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miércoles, 19 de enero de 2022

Cofio en ti


 

Hace algunos años atrás una amiga no muy cercana nos contaba a la que era mi pareja y a mi, que su novio le había de dicado una canción de salsa titulada igual que este post. Lo interesante es que después de escuchar este tema de salsa, que puede ser rico para bailar, me quedó complemente claro que, si había ausencia de algo en esa interesante relación, era de confianza.

Años más tarde, una de las jefes más jóvenes y mejor preparadas me comento que habían decidido con su futuro esposo hacer un pacto de confianza mutua con su pareja “ninguno de los dos sale a ninguna parte sin el otro”. Lo cual me trasportó nuevamente a ese pasado no muy lejano de la canción “Confio en ti” mostrándome nuevamente que si de algo cojeaba la relación de mi querida jefe era de confianza.

Nuevamente han venido a mi, estos sucesos relacionados con la confianza, por lo que se encuentra pasando una persona muy cercana a mi. Esta persona se encuentra por dar el crucial paso de irse a vivir con su pareja y dentro de las cosas que me comentó es que su pareja tiene miedo de dejarlo a diestra o a siniestra, que abiertamente le confeso que no confía lo más mínimo y cree que en cualquier momento le puede fallar.

Y siendo ella la más interesada en iniciar el camino de una vida de pareja, me ha dejado esto con una absoluta sorpresa ya que una vida de pareja es como iniciar un negocio, es más, a nivel legal el proceso de matrimonio se denomina “sociedad conyugal” por tanto es como decidir montar una empresa con alguien. A lo cual y de manera retórica me gustaría preguntarles ¿empezarías una empresa con alguien en quien no estas dispuesto a confiar?

No se ustedes, pero yo definitivamente no iniciaría una sociedad con una persona en la que no puedo confiar, no dejaría en riesgo mi dinero, mis ahorros o mi esperanza de futuro; por lo que muchísimo menos estaría dispuesto a iniciar una vida de pareja y compartir un hogar con alguien en quien no tenga la capacidad de tener el más mínimo nivel de confianza.

La confianza es uno de los pilares más importantes para lograr que cualquier tipo de relación funcione, es tener la capacidad de cerrar los ojos y sentir la tranquilidad de que la persona que tengo al lado, que me esta acompañando, al igual que yo, va a velar por nuestro bienestar y seguridad, nos va a acompañar y amar.

Se  que muchos consideran que la confianza se debe ganar con el paso del tiempo, pero de manera muy persona considero también que es un regalo que le vamos dando a otro, primero en pequeñas medidas, pero a medida que el tiempo pasa, vamos depositando más y más confianza en las personas. Y en el momento en que esta es vulnerada, muy difícilmente la volvemos a depositar en el mismo lugar.

Pero la confianza es un regalo que nos damos a nosotros mismos, porque nos permite cerrar los ojos con tranquilidad, porque nos da la paz de caminar día a día sabiendo que lo que hemos dado a esas personas esta seguro, protegido y amado, como si lo estuviéramos haciendo nosotros mismos.

Por otro lado, vivir en un mundo de desconfianzas “con un ojo abierto y otro cerrado” es una de las formas más deprimentes de vivir, no tener la tranquilidad de estar con otra persona, considerar que todo el que se acerca es para hacernos daño, que todo el que viene a nosotros solo es un cumulo de mentiras y engaños, hace que el caminar por este plano de la realidad sea aun más tortuoso y deprimente de lo que ya puede ser por sí solo.

Yo amo vivir rodeado de personas a quienes he decidido regalarles mi confianza y tengo absolutamente claro que el día que esta es lastimada, es preferible depositarla en un bueno por conocer, que en un malo conocido. Por lo menos así lo veo yo.




domingo, 16 de febrero de 2020

¿Amor o dignidad?




Una de mis mejores amigas se le acaba de presentar una encrucijada en su vida, una de esas que siempre creemos que solo pasan en las series de televisión o en las novelas románticas de algún lunático como Shakespeare en Juleo y Rumieta. De esas que te invitan a dejar, por la búsqueda del amor (o la felicidad), toda tu dignidad a los pies del otro.

Y en esas reflexiones que me llevan a disertar por el asunto, y procurando no ser invasivo con las decisiones de mi amiga… decidí dedicarle estos pequeños reglones a mis pensamientos al respecto, no sin antes aceptar que en más de una ocasión yo mismo he dejado en el olvido mi dignidad y en otras he sido el victimario de la dignidad de alguna otra persona.

