Mostrando las entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de noviembre de 2023

NO FEAR

 


Hace algunos días viene rondando mi cabeza una conversación entre crítica y jocosa con una de las personas que más me ha influenciado en la vida para ser mejor, en esta crítica me acusaba de no tenerle miedo ni a Dios mismo con mis comportamientos, los cuales sin negarlo a veces cruzan la delgada línea de la valentía y se convierten en osadía.

Pero más allá de mis comportamientos osados o incluso, en algunos momentos, limitando con la irresponsabilidad; me quedé disertando frente al concepto del miedo. Esta no se puede negar que es una de las emociones más naturales y presentes en cada una de las etapas de nuestra vida. En las medidas justas es el factor fundamental para lograr nuestra supervivencia en los entornos más tenebrosos y en los escenarios más peligrosos.

Recuerdo mucho que una de las películas favoritas de mi infancia “aracnofobia” el personaje más “temeroso” y quien mayor precaución siempre mostró frente a los antagonistas de la película, las incomprendidas arañas, fue el único que al final lograr sobrevivir y derrotar a todo el ejército de octópodos que buscaban erradicar la vida en aquél apartado pueblo norteamericano.

Y entonces en mi disertación no podía dejar de pensar que en muchos casos, era evidente que el “miedo” en sus debidas proporciones, era realmente un medio para superar los más desafiantes peligros y lograr sobrevivir ante las pruebas más fatídicas que la vida nos presenta. Pero, como todo en la vida, cuando esta emoción supera los estándares necesarios para nuestra supervivencia, simplemente nos transforma en seres inertes que ya ni siquiera existen.

Cuando el miedo, nos embarga, cuando nos impide vivir, cuando incluso no lleva a olvidar la importante de la vida, como el amor, como la felicidad y nos relega a un estado casi vegetativo, es entonces cuando en lugar de brindarnos la sana protección de nuestra supervivencia, se convierte en una prisión de la cual solo la muerte nos podrá librar.

No hay argumento que nos convenza de enfrentar el miedo, no hay razón, ni lógica que nos lleva a dejar nuestros temores aún lado y avanzar, solo hay una forma de superarlo y es llenar nuestros corazones con dos emociones mucho más poderosas: amor y esperanza. Solo el amor y la esperanza logran neutralizar la fuerza que el miedo ejerce sobre nosotros.

Solo el amor de una madre la puede llevar a enfrentar una jauría por rescatar a su hijo, solo la esperanza de un mejor mañana nos puede motivar a dejar nuestros miedos y lanzarnos a emprender un nuevo camino. Así que, si queremos crecer, si queremos lograr nuestros sueños debemos enfrentar nuestros miedos, llenando nuestros corazones con todo el amor que podamos y toda la esperanza que nos queda y emprender el viaje por lo que queremos

En otras palabras, Como lo veo yo, el miedo en sus justas proporciones, pero el amor y la esperanza desbordando nuestras vidas.


domingo, 22 de octubre de 2023

Enfrentando el vacio



Hace algunos años en medio del proceso de superar una pérdida escribí un post lleno de desolación, desesperanza y desencanto: “La vacuidad” este tomaba como punto de referencia al nemesis que protagonizó la primera película de “la historia sin fin”. Era tan desolador, que al finalizar la única conclusión es que del vacío y la desolación del alma no hay escape, ni salida; solamente nos queda deambular por el mundo sin sentido, ni significado.


Hoy, unos años más tarde, con más experiencias, con nuevas pérdidas y nuevos aprendizajes, he querido retomar esta visión apocalíptica de la vida personal, que alimentaba con su pensamiento la visión desesperanzadora de la pérdida. El concepto de que la vida puede perder en alguna medida sentido ante un duelo. Cierto, durante ese instante nuestros ojos se llenan de sombras, nuestros oídos dejan de escuchar y nuestra piel deja de sentir.


Ante esta situación, ante esa visión llena de vacíos, donde consideramos que la vida ha perdido significado, que nosotros no tenemos nada, ni somos nada. Que nuestro corazón tiene un profundo hueco que absorbe cualquier intento de felicidad. ¿cómo enfrentarlo? ¿cómo superarlo? Lo primero que necesitamos, retomando aquel monólogo del gran Facundo Cabral, es darnos cuenta que todos nuestros sentidos se encuentran distraídos. Que nuestros ojos no están viendo, nuestros oídos oyendo y nuestra piel sintiendo. Que hemos permitido que ese desolador sentimiento se apodere de todo nuestro cuerpo.


Y al hacer evidente que nuestros sentidos están siendo obnubilados, manipulados o distraídos por algo quiere hacernos olvidar de la realidad, estaremos en capacidad de quitar ese velo que nos impide ver que la naturaleza nos puede hacer olvidar ese vacío. Que el sol del amanecer, la lluvia del atardecer o césped lleno de vida, nos recuerdan cada instante la magia de la vida. Que al hacer evidente que estamos distraídos, podemos destapar nuestros oídos para volver escuchar las sinfonías, las letras, las musas, las canciones y palabras que nos recuerdan que cada instante de vida es maravilloso, es mágico e inigualable.


Que al despejar nuestra piel, podemos volver a sentir las caricias de nuestros seres amados, quienes han sufrido al vernos distraídos anhelando el final de nuestra vida. Podemos volver a tocar, a palpar, a amar… a sentir el calor, el frío y la vida que nos rodea. Que al volver a despejar nuestros sentidos de todos esos distractores, nos daremos cuenta de que el vacío era solo una mentira. La vida, el amor y la felicidad siempre han estado a nuestro alrededor.


Por lo menos así lo siento yo.






 

sábado, 14 de octubre de 2023

¿Victimas de la entropía?

 


Una de esas tardes de caminatas interminables en búsqueda de respuestas ante la situación por la que me encontraba pasando, llena de abrojos, pero en general consecuentes con algunas desacertadas decisiones que había tomado en mi pasado inmediato y que reflejaban una búsqueda permanente de autodestrucción, me distraje con el humor nerdo de un diálogo proveniente de una de mis series favoritas:

  • ¿Cómo va tu vida?

