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miércoles, 1 de octubre de 2025

Esclavos de nuestras libertades..

 


Hace varios días vengo con la idea  de este  post en mi cabeza. Y es que, como quizá le ha ocurrido a muchos, hace algunos años en la busqueda de ejercer y hacer valer mi libertad, mi libre albedrio y mis decisiones, terminé encandenado a algo que me ha generado más destruccion  que beneficio. En esa busqueda de mostrar mi diferenia y mi autonomía terminé bajo el yugo de algo que me fue consumiendo con el tiempo.

Y es que en esa reveldía de las edades tempranas, son muchas las ocasiones en las que no esccuchamos a nadie, en las que por demostrar que "nuestro corazón no paga renta" nos embarcamos por caminos en los cuales el destino indefectiblemente será la soledad y el miedo. Pensamos que el declararnos independientes e ingobernables nos va a conducir sin escalas al sueño del éxito, pero el primer tramo que recorremos en esa autopista al infierno, es decir adios a la humildad y abrazarnos a la soberbia que luego se encagará de consumirnos.

Nos distanciamos, cortamos lazos con todos los que nos rodean, para no dependerde nadie, para que nadie nos gobierne, porque nuestra vida es nuestra y solo nosotros sabemos lo que nos conviene y no nos conviene... pero lo que olvidamos es que al dejar de depender de otros, al no generar arraigos con nadie, no solo nos iremos quedando solos, sino que ineludiblemente iremos generando dependencias con cosas, con lugares y con vicios mediante los cuales nos iremos destruyendo poco a poco, sin prisa, sin afan pero con efetividad.

Y esa soberbia a la cual nos abrazamos para dejar atras la humildad, que nos podia conducir a la dependencia, primero nos hará enseguecer con el brillo de nuestras capacidades, para luego enterrarnos en el juicio constante por nuestras inapacidades, recalcando a cada paso los errores del camino, solo con un proposito, que nos aferremos cada vez más a todo aquiello que nos aleja de la realidad, para no sentir la carga de nuestros fracasos.

Y es así, como al final del camino nos encontramos a las puertas del infierno, anhelando la muerte, para no seguir cargando con el peso de nuestras frustaciones y fracasos, dependientes de cosas, de lugares y de vicios en los cuales encontramos un poco de sociego, ante tanta culpa y desprecio que cargamos a cuestas por los daños, por los años, por la soledad por lo perdido, por lo abandonado.

Pero incluso, estando a las puertas del infierno y llenos de temor ante la vida, todavía se puede dar la media vuelta, cambiar nuestro rumbo y liberarnos de todo aquello que nos ata. Aunque no es facil, requiere la humildad de aceptar que no somos perfectos, que cometemos errores y que necesitamos de los demás para daarle un buen rumbo a nuestra vida.

Requiere amor, porque lo unico que nos dará la fuerza para enfrentar los temores es el amor. Nada puede con el miedo, más que el amor, porque el amor nos enseña a renunciar al egoismo y la soberbia, el amor nos enseña que no hay que ser perfectos para tener valor y que a pesar de los tropiezos y fracasos, cada dia es una opotunidad para cambiar y darle un buen rumbo a nuestras vidas.

Y lo más complejo, requiere la decisión de cambiar, sin mirar atras, sin buscar escapes, sino con el tesón para enfrentar cada cosa que la vida te depare. La decisión de perdonarte y seguir, entender que eres humanno, y que no importa cuanto consejo sabio hayas reecibido, tienes derreho a equivocarte. Toma tiempo, no es facil soltar cadenas  que ya hicieron marcas imborrables en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Pero así mismo, como nos fuimos encadenando poco a poco, poco a poco nos iremos liberando, siempre que aceptemos con humildad la orientación que con amor nos dan quienes no pierden la esperanza de vernos renacer de nuestras cenizas.

martes, 2 de enero de 2024

Los pilares de la miseria



    Uno de los mayores anhelos de los seres humanos está relacionado con la abundancia, lograr una vida sin escases, sin necesidades económicas está generalmente asociado el éxito y la felicidad, alcanzar, de cualquier forma, ese estando en el que no tengamos escases materiales es considerado el mayor nivel de desarrollo. Y aunque siempre he considerado que la felicidad y el éxito no están medidos solamente por la presencia del factor monetario o la riqueza económica, tampoco se puede negar que alcanzar una buena calidad de vida, siempre está amarrado en una u otra medida, a que nuestras vidas no vuelvan a pasar por los caminos de la escasez y la necesidad.

