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sábado, 21 de octubre de 2023

Me levantaré

 


Hace unos pocos días cuando estaba escuchando el sermón, el predicador tomó de base una de las historias más usadas, conocidas y referenciadas: “El hijo pródigo”. Esta relata la historia de un joven rebelde que decide salir de su casa e ir a conocer al mundo, acompañado solo de su deseo de libertinaje y aventura.

 

El relato bíblico, quizá ya conocido en demasía por ustedes, nos muestra cómo este joven, dejándose llevar por el desenfreno y limitado solo por la satisfacción de sus más corruptas pasiones, sigue un camino de desafortunadas decisiones, que lo llevan a terminar en el más lógico de los destinos: un mundo de escasez, de dolores, de pérdidas y miseria. Abandonado completamente por los que se decían sus amigos, por quienes dijeron amarlo, pero sólo gozaron de su desenfreno. Terminó solo, rodeado de dolor, miseria y lamentaciones.

 

Es aquí donde el predicador dio un rumbo especial al relato, y a diferencia de muchas ocasiones donde escuché esta misma historia, mostró elementos que muchas veces los hemos pasado por alto. El primero de ellos es que para generar un cambio en nuestras vidas, debemos mirar a nuestro alrededor y tener la capacidad de reconocer nuestra responsabilidad frente a lo que estamos viviendo.

 

Vimos como aquel joven se dio cuenta de su realidad, en medio de una porqueriza, de hambre y de mugre, ve como todo lo que está viviendo fue su responsabilidad, su culpa, sus decisiones y acepta que el único culpable de eso fue él: “... he pecado contra el cielo y contra ti” no se justificó, no buscó minimizar sus errores. Simplemente aceptó y reconoció su realidad.

 

El segundo paso fue tomar una decisión con respecto a su realidad: “me levantaré e iré…” Él no se puso a buscar culpables, ni a encontrar a quien responsabilizar de su realidad; mucho menos a esperar que llegara alguien a buscarlo, a sacarlo de ahí y llevarlo a un estado de bienestar. Nada de eso; pero tampoco se quedó ahí, solo reconociendo su responsabilidad frente a su realidad o solo tomando la decisión en su mente de cambiar y enfrentar su realidad; ¡NO! ACTUÓ en consecuencia de sus decisiones. Este es el tercer paso: “Y se levantó” Sí, se levantó, emprendió el viaje a su destino y por último, al llegar se mantuvo firme en todo lo que había decidido hacer.

 

¿cuántas veces nos quedamos en los sueños? en muchas ocasiones simplemente nos quedamos en los planes. A veces, nos devolvemos y ya no reconocemos nuestra responsabilidad, sino que damos un paso atras buscando quien pueda ser el responsable, el culpable o el generador de nuestras malas decisiones. Lo bonito de la historia, es que al igual que pasa en la vida de cualquier persona, siempre que cambiemos y hagamos las cosas de manera diferente, vamos a obtener resultados diferentes.

 

El secreto para lograr cambiar nuestras vidas, para transformar nuestra realidad, para dejar de estar tirados en medio de la porqueriza y alimentándonos de las sobras de los cerdos, radica en 4 simples pasos: reconocer que nos hemos equivocado; decidir que no queremos esa vida, que queremos cambiar; actuar, no quedarnos en sueños e ilusiones, en planes sin ejecución, sino levantarnos y empezar el camino; y por último, mantenernos, el camino es largo, pedregoso y difícil; pero una vez empezamos el camino, debemos terminarlo.

 

No es fácil, cuesta lágrimas, humildad y requiere de toda la fuerza de tu voluntad, pero los frutos se van dando. Yo lo estoy haciendo, y si que he llorado, pero te puedo asegurar que no hay mejor decisión. Por lo menos así lo vivo yo.


miércoles, 29 de enero de 2020

¿Qué nos depara el futuro?



Cada que un año termina y otro comienza, siempre surgen muchos temores y expectativas sobre lo que será y pasará ese nuevo año que comienza: ¿qué cosas buenas traerá? ¿qué penas llevará escondido? ¿cuántos sueños cumpliré?... o el peor miedo de todos ¿seguirá todo igual?

Y en este juego de temores y esperanzas, buscamos siempre jugar con cartas marcadas. Tratamos de conocer y predecir el futuro, muchas veces las personas buscan quien les diga que pasará. Se pagan miles y a veces hasta millones para tratar de prever el futuro, para saber que traerá y no seguir con la incertidumbre, sino caminar sobre seguro.

El problema es que en el afán de buscar que sucederá, metidos en el miedo de la incertidumbre y del temor de los sueños frustrados, nos quedamos paralizados, quietos esperando que algo extraordinario pase, que baje un rayo del cielo que no ilumine el camino y nos indique que hacer, que decisión tomar, que camino emprender… pero sin darnos cuenta el tiempo sigue su curso.

Y nosotros, inertes esperando que alguien nos indique el camino que debemos elegir, que nos lleven como cuando niños, como cuando alguien más tomaba las decisiones y elegía los caminos y nosotros solamente lo seguíamos. Vamos dejando que las cosas pasen, que el mundo y gire… y que nosotros en lugar de ser actores protagónicos nos volvamos solamente en víctimas de las circunstancias.

Lo triste del asunto es que la solución esta al alcance de lo único cierto, verdadero y tangible que tenemos: ¡El presente! Es en el presente donde construimos nuestro camino, es mirando en el hoy como podemos proyectar nuestro futuro, la única forma verdadera de predecir el futuro es hacer que ocurra (lo leí por ahí).

Solo cuando actuamos, cuando tomamos la decisión de tomar las riendas de nuestra vida y dejamos de esperar que otros, como por arte de magia, nos indiquen el camino. Cuando tenemos la valentía y el coraje de arriesgar, de avanzar, de transformar nuestros hábitos… solo cuando tenemos la certeza del cantante de que “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y empezamos a caminar con los sueños y objetivos que tenemos… solo en ese momento empezamos a construir nuestro futuro.