  • Como la de todos, sujeta a entropía, decadencia y eventual muerte


Y entonces vino a mi mente la duda de si lo que estaba viviendo era simplemente algo que no podía modificar, que mi vida como la de todos está sujeta obligatoriamente al caos, a la entropía, a entrar en una decadencia interminable y que sin importar que pudiera hacer, en lugar de cambiar lo que estaba viviendo y generar un nuevo destino, solo estaba condenado a seguir cometiendo errores y cayendo cada día más en un pozo sin fin hasta simplemente llegar a la eventual muerte.

Pero como siempre, quise saber más sobre la entropía (esta ley filosófica y magnitud física) encontrando algo interesante, el origen de la palabra simplemente es evolución. Fue ahí donde caí en la cuenta de uno de los errores más comunes de nosotros, vemos el caos, el desorden y la entropía como procesos negativos, como determinantes que solo nos van a llevar a la tristeza, a la desilusión y la infelicidad.


Y no es así, son evolución, son la oportunidad de cambiar, de volver construir, de empezar de nuevo, de aprender de nuestros errores y mejorar en los aspectos que tenemos que mejorar. Siempre va a haber un pequeño elemento de caos y desorden, pero será el que nos abra siempre la puerta a mejorar. Sobre el éxito y lo construido, no se puede hacer nada. Se aprende del fracaso y se construye sobre las ruinas.


Cierto, hoy mi vida a los ojos de un observador despistado podría estar en ruinas, como la de muchos. Pero lo que no se da cuenta es que es lo que se necesita para poder construir, levantar nuevas edificaciones, nuevos sueños, nuevas metas, nuevos objetivos. Yo estoy empezando a construir sobre las ruinas de mis desacertadas decisiones pasadas, pero esta vez con la experiencia que no tenía, y con conocimientos que antes no había adquirido. 


Hoy veo en mis fracasos y en mis derrotas, las herramientas que necesito para edificar el objetivo que me estoy trazando y alcanzar las metas que me he impuesto. Así aprendí que no soy víctima del caos y la entropía, ellos son mecanismos para evolucionar y crecer y no para decaer. Bueno por lo menos así lo veo yo.


miércoles, 29 de enero de 2020

¿Qué nos depara el futuro?



Cada que un año termina y otro comienza, siempre surgen muchos temores y expectativas sobre lo que será y pasará ese nuevo año que comienza: ¿qué cosas buenas traerá? ¿qué penas llevará escondido? ¿cuántos sueños cumpliré?... o el peor miedo de todos ¿seguirá todo igual?

Y en este juego de temores y esperanzas, buscamos siempre jugar con cartas marcadas. Tratamos de conocer y predecir el futuro, muchas veces las personas buscan quien les diga que pasará. Se pagan miles y a veces hasta millones para tratar de prever el futuro, para saber que traerá y no seguir con la incertidumbre, sino caminar sobre seguro.

El problema es que en el afán de buscar que sucederá, metidos en el miedo de la incertidumbre y del temor de los sueños frustrados, nos quedamos paralizados, quietos esperando que algo extraordinario pase, que baje un rayo del cielo que no ilumine el camino y nos indique que hacer, que decisión tomar, que camino emprender… pero sin darnos cuenta el tiempo sigue su curso.

Y nosotros, inertes esperando que alguien nos indique el camino que debemos elegir, que nos lleven como cuando niños, como cuando alguien más tomaba las decisiones y elegía los caminos y nosotros solamente lo seguíamos. Vamos dejando que las cosas pasen, que el mundo y gire… y que nosotros en lugar de ser actores protagónicos nos volvamos solamente en víctimas de las circunstancias.

Lo triste del asunto es que la solución esta al alcance de lo único cierto, verdadero y tangible que tenemos: ¡El presente! Es en el presente donde construimos nuestro camino, es mirando en el hoy como podemos proyectar nuestro futuro, la única forma verdadera de predecir el futuro es hacer que ocurra (lo leí por ahí).

Solo cuando actuamos, cuando tomamos la decisión de tomar las riendas de nuestra vida y dejamos de esperar que otros, como por arte de magia, nos indiquen el camino. Cuando tenemos la valentía y el coraje de arriesgar, de avanzar, de transformar nuestros hábitos… solo cuando tenemos la certeza del cantante de que “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y empezamos a caminar con los sueños y objetivos que tenemos… solo en ese momento empezamos a construir nuestro futuro.

No es difícil, solo requiere perseverancia, tener el tesón para levantarnos ante cada caída, para ponerle frente a la tormenta… para transformar lo único que podemos transformar… nuestro carácter. Solo cuando decidimos construir nuevos hábitos, nuevas formas de hacer las cosas y nos lanzamos a experimentar nuevos caminos, sólo ahí empezamos crear nuestro futuro.

Como diría el ilustre profesor Emmet L Brown (al final de la trilogía de volver al futuro) “nuestro futuro no está escrito”, tenemos una hoja en blanco para empezar a escribirlo.

Así que, ahora que el primer mes de este nuevo año se acerca a su fin, nos quedan más de 330 días para escribirnos un año maravilloso, lleno de retos, de metas, da acciones por emprender, de hábitos por adquirir, de vicios por dejar y sueños por hacer realidad. Solo debemos tener la voluntad para caminar por nuevos rumbos y la valentía para enfrentar nuevos riesgos.

Ah… y la sabiduría para administrar nuestro tiempo.

En otras palabras, tenemos la oportunidad de “escribirnos el futuro que queramos” así que hagámonos un futuro bueno.

sábado, 22 de junio de 2019

Flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones




En medio de una conversación de amigos, en la celebración del onomástico de una de las mas queridas miembros del grupo, y en medio de la típica conversación de un grupo de adultos con la vida organizada y las metas en proceso de ser alcanzadas, Doña mamá le consulta a su hija cuales eran mis posesiones al respecto… y con la confianza que nos tenemos ella me dijo “cierto que tu como la canción “flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones”.

Y en el camino de regreso a mi casa, en esos silencios reflexivos que a veces se dan cuando no quieres hablar con el conductor del “Uber” me senté a hacer una retrospectiva de mi vida. Y después de 20 años de estar trabajando casi día y noche lo único material que poseo son unas cuantas mudas de ropa, un celular con la pantalla rota y unos audifonos bluethoot, porque hasta mi reloj es prestado.

