Mostrando las entradas con la etiqueta Deseos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Deseos. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de enero de 2018

Una nueva esperanza




En 1977 se estrena la primera de las películas de una de las sagas de culto más famosas y con mayor número de seguidores de toda la historia del séptimo arte: Star Wars. Esta película posteriormente sería renombrada, en el año 1999, como “Star Wars episodio IV: una nueva esperanza”. Dándole coherencia con toda la trama de la historia que se reorganizó con las 3 pre-cuelas.

No es necesario profundizar en la temática de la película o de la saga completa, solo quiero disertar un poco sobre ese concepto “una nueva esperanza”. Son muchas las ocasiones o los momentos donde iniciamos poniendo todas nuestras esperanzas en el éxito de una empresa (de nuestro objetivo), pero si algo no resulta, si algo no sigue el plan o resulta siendo un rotundo fracaso, desfallecemos.

A veces ponemos “todas nuestras esperanzas” en un amor, en una amistad, en un trabajo o en una persona. Pero de repente las cosas no salen como queríamos, las cosas se truncan, aparecen los obstáculos y nos damos por perdidos, sentimos que todo fue en vano y pensamos que ya no habrá nuevas oportunidades y nuevos caminos. Que ya lo único que nos espera es rendirnos y aguardar la muerte en medio de la tristeza, el desespero y la descolocación.

¿Cuántas veces no decimos “no creo volver a sentir por nadie lo que sentí por esta persona” o “no creo que la pasión y la conexión que sentía con esa persona la vuelva a sentir con nadie más”? pero entonces la vida, de la forma más hermosa nos muestra cuan equivocados estamos y no invita a darnos cuenta que siempre, siempre, siempre… sin importar lo endurecido que estemos, depresivos que seamos, siempre habrá una nueva esperanza.

Y es que el inicio de este 2018 me ha puesto a reflexionar mucho sobre los sueños, las metas, las esperanzas y derrotas o fracasos. Y al igual que la película me doy cuenta que ponemos nuestra esperanza en algo y no resulta… pero entonces la vida nos presenta una nueva oportunidad. 2017 para mi representaba un camino una esperanza unos sueños. Pensaba que ahí estaba todo lo que tenía para ser feliz y que si lograba esas metas, autoimpuestas ese año, volvería a ser feliz.

El trascurrir del año empezó desastroso, por momentos vea cerca mi objetivo pero de repente volvía y se distanciaba, hasta que se perdió completamente. Pero la vida me mostro un nuevo camino, llegó como llegan las mejores cosas de la vida, sin darnos cuenta. Finalizando el año algunas prioridades y metas cambiaron. Las metas que me había puesto tomaron un nuevo rumbo y entonces me di cuenta que la vida me estaba presentando un nuevo camino, una nueva esperanza.

Este 2018, al igual que el episodio IV de esta legendaria saga, me ha presentado nuevos caminos, nuevos mensajes, nuevas prioridades hacia las cuales encausar mi vida. No siento que lo que no logré haya sido una derrota. Fue un aprendizaje necesario para reencausar mi vida y tomar decisiones encaminadas a alcanzar lo que realmente tengo que alcanzar, mi felicidad.

Tengo la certeza en este inicio de año que voy a trabajar por alcanzar las metas que me he propuesto, que voy a tomar las decisiones y hacer los seguimiento y mediciones para ver como cada día que pase cumplo con los objetivos que me he autoimpuesto. Pero también lo inicio con la certeza de que no importa si no los puedo alcanzar, que no importa si algún obstáculo resulta infranqueable, la vida siempre me podrá al frente “una nueva esperanza” una nueva oportunidad de ser feliz.

Porque sin importar cuantas cosas malas puedan ocurrir, sé que Dios, el Buki, el universo… como lo quieras llamar, está conspirando con un solo objetivo, que tu decidas alcanzar la felicidad que él tiene preparada para ti. Lo que pasa es que como todo, tenemos que pasar por procesos de formación y aprendizaje.

Así que mis queridos amigos, solo me resta desearles un maravilloso 2018 y…


¡Que la fuerza te acompañe!

Fuente imagen: https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/002/448/368/large/benoit-duroi-tatooine-reboot-0029-cam-004.jpg?1461853926

jueves, 10 de noviembre de 2016

Empezando el camino


Una de las acciones más difíciles de aprender es que debes seguir el camino, generalmente nos quedamos pegados al pasado y en especial cuando sentimos un alto grado de culpabilidad consideramos que debemos aferrarnos al pasado, no lo soltamos y lo vemos como una forma de castigarnos por los errores cometidos.

Mantenemos el frustrante sueño de que quizá, si las personas que lastimamos nos ven sufrir y que hemos cambiado, tomarán la decisión de volver a nosotros para mostrar que realmente estamos preparados y hemos aprendido, para mostrarles que los amamos, que los errores del pasado sólo fueron estupideces que hicimos en medio de una obnubílante idiotez.

Pero no importa las lágrimas que derramemos, no importan los pesares que vivamos, las depresiones en las que caigamos o lo suicidas que nos podamos sentir algunas veces, cuando la vida te dio una oportunidad y la dejaste pasar, ni reuniendo las esferas del dragón de “Namekusei” lograras que vuelva atrás.