Lo primero que realmente quiero considerar hace referencia a una pregunta que muchas veces me quita el sueño y es ¿debo darlo todo por amor? Desde el punto de vista más poético y romántico de mi corazón contestaría sin ningún reparo ¡Sí! ¡el amor lo vale todo! Pero ya con los años, un poco más reflexivo y menos impulsivo no dudaría en responder al estilo de Jarabe de Palo “Depende”.

Esto es efectivamente mucho menos altruista y romántico, obvio, en total contravía del actuar de Romeo o de cualquier otro personaje de novela que sin dudarlo se arrojaría al vacío para velar por el bienestar de su enamorada, a quien acaba de conocer hace tan solo unos instantes.

Sin embargo, ya no creo en el amor idílico de canciones y poemas, por el cual entreguemos nuestra vida y dignidad, sin un poco de mesura y recato, sin un poco de garantía de reciprocidad y reconocimiento por parte del receptor de ese sentimiento. Y es que lo primero que me viene a la mente es la pregunta ¿cuálquiera debe ser merecedor de ese amor? ¿la primera o el primero que me cruzo en el camino es un digno receptor de ese amor?

Desde mi realidad diría que no, primero hay que saber que tanto nos podemos aportar, que tanto podemos confiar el uno en el otro, que tanto nos podemos construir, que tanto estamos dispuestos a hacer el uno por el otro. Que tanto estamos dispuestos a respetar el uno del otro, y solo entonces, cuando se tiene claro quién será el receptor de tan apreciado bien, de ese amor sin condición, de ese amor que lo entrega todo y es capaz de humillar su dignidad, solo entonces lo haría.

Pero viene aquí mi segunda reflexión. Y es que estoy seguro de que quien te ama, quien te quiere ver crecer, madurar, desarrollarte y ser cada vez un mejor ser humano ¡JAMAS! Lastimaría tu dignidad. Sería alguien que te conoce, te respeta, te admira y confía en ti, y por tanto, sería alguien que nunca se le cruzaría hacer algo que lastime tu dignidad, todo lo contrario, sería alguien que la protegería, que la defendería. Que daría su vida por ella.

Cierto, hay muchas cosas que confundimos con amor, hay muchas cosas como el deseo de no estar solo o como diría Rocio Durcal la costumbre, el apego o el miedo a la soledad… y creemos que esas cosas son lo suficientemente importantes para “hacer un último intento”

Pero la vida me ha enseñado en estos casi 39 años que, cuando intentas forzar las cosas, cuando las cosas no surgen naturalmente y se dan de forma fluida, con los roces normales de cualquier aprendizaje, cada intento tendrá el mismo resultado porque las variables son las mismas. Si queremos obtener resultados diferentes tenemos que hacer cosas distintas, y eso significa cambiar las variables.

Y definitivamente, si el principal factor para tener que dejar la dignidad de lado es la “desconfianza”, santo cielo, ahí sí que se está perdiendo el tiempo, porque el elemento mínimo que requiere una relación para sobrevivir es confianza mutua. Eso es como tratar de armar un rompecabezas al cual le faltan las principales piezas.


Así que, al menos desde mi punto de vista, el asunto no es si amor o dignidad, amor es dignidad y reciprocidad… amor es confianza.

Fuente imagen: https://www.chanboox.com/2018/07/07/charla-4-la-dignidad-e-identidad-de-la-persona-humana/

martes, 29 de enero de 2019

Viejos los cerros


Mi padre suele decir “viejos los cerros y reverdecen” cada que alguien quería insinuar que por su edad no estaba en capacidad de hacer o lograr algo. Dejando claro que la edad no es el límite para hacer las cosas, ni la excusa para no lograr los sueños o las metas. Esta graciosa comparación siempre me ha dejado divagando sobre reverdecer.

Son muchas las ocasiones, cuando se aproxima nuestra fecha de cumpleaños, esa conmemoración del primer día que abrimos nuestros ojos en este plano… que empezamos a sentirnos viejos, agotados e incapaces, en especial cuando las velitas en el pastel superan las 30.

Por alguna extraña situación cuando las vamos alcanzando la 4 década de vida, y en adelante, las personas tienen la tendencia a sentirse acabadas y desmotivadas, especialmente cuando siente que las metas autoimpuestas, a partir de los resultados de otros, no han sido alcanzadas o incluso estamos muy lejos de alcanzarlas.