    Y dándole vueltas al tema y disertando de porque muchas veces no logramos avanzar y salir de los procesos de miseria en los que a veces parecemos estar enfrascados, no solo como personas, sino en general como sociedad latinoamericana, lo que es demasiado extraño al ser una sociedad altamente rica en recursos naturales, además de serlo en las capacidades personales, nos deja entonces con la inquietud de conocer cuáles son las motivaciones o factores que influyen para que no solo como individuos, sino como sociedad, mantengamos constantemente en estados de miseria y escasez.

    Fue entonces donde, pensando en cuales son los comportamientos más comunes que nos identifican como personas y como sociedad, donde llegue a la conclusión de que, en ambos casos, tenemos tres comportamientos que se han convertido en pilares, en regentes de nuestra vida y que son los que nos han llevado a mantener una vida donde la ausencia de abundancia es persistente y muchas veces son cortos los periodos de tiempo donde estamos en comodidad y luego volvemos a los largos lapsos de vivir con el cinturón apretado y el bolsillo corto.

    El primero de estos comportamientos es el resentimiento, ni como personas, ni como sociedad logramos dejar el pasado donde debe estar, en el olvido; sino que constantemente estamos trayendo el pasado al presente para llenarnos de rencor y de odio, especialmente si a través de este podemos culpar a otra persona de nuestra lamentable, precaria y patética situación. Guardamos en el corazón como si fuera el más preciados de los tesoros, el resentimiento hacia otros que nos hicieron daño, pero nunca, ni por casualidad somos capaces de dejar eso en el olvido y continuar. Por ejemplo, ya son más de 400 años del descubrimiento de américa y todavía consideramos que el oro que nos robaron los españoles nos ha dejado en la miseria, 4 siglos y seguimos sin poder superar un robo.

    El segundo, va muy ligado al primero y es la constante búsqueda de un culpable, nosotros nunca fuimos los responsables, nosotros nunca hemos sido los causantes de nada, solos somos las víctimas; ya sea de la sociedad, de nuestros padres, de nuestras parejas y hasta de nuestros hijos, pero nunca hemos tomado la responsabilidad de aceptar el papel protagónico que tenemos en lo que logremos o no como personas. Al mejor estilo de Adán en el paraíso, nuestra respuesta ante cualquier situación adversa y la pregunta de lo que nos pasa mal, se asemeja a la respuesta del primer hombre sobre la tierra “la mujer que tú me diste” y es que al igual que este irresponsable, nosotros nunca somos capaces de asumir la responsabilidad sobre nuestros actos y sobre sus consecuencias.

    Por último y ligado directamente a los dos pilares anteriores tenemos la constante búsqueda de un mesías, lo cual va de la mano con no tomar nunca responsabilidad frente a nuestra realidad y nuestras decisiones, siempre estamos a la espera de que alguien, nuestra pareja, un amigo o el político de turno tome las decisiones necesarias para que yo deje de estar como paloma, cada dos pasos, y como si fuese fruto de un hechizo, nuestra vida tome el rumbo que nosotros siempre hemos querido, pero nunca hemos tenido la capacidad de conducirlo.

    En otras palabras, el tomar las riendas de nuestras vidas, aprender a perdonar y asumir la responsabilidad tanto de nuestros actos y decisiones, como de sus consecuencias, en un trasfondo profundo y metódico pueden no representar el secreto absoluto para tener una vida llena de abundancia y comodidades, pero lo que sí es definitivamente claro, es que la ausencia de estas características son la base fundamental para mantener una vida llena de altibajos, necesidades y penurias. Por lo menos así lo he vivido yo.