Cuando las heridas que dejaste en los corazones son profundas, ten la certeza de que ni el tiempo las podrá cerrar. Es entonces donde debes aceptar que por delante tienes un camino… que lo que quedo atrás, por errores o aciertos, quedó atrás. Ya nada puedes hacer, ni siquiera teniendo la máquina del tiempo… ¿o no recuerdan el final de la máquina del tiempo de H. G. Wells?

Es entonces donde tienes que tomar la decisión de dejar de estar viviendo en el pasado, los errores y las heridas que hiciste ya no las puedes reparar, ya no hay como volver atrás, y por más que lo lamentes, el mundo sigue girando, los días siguen pasando y el tiempo no se detiene.

Así que solamente tienes un camino que tomar, seguir adelante empezar nuevamente la caminata, evaluar lo que hiciste y procurar cambiar para que esas heridas no las vuelvas a causar. Seguir el camino significa dejar en el pasado, lo que es del pasado, eso ya no lo vas a cambiar, trabajar en el presente, por lo que quieres lograr en el futuro.

Las oportunidades y personas que quedaron en el pasado ya no van a volver, esas ya quedaron atrás. Tienes que seguir caminando, procurar que los recuerdos no te hagan llorar y continuar. No hay otro camino, no hay otra forma de ser feliz, entender lo que tienes que mejorar, olvidar lo que debes dejar atrás y continuar.

¿Difícil? Es muy difícil, dejar sueños e ilusiones, amores y amistades,  simplemente levantar la cabeza, mirar al horizonte y decirte a ti mismo “Sigue adelante, te queda mucho por caminar” ¿Qué vendrá en el camino? Nadie lo sabe, quizá solamente sea un camino solitario.

O quizá te encuentres personas que compartan tu camino, o quizá encuentres una mejor forma de caminarlo, o quizá llegues a la meta antes de lo esperado… eso nadie lo sabe, lo importante es volver a emprender el camino, con la esperanza de que a pesar del pasado, este nuevo camino que estás construyendo traerá, al menos, un poco de tranquilidad y quizá, un poco de felicidad.

Pero sobre todo, no te quedes detenido pensando en lo que se quedó atrás, eso jamás volverá, y tú no puedes volver a él, así que duela lo que duela, sólo resta continuar.


Mira hacia delante y espera que cada día, cada milla, traiga paz a tu corazón.

martes, 8 de noviembre de 2016

De sueños frustrados


Estamos a solo 53 días de que se culmine el año, en mi caso uno de los más difíciles que me ha tocado superar, tanto económicamente, como social y emocional… y obviamente cuando el año va llegando a su fin, la acción típica de todos es sentarnos a evaluar cuantos de los sueños y metas que nos impusimos al principio de año se cumplieron.

Y obviamente, el resultado más generalizado que encontramos en estas maravillosas épocas del año, son quienes quieren en 53 días hacer lo que no hicieron en los otros 312 días… también nos encontramos los que por estas fechas solo están pensando en la percha y la rumba de diciembre, para el último día del año darse los golpes de pecho por lo que no lograron.

Por último se encuentran quienes a estas alturas del partido se encuentran totalmente frustrados porque esos sueños y metas ya no se cumplieron, se sienten impotentes, tristes y melancólicos porque el año pasó “sin pena, ni gloria”, porque piensan que en lugar de avanzar, retrocedieron, ¡porqué fue más lo que se perdió que lo que se ganó!

Y generalmente se vuelven peores jueces de sí mismos, que cualquier extraño, se sumen en sentimientos depresivos, se sienten incapaces de alcanzar cualquier cosa, sienten que su vida está destinada a ser perdedores, que para ellos no es la felicidad, ni el éxito, que la vida es una m…

Y se olvidan de algo importante, la única verdadera frustración en la vida es dejar de intentar, la única derrota real es quedarse tirados en el fango y sumidos en la tristeza y en su propia “autoflagelación”… solo cuando nos damos por vencidos estamos realmente derrotados, solo cuando dejamos de luchar, realmente hemos perdido, solo cuando dejamos de soñar es cuando realmente somos unos fracasados.

Lo cierto es que el cierre de un año no marca otra cosa que la finalización de darle la vuelta al sol, pero no marca tu capacidad o potencial, el cierre de un año no es más que el cambio de calendario, pero no significa que si no se alcanzaron los sueños o no se lograron las metas todo está perdido.

Todo lo contrario, cada día, cada amanecer, cada nuevo año, cada segundo que pasa en nuestras vidas es una oportunidad de volver a intentarlo, cada caída es una posibilidad de volver a levantarnos, cada derrota solo presenta una oportunidad de volver a empezar… No hay derrota mientras tengamos deseos de luchar, no final, mientras en nuestros corazones decidamos volver a empezar.

Es como aquella vieja frase que todo “gamer” (aficionado a los juegos de video) detestaba con mayor ahínco, pero que su significado es más profundo y optimista de lo que lo pensábamos… “Game over”… y es que cuando esta terrorífica frase aparecía en la pantalla, todos nos dábamos por vencidos, por derrotados.

Pero un día, cuando estaba enseñándole a jugar tetris a mi papá y salió la terrorífica frase en mi monitor, recuerdo su expresión “¿y cuál es el otro juego?”, recuerdo que lo mire y le dije perdiste, no hay otro juego; y el me respondió: pero es que eso significa otro juego, yo quiero mi otro juego.