No es difícil, solo requiere perseverancia, tener el tesón para levantarnos ante cada caída, para ponerle frente a la tormenta… para transformar lo único que podemos transformar… nuestro carácter. Solo cuando decidimos construir nuevos hábitos, nuevas formas de hacer las cosas y nos lanzamos a experimentar nuevos caminos, sólo ahí empezamos crear nuestro futuro.

Como diría el ilustre profesor Emmet L Brown (al final de la trilogía de volver al futuro) “nuestro futuro no está escrito”, tenemos una hoja en blanco para empezar a escribirlo.

Así que, ahora que el primer mes de este nuevo año se acerca a su fin, nos quedan más de 330 días para escribirnos un año maravilloso, lleno de retos, de metas, da acciones por emprender, de hábitos por adquirir, de vicios por dejar y sueños por hacer realidad. Solo debemos tener la voluntad para caminar por nuevos rumbos y la valentía para enfrentar nuevos riesgos.

Ah… y la sabiduría para administrar nuestro tiempo.

En otras palabras, tenemos la oportunidad de “escribirnos el futuro que queramos” así que hagámonos un futuro bueno.

viernes, 23 de febrero de 2018

La culpa es de los ¡RICOS!


Voy a cambiar un poco mi acostumbrado estilo de escritura en este post, en respuesta con los cientos de posiciones que he visto en las redes sociales esta temporada electoral. En estas elecciones se está retomando un discurso altamente destructivo: la lucha de clases. Es por esto que me puse a disertar un poco sobre el tema desde MI realidad. No voy a hablar, ni a juzgar los casos extremos que siempre los habrá.

Después de hacer una breve revisión a todas las decisiones de mi vida, los caminos recorridos y las experiencias vividas, me di cuenta que yo no tengo dinero (porque rico sí que estoy) por culpa de las oligarquías, los millonarios y los empresarios. Por eso yo no tengo casa, no tengo carro y mucho menos dinero. PORQUE TODOS, incluido este estado ladrón, son responsables de que yo no tenga un peso.

No es mi culpa, no. Nada tiene que ver el hecho de que, en lugar de ser más dedicado en mis estudios secundarios para alcanzar una mejor calificación en los exámenes de estado, me dedicarme a la recocha y la vagancia. Tampoco el que, teniendo la posibilidad de ingresar, no escuché el consejo de mis padres y luego me gustara más tener plata que estudiar.

Tampoco tiene relación el que trabajando y ganando dinero me dedicara a la rumba, a salir cada fin de semana con mis amigos y endeudarme para tener con que rumbear. Tampoco es haberme retirado de la U por estar de “culi pronto” detrás de una mujer mayor. Y menos el endeudarme para que ella tuviera su casa.

Tampoco el demorarme 4 años en mejorar mi nivel profesional y mejorar mis ingresos. Desde luego, el que hubiera DECIDIDO pagar las deudas de una novia que tuve y continuar con mi vida de bohemio, junto a ella, dedicado de lunes a sábado, en tertulias de Martini, tampoco tiene algo que ver.

¡No! La culpa es de los empresarios, del estado que nos tiene pobres, no de mis decisiones… ¡No! toda la culpa es de la oligarquía que no me quiere ver progresar. Tampoco es culpa de que en mi desorden perdí uno de los trabajos mejor remunerado que tuve y me dediqué a la guachafita con personas que dijeron estar a mi lado y en medio de la necesidad me dieron la espalda y me dejaron solo, incluida mi pareja.

Yo no soy responsable de nada, el ESTADO me debe asegurar una calidad de vida, la OLIGARQUIA y los grandes empresarios se deben responsabilizar, no solo de mí, sino de los millones de personas que estamos estirando la mano para que nos den comida y calidad de vida… Es que, ¡cómo no lo pude vislumbrar antes! Todos los que se han retirado de la universidad para seguir la rumba o mantener la bendición; todos los que llega el viernes y se toman su dinero en la cantina del barrio; todos los que trabajan de sol a sol y luego se olvidan que tiene hijos.

¡Ellos no son los responsables! ¡es el estado! Tampoco los jóvenes que se retiran del colegio para conseguir dinero y embarazar a la peladita de la cuadra y luego terminar delinquiendo. ¡Ellos tampoco son responsables! ¡es la perversa Burguesía!

Pero dejando de lado los sarcasmos y confesiones; dejando de lado los casos extremos fruto de padres irresponsables que tiene hijos en medio de la basura o embarazan una adolescente y las dejan abandonadas. Yo considero que es el sujeto el responsable de su realidad; de lo que obtiene y de lo que pierde. Siempre me llevaré en el corazón ese poema que me enseño mi padre: “al final de mi rudo camino, me di cuenta que fui el arquitecto de mi propio destino

Mi padre siempre me enseñó que pasara lo que pasara con mi vida, el único responsable sería yo, de los triunfos o fracasos. Y eso me ha llevado a buscar, a pesar de las necesidades en las que nacimos, un mejor presente. Cierto, yo no tuve dinero, hubo mucha escasez en mi hogar, pero siempre estuvo mi padre y mi madre dándonos amor y ejemplo.

Cierto, hay muchas personas que tiene muchas necesidades o nacen en medio de situaciones extremas y el estado tiene mucha responsabilidad. Pero a pesar de lo que le corresponda al estado, debemos recordar las responsabilidades del sujeto, de cada uno. De los miles de padres que se olvidaron de sus hijos, de las miles de madres que los abandonaron. De los que prefirieren el vicio a sus familias o delinquir que trabajar.

Hoy se habla mucho de la responsabilidad de los demás hacia el sujeto, pero no debemos olvidar que cada uno es el arquitecto de su destino, cada uno tiene la posibilidad de decidir. No solo excusarnos y decir “el estado no me ayudo, no me brindaron la oportunidad” porque no importa que tan injusta sea la vida, a cada paso siempre tenemos la oportunidad de tomar una decisión.

Yo he tomado muchas malas decisiones y unas cuantas buenas, pero si algo me he llevado toda la vida en el corazón es que yo seré el culpable “de la hiel o la miel” que reciba de las cosas. No se tu caso, pero te invito a reflexionar si realmente eres solo una víctima de las circunstancias o eres fruto de tus decisiones. No pienses en las decisiones de tus padres, piensa en lo que pasa fruto de tus propias decisiones.