 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Amor $incero


Una de las actitudes sociales más criticadas y menoscabadas, de forma general, por casi todos los grupos de personas, es el amor centrado en el materialismo. Es comidilla y chisme en casi todas las mesas de reunión el ver una vieja o un man "arrivista" sacando provecho de su juventud o su belleza, para obtener una mejor posición económica o una mejorar calidad de vida.

Obviamente, ni que decir de las referencias sociales que generalmente se hacen, acerca de quienes se dedican a la venta de favores amorosos, a cambio de unos cuantos centavos (aunque a veces terminan siendo más de lo que recibimos los honrados trabajadores). Ahí si que se llega a altos niveles de ofensas y expresiones de alto calibre. 

Sin embargo, y muy a pesar de que considere que el amor debe tener algo de interés (lo cual será material para otro post) hoy no voy a profundizar en este tipo de amor materialista, sino en uno que considero, con el perdón de ustedes, mucho más dañino y autodestructor, y son las relaciones cimentadas en la conveniencia y no en el amor.

Disertando un poco sobre el tema, y esperando aclarar las dudas que haya generado con el párrafo anterior, las relaciones basadas en conveniencia económica no siempre son tan destructivas como parecen, pues para empezar cada uno de los involucrados sabe exactamente que esperar del otro y es consciente de lo que va a recibir del otro, no hay mentiras, ni engaños, más allá de los que socialmente quieran vender. Pero, por lo demás, es una relación bastante sana y honesta, nadie puede resultar realmente herido.

En cambio, aquellas relaciones basadas en otro tipo de conveniencias terminan siendo dañinas para ambos, destructivas y nocivas en todo el sentido de la palabra, el primer caso que conocí fue el de el amigo de un amigo, el mio... en algún momento de mi vida y en esos afanes de no estar solo, decidí incursionar en una relación con una persona altamente nociva para ella y para los demás, mi afan de no estar solo y recibir los favores de la intimidad me llevo a vivir 2 y medio maravillosos años en el infierno, metido donde no quería estar.

Lo único por lo que estaba en esa relación era por no estar solo y por tener quien me ayudara a liberar mi libido, pero todo lo demás era destructivo y nocivo para ella y para mi,  discusiones todo el tiempo y alegatos, chantajes en fin, mi contraparte en la relación (que parecía una guerra) también estaba en la búsqueda materialista de sustentar su necesidad de no estar sola, así que el juego, aparentemente claro,  terminó minando la tranquilidad y la paz de ambos. 

En muchas ocasiones me escuche decir a mi mismo, Me quiere, porque no aguantarse un poco más así no la quiera... y eso me daba fuerza para tolerar una semana más, hasta que llegó el momento de decir no más, tiene que haber algo más en la vida que estar por necesidad con alguien.

El segundo caso que conocí no fue menos patético que el mio, un amigo cercano mantenía un relación con una chica que conoció en medio de la rumba y que la frase más profunda de amor de ella fue: es que el me da tantas cosas. Que era claro el motivante de ella, el de él era más profundo y destructivo, el quería tener un motivo para ser infiel, para justificar su perradas y necesitaba alguien que no estuviera por amor en su vida.. Y mantuvo esta relación lo más que recursos pudieron.

Años más tarde, la vida me llevo a conocer una mujer físicamente hermosa y aparentemente intelectualmente muy inteligente, hasta que en una conversación soltó que ella no estaba con su esposo porque lo amara, sino porque él la amaba, y que obviamente ella solventaba su necesidad de amar en los brazos de los caballeros que llenaran sus expectativas, manteniendo claro que no dejaría nunca su relación de amor $insero. El le brindaba seguridad, estabilidad y la hacía sentir especial.

Pero más allá del interés, nada los unía. Materialismo del más puro y detestable, porque por dentro te vas consumiendo, al saber que estas con alguien por necesidad y no por amor, por costumbre y no por satisfacción, por lastima y no por deseo.

Cuanto se va consumiendo nuestro corazón cuando lo único que nos une a una persona es el interés, el interés de sentirme seguro, de sentir libertad o estabilidad, de sentir lastima y no querer hacer sufrir al otro como yo lo he hecho y sin embargo, sin darnos cuenta, estamos envenenando el corazón al decirle que el amor no importa.