Desde entonces deje de ver esa frase como una derrota, dejé de mirarla como algo negativo, como lo peor que me podía pasar y empecé a verla como un llamado a seguir, como una invitación a no rendirme, tenía una nueva oportunidad, tenía la oportunidad de volver a empezar y hacerlo mejor… no era el final, era un nuevo juego.

Aunque muchas veces nos cuente trabajo entenderlo, cada derrota, cada fracaso, cada caída, son solo una invitación a volver a intentarlo. Son una invitación a que lo volvamos a hacer, a que aprendamos de nuestros errores y digamos “aquí voy otra vez”, esta vez lo voy a hacer mejor, esta vez voy a entregarlo todo de mí.

Por eso en la evaluación que hagas de este cierre de año, cuando encuentres las cosas que no alcanzaste, los sueños que no cumpliste, no te des por vencido, el cierre de año es solo una oportunidad para volver a empezar, para iniciar nuevamente tu juego, para corregir los errores del pasado y volver a hacerlo… no es el final, es la oportunidad de un nuevo inicio.

Así que no dejes que la frustración y el sentimiento de impotencia te derroten, lo que no hayas logrado, tienes una nueva oportunidad de volver a hacerlo.

Game over, sólo es una invitación a que vuelvas a empezar tu juego.


Fuente imagen: https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2013/11/article_13838552164.jpg

viernes, 28 de octubre de 2016

Zombies de otra estirpe

http://www.vidanaturalia.com/wp-content/uploads/2014/09/depresion-tratamiento-natural-vidanaturalia.jpg

Hace algunas publicaciones hablé de un tipo espacial de "zombies" que encontramos entre nosotros, aquellos que solamente ven las cosas malas de la vida, aquellos que la amargura y el odio llena su corazón y su espíritu, y van destruyendo a su paso la esperanza en los corazones de las personas que "osan" cruzarse en su camino y que al igual que los personas del "séptimo arte" van en busca de nuevas victimas para que engrosen la larga lista de amargados.

Pero en esta "jugla de asfalto" nos encontramos con otra especie de "zombies" unos que no están interesados en convertir a nadie a su estado, pero que al mejor estilo de un muerto viviente van por la vida caminado sin corazón, ni esperanza. Respiran básicamente porque es un efecto reflejo del organismo y no tienen manera de controlarlo.

Sus ojos solamente ven obscuridad, sus labios sonríen como una acto incontrolable de la naturaleza, su vida a perdido toda razón de ser y de existir, pero a diferencia de los anteriores, estos simplemente, como seres inertes, desearían con todas sus fuerzas regresar el tiempo y volver a un tiempo en el que la vida tenía sentido, a una fase de su historia donde había un motivo para sonreír. Donde su vida no era solo tristeza y desolación.

Estos, mi querido lector, son los "zombies" del amor, aquellos que por su propia decisión perdieron el amor, que en un momento de descontrol o locura actuaron en contra de su propio bienestar y en ese camino soltaron la mano de aquella persona que los venía acompañando en el camino de la vida y cuando dieron la vuelta para volver a encontrarlo, el tumulto y la maraña de personas los hizo perder de vista su gran amor.

Van por el camino sin corazón, porque en una etapa de su historia lo entregaron por convicción propia, pero que sin darse cuenta, empezaron a deambular sin rumbo, sin destino y sin punto de partida. No encuentra satisfacción, ni emoción en aquello que antes les generaba alegrías. La vida se ha convertido solo en un castigo, una forma de pagar por los errores del pasado, esos que los llevaron a quedarse sin su complemento.

Generalmente no es fácil reconocerlos, pues en el afán de esconder su dolor, viven como el actor, desempeñando su papel con pasión y tragándose la frustración de saber que el pasado no se puede retornar y que el futuro solo depara más soledad.

Algunos son más osados y tratan de compartir su soledad con otro de la misma especie, pero esto solo ahonda el dolor de saber, que aquello que no solo se perdió, sino que también se descuido, no se puede remplazar. Y terminan sumidos en una soledad acompañada, que es mucho más terrible que la misma soledad.

La curación a esta infección es difícil de encontrar, son una especie que no busca dañar a nadie más, solo manterner sumida su tristeza como parte integral de su vida, quizá en algún momento puedan recuperar el sentido de la vida y recuperar aquello que perdieron por descuido y sin razón, a veces el corazón vuelve a nacer en el mismo lugar donde antes estaba, otras veces dan con seres que les comparten el corazón y vuelven a vivir.

Lo cierto, mi querido amigo, es que si te cruzas por el camino con uno de estos enigmáticos personajes, no trastes por la fuerza que cambie su estado, ni mucho menos trates de levantarlo de su melancólica situación, solamente brindale la mano, y permite que el tiempo y su condición actualizante lo lleve poco a poco a superar su situación, el tiempo dirá si la supera, o si se sigue consumiendo hasta simplemente desaparecer sumido en la tristeza.


miércoles, 13 de abril de 2016

Somos lo que hacemos

http://significado.net/wp-content/uploads/2015/03/Valiente.-Ilustraci%C3%B3n-e1426773847927.jpg
Todos en algún momento de nuestra vida hemos escuchado hablar de Aristóteles, uno de los grandes filósofos clásicos, muy conocido por haber sido uno de los educadores del gran conquistador Alejandro Magno (El Grande). Una de las frases que se cree que dijo declaraba "Somos lo que hacemos día a día; de modo que la excelencia no es una acto, sino un hábito", concluyendo que nuestros hábitos nos definen.