Fue dura la reflexión ¿Qué he hecho de mi vida todos estos 20 años? Sin nada que me acompañe, sin nada que me sustente, más que unas cuantas deudas. La verdad es que, si como dice la canción “cuanto tienes, cuanto vales” en este momento les quedaría a deber, porque lo único que me acompañan son unas deudas con Bancolombia y Banco de Occidente.

La verdad es que si de algo estoy seguro, es que yo le prohibiría la junta a mis hijos conmigo y si tuviera una hija no la dejaría acercarse a mi… Definitivamente no soy un buen partido para nadie. De razón todas las mujeres con las que he estado tienen su locura, hay que estar tostado para enamorarse de mi y querer tener algo serio conmigo… no tengo absolutamente nada que ofrecer.

Y pensando que he hecho estos 20 años, sé que he cometido muchos errores… hablo de 20 porque es desde que empecé a trabajar. Durante este tiempo he cometido muchos errores, he sustentado muchos vicios y placeres, aunque también he ayudado a algunas personas. Y en este camino lo único que me ha quedado son cosas intangibles que no se pueden comprar o vender:

Tengo dos padres maravillosos que han tolerado todas mis locuras y siempre me han dado la mano, que se quitarían el pan de la boca para dármelo a mi, tengo una hermana hermosa que me ama y admira disque por inteligente, tengo tres hermosos hijos que hoy puedo decir que me aman y admiran sin tener motivos ni razones, tengo un grupo maravilloso de amigos que siempre me han dado la mano y con los que se que nunca me faltará una copa de vino, una cerveza o un plato de comida.

Tengo un cúmulo de aventuras y experiencias que algún día me atreveré a escribir… donde he conocido muchos ámbitos de la vida, desde almorzar en la misma mesa con el vicepresidente de la república, hasta estar sentado en un anden a las 3 de la mañana fumando un cigarro con un habitante de la calle sentado junto a mi.

He caminado todo lo que he podido, soy un poeta y escritor fracasado, un bohemio empedernido amante del arte y la buena vida, un optimista empedernido que siempre cree que todo será mejor mañana y creo que un buen amigo con el que siempre se puede contar.

Se que la vida no ha llegado a su fin, que hay cosas por alcanzar y metas que superar, nuevos caminos por andar y sobre todo nuevas cosas que vivir… no se si el día de mañana ya tenga posesiones materiales, se que quiero terminar mi maestría, seguir con un doctorado, pero sobre todo quiero seguir viviendo, aprendiendo, conociendo y enseñando.

Quiero seguir manteniendo el amor de mi familia, la admiración de mis hijos y el aprecio de mis amigos, quizá en otros 20 años tenga algunas cosas más, pero sobre todo quiero acumular más intangibles para mi vida, como que mi hijo de 17 años dejara su juego de video aun lado y me dedicara toda su atención mientras le hablaba de física, matemática, psicología e historia… y lugar de aburrirse me preguntara con el interés y la curiosidad de un niño de 5 años… fue simplemente hermoso.

No soy un buen partido como pareja… pero nunca será aburrido hablar conmigo… Feliz día para todos.

domingo, 20 de enero de 2019

Haciendo el camino



Una de las canciones que más me mueve en esos días de oscuridad es cantares de Joan Manuel Serrat, en ella se expresa con la voz de un poeta, que no hay camino, no hay ruta… se hace camino al andar, dejando atrás la senda que no se ha de volver a pisar.

Y en estos momentos donde el amanecer empieza a asomar, donde hay que emprender las rutas o caminos por seguir en este año que tan solo tiene unas horas de vida, es el momento de empezar a construir camino. Este es el momento de empezar a definir la senda sobre la que queremos caminar en los días que nos depara el porvenir.

Es el momento de construir los hábitos que queremos que nos identifiquen, de moldear nuestra carácter, de elegir los compañeros de camino y también de decir adiós a las acciones que ya no queremos repetir. Suena fácil, pero nada más complejo que dejar un habito destructivo o adquirir uno nuevo.

Todo esto requiere disciplina y la disciplina requiere doblegar nuestro ego, obligarnos a nosotros mismos a cambiar, es construir una senda donde no la hay, es abrir una trocha en un monte donde tienes que ir con el machete cortando ramas, pisando fuerte sobre el suelo para no resbalar y sobre todo con la mirada fija en el destino que queremos alcanzar.

Habrá raspones, habrá caídas, habrá lágrimas y muchos momentos de desconsuelo al sentir que no podemos avanzar, que no queremos… que es mejor continuar por la senda de lo conocido, retroceder en el camino y volver sobre los pasos caminados, en las zonas tranquilas de la seguridad y lo que conocemos… en esos espacios de confort.

Pero si queremos crecer, si queremos dejar huella la vida de quienes están a nuestro lado, si queremos ser algo más que una hoja al viento que va y viene sin rumbo definido, si realmente queremos pasar por esta vida ¡Viviéndola! Entonces tenemos que abrir nuevos caminos… tenemos que adquirir nuevos hábitos, cambiar, crecer, doblegar nuestro carácter para moldearlo en línea con lo queremos.

Solo entonces, abriendo esos nuevos caminos y siguiendo por esta senda que vamos construyendo es que nos daremos cuenta de lo que somos capaces, de la luz que podemos dar, de los comportamientos que podemos cambiar y del amor que podemos brindar.

No es fácil, pero nada que realmente valga la pena lo ha sido jamás… todo lo que realmente nos llena de satisfacción, algunas vez requirió de un sacrificio, de una entrega, de una lucha, de un aprendizaje.


Bueno, por lo menos, así lo veo yo.


Fuente imagen: https://huellasenelcamino.wordpress.com/2011/10/20/haciendo-caminos/

jueves, 18 de enero de 2018

Una nueva esperanza




En 1977 se estrena la primera de las películas de una de las sagas de culto más famosas y con mayor número de seguidores de toda la historia del séptimo arte: Star Wars. Esta película posteriormente sería renombrada, en el año 1999, como “Star Wars episodio IV: una nueva esperanza”. Dándole coherencia con toda la trama de la historia que se reorganizó con las 3 pre-cuelas.

No es necesario profundizar en la temática de la película o de la saga completa, solo quiero disertar un poco sobre ese concepto “una nueva esperanza”. Son muchas las ocasiones o los momentos donde iniciamos poniendo todas nuestras esperanzas en el éxito de una empresa (de nuestro objetivo), pero si algo no resulta, si algo no sigue el plan o resulta siendo un rotundo fracaso, desfallecemos.