Vamos envenenando nuestro ser, nuestra capacidad de amar, al decir a nuestro espiritu que no es importante amar, que es importante sentirse seguro, que es importante la estabilidad... en fin... esto es importante... pero con amor... con amor puro y verdadero, porque me nace, porque siento pasión por hacerlo... porque con todas las fuerzas de mi corazón y de mi alma quiero estar con esa persona... no porque me conviene hacerlo.

Al final, de estas relaciones llenas de sinceridad solo queda frustración y dolor, solo quedan lamentos, heridos y maldiciones... quizá no se diferencie de algunas relaciones de amor, pero lo triste es que a diferencia de las apasionadas... al final de estas todo es amargura.

Una pareja no es una decisión de juegos de azar, no es una decisión de conveniencias... es elegir el mejor compañero de viaje para la vida, es elegir alguien no que me borre o no se vuelva un ser simbiotico... es alguien que me acompañe... ayude y enseñe... y que me guste viajar con él o ella...

Así que mis queridos amigos... los invito a revisar su viaje... .a veces es mejor solo, que mal acompañado... y al preguntarte porque estas con esa persona, las respuesta no es porque la amo... no es una buena compañía.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisTqniQtkJLQR4BUax3zo8f6_Cp-I9pMTEjdXciArJU-Zbo8f17kLGCwXSxfYIxy7YFId4Yn-9CQSk8XFm61NJzGXNQLnOxfNuwlhPwYmJxRA7YuVQduZ4d1uewuroUX07GPxM1cGTCcw/s1600/MATERIALISTA.jpg


martes, 24 de enero de 2017

Una carga imposible de llevar


Hace algunos años un libro de anécdotas, frases y experiencias se hizo muy famoso, su título “La culpa es de la vaca” era bastante interesante, aunque lo único relacionado con el título fue una anécdota que mostraba una característica muy colombiana, buscar echarle la culpa a otros de todo. Al final de la historia todo concluía que la culpa era de las vacas…

Lo interesante de esta sarcástica presentación, de esta costumbre tan marcada en nuestra idiosincrasia, era dejar en evidencia lo fácil que vamos dejando la culpa en los hombros de otros; sin embargo, culturalmente tenemos otra costumbre muy nuestra: ir cargando nuestras culpas por el resto de la vida, como grilletes que nos amarramos a los pies y de los cuales botamos la llave.

Obviamente es importante reconocer los errores, aceptar las culpas cuando nos corresponda y emprender el cambio, pero aferrarnos a la culpa, recordar constantemente los errores del pasado, es un elemento que va alimentando nuestra desesperanza, nuestra tristeza… nos va dejando en un estado de melancolía irremediable, que cada día nos frena el caminar, nos roba la energía y nos vuelve los peores jueces de nuestra vida.

Y si a este terrible juez, le sumamos las actitudes nocivas del algunos amigos y familiares, que cada que se les antoja la gana nos señalan, nos juzgan y se creen con derecho de medir con una balanza el acierto o desacierto de nuestras decisiones… el resultado evidente es un caldo de cultivo para una depresión crónica, donde hasta el mismo respirar se vuelve tedioso, ya solo sentimos un desdén “porque han sido tanto nuestros errores, que solo somos un costal de basura, deambulando por la vida”.

Y con cada paso que vamos dando, en la medida de lo que podemos, vamos llenando más el costal a nuestra espalda con más culpa, pensamos que incluso el abrir la boca y opinar, es otro error que sumar a la larga lista de los actos “delictivos” que vamos cargando a cuestas por el camino de la vida.

Para acabar de completar, en este proceso de auto-flagelación y castigo, donde todo lo que hacemos va encaminado a cobrarnos nuestros errores, lo justificamos con discursos filosóficos, poéticos y hasta estéticos “Es que debo aceptar y reconocer mis culpas para cambiarlas” … Y sí, efectivamente tenemos que reconocer y aceptar nuestras culpas para cambiarlas; pero eso no significa seguirlas cargando de por vida y flagelarme todos los días por los pecados cometidos.

