Hace algunos en años, en esta tierra del sagrado
corazón existía un atenuante para los crímenes pasionales. Los maridos engañados
no solo podían atentar contra la vida de sus parejas, sino contra la vida de
sus “amantes” y disminuir su culpa ante los jueces, promulgando la excusa de
que su comportamiento había sido mediado por un dolor intenso en su ser que los
llevaba a un estado de ira incontrolable e irracional, donde le hacían daño al
ser que juraban amar.
Con el pasar de los años este atenuante ha sido incluso
usado de burla hasta su declaración de inexequible, pues alguna vez cuentan las
historias fue usado como excusa por un anciano; que al verse pisado por otro, utilizó
su bastón como arma letal. Al estar ante su juez, simplemente expreso que el
dolor generado por el pisón lo llevó a un estado de ira incontrolable donde utilizó
su bastón cómo un arma mortal, contra el responsable de su dolor.
Sin embargo, esta es la hora donde muchos utilizan
diversas excusas frente al motivante de sus acciones. Muchos culpan su historia,
otros sus adicciones y otros a otros. Siempre será posible, en una vida centrada
en el orgullo y el ego buscar quien pueda ser el responsable de lo inadecuado
que hagamos…. Mi historia, mi pasado, mis padres, el estado, “la mujer que tu
me diste” al mejor estilo de Adán.
Pero bajar la cabeza
y tener capacidad de aceptar que el error fue mio, solo mio, que fue mi
decisión. Que absolutamente nada externo es responsable, que todo lo que hago
esta siempre bajo mi control, requiere humildad. Reconocer que son mis decisiones,
que lo que realmente le hace daño a mi ser no viene de afuera, sino que esta mi
corazón, requiere decisión de cambio de enfrentar la vida.
Dejar de ser una víctima, dejar de ser un sujeto
pasivo de mi realidad, para aceptar que yo soy el actor principal. Y que todo
lo puedo cambiar, siempre que en mi corazón esté la decisión. Porqué como dijo el carpintero de galilea: “lo
que hace impuro al hombre, no es lo que entra en él, es lo que sale de su corazón”
nadie hace nada, que primero no haya estado en su corazón.
El primer paso para cambiar es aceptar que toda acción
u omisión es solo una decisión mía. Culpar mis vicios o mis emociones de mis
acciones es solo una forma de mantener intacto mi ego, para buscar siempre que
sea otro el responsable, y yo, solo una victima del mundo… bueno, por lo menos
así lo entiendo yo.
El día que dejemos de buscar culpables de cada acción
y tengamos la humildad para reconocer que mi vida es solo fruto de mis decisiones,
que si dañamos a otros fue nuestra responsabilidad, tendremos la capacidad de transformar
nuestras vidas y empezaremos un camino donde no seremos victimas o victimarios,
sino seres en proceso de transformación, dueños de nuestra realidad.