A veces ponemos “todas nuestras esperanzas” en un amor, en una amistad, en un trabajo o en una persona. Pero de repente las cosas no salen como queríamos, las cosas se truncan, aparecen los obstáculos y nos damos por perdidos, sentimos que todo fue en vano y pensamos que ya no habrá nuevas oportunidades y nuevos caminos. Que ya lo único que nos espera es rendirnos y aguardar la muerte en medio de la tristeza, el desespero y la descolocación.

¿Cuántas veces no decimos “no creo volver a sentir por nadie lo que sentí por esta persona” o “no creo que la pasión y la conexión que sentía con esa persona la vuelva a sentir con nadie más”? pero entonces la vida, de la forma más hermosa nos muestra cuan equivocados estamos y no invita a darnos cuenta que siempre, siempre, siempre… sin importar lo endurecido que estemos, depresivos que seamos, siempre habrá una nueva esperanza.

Y es que el inicio de este 2018 me ha puesto a reflexionar mucho sobre los sueños, las metas, las esperanzas y derrotas o fracasos. Y al igual que la película me doy cuenta que ponemos nuestra esperanza en algo y no resulta… pero entonces la vida nos presenta una nueva oportunidad. 2017 para mi representaba un camino una esperanza unos sueños. Pensaba que ahí estaba todo lo que tenía para ser feliz y que si lograba esas metas, autoimpuestas ese año, volvería a ser feliz.

El trascurrir del año empezó desastroso, por momentos vea cerca mi objetivo pero de repente volvía y se distanciaba, hasta que se perdió completamente. Pero la vida me mostro un nuevo camino, llegó como llegan las mejores cosas de la vida, sin darnos cuenta. Finalizando el año algunas prioridades y metas cambiaron. Las metas que me había puesto tomaron un nuevo rumbo y entonces me di cuenta que la vida me estaba presentando un nuevo camino, una nueva esperanza.

Este 2018, al igual que el episodio IV de esta legendaria saga, me ha presentado nuevos caminos, nuevos mensajes, nuevas prioridades hacia las cuales encausar mi vida. No siento que lo que no logré haya sido una derrota. Fue un aprendizaje necesario para reencausar mi vida y tomar decisiones encaminadas a alcanzar lo que realmente tengo que alcanzar, mi felicidad.

Tengo la certeza en este inicio de año que voy a trabajar por alcanzar las metas que me he propuesto, que voy a tomar las decisiones y hacer los seguimiento y mediciones para ver como cada día que pase cumplo con los objetivos que me he autoimpuesto. Pero también lo inicio con la certeza de que no importa si no los puedo alcanzar, que no importa si algún obstáculo resulta infranqueable, la vida siempre me podrá al frente “una nueva esperanza” una nueva oportunidad de ser feliz.

Porque sin importar cuantas cosas malas puedan ocurrir, sé que Dios, el Buki, el universo… como lo quieras llamar, está conspirando con un solo objetivo, que tu decidas alcanzar la felicidad que él tiene preparada para ti. Lo que pasa es que como todo, tenemos que pasar por procesos de formación y aprendizaje.

Así que mis queridos amigos, solo me resta desearles un maravilloso 2018 y…


¡Que la fuerza te acompañe!

Fuente imagen: https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/002/448/368/large/benoit-duroi-tatooine-reboot-0029-cam-004.jpg?1461853926

lunes, 18 de diciembre de 2017

Así es la vida!


No tengo recuerdo desde cuándo, pero considero que desde que fue un éxito, la canción del grupo mexicano Elefante titulada como este post, se convirtió en mi himno. Todo el que ha tenido cercanía con mi vida desde el año 2001 para acá, sabe que esa canción la canto con fuerza, con pasión, con entusiasmo, como si mi vida dependiera de ello. ¡Así es la vida!

Durante muchos años no entendía porque una canción, que aparentemente presenta una decepción amorosa, y la cual hasta ese momento yo no había vivido, se convertía en un himno para mi vida. Toda una insignia que expresaba con la mayor de las alegrías posibles y que en cada mensaje o fiesta buscaba siempre cantarla y hacer su mímica a voz en cuello. Incluso la primera “caneca” que me gané en una discoteca por la mesa más alegre fue fruto de la coreografía de esta canción de la banda mexicana.

Solo hasta hace unos años alguien me hizo un breve análisis del porque esta tonada me generaba tanta felicidad. En el fondo de la letra, escuchando profundamente su significado y e interpretando la actitud de la historia narrada en la canción, esta representaba a alguien que vulgarmente definiríamos como un “importa culista” alguien que en definitiva siempre ve la vida con mucha frescura.

Alguien que sabe que la vida es “a veces negra, a veces rosa” y esto no lo trasnocha. Alguien que considera que hay momentos donde la vida “te quieta, te pone, te sube y te baja” y por eso puede navegar con una sonrisa, con una “botella” y con una canción cualquier momento de la vida. Desde el más triste, hasta el más feliz.

Al principio me pareció una crítica dura, ser yo un ser que no le da importancia a nada, que simplemente va por la vida viviendo y disfrutando, tanto de lo bueno y de lo malo, que a veces nada y otras, ni agua bebe. Pero que en cada momento de la vida siempre considera que “así es la vida”

Me sentí muy mal por verme reflejado en un ser tan superficial o tan mezquino. Pero divagando un poco más sobre el tema. Pensando en esa vida donde nada tiene tanta importancia como para distraernos de lo importante, donde en últimas nada es totalmente importante como vivir y disfrutar de la vida, siendo consientes de la que vida es una montaña rusa donde a veces estas arriba y otras estas abajo. Consideré que no era tan malo.
La vida en últimas está compuesta de buenos y malos momentos, de victorias y fracasos, de obtener y de perder. De decisiones y renuncias. Y entonces me di cuenta que nada de malo estaba en ver la vida con tanta frescura. Por el contrario, que la vida no es para verla con amargura o tristeza o desesperación. La vida es para disfrutarla hasta la última gota y si algo malo pasa “que me traigan más botellas”

Así que amigos, al mejor estilo de así es la vida, seguiré mi camino por esta via en la misma dirección, disfrutando a cada instante. Riendo, gozando, tomando y dejando. Viviré la vida con pasión y fuerza, sin darle transcendencia a tantas cosas que las personas le dan importancia, solo dándole importancia a vivir y a gozar… y que me apunten en la cuenta… si algo les debo.