Y es que de una extraña manera, toda la vida vivimos buscando expresar nuestra individualidad, nuestra diferencia con los demás, el hecho de que somos únicos y diferentes. Pero a la hora de evaluar nuestros resultados, de revisar las metas y sueños alcanzados, nos comparamos con otros, pensando que tenemos que hacer y alcanzar las metas al ritmo o capacidad de otro, y sino es así, nos sentimos incapaces, inútiles y fracasados.

Y si a esto le sumamos la edad, el nivel de frustración se eleva exponencialmente… olvidando que muchos de los que marcaron la historia, que muchos de los que han dejado huellas positivas en el mundo lo hicieron en un estado avanzado de edad; sin embargo jamás pensaron la vejez fuera una limitante… que la adultez fuera sinónimo de incapacidad.

Todo lo contrario, la edad era entendida como experiencia, los años como conocimiento y tiempo vivido, como un cumulo de herramientas que favorecerían la posibilidad de alcanzar los sueños y las metas impuesta. Reverdecieron, no se dieron por vencidos, no se sintieron fracasados y dieron un paso atras. Avanzaron, lucharon, se levantaron ante cada caída y buscaron una nueva forma para alcanzar sus sueños.


Así que no fue la edad la que los detuvo, esta fue una oportunidad de volver a nacer, fue una oportunidad de alcanzar nuevamente sus metas y seguir evolucionando como ser humano. Así que los años, sean 40, 50 o 60 no son el límite para alcanzar tu sueños o lograr tus metas, lo único que te puede detener es tu forma de ver el mundo, es tu capacidad de luchar, de levantarte; pero sobre todo, tu capacidad para ver todo el maravilloso ser que eres y que está en construcción.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Amor $incero


Una de las actitudes sociales más criticadas y menoscabadas, de forma general, por casi todos los grupos de personas, es el amor centrado en el materialismo. Es comidilla y chisme en casi todas las mesas de reunión el ver una vieja o un man "arrivista" sacando provecho de su juventud o su belleza, para obtener una mejor posición económica o una mejorar calidad de vida.

Obviamente, ni que decir de las referencias sociales que generalmente se hacen, acerca de quienes se dedican a la venta de favores amorosos, a cambio de unos cuantos centavos (aunque a veces terminan siendo más de lo que recibimos los honrados trabajadores). Ahí si que se llega a altos niveles de ofensas y expresiones de alto calibre. 

Sin embargo, y muy a pesar de que considere que el amor debe tener algo de interés (lo cual será material para otro post) hoy no voy a profundizar en este tipo de amor materialista, sino en uno que considero, con el perdón de ustedes, mucho más dañino y autodestructor, y son las relaciones cimentadas en la conveniencia y no en el amor.

Disertando un poco sobre el tema, y esperando aclarar las dudas que haya generado con el párrafo anterior, las relaciones basadas en conveniencia económica no siempre son tan destructivas como parecen, pues para empezar cada uno de los involucrados sabe exactamente que esperar del otro y es consciente de lo que va a recibir del otro, no hay mentiras, ni engaños, más allá de los que socialmente quieran vender. Pero, por lo demás, es una relación bastante sana y honesta, nadie puede resultar realmente herido.

En cambio, aquellas relaciones basadas en otro tipo de conveniencias terminan siendo dañinas para ambos, destructivas y nocivas en todo el sentido de la palabra, el primer caso que conocí fue el de el amigo de un amigo, el mio... en algún momento de mi vida y en esos afanes de no estar solo, decidí incursionar en una relación con una persona altamente nociva para ella y para los demás, mi afan de no estar solo y recibir los favores de la intimidad me llevo a vivir 2 y medio maravillosos años en el infierno, metido donde no quería estar.

Lo único por lo que estaba en esa relación era por no estar solo y por tener quien me ayudara a liberar mi libido, pero todo lo demás era destructivo y nocivo para ella y para mi,  discusiones todo el tiempo y alegatos, chantajes en fin, mi contraparte en la relación (que parecía una guerra) también estaba en la búsqueda materialista de sustentar su necesidad de no estar sola, así que el juego, aparentemente claro,  terminó minando la tranquilidad y la paz de ambos. 