Espero que al final, al igual que yo, te des cuenta que somos solo el resultado de lo que nosotros hemos labrado para nosotros. Y así, ojalá, en medio de estos discursos que tanto se oyen no viéramos clases, sino realidades y responsables.

No existe un mesías que nos pueda solucionar la vida, si nosotros no trabajamos para cambiar nuestra realidad, ningún Superman lo hará.


Por lo menos así lo veo yo.

jueves, 18 de enero de 2018

Una nueva esperanza




En 1977 se estrena la primera de las películas de una de las sagas de culto más famosas y con mayor número de seguidores de toda la historia del séptimo arte: Star Wars. Esta película posteriormente sería renombrada, en el año 1999, como “Star Wars episodio IV: una nueva esperanza”. Dándole coherencia con toda la trama de la historia que se reorganizó con las 3 pre-cuelas.

No es necesario profundizar en la temática de la película o de la saga completa, solo quiero disertar un poco sobre ese concepto “una nueva esperanza”. Son muchas las ocasiones o los momentos donde iniciamos poniendo todas nuestras esperanzas en el éxito de una empresa (de nuestro objetivo), pero si algo no resulta, si algo no sigue el plan o resulta siendo un rotundo fracaso, desfallecemos.

A veces ponemos “todas nuestras esperanzas” en un amor, en una amistad, en un trabajo o en una persona. Pero de repente las cosas no salen como queríamos, las cosas se truncan, aparecen los obstáculos y nos damos por perdidos, sentimos que todo fue en vano y pensamos que ya no habrá nuevas oportunidades y nuevos caminos. Que ya lo único que nos espera es rendirnos y aguardar la muerte en medio de la tristeza, el desespero y la descolocación.

¿Cuántas veces no decimos “no creo volver a sentir por nadie lo que sentí por esta persona” o “no creo que la pasión y la conexión que sentía con esa persona la vuelva a sentir con nadie más”? pero entonces la vida, de la forma más hermosa nos muestra cuan equivocados estamos y no invita a darnos cuenta que siempre, siempre, siempre… sin importar lo endurecido que estemos, depresivos que seamos, siempre habrá una nueva esperanza.

Y es que el inicio de este 2018 me ha puesto a reflexionar mucho sobre los sueños, las metas, las esperanzas y derrotas o fracasos. Y al igual que la película me doy cuenta que ponemos nuestra esperanza en algo y no resulta… pero entonces la vida nos presenta una nueva oportunidad. 2017 para mi representaba un camino una esperanza unos sueños. Pensaba que ahí estaba todo lo que tenía para ser feliz y que si lograba esas metas, autoimpuestas ese año, volvería a ser feliz.

El trascurrir del año empezó desastroso, por momentos vea cerca mi objetivo pero de repente volvía y se distanciaba, hasta que se perdió completamente. Pero la vida me mostro un nuevo camino, llegó como llegan las mejores cosas de la vida, sin darnos cuenta. Finalizando el año algunas prioridades y metas cambiaron. Las metas que me había puesto tomaron un nuevo rumbo y entonces me di cuenta que la vida me estaba presentando un nuevo camino, una nueva esperanza.

Este 2018, al igual que el episodio IV de esta legendaria saga, me ha presentado nuevos caminos, nuevos mensajes, nuevas prioridades hacia las cuales encausar mi vida. No siento que lo que no logré haya sido una derrota. Fue un aprendizaje necesario para reencausar mi vida y tomar decisiones encaminadas a alcanzar lo que realmente tengo que alcanzar, mi felicidad.

Tengo la certeza en este inicio de año que voy a trabajar por alcanzar las metas que me he propuesto, que voy a tomar las decisiones y hacer los seguimiento y mediciones para ver como cada día que pase cumplo con los objetivos que me he autoimpuesto. Pero también lo inicio con la certeza de que no importa si no los puedo alcanzar, que no importa si algún obstáculo resulta infranqueable, la vida siempre me podrá al frente “una nueva esperanza” una nueva oportunidad de ser feliz.

Porque sin importar cuantas cosas malas puedan ocurrir, sé que Dios, el Buki, el universo… como lo quieras llamar, está conspirando con un solo objetivo, que tu decidas alcanzar la felicidad que él tiene preparada para ti. Lo que pasa es que como todo, tenemos que pasar por procesos de formación y aprendizaje.

Así que mis queridos amigos, solo me resta desearles un maravilloso 2018 y…


¡Que la fuerza te acompañe!

Fuente imagen: https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/002/448/368/large/benoit-duroi-tatooine-reboot-0029-cam-004.jpg?1461853926

lunes, 18 de diciembre de 2017

Así es la vida!


No tengo recuerdo desde cuándo, pero considero que desde que fue un éxito, la canción del grupo mexicano Elefante titulada como este post, se convirtió en mi himno. Todo el que ha tenido cercanía con mi vida desde el año 2001 para acá, sabe que esa canción la canto con fuerza, con pasión, con entusiasmo, como si mi vida dependiera de ello. ¡Así es la vida!

Durante muchos años no entendía porque una canción, que aparentemente presenta una decepción amorosa, y la cual hasta ese momento yo no había vivido, se convertía en un himno para mi vida. Toda una insignia que expresaba con la mayor de las alegrías posibles y que en cada mensaje o fiesta buscaba siempre cantarla y hacer su mímica a voz en cuello. Incluso la primera “caneca” que me gané en una discoteca por la mesa más alegre fue fruto de la coreografía de esta canción de la banda mexicana.

Solo hasta hace unos años alguien me hizo un breve análisis del porque esta tonada me generaba tanta felicidad. En el fondo de la letra, escuchando profundamente su significado y e interpretando la actitud de la historia narrada en la canción, esta representaba a alguien que vulgarmente definiríamos como un “importa culista” alguien que en definitiva siempre ve la vida con mucha frescura.

Alguien que sabe que la vida es “a veces negra, a veces rosa” y esto no lo trasnocha. Alguien que considera que hay momentos donde la vida “te quieta, te pone, te sube y te baja” y por eso puede navegar con una sonrisa, con una “botella” y con una canción cualquier momento de la vida. Desde el más triste, hasta el más feliz.