Porque Así es la vida, de caprichosa!


Fuente imagen: https://huellasenmialma.files.wordpress.com/2014/05/path-of-life-to-the-sky-wallpaper__yvt2.jpg

viernes, 1 de diciembre de 2017

Un camino de obscuridad


Se acerca el cierre de otro año, el cierre de un ciclo, 335 oportunidades que vivimos para ser felices y alcanzar nuestros sueños (faltan 30 días todavía para ser 365).Y en este tiempo, no sé a ustedes, viví muchos momentos obscuros donde me sentía atravesando por un sendero tenebroso, escalofriante y deprimente. En muchas ocasiones tuve la intención de desistir, simplemente tirar la toalla porque no encontraba una salida a este espantoso sendero.

En muchas ocasiones me dí por vencido completamente, sabría que no importaba cuantos días transcurrieran yo iba a seguir atrapado en ese obscuro lugar. El pasar de los días, en muchas ocasiones, solo el recuerdo de las frustraciones vividas, de las rutas o caminos que por mi propia mano dejé que se cerraran ante mis narices. Incluso laboralmente iniciando el año me sentí afligido e insatisfecho.

Lo más angustiante en su momento fue buscar un motivo, una razón para todas estas problemáticas, cómo dirían algunos, el porque me encontraba donde me encontraba. Generalmente la búsqueda de esta situación me llevaba al mismo punto, era mi culpa, yo había sido el responsable de ingresar por ese camino, yo me había desviado y había permitido que todo se volcara por donde se estaba volcando.

En ese momento, y solo por un instante, le di la razón a quienes no creen en Dios, porque Dios no tenía nada que ver con las cosas malas que ocurrían o con las emociones que me afligían. Todo lo que estaba pasando en mi vida era solo la cosecha de los frutos que yo sembré en el camino. Cada cosa por la que estaba pasando era recoger lo que durante mucho tiempo había sembrado.

Pero esto, de nada sirvió, encontrar un responsable no me solucionó nada, eso no me sacaba de ese camino, no cambia el horizonte y mucho menos prendía una luz en la obscuridad para encontrar una salida próxima. Todo lo contrario me tenía aferrado a mi tristeza, me dejaba atrapado en pasado. La única solución que se me ocurría en ese momento era encontrar un camino a mi pasado y cambiar mi situación (Al mejor estilo de Marti Mcfly)

Efectivamente la sola idea de viajar en el tiempo a solucionar mis problemas solo lograba hacerme sentir más estúpido y enterrarme más en la melancolía. Era un año oscuro, con un camino aún más tenebroso que cualquiera de las cintas de terror que alguna vez vi en mi infancia. Y para acabar de completar, mi mente solo buscaba responsables. Tenía que haber a quien quién pagara por todo el infierno que estaba pasando. Pero ser la respuesta a la pregunta, me dejaba en el mismo punto donde había iniciado y ese no era el objetivo.

Era el más obscuro camino que había caminado en toda mi vida, 36 años o 700 eras… nunca había estado ahí. De repente, y recordando muchos de mis discursos profesionales, recordé una premisa que siempre defendí: ante un problema, no importan los responsables, hay que buscar las soluciones. Los responsables pueden esperar. Cuando el camino vuelva a su sendero, cuando todo retome las vías necesarias, ahí será el momento de hallar los responsables.

Y entonces en mi mente todo empezó a cambiar, lo obscuro del camino ya no me afectaba. Debía trabajar en las soluciones y no en la problemática, ni en los responsables. En mi mente cada cosa debía tomar un nuevo sentido y esfuerzo. Cada fuerza en mi ser debía estar destinada solo a una cosa, cambiar realmente el rumbo de mi vida. La vida me había llevado a ese lugar, no para quedarme aterrado en un rincón. Era la oportunidad de replantear, de renacer.

Lo primero, dejar de pensar en el ayer. Dejar el pasado en el pasado, mirar al horizonte en la búsqueda del nuevo sendero que seguir, dejar de pensar en lo pasado. Lo segundo soltar las cargas, las culpas, los rencores, las responsabilidades autoimpuestas que correspondían a otros. Ya es difícil recorrer el camino con las propias cargas, imaginen recorrerlo con las cargas de los demás.

Cuando levanté la mirada ante todas estas decisiones me di cuenta que el año estaba terminando, pero que estaba avanzando, quizá no al ritmo que hubiese querido, quizá  no con los logros que esperaba o las metas que pretendía alcanzar, pero estaba avanzando. Había logrado algunas, otras estaban empezadas. El camino al cierre de este año empezaba a tornarse en otros tonos.

Hubo decisiones dolorosas, personas que dejar en el pasado, sueños y esperanzas que solo representaban ataduras imposibles de librar, que era necesario olvidar. Y extrañamente estas decisiones y acciones, estas libertadas… abandonar la búsqueda desgastante de un culpable me había permitido pensar en soluciones.

Para muchos faltan unas pocas horas para cerrar el año y ya empezaron con el látigo a infligirse los castigos necesarios por no alcanzar las metas esperadas en este obscuro año que termina. Ya empezaron a juzgarse por los sueños no maternizados o las promesas incumplidas. Lo que no se dan cuenta es que solo fue otra vuelta al sol, pero todavía se pueden alcanzar esos sueños y esas metas.

Falta unas horas para terminar esta vuelta al astro que domina nuestro entorno, pero no para dejar de caminar en pos de alcanzar las metas proyectadas. Solo es el comienzo hasta lograr lo querido.

No es un cierre o un final, es un nuevo comienzo para continuar por el camino, avanzando al horizonte con los ojos llenos de esperanza, conscientes de que vamos a lograr, de que podemos alcanzarlos, salir de los escabrosos y llegar a tierras más placenteras. Solo hay que dejar de buscar culpables y soltar las culpas. Solo hay que caminar pensando en soluciones y esperanzas.


Feliz cierre de año para todos. 