Algo más o menos que la famosa frase de una película muy taquillera "No importa quien seas en el interior, son tus actos los que te definen"... y es que disertando un poco sobre estas frases me he dado cuenta que nuestros discursos son muy bellos... nos llenamos los labios hablando de lo bueno que somos, de la excelencia de nuestras acciones personales y profesionales; pero cuando volteamos y vemos lo que hacemos cada día, vemos que muchas veces la excelencia y el profesionalismo es más un acto aislado que un hábito diario.

Siempre que vamos por la vida encontramos excusas para no actuar con la mayor excelencia y profesionalismo que nos debe caracterizar; por el contrario encontramos que muchas veces buscamos el atajo, la forma fácil y rápida de hacer las cosas, aunque esté más rodeada de mediocridad que de buenos factores. Y lo más cómico del asunto es que entre más trivial y personal sea la labor, más razones encontramos para no actuar con excelencia y profesionalismo.

Y entonces valdría la pena hacernos la pregunta, ¿si son nuestros hábitos los que nos definen y no lo que "decimos" ser, realmente somos excelentes?... obviamente es más una pregunta retorica. La realidad es que diariamente deberíamos realizar una evaluación de nuestras acciones, de nuestras palabras, de nuestros caminos y de nuestras respuestas, y revisar si estuvieron llenos de esa "superior calidad o bondad que los hace dignos de aprecio" o si por el contrario sentimos un poco de vergüenza frente a ellos.

Porque en muchas ocasiones sentimos el deseo de mejorar, de tener un mayor éxito, un mejor nivel de vida, alcanzar todos nuestros sueños; pero nos pasa lo del flojo, encontramos siempre una excusa para no hacer las cosas mejor... postergamos la decisión de ser excelentes, profesionales, de entregar lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos... "porque eso no vale la pena", pero al igual que la frase Einstein "... seguimos haciendo las cosas de la misma manera, seguiremos obteniendo los mismos resultados".

Solo hay un camino para ser felices, para levantarnos del fracaso y alcanzar el éxito, hacer la diferencia en el mundo, darle un poco la contraria a lo que hacen las mayorías mediocres o perversas (de lo malas que son) y es buscar la excelencia en todo, absolutamente todo lo que hacemos; no tratar de ser, sino ser completamente excelentes ansiando la calidad superior en cada labor que emprendamos.

Nada más satisfactorio que terminar el día y dicir, "hoy hice la diferencia, di lo mejor de mi en cada paso de mi vida". De esa forma darnos cuenta que realmente somos lo que hacemos... porque si nuestro hábito es entregar y hacer las cosas con excelencia, realmente seremos seres humano excelentes...

No te conformes con la mediocridad... entrega lo mejor de ti... Se lo que haces, se excelente.

martes, 12 de abril de 2016

Yo como digo una cosa, hago otra

http://www.laempresafamiliar.com/wp-content/uploads/coherente%20ef.jpg
Una de las frases que se le endilgan a Mahatma Ghandi es "Felicidad es lo que sucede cuando lo que piensas, dices y haces está en armonía"... Y es que en definitiva la sociedad se ha acostumbrado a vivir inmersa en viles mascaradas, donde constantemente estamos vendiendo lo que no somos, lo que no pensamos a otros con tal de ser aceptados, de ganar algo de reconocimiento o simplemente para sentirnos superiores a los demás.

Efectivamente muchas veces sentimos que es muy natural decir una cosa y hacer otra, continuamente lo hacemos, nos vendemos como bondadosos y sin embargo a la primera oportunidad que tenemos le damos una patada al necesitado. Hablamos del perdón y de continuar el camino, pero mantenemos nuestros rencores hacia los demás por décadas; teniendo siempre en la mente el dicho de "Yo guardo pan para cuando haya leche". Y para acabar de completar vivimos juzgando a los demás por su manera de vivir, pero es que la nuestra en el actuar es igual, aunque en el discurso sea diferente.

Es como tener un trastorno de identidad disociativo (múltiples personalidades) en el cual en una misma persona viven tres diferentes: la que piensa, la que habla y la que actúa. Pero lo más interesante es que nos acostumbramos a vivir en esta incoherencia de vida, se vuelve nuestro "Status Quo", a pesar de que nos mantiene amargados y aburridos, criticando todo lo que sucede en nuestro entorno, manteniendo siempre una intranquilidad interna, donde nada nos llena y nos dedicamos, en muchas ocasiones, a amargar a otros.

Algunos asimilan este estilo de vida por el deseo de ser aceptados en un grupo social, manteniendo mascaras en su rostro con tal que a quienes consideran superiores los acepten, esto los lleva a alcanzar unos niveles de infelicidad tales que llegará el momento donde no tengan ni la menor idea de quienes son, si el que piensa, el que habla o el que hace... porque se puede llegar a hacer cosas que nunca harían en su corazón, pero por ser aceptados se realizan.