Al principio me pareció una crítica dura, ser yo un ser que no le da importancia a nada, que simplemente va por la vida viviendo y disfrutando, tanto de lo bueno y de lo malo, que a veces nada y otras, ni agua bebe. Pero que en cada momento de la vida siempre considera que “así es la vida”

Me sentí muy mal por verme reflejado en un ser tan superficial o tan mezquino. Pero divagando un poco más sobre el tema. Pensando en esa vida donde nada tiene tanta importancia como para distraernos de lo importante, donde en últimas nada es totalmente importante como vivir y disfrutar de la vida, siendo consientes de la que vida es una montaña rusa donde a veces estas arriba y otras estas abajo. Consideré que no era tan malo.
La vida en últimas está compuesta de buenos y malos momentos, de victorias y fracasos, de obtener y de perder. De decisiones y renuncias. Y entonces me di cuenta que nada de malo estaba en ver la vida con tanta frescura. Por el contrario, que la vida no es para verla con amargura o tristeza o desesperación. La vida es para disfrutarla hasta la última gota y si algo malo pasa “que me traigan más botellas”

Así que amigos, al mejor estilo de así es la vida, seguiré mi camino por esta via en la misma dirección, disfrutando a cada instante. Riendo, gozando, tomando y dejando. Viviré la vida con pasión y fuerza, sin darle transcendencia a tantas cosas que las personas le dan importancia, solo dándole importancia a vivir y a gozar… y que me apunten en la cuenta… si algo les debo.


Porque Así es la vida, de caprichosa!


Fuente imagen: https://huellasenmialma.files.wordpress.com/2014/05/path-of-life-to-the-sky-wallpaper__yvt2.jpg

jueves, 7 de diciembre de 2017

Más que una profesión



Hace unos días una amiga a quien quiero mucho me envío una imagen y me pidió que escribiera sobre lo que esto me inspiraba, y viéndola empezó a volar la imaginación y mi corazón. Todos los elementos que podía ver en la imagen los relacioné con una de las cosas que amo hacer, esa que aspiro sea la que ocupe los últimos años de mi vida: enseñar.

Cuando me iniciaba en la formación secundaría, donde tuve por fortuna ingresar a una institución educativa normal (Las escuelas “normales” formaban a los maestros de básica primaria, hace unos años), empecé a recibir clases de orientación vocacional para dirigir mis pasos hacia esta labor. Sin embargo en esa etapa de mi vida tuve varios roses con personas que “vivían del tablero y la tiza” pero detestaban su ocupación y por ende orientaban a las mentes jóvenes a dedicarse a otras ocupaciones.

A pesar de esto, extrañamente en mi corazón la docencia y la pedagogía se sembraron con fervor. Sé, que como dice mi abuelo, “cada viejito alaba su bastoncito”, y para cada uno su profesión será la más importante, la de mayor impacto, la de mayor trascendencia para la sociedad o la más importante. Cada uno verá que su profesión es la más necesaria para la sociedad. Por lo que, buscando no herir susceptibilidades, les daré la razón, todas las profesiones son supremamente importantes, necesarias, fundamentales, críticas para que se mantenga el “contrato social”.

Sin embargo, eso es así porque la docencia no puede ser vista como una profesión. No, no es solo una ocupación para generar ingresos y buscar un estilo de vida (aunque muchos la utilicen de esa manera), la docencia es la invitación a transformar las vidas, a sembrar la curiosidad en los corazones de las personas, a promover el autorreconocimiento y la valoración. La docencia es una vocación encaminada a buscar el crecimiento del ser humano.

Cierto, hay muchas profesiones que se encargan de nuestro cuidado, de nuestra salud y de nuestros bienestar, los que nos administran, los que nos dirigen, los que nos cuidan. Pero solo una se encarga de invitarnos a ser, a conocer, a avanzar. Es una vocación que invita a quienes la ejercen a ver su labor como algo más allá de la remuneración. Lo que está en las manos de un docente no es una vida, es la vida misma de la persona y de quienes tengan relación con ella.

A través del docente una persona puede abrir su mente, puede apasionarse por la vida y el conocimiento o puede cogerle aberración y odiarla. Un guía, un maestro, un docente toca vidas, toca los corazones, las razones y las perspectivas de las vidas que serán, a partir de ahí, un nuevo ser. El fruto de esta labor no es inmediato, pero de él dependerán las  decisiones y las acciones que emprenda hacia el futuro.

Muchos somos lo que somos por nuestros maestros, profesores y docentes, los recordamos con cariño o tal vez con odio, nos apasionamos por lo que nos enseñaron. Muchos de los caminos que tomamos fueron fruto de su ejemplo de su pasión. La excelencia la buscamos a partir de sus instrucciones.

Cierto, nuestros padres son parte de esta influencia, pero eso es cuando nuestros padres, como primera escuela en la que nos encontramos, actúan como un maestro de vocación, cuando nos enseñan y aman, guiándonos para empezar a interactuar con otros maestros y profesores.

Mi pasión por enseñar nació con mi profesor de tercero de primaria, un hombre amante de su labor, apasionado por lo que hacía y que nos inspiraba a todos a ser mejores. Luego vino con un maestro, que a pesar de ser sacerdote, tenía la capacidad de aceptar al otro en sus diferencias (digo a pesar por que muchos se toman el papel de jueces de la moral), él nos enseñó a aceptarnos, a vivir, fue de quien copie mi costumbre de iniciar mis clases con una frase.

Pero mi principal motivante a ser maestro ha sido mi padre, quien fue mi primer maestro, me enseñaba con paciencia, me retaba a ser mejor. Me escuchó y aconsejó. Siempre habló de todos los temas de la vida, la ciencia y la filosofía.

Por eso, no importa que labor realce hoy, no importa en cuantas áreas y profesiones me pueda desempeñar, algo que tengo muy claro es que mi vida la quiero terminar en un aula de clase inspirando a otros a ser mejores y a transformar no solo sus vidas, sino también la vida de quienes estén a su alrededor.