Fuente de soda: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMG5xb1WxNP1vlLohe1R2b6ynuVt9ex2hzzibkxnm3L727Ng0L_XKE8gV8y8saT8ZBHsACdtDhVRUt3ZcM1vY9gQVd9gZjD8-lcu62ejNM2aTwMwMDYH8m7NiQ9OqNEiERDdXnEE7PueRC/s1600/oscuro-bosque-naturaleza-paisaje-31000.jpg

jueves, 9 de noviembre de 2017

No soy de aquí, ni soy de allá



Uno de mis cantante favoritos, Facundo Cabral, título una de sus canciones más exitosas con el mismo título de este post “No soy de aquí, ni soy de allá”. Le letra de la canción es una invitación a no aferrarnos a nada, ni siquiera al terruño en el cual nacimos, a la edad o cualquier otro lazo que nos aleje de la capacidad de hermanarnos con los demás; pero sobre todo, la capacidad de alcanzar la felicidad en las cosas simples.

Fue entonces, al recordar y escuchar por enésima vez la letra de esta canción, que me puse a disertar sobre una de los afanes que más nos absorben como personas y como sociedad. Buscar a donde pertenecemos, de donde somos, donde debemos estar. Son muchos los momentos donde nos desgastamos por tratar de pertenecer a un lugar, a un grupo.

Incluso muchas veces tratamos de llevar la contracorriente a la “moda” de la sociedad como un mecanismo para encontrar a donde pertenecemos. Llevamos incluso a dejar de ser quienes somos, buscamos adaptarnos para lograr la “aceptación” de los otros y ser incluidos en un grupo y decir a vos en cuello “pertenezco aquí!”. Muchas veces en ese afán terminamos de rodeados de personas que, al igual que nosotros, solo tienen ese mismo afán de sentirse parte de algo.

En muchas otras ocasiones terminamos rodados de personas que nos manipulan y nos utilizan, y seguimos su juego con el único deseo de poder pertenecer a un grupo, a un lugar. Muchas veces aceptamos perder nuestra dignidad, nuestros sueños o nuestra libertad. Dejamos todo, incluso lo que amamos, para poder decir que hago parte de algo.

Yo, en muchos momentos de mi vida he perdido mi esencia, he dejado de ser quien soy y lo que me gusta, mi manera de ver el mundo con tal de recibir la aceptación de los demás. En el afán de pertenecer. Pero reflexionando un poco sobre eso y tomando como referente al ilustre Facundo Cabral, me puse a pensar que hay personas que no pertenecemos a ninguna parte.

Hay un grupo de seres humanos que pertenecemos al mundo, al universo, “no somos de aquí, ni somos de allá, no tenemos edad, ni porvenir…”  Que nuestro afán no debe ser buscar pertenecer a un lugar o estar rodeados de unas personas. Nuestra afán, un poco más egoísta pero altruista, es no pertenecer a ningún lugar. Nuestro afán debe ser, vivir, vivir el camino… solos o acompañados, siendo quienes somos… teniendo ese poco de todo, simplemente sin pertenecer a ningún lugar, pero sin rechazar ninguno.

Quitarnos las vendas de identidades segregacionistas y los afanes de pertenecer, de poseer o de estar incluidos. Preocuparnos solamente por ser, vivir y disfrutar de la vida. Recordar que lo más importante en el universo es el ser, no solo yo, todos los seres humanos. Que lo material es pasajero, y que la única aceptación y pertenencia que debo anhelar es la mía.

Es supremamente difícil, la pertenencia a un lugar para mí, no fue difícil de alcanzar, el hecho de que mi padre fuera de otra nacionalidad y yo no supiera nunca bien si era de aquí o de allá, me ha permitido no generar apegos a nacionalidades. Sin embargo hace unos pocos años sin darme cuenta genere el apego a una persona, no muy consciente. Y cuando la perdí… me ha significado noches largas, madrugadas y días de lágrimas, penas y amarguras.

Soltar, dejar ir la necesidad de ser parte de, de ser aceptado por, de pertenecer a un grupo o sentirse parte de algo, es el peor de los vicios, es la droga más destructiva y dañina que puedes encontrar. La forma más compleja de enajenarse de la realidad. Pero la búsqueda de nuestro verdadero significado, liberarnos de esos apegos te permite alcanzar la más grande de las felicidades.

Saber que eres libre, que no eres de aquí, ni de allá; que eres de todas partes, que el tiempo pierde significado, porque ya no hay edad. Y que el porvenir pierde influencia sobre nuestra tranquilidad, porque lo que importa es quien soy yo y ser feliz.

Yo he decidido trabajar en la búsqueda de esa libertad, de esa felicidad, he decidido  dejar de buscar la pertenencia a un lugar, a un grupo o a una persona. Soy de todas partes, me pertenezco a mí y quiero ser feliz es lo más importante. Y si en el camino alguien quiere caminar a mi lado, bienvenido… y si no Bon voyage!


Bueno, por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: https://pbs.twimg.com/media/B3tkdOTIAAAqqh3.jpg

martes, 31 de octubre de 2017

Luz u obscuridad



Últimamente la sociedad de la inclusión, la sociedad de la aceptación de la diferencia y de las múltiples inclinaciones, esta sociedad de un pensamiento moderno y pluricultural está cayendo en una de las doctrinas más antiguas y destructivas que han pasado por el mundo. Nuevamente, como sociedad, estamos cayendo en la definición de los extremos, de los juicios de valor hacia el otro partiendo de dos polos.

Nuevamente estamos caminando por ese mundo donde solamente existen  dos extremos. O se es bueno, o se es malo; o se es luz o se es obscuridad. En esta sociedad moderna los seres humanos estamos perdiendo, por decirlo de alguna forma, la escala de grises. Nuestros juicios hacia el otro nuevamente se ven fortalecidas en esos personajes donde o se es la encarnación de la maldad o se es la bondad hecha sangre.

Y es que sin darnos cuenta volvimos a esa creencia filosófica de siglo II iniciada por Manes (Maniqueismo) donde solo hay extremos. Esa concepción donde se es maldad o bondad, donde no hay puntos medios. Durante más de X siglos esta doctrina inundó el mundo generando aún más odios y dolores, que bondades. Fue tal la popularidad de esta doctrina filosófica que inundo hasta los personajes de la literatura, creando aquellos grandes villanos llenos de odio y ansiosos de sangre, sin la más mínima de las penas.