Otros, se comportan así por su doble moral... todos los días los escuchas hablar (como la canción) de amor al prójimo, de sacrificio, de amor... pero cuando volteas a ver sus acciones y pensamientos (que de verdad se llegan a ver) son totalmente opuestos, siendo incapaces de seguir las enseñanzas que tanto dicen promulgar... al punto que no se pueden amar ni siquiera ellos mismos...

Sin embargo, aunque esta constante disyuntiva se vuelve un estilo de vida en casi todos los miembros de la sociedad en la que vivimos, de lo que podemos estar convencidos es que, aunque estén en su "Zona de confort" esto no quiere decir que sean felices... es imposible serlo cuando no tienes idea de quien eres. Y la realidad es que la única razón por la que estamos en este mundo es para ser felices... Ser felices pensando, hablando y viviendo armónicamente.

Hacer esto nos enseñara lo difícil que es ser coherentes y nos mantendrá lo suficientemente ocupados, como para no estar viendo como viven los demás, solamente disfrutando de hacer las cosas... como las pensamos y decimos.


viernes, 18 de marzo de 2016

Despertares


Generalmente cuando hemos luchado mucho tiempo para superar una situación o hemos caminado grandes distancias llega un momento donde nos sentamos y empezamos a adormecernos, poco a poco nos vamos quedando quietos, sin aliento. Sentimos internamente que lo intentamos todo, que ya no hay salida y muy internamente nos empezamos a rendir.

Sentimos en nuestro alrededor cierto confort, somos conscientes de nuestras dificultades y problemas, pero han sido tantas las batallas y las luchas; y tan pocas las victorias que la esperanza empieza a escucharse como una vieja conocida que no volvimos a ver, la recordamos en la distancia, pero no tenemos las fuerzas para ir a buscarla.

Me recuerda la historia de las ranas y el agua tibia y es que al igual que en dicha historia, donde la rana no siente el calor sino que se va quedando dormido, hasta que poco a poco queda totalmente cocinada sin darse cuenta, cuando los problemas nos afligen y las soluciones no surten efecto, poco a poco vamos perdiendo las energías y nos vamos adormeciendo.

Poco a poco los problemas se nos van convirtiendo en paisaje y se convierte en nuestra zona de confort, nos adormecemos, perdemos la fe y la esperanza de algún día salir de nuestras dificultades. Incluso llegamos a olvidar haber estado bien alguna vez y lo único que nos queda es el recuerdo y la culpa de las malas decisiones… nos vamos quedando dormidos… incluso muertos en vida.

Y entonces, lo único que realmente queda es despertar, levantarnos, tomar la decisión de no darnos por vencido. Saber que nadie podrá hacerlo por nosotros… Respirar profundo, tomar impulso y despertar. Quizá sean muchos los intentos que hayamos realizado e igualmente muchos los fracasos, pero nuestra valentía está en volver a intentarlo.

Levantarnos retomar fuerzas y recordar que los fracasos no son los que nos definen, son las veces que nos levantamos y volvemos a intentarlo. El éxito no se alcanza por estar sentados, lo alcanzamos cuando tenemos el valor de levantarnos y volver a luchar. Recordar que Edison logró inventar la bombilla incandescente después de 2000 fracasos (Aunque él siempre dijo que aprendió 2000 formas de cómo no hacer una bombilla).

Que Lincoln fue presidente de los Estados Unidos después de 10 derrotas electorales y es uno de los presidentes más amados y más recordados… cuando conoces estos ejemplos, te das cuenta que te falta mucho camino por recorrer para alcanzar el éxito… pero que lo único que necesitas es decidir levantarte…

Despierta, es momento de levantarnos y volver a luchar, no rendirnos, estoy seguro de que si nos comparamos con Edison o Lincoln, son muchas las derrotas que nos faltan para alcanzar el éxito.

viernes, 19 de febrero de 2016

Las causas de un ocaso


Desde que llegaron mis vacas flacas han sido muchas las voces de aliento, pero al mismo tiempo las voces de "revísate a ver qué estás haciendo" o "eso mínimo fue que mataste un cura", incluso las de "estas recogiendo lo que sembraste, mire a ver qué tiene que cambiar"... Son muchas las palmadas en la espalda, pero pocas las acciones reales de apoyo, sin embargo, las que nunca sobran son las críticas y los juicios de porque te puedes encontrar en medio de un ocaso o en medio de la absoluta obscuridad.

Y me puse a disertar porque inician nuestros ocasos económicos y emocionales, porque entramos a nuestros desiertos, no puedo negar que en muchas momentos las opiniones frente al fruto de nuestros actos nos deprimen y nos llevan a sentirnos como cuando Job recibe las visitas de sus amigos y lo hacen sentir como un soberano rábano, buscando cuál fue la palabra, cuál fue la acción o el momento donde se dijo algo o se hizo o se dejó de hacer para que todo se te pusiera en contra.

¿Cuáles son la causas de un ocaso? Y al igual que la historia del paciente Job llegue a la conclusión que no las hay, la única realidad es que pasan porque tienen que pasar, porque la tierra es redonda y en ocasiones da el sol y en ocasiones llega la obscuridad. Porque la vida es una un ciclo... Porque no siempre las cosas malas que pasan son palabras de castigo o por karma.