Por eso, ser maestro, guía, docente o facilitador no es una labor o profesión, es una vocación.


Fuente imagen: https://www.facebook.com/ximena.m.munoz.98

viernes, 1 de diciembre de 2017

Un camino de obscuridad


Se acerca el cierre de otro año, el cierre de un ciclo, 335 oportunidades que vivimos para ser felices y alcanzar nuestros sueños (faltan 30 días todavía para ser 365).Y en este tiempo, no sé a ustedes, viví muchos momentos obscuros donde me sentía atravesando por un sendero tenebroso, escalofriante y deprimente. En muchas ocasiones tuve la intención de desistir, simplemente tirar la toalla porque no encontraba una salida a este espantoso sendero.

En muchas ocasiones me dí por vencido completamente, sabría que no importaba cuantos días transcurrieran yo iba a seguir atrapado en ese obscuro lugar. El pasar de los días, en muchas ocasiones, solo el recuerdo de las frustraciones vividas, de las rutas o caminos que por mi propia mano dejé que se cerraran ante mis narices. Incluso laboralmente iniciando el año me sentí afligido e insatisfecho.

Lo más angustiante en su momento fue buscar un motivo, una razón para todas estas problemáticas, cómo dirían algunos, el porque me encontraba donde me encontraba. Generalmente la búsqueda de esta situación me llevaba al mismo punto, era mi culpa, yo había sido el responsable de ingresar por ese camino, yo me había desviado y había permitido que todo se volcara por donde se estaba volcando.

En ese momento, y solo por un instante, le di la razón a quienes no creen en Dios, porque Dios no tenía nada que ver con las cosas malas que ocurrían o con las emociones que me afligían. Todo lo que estaba pasando en mi vida era solo la cosecha de los frutos que yo sembré en el camino. Cada cosa por la que estaba pasando era recoger lo que durante mucho tiempo había sembrado.

Pero esto, de nada sirvió, encontrar un responsable no me solucionó nada, eso no me sacaba de ese camino, no cambia el horizonte y mucho menos prendía una luz en la obscuridad para encontrar una salida próxima. Todo lo contrario me tenía aferrado a mi tristeza, me dejaba atrapado en pasado. La única solución que se me ocurría en ese momento era encontrar un camino a mi pasado y cambiar mi situación (Al mejor estilo de Marti Mcfly)

Efectivamente la sola idea de viajar en el tiempo a solucionar mis problemas solo lograba hacerme sentir más estúpido y enterrarme más en la melancolía. Era un año oscuro, con un camino aún más tenebroso que cualquiera de las cintas de terror que alguna vez vi en mi infancia. Y para acabar de completar, mi mente solo buscaba responsables. Tenía que haber a quien quién pagara por todo el infierno que estaba pasando. Pero ser la respuesta a la pregunta, me dejaba en el mismo punto donde había iniciado y ese no era el objetivo.

Era el más obscuro camino que había caminado en toda mi vida, 36 años o 700 eras… nunca había estado ahí. De repente, y recordando muchos de mis discursos profesionales, recordé una premisa que siempre defendí: ante un problema, no importan los responsables, hay que buscar las soluciones. Los responsables pueden esperar. Cuando el camino vuelva a su sendero, cuando todo retome las vías necesarias, ahí será el momento de hallar los responsables.

Y entonces en mi mente todo empezó a cambiar, lo obscuro del camino ya no me afectaba. Debía trabajar en las soluciones y no en la problemática, ni en los responsables. En mi mente cada cosa debía tomar un nuevo sentido y esfuerzo. Cada fuerza en mi ser debía estar destinada solo a una cosa, cambiar realmente el rumbo de mi vida. La vida me había llevado a ese lugar, no para quedarme aterrado en un rincón. Era la oportunidad de replantear, de renacer.

Lo primero, dejar de pensar en el ayer. Dejar el pasado en el pasado, mirar al horizonte en la búsqueda del nuevo sendero que seguir, dejar de pensar en lo pasado. Lo segundo soltar las cargas, las culpas, los rencores, las responsabilidades autoimpuestas que correspondían a otros. Ya es difícil recorrer el camino con las propias cargas, imaginen recorrerlo con las cargas de los demás.

Cuando levanté la mirada ante todas estas decisiones me di cuenta que el año estaba terminando, pero que estaba avanzando, quizá no al ritmo que hubiese querido, quizá  no con los logros que esperaba o las metas que pretendía alcanzar, pero estaba avanzando. Había logrado algunas, otras estaban empezadas. El camino al cierre de este año empezaba a tornarse en otros tonos.

Hubo decisiones dolorosas, personas que dejar en el pasado, sueños y esperanzas que solo representaban ataduras imposibles de librar, que era necesario olvidar. Y extrañamente estas decisiones y acciones, estas libertadas… abandonar la búsqueda desgastante de un culpable me había permitido pensar en soluciones.

Para muchos faltan unas pocas horas para cerrar el año y ya empezaron con el látigo a infligirse los castigos necesarios por no alcanzar las metas esperadas en este obscuro año que termina. Ya empezaron a juzgarse por los sueños no maternizados o las promesas incumplidas. Lo que no se dan cuenta es que solo fue otra vuelta al sol, pero todavía se pueden alcanzar esos sueños y esas metas.

Falta unas horas para terminar esta vuelta al astro que domina nuestro entorno, pero no para dejar de caminar en pos de alcanzar las metas proyectadas. Solo es el comienzo hasta lograr lo querido.

No es un cierre o un final, es un nuevo comienzo para continuar por el camino, avanzando al horizonte con los ojos llenos de esperanza, conscientes de que vamos a lograr, de que podemos alcanzarlos, salir de los escabrosos y llegar a tierras más placenteras. Solo hay que dejar de buscar culpables y soltar las culpas. Solo hay que caminar pensando en soluciones y esperanzas.


Feliz cierre de año para todos. 