Y aunque psicológicamente existan los famosos sociópatas o psicópatas quienes efectivamente siente placer ante el dolor ajeno, aquellos que su más ferviente necesidad es complacer sus deseos sin importar por encima de quien tengan que pasar (aunque parece la descripción de muchos), estos sociópatas no representan a toda la sociedad. La mayoría de los seres humanos no tenemos extremos, no estamos polarizados, tenemos cosas buenas y cosas malas.

Todos, exceptuando a los perversos, somos un matiz de grises claros y obscuros, nuestras acciones están cargadas de cosas buenas y malas, de sueños altruistas y acciones egoístas. Desde cosas tan sencillas como no estar con alguien por bienestar personal, aunque esa persona sufra, hasta ceder nuestra comida para ayudar a un necesitado que encontramos en la calle. Todos los días, todos los seres humanos hacemos cosas que demuestran nuestra humanidad, ese cumulo de imperfecciones que nos permiten disfrutar de la vida.

Pero hoy, el grupo de los pseudointelectuales, ha vuelto el camino hacia ese pensamiento segregacionista, a ese pensamiento polarizado donde no se puede llegar a acuerdos, ese pensamiento donde el que no piensa como yo es un perverso. Donde el que yo tilde de malo, simplemente no tienen nada bueno, solo es un ser perverso y sin un ápice de bondad.

Estamos volviendo a caminar hacia ese camino de odio, hacia ese camino donde no reconozco al otro como un ser humano con errores, ni con la posibilidad de crecer. Estamos en una sociedad donde muchos buscan que todos piensen igual, donde se está confundiendo respetar y aceptar al otro, con tener que hacer y pensar como el otro. Y las redes sociales se están convirtiendo en los canales para sembrar esa lucha entre los que tienen la luz y los que hacemos parte de la obscuridad.

Nos encontramos en una sociedad que está cayendo en el obscurantismo nuevamente, pero un obscurantismo de aquellos que fueron las víctimas y hoy son los victimarios. Donde levantar mi vos y emitir juicios destructivos hacia el otro es justificable, porque no hay puntos medios, solo se es luz u obscuridad.

Y pesar de que en mi formación se me habló siempre de los dos caminos, también siempre se me enseño que el otro es diferente, que el otro merece respeto. Yo nací creyendo en un Dios que no distancia personas, que las ama y se sacrifica por ellas, un líder que interactuaba con todos y que siempre enseñó que no hay nadie que sea digno de juzgar al otro.

Yo crecí creyendo que todos somos iguales, que todos cometemos errores, que todos podemos equivocarnos. Yo creo que los seres humanos no somos polos, no somos extremos. Yo creo que en la humanidad las cosas no son una simple disyuntiva entre bueno o malo. En todos hay un poco de ambas, en todos siembre hay algo de generosidad y egoísmo.

Que debo tener presente lo malo para no volver a sufrir con eso, pero que debo recordar lo bueno para valorar al otro. Que el hecho de que alguien piense diferente no lo hace mi enemigo, que el tener otro color de partido o equipo no nos pone en contravía. Pero sobre todo, que todos cometemos errores y siempre vamos a necesitar el perdón, cuando lo pidamos.


Por eso, para mí, no es solamente luz u obscuridad, también hay días nublados, dorados y rojizos, hay mañanas y tardes grises o plateadas. Y es en todas esas variaciones de la vida donde realmente está escondido lo maravilloso de vivir. Por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgZP04je_VItFH0rC954bP3Hf0fUm8Y5YyVrwZjxvV5CAsibArO_VOw9GjTo6S3W6w1b4f5KJhqE5LaMNMbctLba1fRqu_eD_HqCizG8VKINVDHd2fqA4uXp4hqrYQriChBuUX-dcM34J4/s1600/Maniqueismo.jpg

martes, 3 de octubre de 2017

Aferrado al viento


Una de las sagas juveniles más famosas de los últimos años es la de los juegos del hambre, en la película hay un pequeño diálogo entre el presidente de ese mundo apocalíptico y el encargado de los juegos del hambre en relación con la esperanza. En ese breve dialogo el presidente expresa como en ocasiones el mayor mecanismo de represión puede ser, en ocasiones, un hálito de esperanza.

Es interesante como este pérfido personaje, pues es uno de los líderes megalómanos más perversos de la ciencia ficción, presenta a uno de sus subalternos como la esperanza, en una pequeña medida, termina siendo perjudicial para quienes la ostentan, como ese elemento añorado por todos y el cual todos agradecemos a Pandora no haber dejado escapar, a veces puede ser más perjudicial que benévolo.

Recordando este dialogo y algunas vivencias personales, me puse a disertar ¿cuándo es que la esperanza termina siendo perjudicial? Y dando mucho giros y rebotes sobre mis propios paradigmas relacionados con la esperanza, su bondad y beneficio para nuestras vidas, que llegué a un elemento en el que definitivamente termina siendo solo otro mecanismo de autodestrucción.

Ese elemento es cuando nos aferramos a nada, cuando la fuente de nuestra esperanza es solo una ráfaga invisible de viento, de nada. Cuando al igual que los ciudadanos de esta novela de ciencia ficción piensan que realmente alguno sobrevive a los juegos, cuando en realidad están muriendo todos bajo el yugo de un gobierno injusto.

Es ahí, donde la esperanza nos lleva a aferrarnos a nada, a un imposible, a algo que jamás va a pasar, pero que extrañamente nuestra mente nos suplica que no dejemos de esperar, que no dejemos de soñar con ese imposible que no dejemos de esperarlo, que algún día pasara, que no avancemos, porque quizá justo en el instante en que decida cambiar de camino pasará lo que tanto he anhelado… es ahí donde la esperanza es totalmente dañina.

Es ahí donde hubiese sido preferible que Pandora la hubiera dejador irse, porque es ahí cuando la esperanza solo se convierte en un veneno que mata tu alma y tu existencia lentamente, cuando te obliga a aferrarte a nada, a una columna de humo que cuando se disipe solo te dejará tristezas y amarguras por haberte esperanzado con la ilusión de algo que definitivamente tu mente siempre supo que jamás iba a pasar.