Aceptar mis errores y mis culpas, no es considerar que soy un juez emitiendo una sentencia de cadena perpetua, para cargar con la pena y la culpa, aceptar es identificar cual fue mi error, saber que me equivoque, que tomé una mala decisión y que debo trabajar en no seguir el mismo camino… pero ir cargando la culpa no va a retroceder el tiempo.

Seguir cargando la culpa nunca me dejará vivir el presente y mucho menos lograr un futuro; pero esto no significa que me permita viajar al pasado y corregir los errores cometidos. Debemos aprender a perdonarnos, a seguir. Aceptar que, aunque no lo queramos, somos seres humanos y cometemos errores, es duro aceptar que no somos perfectos; pero no podemos vivir presos en nuestra culpa.

Lo importante es cambiar, evitar que los errores se repitan. Quizá haya habido perdidas valiosas por nuestros errores, pero cargar la culpa no los va a regresar; y sin embargo, nos cerrará la puerta para seguir avanzando. Pero no todo queda ahí, así como debemos perdonarnos y dejar de golpearnos, NO debemos permitir que personas nocivas nos “refrieguen” en la cara los errores y las culpas del pasado.

Las personas se creen con la capacidad de juzgar nuestro comportamiento y lo cierto es que como diría aquel carpintero de galilea “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”…


Así que amigo lector, suelta ese costal lleno de culpa y sigue avanzando, no es echarle la culpa a otros, tampoco es cargar con ella de por vida. Es aceptar nuestros errores, perdonarnos y seguir avanzando… seguir creciendo hasta alcanzar lo que vinimos a buscar en este mundo ¡La felicidad!

Fuente imagen: https://soyespiritual.com/wp-content/uploads/2015/08/culpa.jpg

miércoles, 21 de diciembre de 2016

33 años Cristo, 2000 años Judas


Hace algunos años, hablando con mí “anciano padre” me hizo referencia de un libro que alguna vez había leído, titulado como este post: 33 años Cristo, 2000 años Judas. Donde la principal reflexión es que los supuestos seguidores de Cristo, en sus comportamientos y actitudes parecían más seguidores del más famoso de los traidores, que del humilde carpintero de galilea.

Y es que en este referente, y sin pretender colocar ningún matiz religioso, pues es algo que evidentemente he querido evitar en todas mis publicaciones, mi disertación al lado del camino, estará centrada más que en lo religioso en las actitudes de las personas, más cuando estamos a unos pocos días de conmemorar el nacimiento de este personaje que cambio la historia de la humanidad.

Durante muchos años nos encontramos como en nombre de este humilde personaje se han realizado guerras, se han justificado genocidios y atrocidades, basta con dar una pequeña mirada a la historia de la edad media o voltear un poco la mirada hacia el medio oriente, o hacia nuestros vecinos del Norte, para ver cómo el mundo se llena los labios de luchar en pro de la fe del carpintero, pero la realidad es que sus actos muestran todo lo contrario.

Pero no nos vayamos tan universales, si nos vamos a nuestras pequeñas realidades encontramos como quienes son “más cristianos” se sienten con el derecho de juzgar los comportamientos de los que los rodean, se creen jueces del mundo solo por expresar que tienen una fe. Van por la vida condenando a todos los que están a su alrededor y sobre todo menospreciando las vidas de los demás, generando un rechazo generalizado.

Y evidentemente al mejor estilo del “guerrillero traidor” (entiéndase Judas), cada vez que pueden venden la fe por 30 monedas de plata, aunque hoy es por billetes y si son de los verdes mejor… porque la fe no importa, importa el dinero, volvimos de forma interesante a la compra de indulgencias que en su momento fue tan criticada por Martín Lutero…

Lo más triste es que estas acciones y actitudes llevan a que las personas rechacen las excelentes enseñanzas de este personaje que nacería en un humilde pesebre… y es que más allá de lo religioso o fanático, este humilde personaje del medio oriente, quien podría ser considerado “un joven rebelde” se fue en contra de los postulados religioso de su momento, los cuales segregaban la sociedad.