En muchas ocasiones me escuche decir a mi mismo, Me quiere, porque no aguantarse un poco más así no la quiera... y eso me daba fuerza para tolerar una semana más, hasta que llegó el momento de decir no más, tiene que haber algo más en la vida que estar por necesidad con alguien.

El segundo caso que conocí no fue menos patético que el mio, un amigo cercano mantenía un relación con una chica que conoció en medio de la rumba y que la frase más profunda de amor de ella fue: es que el me da tantas cosas. Que era claro el motivante de ella, el de él era más profundo y destructivo, el quería tener un motivo para ser infiel, para justificar su perradas y necesitaba alguien que no estuviera por amor en su vida.. Y mantuvo esta relación lo más que recursos pudieron.

Años más tarde, la vida me llevo a conocer una mujer físicamente hermosa y aparentemente intelectualmente muy inteligente, hasta que en una conversación soltó que ella no estaba con su esposo porque lo amara, sino porque él la amaba, y que obviamente ella solventaba su necesidad de amar en los brazos de los caballeros que llenaran sus expectativas, manteniendo claro que no dejaría nunca su relación de amor $insero. El le brindaba seguridad, estabilidad y la hacía sentir especial.

Pero más allá del interés, nada los unía. Materialismo del más puro y detestable, porque por dentro te vas consumiendo, al saber que estas con alguien por necesidad y no por amor, por costumbre y no por satisfacción, por lastima y no por deseo.

Cuanto se va consumiendo nuestro corazón cuando lo único que nos une a una persona es el interés, el interés de sentirme seguro, de sentir libertad o estabilidad, de sentir lastima y no querer hacer sufrir al otro como yo lo he hecho y sin embargo, sin darnos cuenta, estamos envenenando el corazón al decirle que el amor no importa.

Vamos envenenando nuestro ser, nuestra capacidad de amar, al decir a nuestro espiritu que no es importante amar, que es importante sentirse seguro, que es importante la estabilidad... en fin... esto es importante... pero con amor... con amor puro y verdadero, porque me nace, porque siento pasión por hacerlo... porque con todas las fuerzas de mi corazón y de mi alma quiero estar con esa persona... no porque me conviene hacerlo.

Al final, de estas relaciones llenas de sinceridad solo queda frustración y dolor, solo quedan lamentos, heridos y maldiciones... quizá no se diferencie de algunas relaciones de amor, pero lo triste es que a diferencia de las apasionadas... al final de estas todo es amargura.

Una pareja no es una decisión de juegos de azar, no es una decisión de conveniencias... es elegir el mejor compañero de viaje para la vida, es elegir alguien no que me borre o no se vuelva un ser simbiotico... es alguien que me acompañe... ayude y enseñe... y que me guste viajar con él o ella...

Así que mis queridos amigos... los invito a revisar su viaje... .a veces es mejor solo, que mal acompañado... y al preguntarte porque estas con esa persona, las respuesta no es porque la amo... no es una buena compañía.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisTqniQtkJLQR4BUax3zo8f6_Cp-I9pMTEjdXciArJU-Zbo8f17kLGCwXSxfYIxy7YFId4Yn-9CQSk8XFm61NJzGXNQLnOxfNuwlhPwYmJxRA7YuVQduZ4d1uewuroUX07GPxM1cGTCcw/s1600/MATERIALISTA.jpg


jueves, 2 de febrero de 2017

Con un ojo abierto y otro cerrado


Hoy vino a mi memoria una vieja canción de salsa, la cual tuve el “placer” de escuchar porque fue la dedicatoria que el novio le hizo a una “amiga” de aquellas épocas. La canción era bastante interesante por lo coherente del título con respecto de la letra de la canción… confío en ti. Como cita el título de es post, en una parte de la letra el cantante le decía a su pareja: confió pero mi manera… porque yo soy así, confiado, con un ojo abierto y otro cerrado.

En su momento fue bastante gracioso para mí… que jocoso… totalmente hilarante, nunca fue claro como una persona puede confiar en otra a su manera, con un ojo abierto y otro cerrado. Una confianza absoluta, donde no puedo ni siquiera cerrar los ojos porque me pueden engañar. Y es que la confianza que relata esta canción, se parece a la que siente un carcelero hacia su preso.

Y es que hoy hablando con una compañera de trabajo sobre las relaciones de pareja que vemos hoy en día, y viendo la experiencia de vida de alguien muy especial para mí, me puse a disertar un poco sobre el tema… como muchas veces en las relaciones de pareja se ven estos altos índices de confianza. Como las personas justifican sus celos enfermizos y actitudes posesivas, en una forma de confiar a su manera.