Fuente de soda: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMG5xb1WxNP1vlLohe1R2b6ynuVt9ex2hzzibkxnm3L727Ng0L_XKE8gV8y8saT8ZBHsACdtDhVRUt3ZcM1vY9gQVd9gZjD8-lcu62ejNM2aTwMwMDYH8m7NiQ9OqNEiERDdXnEE7PueRC/s1600/oscuro-bosque-naturaleza-paisaje-31000.jpg

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Juventud ¿Divino tesoro?



El ilustre poeta nicaragüense Feliz Rubén García Sarmiento, mejor conocido como Rubén Darío,  dedico en una de sus bellas composiciones una estrofa a la juventud, pero desde la nostalgia, desde la tristeza de su pasar y el vacío que deja su ausencia. En el poema titulado “canción de otoño en primavera” da entender que la ausencia de la juventud es solo un cumulo de tristezas y desazones. Sin embargo, disertando un poco sobre el tema he querido plantear este interrogante, ¿es realmente la juventud un divino tesoro?

Todo esto surge a raíz de un dialogo con mi hijo mayor hace algunos días, en el cual me daba a entender que a mis 36 años ya estaba viejo y había muchas cosas que ya no podía hacer por el peso de tantas décadas sobre mis hombros. ¿Qué tal que supiera que son más de 700 décadas?... En fin, en su expresión y desde su análisis la juventud lo era todo, la vejez ya era la perdida de toda posibilidad de toda oportunidad, era tan solo el final de la vida.

En ese momento, y haciendo una breve remembranza de mi pensamiento a sus 15 años recordé cuanto anhelaba tener 30 o 40 y ser autónomo, tomar mis decisiones, vivir mi vida y alcanzar mis sueños. No digo que hubiera alcanzado todos los sueños que me proponía, pero sabía que quería avanzar, no quedarme en la juventud, por el contrario quería que esa etapa pasara lo más pronto posible.

Recuerdo mucho que uno de los dichos que más marco mi interés en llegar pronto a mis 40 fue el que mi padre me enseñó como de Winston Churchill “Quien a los 20 años no es comunista, no tiene corazón y quien a los 40 años lo sigue siendo, no tiene cerebro”. Recuerdo mucho que lo que más he querido siempre es distinguirme por ser inteligente, por ser alguien con gran brillantes y sabía que lo que realmente nos enseña, además de los libros y la escuela, es la experiencia.

Fue en esa etapa de reflexión que confronte a mi hijo con sus postulados ¿Qué tiene la madurez que envidarle a la juventud? ¿Cuál es el valor agregado de la juventud sobre la vejez y madurez? En ese momento su capacidad de raciocinio solo le permitió enfatizar en la fuerza y la resistencia física. Recuerdo que tan solo lo miré con cara de decepción y le dije:

La juventud es solo un cumulo de inexperiencia, una llenura de ignorancia y falta de razón. La juventud generalmente viene acompañada de la terquedad y la estupidez, como dicen los poetas, la estupidez de la juventud. La juventud siempre antepone la fuerza y lo físico a la astucia y la sensatez. La juventud son un cumulo de sueños sin acciones, sin razones, sin conocimientos y sin humildad. Y es que es tal la vanidad de la juventud que no se da cuenta de la importancia de escuchar la voz de la experiencia y termina repitiendo los errores de los que le hablaron.

En ese momento su respuesta, desde la arrogancia de la juventud fue: “te dolió que te dijera viejo”. Y con la típica sonrisa socarrona y llena de sarcasmo que a veces me caracteriza le respondí “A diferencia tuya, para mí, los años son éxito, por eso entre más tengo, más orgulloso me siento”. Para cerrar este aparte, basta con decir que al llegar al parque y mientras resolvía algunos sudokus me invitó a un reto, cuando le superé le dije que la experiencia y el conocimiento dan la fuerza que los músculos y la juventud no son capaces de alcanzar.

Y desde ese día he traído en mi cabeza ese concepto ¿Es realmente la juventud ese divino tesoro? Y después de todos los eones que he caminado por esta tierra disertando he llegado a una sola conclusión, al igual que los frutos verdes, el verdadero valor que tiene la juventud para el hombre es que es la mejor etapa para aprender, para absorber conocimiento, es el mejor momento para cultivar nuestros saberes y ejercitar nuestras capacidades, pero es solo eso, una etapa de aprender y reconocernos.

Pero la fuerza del hombre y la mujer se encuentra en su madurez,  en esa etapa donde el conocimiento y la experiencia se juntan para que pueda disfrutar al máximo de su realidad. Es la madurez la etapa climax del hombre ese pico donde se juntan la fuerza de la juventud y la experiencia, ese punto donde puedes juntar los sueños con las acciones y donde realmente, si tienes la voluntad, puedes alcanzar cada cosa y meta que te propongas.

Los años no son un castigo, tampoco una condena que entre más pasen más perdemos. Los años son fuerza, los años nos traen habilidad, conocimiento, experiencia. Sí, hay mucha gente que se pierde, se rinde, al mismo tiempo que hay jóvenes que se suicidan. Pero la madurez, la adultez son las etapas donde estamos listos para conquistar el mundo.

La edad no es solo un número, los años son un certificado de que has ganado un poco más de experiencia y que te espera mucho por alcanzar. Por eso, muy a diferencia de lo que muchos quieren, yo quiero seguir ganando experiencia, sabiduría, conocimiento y fuerza, fuerza en la voluntad para alcanzar mis sueños, y esta solo se logra con los años.

36 años o 7 eones, la edad que sea que tenga, quiero seguir ganando años y experiencia, seguir aprendiendo, caminando y alcanzando sueños. Porque la vejez o madurez no es para avergonzarse, es para enorgullecerse de todo lo que se ha vivido y de lo que falta por vivir.


Por tanto, para mi es en la madurez donde realmente está el divino tesoro y no la juventud.

Fuente:

jueves, 9 de noviembre de 2017

No soy de aquí, ni soy de allá



Uno de mis cantante favoritos, Facundo Cabral, título una de sus canciones más exitosas con el mismo título de este post “No soy de aquí, ni soy de allá”. Le letra de la canción es una invitación a no aferrarnos a nada, ni siquiera al terruño en el cual nacimos, a la edad o cualquier otro lazo que nos aleje de la capacidad de hermanarnos con los demás; pero sobre todo, la capacidad de alcanzar la felicidad en las cosas simples.