Este “rebelde con causa” promovía el amor al prójimo sin más medida que el amor propio, nunca hizo distinción de personas, sin importar lo que hicieran, el dinero nunca fue algo que lo moviera y por el contrario enseñaba que había que darlo todo, no solo por Dios, sino por los demás… y por encima de todo, buscó enseñarnos que ninguno tiene la capacidad, ni la autoridad para juzgar a los demás en su comportamientos o vivencias.

Su principal enseñanza fue que amar a los demás era el centro para lograr una verdadera convivencia entre las personas, que teníamos que aprender que el otro, es fundamental en nuestra existencia y que la verdadera forma de expresar el amor al ser supremo, era expresar amor al que tengo enfrente y puedo ver… que la violencia no era el camino a absolutamente nada y que antes de criticar a los demás, debía ver mi vida y ponerla en orden, lo cual no lo lograría hasta la muerte.

Si por un momento, si tan solo por un instante todos siguiéramos estas útiles enseñanzas de vida, estoy completamente seguro de que el mundo sería realmente un maravilloso lugar para vivir, si en lugar de pensar que yo soy el bueno y los demás dignos de las “llamas del infierno” y nos diéramos cuenta que el verdadero camino a la felicidad es el amor… no habría que esperar un paraíso o un nirvana… lo estaríamos viviendo aquí en la tierra.


Por eso, pienso que en estas fechas donde recordamos su nacimiento, deberíamos, por encima de todo, recordar sus enseñanzas, esas no tienen tinte político, religioso y mucho menos doctrinal… son solo unas enseñanzas de cómo hacer un mundo mejor.

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viernes, 28 de octubre de 2016

Zombies de otra estirpe

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Hace algunas publicaciones hablé de un tipo espacial de "zombies" que encontramos entre nosotros, aquellos que solamente ven las cosas malas de la vida, aquellos que la amargura y el odio llena su corazón y su espíritu, y van destruyendo a su paso la esperanza en los corazones de las personas que "osan" cruzarse en su camino y que al igual que los personas del "séptimo arte" van en busca de nuevas victimas para que engrosen la larga lista de amargados.

Pero en esta "jugla de asfalto" nos encontramos con otra especie de "zombies" unos que no están interesados en convertir a nadie a su estado, pero que al mejor estilo de un muerto viviente van por la vida caminado sin corazón, ni esperanza. Respiran básicamente porque es un efecto reflejo del organismo y no tienen manera de controlarlo.

Sus ojos solamente ven obscuridad, sus labios sonríen como una acto incontrolable de la naturaleza, su vida a perdido toda razón de ser y de existir, pero a diferencia de los anteriores, estos simplemente, como seres inertes, desearían con todas sus fuerzas regresar el tiempo y volver a un tiempo en el que la vida tenía sentido, a una fase de su historia donde había un motivo para sonreír. Donde su vida no era solo tristeza y desolación.

Estos, mi querido lector, son los "zombies" del amor, aquellos que por su propia decisión perdieron el amor, que en un momento de descontrol o locura actuaron en contra de su propio bienestar y en ese camino soltaron la mano de aquella persona que los venía acompañando en el camino de la vida y cuando dieron la vuelta para volver a encontrarlo, el tumulto y la maraña de personas los hizo perder de vista su gran amor.

Van por el camino sin corazón, porque en una etapa de su historia lo entregaron por convicción propia, pero que sin darse cuenta, empezaron a deambular sin rumbo, sin destino y sin punto de partida. No encuentra satisfacción, ni emoción en aquello que antes les generaba alegrías. La vida se ha convertido solo en un castigo, una forma de pagar por los errores del pasado, esos que los llevaron a quedarse sin su complemento.

Generalmente no es fácil reconocerlos, pues en el afán de esconder su dolor, viven como el actor, desempeñando su papel con pasión y tragándose la frustración de saber que el pasado no se puede retornar y que el futuro solo depara más soledad.

Algunos son más osados y tratan de compartir su soledad con otro de la misma especie, pero esto solo ahonda el dolor de saber, que aquello que no solo se perdió, sino que también se descuido, no se puede remplazar. Y terminan sumidos en una soledad acompañada, que es mucho más terrible que la misma soledad.