La vida da vueltas y espera que aprendas y te prepares, todo viene y se va. El sol sale para recordarte que la noche también vendrá y tienes que prepararte, abrigarte estar listo. Quizá no podamos negar que muchas de las cosas que nos pasan son consecuencias de nuestras acciones, que recogemos lo que sembramos, pero tampoco podemos negar que en la vida se viven ciclos, desiertos que nos recuerdan que existen los oasis.

Muchos nos tratan de juzgar frente a nuestros desiertos, es una forma coloquial de "al caído caerle" muy disimulada, nos volvemos jueces de la vida de los otros y los queremos llevar a que se den latigazos, pero lo cierto es que muchos desierto, muchos ocasos, quieren enseñarnos a fortalecer nuestra alma para que salga fortalecida, para que levantemos el corazón y digamos "esto también pasará", para que recordémos que  cuando el sol está fulgurante y el oasis rebosa de alimento también seran pasajeros.

Es cierto, los momentos difíciles son oportunidades de reflexión y aprendizaje, pero no sólo de lo que pasó, sino de lo que vendrá, de cómo debemos recibir los nuevos momentos con humildad y con cautela, consientes de que en el devenir de la vida podrán volver nuestros desiertos y que tenemos que estar preparados para recibirlos y también que cuando estemos opulentas no olvidemos tender una mano de apoyo a quienes no lo están.

Recuerda siempre que los ocasos no siempre tiene una causa derivada de tus decisiones, también son fruto de los ciclos de la vida, esto te enseñará a estar dispuesto a ayudar y a mantener la humildad... Recuerda "esto también pasará"

martes, 16 de febrero de 2016

Superficial y pasajero

http://definicion.de/wp-content/uploads/2013/02/Pasajero.jpg
Nunca he logrado definir porque nos volvemos superficiales, en que momento de nuestra vida dejamos de darle importancia a las cosas trascendentales como los amigos, la familia, los buenos momentos; el disfrutar las cosas simples como un partido en la cancha del barrio, correr bajo la lluvia, tomarse una gaseosa litro entre todos los que corrimos. 

Cuando convertimos el concepto de ser feliz en cosas complicadas, ropa de marca, autos presuntuosos, elementos exóticos y dejamos atrás las cosas que realmente valen la pena. Saber que no estas solo, que tienes personas con las cuales contar en los momentos difíciles. Que la próxima vez que te caigas habrá quien te tienda la mano.

Hay un minúsculo límite donde olvidamos lo trascendental y le damos importancia a lo superficial, a lo pasajero y dejamos atrás lo maravilloso de los pequeños detalles que tienen gran significado. Los que realmente marcarán nuestros recuerdos; esos que no están mediados por el dinero o los vienes, o por ridículos códigos que nos inventamos cuando "vamos madurando", para complicar las relaciones y llenar de superficialidad algo muy valioso, tanto que cuando eramos niños no permitíamos que una discusión nos distanciara, más allá de unos minutos.

Y es en este momento donde las relaciones han perdido su importancia, a lo superficial y pasajero le damos significados trascendentales e infinitos, y a lo realmente trascendental como el amor, la amistad y los momentos memorables, le damos un significado de pasajero. Nos llenamos de "motivos" cuando las personas no aceptan nuestras reglas de vida y nos imponemos porque nuestro estilo y nuestras cosas son valiosas y las de los demás no.

Preferimos lo pasajero, actuando en ocasiones como niños, pero a diferencia de ellos guardamos rencores "significativos" por motivos pasajeros, perdiendo lo valioso de la vida. Y hoy valoramos más lo material que lo inmaterial, las cosas, a los momentos y a las personas. 

Eso me hizo recordar la pregunta de un amigo, en vísperas de mi onomástico, y fue "¿qué quieres de regalo?"... Dándole vueltas supe lo que quería, disfrutar de una noche con mis amigos, con los que no tenga que ocultar lo que soy o vender una mascarada para ser aceptado, compartir con quienes me amen como soy y si nos vamos a algo material... un libro, que siempre recordaré que me lo dio un amigo en mi cumpleaños.

Dejemos atrás lo pasajero, no nos distraigamos con lo superficial. Lo importante, lo trascendental, lo realmente valioso es el amor, los amigos y los bellos momentos... esos que quedarán para siempre en tu corazón y en los momentos de aflicción te llenarán de felicidad...

lunes, 15 de febrero de 2016

Oh! Y ahora quien podrá defenderme!

http://www.aloalobahia.com/images/p/Desespero.jpg
Recuerdo que hace algunos años el grito desesperado y alarmante de "Oh! y ahora quien podrá defenderme!" era la señal para que de inmediato llegara en tu auxilio uno de los héroes más "sui generis" que han pasado por la pantalla chica, El Chapulín Colorado. Llegaba a ayudarte, rescatarte del problema y se retiraba una vez todo quedaba como debía ser.

Ahora bien, muchas veces parecía empeorar las cosas en lugar de arreglarlas y en últimas terminabas tu mismo solucionando tus problemas y hasta rescatando al pobre super héroe de pacotilla. Eso sí, todos sus movimientos siempre estaban fríamente calculados, así que terminabas pensando que todo lo había hecho él.