Fue entonces, al recordar y escuchar por enésima vez la letra de esta canción, que me puse a disertar sobre una de los afanes que más nos absorben como personas y como sociedad. Buscar a donde pertenecemos, de donde somos, donde debemos estar. Son muchos los momentos donde nos desgastamos por tratar de pertenecer a un lugar, a un grupo.

Incluso muchas veces tratamos de llevar la contracorriente a la “moda” de la sociedad como un mecanismo para encontrar a donde pertenecemos. Llevamos incluso a dejar de ser quienes somos, buscamos adaptarnos para lograr la “aceptación” de los otros y ser incluidos en un grupo y decir a vos en cuello “pertenezco aquí!”. Muchas veces en ese afán terminamos de rodeados de personas que, al igual que nosotros, solo tienen ese mismo afán de sentirse parte de algo.

En muchas otras ocasiones terminamos rodados de personas que nos manipulan y nos utilizan, y seguimos su juego con el único deseo de poder pertenecer a un grupo, a un lugar. Muchas veces aceptamos perder nuestra dignidad, nuestros sueños o nuestra libertad. Dejamos todo, incluso lo que amamos, para poder decir que hago parte de algo.

Yo, en muchos momentos de mi vida he perdido mi esencia, he dejado de ser quien soy y lo que me gusta, mi manera de ver el mundo con tal de recibir la aceptación de los demás. En el afán de pertenecer. Pero reflexionando un poco sobre eso y tomando como referente al ilustre Facundo Cabral, me puse a pensar que hay personas que no pertenecemos a ninguna parte.

Hay un grupo de seres humanos que pertenecemos al mundo, al universo, “no somos de aquí, ni somos de allá, no tenemos edad, ni porvenir…”  Que nuestro afán no debe ser buscar pertenecer a un lugar o estar rodeados de unas personas. Nuestra afán, un poco más egoísta pero altruista, es no pertenecer a ningún lugar. Nuestro afán debe ser, vivir, vivir el camino… solos o acompañados, siendo quienes somos… teniendo ese poco de todo, simplemente sin pertenecer a ningún lugar, pero sin rechazar ninguno.

Quitarnos las vendas de identidades segregacionistas y los afanes de pertenecer, de poseer o de estar incluidos. Preocuparnos solamente por ser, vivir y disfrutar de la vida. Recordar que lo más importante en el universo es el ser, no solo yo, todos los seres humanos. Que lo material es pasajero, y que la única aceptación y pertenencia que debo anhelar es la mía.

Es supremamente difícil, la pertenencia a un lugar para mí, no fue difícil de alcanzar, el hecho de que mi padre fuera de otra nacionalidad y yo no supiera nunca bien si era de aquí o de allá, me ha permitido no generar apegos a nacionalidades. Sin embargo hace unos pocos años sin darme cuenta genere el apego a una persona, no muy consciente. Y cuando la perdí… me ha significado noches largas, madrugadas y días de lágrimas, penas y amarguras.

Soltar, dejar ir la necesidad de ser parte de, de ser aceptado por, de pertenecer a un grupo o sentirse parte de algo, es el peor de los vicios, es la droga más destructiva y dañina que puedes encontrar. La forma más compleja de enajenarse de la realidad. Pero la búsqueda de nuestro verdadero significado, liberarnos de esos apegos te permite alcanzar la más grande de las felicidades.

Saber que eres libre, que no eres de aquí, ni de allá; que eres de todas partes, que el tiempo pierde significado, porque ya no hay edad. Y que el porvenir pierde influencia sobre nuestra tranquilidad, porque lo que importa es quien soy yo y ser feliz.

Yo he decidido trabajar en la búsqueda de esa libertad, de esa felicidad, he decidido  dejar de buscar la pertenencia a un lugar, a un grupo o a una persona. Soy de todas partes, me pertenezco a mí y quiero ser feliz es lo más importante. Y si en el camino alguien quiere caminar a mi lado, bienvenido… y si no Bon voyage!


Bueno, por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: https://pbs.twimg.com/media/B3tkdOTIAAAqqh3.jpg

jueves, 12 de octubre de 2017

Desintoxícate!!!


Siempre me ha llamado la atención lo atractivo que resultan las cosas tóxicas o dañinas, en los alimentos todo lo que hace daño, consume nuestros órganos o acaba con nuestra salud, termina siendo completamente dañino. El dulce, la grasa, el café, el alcohol… terminan siendo tan dañinos para nuestro organismo, pero ese componente autodestructivo que tenemos los seres humanos nos hace ceder ante sus perjudiciales encantos.

Lo más grave no es dejarnos llevar, es tratar de desintoxicar el organismo, este termina siendo un proceso lento, doloroso y a veces acompañado de ese tenebroso “síndrome de abstinencia” que en muchos de los casos nos lleva nuevamente a caer en la tentación. Es difícil decir cuál es el mejor mecanismo para limpiar el organismo, pero lo cierto es que es fundamental y necesario para tener una cómoda y satisfactoria vida.

Sin embargo, y en esta disertación sobre la desintoxicación, no voy a centrarme en los alimentos o los vicios, voy a hablar de algo mucha más tóxico, destructivo y atractivo, las personas tóxicas. Es mucho lo que se ve frente al tema y se escucha en frases de superación sobre alejarse de las personas tóxicas, de las que expelen veneno, rabia o amargura; pero de esas personas no es difícil alejarse.

Las personas más tóxicas y peligrosas son las que más atractivo nos generan, esas que al igual que una droga se van haciendo “necesarias” en nuestra vida, pero que poco a poco nos van consumiendo, nos van haciendo desaparecer y nos hacen olvidar quienes somos, que queremos y nuestros sueños. A veces pensamos que estamos bien, que son personas valiosas; pero si al terminar el día ves en tu corazón y solo sientes un vacío que te consume… muy seguramente te estas rodeando de personas tóxicas.