La curación a esta infección es difícil de encontrar, son una especie que no busca dañar a nadie más, solo manterner sumida su tristeza como parte integral de su vida, quizá en algún momento puedan recuperar el sentido de la vida y recuperar aquello que perdieron por descuido y sin razón, a veces el corazón vuelve a nacer en el mismo lugar donde antes estaba, otras veces dan con seres que les comparten el corazón y vuelven a vivir.

Lo cierto, mi querido amigo, es que si te cruzas por el camino con uno de estos enigmáticos personajes, no trastes por la fuerza que cambie su estado, ni mucho menos trates de levantarlo de su melancólica situación, solamente brindale la mano, y permite que el tiempo y su condición actualizante lo lleve poco a poco a superar su situación, el tiempo dirá si la supera, o si se sigue consumiendo hasta simplemente desaparecer sumido en la tristeza.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Cómo me odio!


Hace unos días, por esas locuras que en ocasiones nos dan de ponernos cuidado en el "espejo" (En sentido figurado), caí en la cuenta de algo que generalmente nos ocurre muy seguido y es ver cuanto detestamos en los demás el defecto que más nos marca. Digo generalmente para no herir susceptibilidades por aquello de estar generalizando.

Sin embargo me di cuenta que cuando algo nos disgusta en los demás, muchas veces lo tenemos bien arraigado en nuestro compañero,  por ejemplo el otro día conocí a alguien y de una me cayo gordo por su petulancia y prepotencia, pero al cabo de unos minutos recordé como muchas personas en su momento me hicieron caer en la cuenta de cuanta veces mi comportamiento es exactamente igual.

Cuantas veces generamos discusiones en los demás porque detestamos tal o cual cosa, como ser incumplidos o demorados, imprudentes o porque nos sacan a relucir las invitaciones. Y muchas veces cuando lanzamos esos juicios no nos damos cuenta que nuestro comportamiento en circunstancias similares generalmente es igual o en ocasiones peor.

Algo así como que nos volvemos los más duros jueces de los otros, cuando comenten los mismos errores que nosotros regularmente cometemos, aún así, en nosotros son sólo muestras de carácter o respuesta al mal comportamiento de los demás. Eso sí, nunca vamos a dejar de criticarlo y no nos importa aquel dicho de los abuelos "El que tiene rabo de paja, que no se acerque a la candela" porque tarde que temprano esos juicios se volverán contra nosotros.

Es por eso, que sentándome a disertar sobre el asunto, me di cuenta que estos juicios de valor muy en el fondo es porque realmente hemos convivido tanto con esas actitudes que llegamos a detestarlas, no las hacemos evidentes directamente en nosotros, porque al igual que los malos olores, generalmente nos acostumbramos a los nuestros después de un tiempo, pero los de los demás los percibimos al instante.

A pesar de esto, muy en el fondo esas actitudes nos carcomen a nosotros mismos, no son agradables, pero el miedo a conocernos y confrontarnos no nos permite identificarlas. Pero en el fondo nos tenemos cierto odio y generalmente lo reflejamos en nuestras acciones auto destructivas, pero como todo, terminamos reflejándolo en otros y saliendo por la tangente.

En esos momentos debemos trabajar en disciplinarnos en dos cosas, tomar la decisión de no volver a juzgar a los demás, sin importar su comportamiento, sus costumbres o defectos (que nosotros vemos); al fin y al cabo, quienes somos para considerarnos mejores?... 

Segundo, empezar a mirarnos al espejo y trabajar por dejar atrás esos defectos que nos molestan tanto en los demás. Cuando nos demos cuenta, cuan difícil es cambiar nuestros hábitos auto-destructivos le tendremos más amor y paciencia a quienes nos topemos en el camino y entonces realmente les podremos ayudar.

Como diría aquel humilde carpintero de galilea: "No mires la paja en el ojo de tu hermano, fíjate en la viga que tienes en el tuyo"


Fuente Imagen: http://cancelesfinosorozco.com/wp-content/uploads/2015/09/Espejos-y-Lunas-2.jpg

lunes, 9 de mayo de 2016

Perdono pero no olvido!


