farra, los cuales puedes ver cualquier otro día del año; puede significar entre reconciliarte con el amor de tu vida o vivir largas noches de pena pensando que debiste haber acudido a esa cita, en lugar de estarte azotando contra las paredes por haber perdido la mejor mujer del mundo.

Las decisiones nos cuestan todo, la felicidad, el éxito o el fracaso, un sí o un no, por insignificantes que parezcan, nos pueden cambiar la vida de la noche a la mañana… “Salgan y hagan sus apuestas” perderás o ganaras con la siguiente decisión que tomes…

Y aunque la canción nos invita a pensar que toda decisión es un juego de azar, en el cual no sabemos si ganaremos o perderemos con la siguiente decisión que tomemos… lo cierto es que el azar depende de que tanto hayamos reflexionado frente a la consecuencia de cada decisión.

Puede parecer un poco patético, pero ante cada decisión que tomemos en la vida, sin importar el rumbo que decidamos, siempre habrá un poco de arrepentimiento frente al resultado de la decisión tomada. El truco está en que tanto esa decisión nos genera felicidad…

Suena contradictorio pero no… hay cosas de las que nos arrepentimos superficialmente, como no ir a una fiesta o no comernos una torta de chocolate, pero en el fondo sabemos que la decisión fue sabia porque el resultado nos va a beneficiar.

Hay otras decisiones, como desaprovechar una oportunidad o perder un amor, que nos marcaran para toda la vida y nos dejaran una herida imborrable, que por más queramos, cada vez que recordemos lo tontos que fuimos al tomar esa decisión, indefectiblemente nos harán llorar.

Hay otras, sin embargo, que no sabes que puede causar más dolor, si mantenerte o dejarlo, si seguir o cambiar, sabes que no importa el camino que tomes vas a llorar desconsoladamente… en ese momento y recordando a Socrates “no importa el camino, te vas a arrepentir”, en ese momento sólo hay una pregunta que hacer… en el largo plazo que te va a generar menos dolor.

Por eso, mi amigo lector, a lo que te quiero invitar con esta pequeña disertación es que en la vida no dejes tus decisiones al azar, no dejes tus decisiones a los demás y mucho menos postergues tus decisiones, por dolorosas que parezcan, por difíciles que puedan ser o las lágrimas que puedan generar a ti o a otros, debes tomar las riendas de tu vida y decidir.


Si lo dejas a los demás o al tiempo, solo obtendrás un resultado seguro, mucha tristeza… y a la vida no vinimos a ser tristes sino felices… así que levántate y decide por tu vida… Algo importante, no importa la decisión que tomes, siempre habrá la posibilidad de volver a decidir y ¡ser felices!

Fuente imagen: http://www.emprendepyme.net/wp-content/uploads/2013/02/Aprender-a-tomar-decisiones.jpg

jueves, 28 de abril de 2016

Ahí, como las tamaleras...


Hay un saludo que en ocasiones utiliza mi "anciano" padre cuando quieres ser "ligeramente" sarcástico y responder a la pregunta "como está" y es "Ahí, como las tamaleras, mal y comiendo y vendiendo del tamal". Lo llamativo de este dicho oriundo de su tierra, es el evidente conformismo de la expresión... algo así como bien no voy a estar, pero pues tengo para comer de lo mismo que estoy vendiendo.

Por lo que disertando un poco más, uno podría llegar a imaginarse la actitud de nuestra querida "tamalera" pensando que al menos tiene para comer, cuando quizá haya mucha gente que ni para eso tiene. Y surge en eso momento de pensamientos divergentes una idea interesante en toda la extensión de la palabra... ¿qué pasa con el "confor... mismo"?

Porque en ocasiones no importa los problemas que tengamos y las necesidades que nos estén apremiando, simplemente sentimos que estamos "bien", no sentimos deseos de avanzar, por el contrario experimentamos una calma y una frescura, un sentido de "pa' que". Vemos nuestras dificultades, nuestras necesidades y simplemente miramos hacia abajo y decimos "Hay gente que está peor...". No vemos la necesidad de movernos.

Somos "la arepa caliente" para la "mantequilla de las necesidades"... frente a las necesidades y las dificultades simplemente mantenemos una actitud fresca, tranquila y distanciada de toda ambición "peligrosa" (En este caso léase como un sarcasmo). Le tenemos tanto miedo a la ambición y a querer cosas que nos quedamos en una actitud conformista... de no avanzar, de no crecer... porque el "materialismo" es peligroso, nos aparta de lo importante, entonces es mejor mantener una paz imperturbable frente a las necesidades económicas; sigamos como las tamaleras.

Pero el conformismo es un sentimiento tan traicionero que sin darte cuenta en que momento, te lleva a sentirte tranquilo, inmerso en la más absoluta de las necesidades. Es algo así como una droga enajenante, que te distancia de la realidad y cuando te das cuenta estas tirado en medio de la carretera de una gran ciudad, apestando "a rayos" y con moscas por todo tu cuerpo y con la extraña sensación de que muy seguramente debe haber alguien en peor situación que tú (Y muy seguramente lo puede haber).

Siempre que mires hacia abajo, habrá alguien que esté peor que tú, aunque en ocasiones la situación te engañe y lo único que estés viendo sea tu reflejo contra el suelo; pero si miras hacia arriba seguramente te encontrarás con personas que definitivamente estarán mejor que tu. Y entonces es donde surge un elemento fundamental... Soñar, desear, ambicionar o luchar por estar mejor, por ser mejor, por dejar un mejor futuro a nuestras próximas generaciones.

Y es que aunque en muchas ocasiones nos hayan metido en la cabeza que la ambición es mala, peligrosa y hasta auto-destructiva, los seres humanos hemos venido al mundo para crecer, para avanzar, para superarnos... para continuar cambiando. Citando a Heráclito "En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos" nos invita a estar en un continuo cambio, a no dejarnos adormecer por la comodidad  de no sentir ambición.

Hemos venido al mundo a crecer, por eso desde que nacemos aprendemos, mejoramos, "evolucionamos"... estamos aquí para ser mejores cada día, para desear crecer y aprender nuevas cosas. Pero sobre todo para dejar un buen futuro y una buena vida a las generaciones que nos remplazarán.

Vivir la vida sin "ambicionar" ser mejores, vivir mejor... es como estar en medio del trance de una droga que nos encarcela en una zona de "Confort", no te permitas a ti mismo a vivir así... levántate, despierta, lucha, esfuérzate por ser mejor y verás como transformas tu mundo y el de los que siguen tu camino.

La decisión está en tus manos... vivir mejor o seguir como "las tamaleras".


Fuente de la foto: http://www.habildeclarante.com/public/images/noticias/13-conformismo-y-sociedad.jpg