Lo triste en estos momentos es que te queda en el inconsciente la idea de que en esos momentos de miedo y desesperación alguien vendrá en tu ayuda, entonces levantas los brazos y gritas con todas tus fuerzas "Oh! y ahora quien podrá ayudarme"... pero nunca aparece un super héroe para sacarte de tus problemas, para ayudarte a volar sobre el pantano y continuar tu vida de forma tranquila.

Todo lo contrario, llegan todavía más problemas y más dificultades, y ni para que gritar, ni para que buscar ayuda porque sabes que nadie lo hará. Es más, muchos de los que estaban a tu lado repentinamente desaparecen, pues ya no hay ninguna razón para estar contigo, ya no eres nadie. Y con la muerte de la esperanza, mueren las fuerzas; ya no luchas, simplemente te dejas morir porque todo se ha terminado y no puedes con tantos problemas.

Tu esperanza murió con el último intento por salir de tus problemas que no te sirvió para nada, ahí también quedo tu espíritu. Las personas que pensabas que te podrían ayudar y que algunas vez lo hicieron, en esta ocasión salen de tu vida con una palmada en el hombro y una frase de cajón. Ya solo esperas que en algún momento te quedes dormido y no tengas que volver a levantarte, simplemente dejar este plano y ya... parar de sufrir.

Surge entonces una imagen de ese super héroe latinoamericano, el en realidad nunca ayudo, la verdad es que no le soluciono el problema a nadie. Su labor era siempre mostrarte que tú puedes salir de tus problemas, que solo vasta pensar que lo puedes hacer y lo logras. Que lo único que tienes que hacer es tomar una decisión.

Levantarte y decir "ok, se ha puesto difícil" pero nadie dijo que fuera a ser fácil. Y actuar, caminar, correr, hacer.... Actuar. Vivimos esperando la llegada de un mesías que nos soluciones todos nuestros problemas, que nos rescate como el príncipe azul a la princesa en apuros. Un Robin Hood que nos de alimento y enfrente al Sheriff de Nottingham... Queremos huir de nuestra responsabilidad de enfrentar y superar nuestros propios problemas.

Aquí o empiezas a luchar, tomas la decisión de levantarte de la cama, solucionar cada problema que aparezca. Recordar que los problemas no son otra cosa que oportunidades, oportunidades para conocer a las personas, para conocer mis propias fuerzas, para aprender y por supuesto, para crecer.

En medio de la desesperanza y la aflicción la solución no está en sentarnos a llorar, ni mucho menos en buscar o llamar un héroe que nos rescate. Está en levantarte y decidir luchar. Quitarte la sábana, salir de las cobijas y luchar.

La decisión es tuya, seguir llorando y lamentándote por los problemas que tienes o levantarte y LUCHAR, aprender y superar todo lo que se te venga encima.

sábado, 6 de febrero de 2016

El presente diario

http://seprin.info/wp-content/uploads/2016/01/MMM.jpg
Una frase que continuamente escuchamos pero que se nos vuelve frase de cajón es "El hoy es un regalo, por eso se llama presente"; Y es que muchas veces nos quedamos aferrados al pasado, bien sea en los éxitos alcanzados y en los triunfos del ayer, en una eterna melancolía de lo que hoy no somos o en los dolores del ayer, en lo mucho que me lastimaron y sufrí, almacenando rencores y amarguras; y no le damos espacio al presente.

Otras personas viven aferradas al futuro, a lo que sueñan, lo que van a hacer en 5 o 10 años, pasan horas enteras haciendo planes, no hay momento donde no estén ilusionándose con lo que van a hacer mañana o pasado. El futuro se vuelve una carga y una constante agonía porque nunca llega y los sueños se quedan en eso. Nunca hay tiempo para vivir solo para pensar en lo que puede pasar, podríamos decir que es una especie de avaricia de futuro, una acumulación constante de lo que se quiere; pero que nunca se ve llegar.

Y al final de cuentas ni en uno, ni en otro lado de la balanza estamos viviendo realmente, solo estamos inmersos en una continua amargura y desolación porque el pasado nos dejó muy marcado o porque ese futuro que soñamos nunca llega. Sólo se viven momentos dolorosos donde en medio de la soledad podemos sentir como las lagrimas fluyen, creemos que no hay nada solo recordar el pasado o seguir planeando el futuro.

Pero al final, dejamos de lado lo más importante, ese regalo que cada mañana recibimos: el ahora, el presente, el hoy. Cada mañana, cada salida de sol es un presente que debemos vivir, disfrutar al máximo y aprovecharlo para crecer, para actuar, no para quedarnos construyendo planes y sueños. Si en lugar de frustrarnos en lo que fue o en lo que no ha llegado, nos ponemos a trabajar con voluntad para lograr las cosas.

Levantarnos con energía, con voluntad de cambiar las cosas, con la fuerza de actuar y llevarlo a la práctica, los resultados serán diferentes. Debemos tener claro que el pasado fue el camino que nos trajo a donde estamos hoy y que bueno o malo, nos dejó aprendizajes y que el futuro no es más que el resultado de lo que haga hoy, seguramente disfrutaremos mucho más el vivir, tendremos una mirada más alegre de nuestra vida y seguramente seremos mucho más felices.