Es falso que que las personas tóxicas sean fáciles de identificar, que sean totalmente reconocibles, su actuación es como el de cualquier droga, se van haciendo necesarias en nuestras vidas, sin darnos cuenta ya no podemos vivir si no las tenemos, sentimos que la vida pierde significado sino están, pero a medida que el tiempo va pasando, cada vez es más difícil reconocerme en el espejo, cada vez tengo acciones que jamás habría hecho; y el vacío del corazón es tan profundo que hasta caminar se vuelve algo totalmente desalentador.

Las personas valiosas son las que nos retan, las que nos invitan a ser mejores, las que nos obligan a mejorar por nosotros, las que nos enseñan que no debemos depender de nadie; que tenemos que lograr las cosas por nosotros mismos; aquellas que nos enseñan a no ser conformistas.

Esas son las personas que valen la pena en nuestras vidas, las que no siempre nos dicen las cosas que queremos oír, pero en definitiva lo que necesitamos escuchar. Las que no se conforman con vernos bien, las que nos quieren ver mejor, pero sobre todo, las que nos enseñan que en la vida debemos aprender a crecer y alcanzar nuestros sueños, no por ellos o por otros, sino por nosotros.

Esas son las personas que debemos de buscar, y a diferencia de lo que pueden ser los alimentos u otras sustancias tóxicas, de las personas lo más conveniente es hacer cortes radicales, va a ser doloroso; ten por seguro que caerás en el síndrome de abstinencia, pero lo mejor que puedes hacer por ti, por tu vida, por tu felicidad y por tus sueños, es alejarte completamente de aquellos que solo traen toxinas a tu vida.

La decisión es tuya, yo por lo pronto he empezado el camino de identificar mis amistades psicoactivas para empezar a desintoxicarme y retomar la ruta que la vida y mis sueños siempre han querido para mí.


Ojalá hagas lo mismo.


Fuente imagen: http://wallup.net/gas-masks-abstract-radioactive/

martes, 3 de octubre de 2017

Aferrado al viento


Una de las sagas juveniles más famosas de los últimos años es la de los juegos del hambre, en la película hay un pequeño diálogo entre el presidente de ese mundo apocalíptico y el encargado de los juegos del hambre en relación con la esperanza. En ese breve dialogo el presidente expresa como en ocasiones el mayor mecanismo de represión puede ser, en ocasiones, un hálito de esperanza.

Es interesante como este pérfido personaje, pues es uno de los líderes megalómanos más perversos de la ciencia ficción, presenta a uno de sus subalternos como la esperanza, en una pequeña medida, termina siendo perjudicial para quienes la ostentan, como ese elemento añorado por todos y el cual todos agradecemos a Pandora no haber dejado escapar, a veces puede ser más perjudicial que benévolo.

Recordando este dialogo y algunas vivencias personales, me puse a disertar ¿cuándo es que la esperanza termina siendo perjudicial? Y dando mucho giros y rebotes sobre mis propios paradigmas relacionados con la esperanza, su bondad y beneficio para nuestras vidas, que llegué a un elemento en el que definitivamente termina siendo solo otro mecanismo de autodestrucción.

Ese elemento es cuando nos aferramos a nada, cuando la fuente de nuestra esperanza es solo una ráfaga invisible de viento, de nada. Cuando al igual que los ciudadanos de esta novela de ciencia ficción piensan que realmente alguno sobrevive a los juegos, cuando en realidad están muriendo todos bajo el yugo de un gobierno injusto.

Es ahí, donde la esperanza nos lleva a aferrarnos a nada, a un imposible, a algo que jamás va a pasar, pero que extrañamente nuestra mente nos suplica que no dejemos de esperar, que no dejemos de soñar con ese imposible que no dejemos de esperarlo, que algún día pasara, que no avancemos, porque quizá justo en el instante en que decida cambiar de camino pasará lo que tanto he anhelado… es ahí donde la esperanza es totalmente dañina.

Es ahí donde hubiese sido preferible que Pandora la hubiera dejador irse, porque es ahí cuando la esperanza solo se convierte en un veneno que mata tu alma y tu existencia lentamente, cuando te obliga a aferrarte a nada, a una columna de humo que cuando se disipe solo te dejará tristezas y amarguras por haberte esperanzado con la ilusión de algo que definitivamente tu mente siempre supo que jamás iba a pasar.

La esperanza no siempre es maravillosa, menos cuando nos exige esperar sobre ilusiones y nos aferra a momentos que nunca volverán, en esos momentos es mejor perder la esperanza, arrancarnos la ilusión de lo que estamos anhelando y comenzar un nuevo camino. No es fácil, definitivamente no es fácil, es lo más complejo y duro de nuestra existencia.

Es arrancar de nuestra alma y de nuestro pensamiento ese sueño que por un instante fue la fuente de nuestra existencia y decir, no más! Es levantarse, dejar ese ideal en el pasado y comenzar el camino hacia nuevos ideales, construir nuevas esperanzas sobre hechos y no sobre ilusiones.

Aceptar simplemente que no todo es alcanzable, que no todo es posible, que definitivamente siempre habrá cosas que no vamos a lograr por más “pensamiento positivo”, que hay cosas que no importa cuánto nos “programemos”, nunca las vamos a conseguir. Que hay objetivos, sueños y metas que simplemente son imposibles, y que como diría mi abuelo “es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto”

Cuando aprendemos a aceptar que hay cosas que simplemente no están bajo nuestro control, por no decir que todas, que lo más importante en la vida no es la esperanza, sino la aceptación, aceptar lo que tenemos, aceptar nuestros errores, aceptar a los demás y aceptar lo que no podemos hacer, entonces es mucho más fácil vivir… se sufre menos, se vive más.


Así que en definitiva, hay esperanzas que es mejor matarlas, porque de lo contrario nos matarán lenta y dolorosamente, hasta que en nuestros corazones solo hayan amarguras y sueños del pasado.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgtLTKl841kmLAybLVGqqm0kQcD2KlG7BpRYtmF2tVnM3BDI_gb2oHCimc1ZbGksCTug8UZ08-s2CFoRTnSSXvnxF5S7fpjcg36RAz10qbPyRCjESRegWXJt9zV8vbPdJBeHC6YOOzBGg/s1600/Hospital+psiquiatrico.jpg