Entonces recordé como hace algunos años, una jefe que tuve me comentó como con su pareja llegaron a un acuerdo de confianza mutua: Ninguno de los dos sale a ninguna parte sin el otro. Recuerdo que me costó mucho trabajo no soltar la carcajada ante tan ocurrente afirmación. Fue como una anécdota que me contaron donde un personaje en medio de una fiesta familiar se iba a dar a los trancasos (Que pena la expresión, a los golpes) con otro, porque estaba hablando con su pareja y aunque confiaba en ella, muy seguramente iba a caer en la redes del otro.

Cuantas veces escuchamos que las parejas están juntas pero ninguno de los dos siente la más mínima confianza en el otro, están todo el tiempo revisando sus dispositivos móviles, sus redes sociales, sus bolsillos, su teléfono… en fin, todo el tiempo están cavilando en sus mentes que el otro todo el tiempo está mintiendo, que está buscando la oportunidad para traicionarme.

Viendo al otro como una posesión que tengo que estar cuidando, porque en cualquier momento se me escapa y si le doy la oportunidad se vuela y tengo que tenerlo atrapado y controlado para que no me vaya a fallar, porque es MIO y no tengo la más mínima confianza en sus palabras; pero todo esto siempre me ha dejado una duda muy grande.

Como las personas cuando dejamos de confiar en los amigos o en los familiares, simplemente nos distanciamos, nos alejamos y dejamos de estar ahí, porque simplemente sabemos que una relación de amistad o familiar se basa en la CONFIANZA, pero cuando se trata de la pareja, podemos tener la más grande de las dudas y seguimos ahí.

Y la respuesta es tan obvio y de sentido común, que fácilmente no la vemos. Generalmente basamos nuestras relaciones de pareja en el sentimiento de posesión, no de amor. El otro nos pertenece y así se quiera ir, tengo que retenerlo. No basamos las relaciones de pareja en el amor y el respeto, la basamos en la posesión. Olvidamos que el otro es un ser autónomo y si en un momento no quiere seguir con nosotros, desgastarme imaginando todas sus traiciones e infidelidades solo me hace infeliz.

Quizá si empezaramos a dejar ir a las personas (no hecharlas) y aceptar que si el otro está con nosotros porque así lo quiere y no porque yo lo estoy forzando, sería mucho más tranquilo. Entender que no se puede vivir desconfiando del otro, porque voy a convertir una bella experiencia en un infierno… y para ambos, tanto para el que duda, que nunca podrá dormir manteniendo un ojo abierto; como para el que genera duda, porque cada paso que dé, cada calle que cruce lo va a hacer pensando que el otro lo está vigilando.

La confianza es tener la certeza de que el otro estará con nosotros el tiempo que quiera estar y porque quiere estar, no porque lo controlemos, lo vigilemos o lo sigamos. Confiar es amar, saber que por más que quiera si el otro se quiere ir se ira. Que si lo decidí amar, no significa que eso sea controlarlo, no, significa que quise creer que estará conmigo mientras me ame.

Pero aceptar que si ya he perdido la confianza en alguien, será más doloroso permanecer ahí, esperando que me falle, a simplemente alejarme para no estar matándome a cada instante, pensando en que me va a fallar o traicionar.

Confiar es vivir un paraíso donde creo que el otro me ama, desconfiar es vivir un infierno donde mi corazón se está desgastando. Amar es entender que no puedo retener al otro, que el otro estará conmigo el tiempo que quiera estar y cuando decida irse, no lo debo retener.

Así que muy a diferencia de la canción, yo siempre he creído que si confío, confío con los dos ojos cerrados… y si el otro decide fallar, el que perderá será el otro, por perder a quien decidió confiar y amarlo, no yo, que decidí amarlo y confiar.

Lo cierto es que tú decides, del lado que estés, del desconfiado o del que desconfían, si quieres mantener ese gran infierno en tu vida y seguir sufriendo por tus supuestos o dejar que te amarguen la existencia con las dudas… Yo creo que la vida se hizo para sonreír, no para vivir justificándose o controlando.


Ama y confía… o sigue tu camino hasta encontrar a quien amar y confiar.

Fuente imagen:http://caminandocondios.net/wp-content/uploads/2015/07/confianza-img.jpg