Es por eso que debemos aprender a disfrutar de ese regalo diario El presente, no te lo pierdas porque hay quienes si lo sabrán disfrutar.

domingo, 31 de enero de 2016

Va uno y faltan once

http://marcrivero.com/wp-content/uploads/2014/10/LOS-COMIENZOS1.jpg
Se termina el mes de enero, bautizado así en honor al dios Janus, conocido como el dios de las puertas, los comienzos y finales. Este mes es el primero del año, para los romanos desde el 713 a.C. y para casi todo el mundo desde el siglo XVI. El punto de partida para los caminos que se emprenderán el resto del año, el mes de los cambios, de los inicios y de los cierres. 

Han pasado 31 maravillosos días, en los que hemos tenido de la oportunidad de CAMBIAR hábitos y dejar otros atrás. Cerrar círculos en nuestras vidas y adquirir nuevos comportamientos para construir un nuevo yo. La oportunidad, como diría Einstein (un poco parafraseado), de hacer las cosas de forma distinta para obtener resultados diferentes.

Este mes que cierra debió ser el inicio de los cambios, el fortalecimiento de los buenos hábitos y la construcción de esa persona con la cual no me debo sentir avergonzado. Se puede decir que enero es un mes de la autoevaluación y el reinicio. Sin embargo, lo más importante es que como punto de partida no necesariamente define como va a terminar la carrera.

Por decirlo de alguna forma, tan solo acabamos de cruzar la linea de meta, nos esperan muchos días y muchos meses por delante. Lo que marcará la diferencia es la energía con la que hayas iniciado, la valentía, la constancia y la disciplina para trabajar en lo que quieres alcanzar y lo que esperas lograr.

Solo ha pasado 1/12 del año, no es momento para desanimarte o sentirte frustrado, todo lo contrario es el momento de tomar fuerza e impulso, pisar el acelerador a fondo y lograr todo lo que quieres obtener...

Faltan once y como siempre tienes dos opciones, sentarte a llorar por lo que no se hizo, caer en depresión porque no lograste lo que esperabas o por el contrario tomarlo con el impulso que necesitabas para meterle ganas fuerza y empeño en lo que falta por hacer. 

Como siempre, todo está en tus manos y en tu fe. No permitas que pase otro mes haciendo planes, ahora solo resta actuar.

lunes, 25 de enero de 2016

Justo aquí, justo ahora!

http://fotos0.mundofotos.net/2010/26_08_2010/angelito8111282835259/puesta-de-sol.jpg
Siempre que queremos lograr algo, iniciar un camino, alcanzar una meta o superar una dificultad, encontramos un pero para iniciar o una razón para desistir. Lo más común es encontrar un motivo para posponer, como dirían algunos conocedores "Procastinar", dejando siempre nuestras metas y deseos para otro día.

Obviamente, como todo en la vida es mucho más sencillo dejar las cosas para mañana, que empezar a hacerlas hoy, que empezar a hacerlo ahora. Encontrar los pretextos para abandonar nuestras metas, para darles un día más. Porque no mejor hacer el siguiente día, ese tendré más ganas, más energía, seguramente el sol iluminará mejor o hará menos calor y tendré muchos más deseos para lograrlo.

Nos obstinamos en pensar que un día más no importa o que quizá no sea el momento y vamos dejando todo; pero cuando nos damos cuenta la oportunidad se ha ido, el tiempo ha pasado o las energías ya no son las mismas. Naturalmente tendremos a la mano todas las excusas necesarias para defender porque no pudimos lograr lo que deseábamos...

Ciertamente si nos preguntamos si fue adrede, la respuesta será que no, ¿cómo vamos a luchar para no alcanzar lo que deseamos? ¿cómo es posible que yo mismo ponga trabas en mi camino? y siempre justificaremos de que fueron factores externos a nosotros; pero en realidad, en el fondo es que no lo hicimos por miedo, la cobardía nos inundó el alma para no actuar... es el miedo llenando cada parte de nuestro cuerpo llevándonos a desistir.

¿por qué?... Porque siempre será más sencillo desistir que fracasar, sino lo intento, jamás tendré que averiguar si habría podido o si habría fracasado; quizá la realidad es que sea un completo inútil, pero es mejor vivir con la duda desistiendo, que intentar y haber fracasado, comprobando que lo soy. Lo falso en estas premisas es que el temor no nos muestra que al no haberlo intentado, ya hemos fracasado y de la peor forma, será un fracaso del que no podemos levantarnos.

Al no intentar, al ir postergando cada cosa que queremos lograr en nuestra vida ya estamos fracasando, seremos unos fracasados para siempre y de los más tristes, de los que nunca quisieron hacer... porque cuando nos atrevemos, cuando nos lanzamos con valor a luchar por nuestros sueños, no hay fracasos, hay caídas, quizá retrasos, dificultades y tropiezos; pero cada uno de ellos será un aprendizaje para ir creciendo.

No dejes que tus metas se posponga y que tus deseos se queden en sueños, empieza aquí, empieza ahora.... el peor fracaso en la vida no es intentar, el verdadero fracasado es aquel que nunca luchó por lograr sus metas.

¿Qué excusa tienes para no empezar hoy?