Un lunes como este festivo posterior al día de madres es de esos días en los que sin importar que hagas o dejes de hacer la cabeza te da vueltas por infinidad de temas y cosas, unas que de repente te hacen esbozar una sonrisa en tus labios y otras que sin darse cuenta te hacen derramar una pequeña lagrima por la mejilla y cuando lo notas es cuando ya está cayendo en tu camisa.

Y es que en este día me han estado dando vueltas recuerdos de dolores y traiciones, se vinieron hasta mi cabeza los recuerdos cuchillos clavados en mi espalda por personas a quienes en su momento les tendí la mano. Recuerdos de personas a quienes entregué mi lealtad y mi esfuerzo, pero en el momento más inesperado y cuando más necesitas contar con su colaboración "PAO" sientes el frío acero de una daga penetrar por el medio de tu espalda y traspasar tu corazón.

Ese pequeño acto de alevosía en tu contra tiende a dejar una huella en tu alma casi imborrable, siempre tendrás un sentimiento "muy poco amable" hacia quienes te han dejado dagas en tu espalda de recuerdo; sin embargo, si la madurez nos lo permite, muy seguramente no tendremos problemas de volver a confiar en otra persona, sanando muy seguramente la herida superficial. Permitiremos le llegada de otros a nuestra vida y continuaremos el camino.

Sin embargo, en lo profundo todavía tenemos algo que nos lastima, escuchar comentarios o tan siquiera tan solo pensar en esos momentos nos vuelve a llenar de dolor el alma, de amargura, de ira. Y es que seguramente como el dicho, hemos perdonado pero no hemos olvidado. En el interior de nuestro corazón, de nuestra alma, ha quedado gravado el daño que nos hicieron y no lo queremos soltar, queremos "JUSTICIA". ¿cómo es posible que nos hicieron y deshicieron y salieron impunes?

Esperamos, hacemos planes de como la vida se encargará de cobrarles el daño y la fuerza con la que nos hicieron daño. Sabemos que más temprano que tarde la vida les devolverá "una poca de su propia medicina" y como la canción de Santiago Cruz (En tus zapatos) o al mejor estilo de Nelson Mandela Mons podremos mirarlos a los ojos y gritarles "Ha Ha". Nuestro inconsciente todos los días sueña con ese "maravilloso" momento.

Pero lo cierto es que sin darnos cuenta hemos permitido que nos sigan lastimando, quizá llevemos meses de no tener contacto con esos "personajes" (Por decirlo de forma decente), pero todavía nos siguen lastimando. Ellos tal vez ya ni tengan presente nuestra existencia, pero para nosotros ellos están más presente que nunca y todo ¿por qué? porque no queremos perdonar y olvidar.

Necesitamos mantener ese recuerdo en nuestro corazón hasta que veamos que se hizo JUSTICIA, porque la vida no puede dejar que ese crimen en mi contra siga así nada más... y lo que no estamos percibiendo es que ahora somos nosotros los que nos seguimos hiriendo y eso es suficiente para el universo como justicia... ya nuestra imaginación se ha cobrado de 500 formas distintas. 

Debemos perdonar, olvidar, continuar con nuestra vida. Quizá la persona nunca aparezca en nuestra vida a pedirnos disculpas (como muchas veces lo hemos soñado) pero si no soltamos ese lastre de nuestro corazón seguiremos andando el camino de la vida con muchas cargas y pues ya lo dijo el sensei Facundo "Va más rápido, quien va más descargado". No dejemos que esas cargas nos dejen pegados al piso.

Perdonemos, olvidemos, soltemos para empezar a elevarnos y brillar como es nuestro deber. Son muchas las cargas que yo sigo llevando en mi corazón, pero lo único que me dio cuenta es que me mantienen en el suelo... y yo no he venido para arrastrarme, he venido para volar alto y brillar.

Tú ¿A que has venido?... entonces es mejor que perdones, olvides y empieces a elevarte, porque entonces el único límite será tu imaginación.


Fuente imagen: http://avanzapormas.com/mensajes-cristianos/wp-content/uploads/2016/03/verdadero-perdon.jpg