La esperanza no siempre es maravillosa, menos cuando nos exige esperar sobre ilusiones y nos aferra a momentos que nunca volverán, en esos momentos es mejor perder la esperanza, arrancarnos la ilusión de lo que estamos anhelando y comenzar un nuevo camino. No es fácil, definitivamente no es fácil, es lo más complejo y duro de nuestra existencia.

Es arrancar de nuestra alma y de nuestro pensamiento ese sueño que por un instante fue la fuente de nuestra existencia y decir, no más! Es levantarse, dejar ese ideal en el pasado y comenzar el camino hacia nuevos ideales, construir nuevas esperanzas sobre hechos y no sobre ilusiones.

Aceptar simplemente que no todo es alcanzable, que no todo es posible, que definitivamente siempre habrá cosas que no vamos a lograr por más “pensamiento positivo”, que hay cosas que no importa cuánto nos “programemos”, nunca las vamos a conseguir. Que hay objetivos, sueños y metas que simplemente son imposibles, y que como diría mi abuelo “es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto”

Cuando aprendemos a aceptar que hay cosas que simplemente no están bajo nuestro control, por no decir que todas, que lo más importante en la vida no es la esperanza, sino la aceptación, aceptar lo que tenemos, aceptar nuestros errores, aceptar a los demás y aceptar lo que no podemos hacer, entonces es mucho más fácil vivir… se sufre menos, se vive más.


Así que en definitiva, hay esperanzas que es mejor matarlas, porque de lo contrario nos matarán lenta y dolorosamente, hasta que en nuestros corazones solo hayan amarguras y sueños del pasado.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgtLTKl841kmLAybLVGqqm0kQcD2KlG7BpRYtmF2tVnM3BDI_gb2oHCimc1ZbGksCTug8UZ08-s2CFoRTnSSXvnxF5S7fpjcg36RAz10qbPyRCjESRegWXJt9zV8vbPdJBeHC6YOOzBGg/s1600/Hospital+psiquiatrico.jpg

jueves, 7 de septiembre de 2017

Todo un fracaso


Una de las cosas que me enamoran de enseñar o dictar una cátedra (como lo quieran llamar) es que cada vez que estoy frente a un grupo de estudiantes termino aprendiendo algo, ósea, en mis clases al menos una persona aprende. Este aprendizaje llega a mí cuando quiero llevarlos a un razonamiento, al final me logro dar cuenta de que muchas cosas que he dejado en el olvido, me pueden ser muy útiles en ese preciso instante.

Así paso hace unos pocos días cuando hablando sobre un tema sin importancia empecé a hablar sobre el fracaso, ese concepto al que todos le tenemos miedo, algo así como el coco para los adultos, basta con nombrarlo y todo se nos oscurece. Fracaso… no hay expresión que nos genere mayor temor que pensar que podemos ser unos fracasados o que quizá ya lo somos.

Y entonces en esas disertaciones que se den enfrente de un grupo de desinteresados, en mi mente empecé a buscar que era realmente el fracaso, donde radicaba realmente ese tenebroso termino, cual era realmente la razón por la que nos sentimos devastados si alguien tan siquiera insinúa que nosotros somos unos fracasados.

Primero me fui por la línea más fácil, fracasar es equivocarnos, cometer errores no hace fracasados. Es la visión más fácil, pero en ese orden de ideas, todos seríamos fracasados. Todo el que esté vivo y haya querido lograr algo se ha equivocado a cometido errores y generalmente más de los que quisiera aceptar que ha cometido.

Encontrar la perfección entendida como la omisión del error o el éxito persona o profesional sin haber perdido, cometido errores o haber tenido algunas cuantas quiebras, creo que no tiene precedentes en la historia, por lo menos en la historia que yo conozco. Los más grandes han cometido errores, en todas las líneas del conocimiento o del desarrollo profesional o personal.

Entonces, ¿qué es fracasar? Y me empecé a ver que el verdadero fracaso es no avanzar, que el verdadero fracaso no es cometer errores o sufrir derrotas, el fracaso es no ser capaz de sobreponerse a una perdida, no avanzar, no evolucionar. Somos un ser diseñado para querer crecer, para avanzar, para superarnos a nosotros mismos, salir de nuestra zona de confort y lograr grandes cosas.

Pero, los miedos, las tristezas, las derrotas, las perdidas nos distraen de lo que es realmente importante. Los amores perdidos, los fracasos económicos, las noticias trágicas, nos llevan a alejarnos de la “realidad” a buscar un placebo que nos distraiga, nos aleje, nos adormezca y dejemos de crecer y evolucionar, aprender.

Y es entonces cuando hemos llegado al fracaso, es ahí donde realmente somos unos fracasados, cuando no podemos ver una salida, cuando no podemos ver un futuro… cuando solo vemos tristezas, cuando no queremos seguir, cuando solo nos queremos quedar tirados… es ahí donde perdimos nuestra esencia.

Estancarnos, no mejorar y sobre todo, perder la capacidad de creer que yo puedo hacerme una buena vida y salir de esa zona de confort que me oxida y me impide mover… ese es el mayor de los fracasos.

A veces nosotros mismos nos imponemos esa frustración, nos aferramos al dolor, a la culpa, a la perdida, a la derrota y al error para no continuar avanzando, porque siempre será más sencillo ser un fracasado que un triunfador.

Porque siempre es más fácil tirar la toalla, que levantarse y continuar luchando por lo que queremos. Sin embargo hay algo importante de tener en claro, lo más atractivo del fracaso es que nunca viene solitario, no hay lugar con mayor compañía para el ser humano que el fracaso… pero de eso hablaré en otro post.

Ser un triunfador a veces viene solo, requiere tener humidad para aceptar los errores, pero valor para volver a enfrentar la vida, para volver a tomar decisiones que puedan generar triunfos o derrotas, pero siempre que me levante y vuelva a intentarlo y avanzar, no seré un fracasado, seré un triunfador en proceso. Y sobre todo, sabiduría para saber cuándo  cambiar una decisión.


Así que no lo pienses más, sal de tu zona de confort, sal de ese estado de fracaso, lucha, esfuérzate, camina… no es fácil, pero es realmente gratificante.

Fuente imagen: http://www.runners.es/media/cache/runners_all/upload/images/article/746/article-10-consejos-para-superar-el-fracaso-58b6c99a29182.jpg