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sábado, 3 de agosto de 2019

Insatisfacción desoladora




Hay momentos de nuestra vida donde como diría el poeta “solo abrojos nuestra planta pisa” donde cada paso que damos parece llevarnos cada vez más a un abismo del cual creemos no encontrar salida. Donde todo es solo oscuridad y tristezas, pero la fuerza y la esperanza nos ayuda a superarlos y salir de ellos.

Y otros momentos donde la vida nos sonríe, donde cada paso que damos nos ayuda a crecer y superar las dificultades. Donde cada decisión, cada acción son un camino al éxito que siempre hemos querido. Sin embargo, por extraño que parezca, a veces en ese camino de rosas se oscurece nuestro corazón.

Es sumamente extraño como caminando en ese camino donde deberíamos sentirnos completos y triunfadores, sentimos un vacío existencia, algo nos falta, nos sentimos todavía incompletos… es una insatisfacción desoladora, queremos más y no sabemos que es lo que queremos. Y buscamos como llenar ese vacío con lo que creemos que nos puede llenar.

Recurrimos a las pasiones, los vicios, los espacios superficiales donde al estar rodeados obligatoriamente tenemos que sonreír, donde obligatoriamente tenemos que mantener una careta de felicidad, pero por dentro solo encontramos una vacuidad que jamás se logra satisfacer.

No importa que tengamos el éxito profesional o laboral que deseamos, que incluso tengamos el dinero que nos sustente nuestras necesidades y gustos, algo hace falta, algo no nos permite sonreír con honestidad. Al mejor estilo de Garrick, nos pintamos una sonrisa pero en nuestro interior solo hay una desolación abrumadora que no logramos sanar.

Buscamos la soledad, los espacios donde nos podamos sentar aislados para alimentar esa desolación con nuestro constante pensamiento, y nada, absolutamente nada nos llena de felicidad. Y las pasiones que usamos como placebo, para superarla, solo logran incrementar más ese vacío existencia.

Pero ese no es el camino, entre más nos llenemos de superficialidades y placebos, solo estamos empeorando la situación. Es entonces donde en lugar de pensar en las ausencias y carencias, debemos voltear la mirada a todo lo maravilloso que nos rodea. A todas las bendiciones que la vida nos está otorgando.

La solución es cambiar nuestra actitud infantil de exigir y empezar a agradecer, agradecer a Dios, a la vida, al universo… a quienes nos aman, a quienes nos acompañan para darnos su amor, por caminar sobre este mundo tomados de la mano. Dejar de pensar en la vacuidad y pensar en todo lo que tenemos, en todo lo que esta a nuestro alrededor, no dar el espacio a que en ese camino de distracción perdamos eso que teníamos por pensar en lo que no tenemos.

Como solía decir el gran Facundo Cabral, no estas deprimido, estas distraído, distraído de la vida que te rodea, de la naturaleza, del amor, de las personas que te aman… de las cosas maravillosas y estás prestando atención a un vacío inexplicable, porque es solo eso, un espacio que será llenado cuando dejes de mirarlo y te concentres en lo mucho que tienes.

Solo entonces te darás cuenta de que ese gran cráter en tu existencia emocional se cerrará con la llenura de tu gratitud.

Por lo menos así lo veo yo.

lunes, 29 de octubre de 2018

Camino de tristezas


Quienes hayan tenido el gusto de conocerme y compartir mi camino, en algún momento de la vida, saben que uno de mis hábitos más marcados es caminar. Una amiga siempre expresa que «camina más que el profesor Moncayo», y es que para mí el caminar es una forma de liberar el espíritu, de alinear los chacras o liberar energías… al caminar generalmente me desconecto de la realidad y simplemente voy disfrutando del camino, del aire, de las nubes y de las estrellas.

Pero últimamente, en determinadas rutas que han sido caminos recorridos, rutas que antes compartía y que era un hábito, casi diario, recorrerlas en su compañía, hoy se han transformado en un martirio. Hoy al recorrerlas son solo un cumulo de recuerdos de viejas lunas y un Sol que quema mis entrañas. Un cumulo de pesares de tristezas.

De tristezas del presente que se alimentan de alegrías del pasado, alegrías que colmaron mi alma y alimentaron mi espíritu, pero alegrías que la fuente que las alimentaba hoy no está presente, hoy no comparte esos caminos, no comparte esas rutas y al deambular por ellas solo quedan los ecos de las risas, los aromas del pasado. Hoy solo quedan los suspiros y las lágrimas.

Un camino de recuerdos, de sueños frustrados y esperanzas fallidas que llenan de amargura el corazón, enconan el espíritu con anhelos de venganza, de venganza contra el artífice de esta tristeza, contra el único culpable de que esos caminos hoy solo sean fuente de tristeza, contra el responsable de que las risas, las miradas y los besos, de los que aquellos caminos fueron cómplices, hoy solo sean espinas en el corazón que desangran la alegría y llenan de tristeza.

Solamente sueño con levantar la mano y acabar con ese malvado ser que trunco mis sueños, acabo mis esperanzas y frustro mis metas… contra mí.

Y con todo lo que quiera, con todo el tiempo que quede por delante, sin importar cuantas lunas y soles pasen, esos siempre serán caminos de tristezas, esas siempre serán rutas de dolor, de recuerdos, porque esos caminos siempre estarán en mi andar y porque conmigo siempre los caminará el culpable de mis lágrimas.

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Quien soy?



Uno de los actores de acción que siempre me ha dejado fascinado con sus películas es el gran Jackie Chan, el corte de humor en sus actuaciones y las acrobacias dan un enfoque diferentes a sus películas. Una de ellas tenía por título la misma frase de este post “Who Am I?” ¿Quién soy yo?, la historia se desenvolvía, entre acción y comedia, a través de las aventuras de un personaje que había olvidado por completo quien era.

Recordando esto y divagando un poco sobre la realidad en la que me encuentro actualmente, en medio de una caminata de las que acostumbro acompañar mis disertaciones, me puse a pensar en la respuesta a esta interesante interrogante. Se supone que filosóficamente esta palabra no tiene una respuesta certera, porque no importa cuántos años alcancemos a trasegar por este plano de la existencia, nunca llegará el momento donde puede establecer quienes somos.

Hasta hace algunos meses yo tenía casi que la absoluta de certeza de saber quién era, sin caer en las típicas frases de cajón donde las personas hablan de su profesión, de sus capacidades o de sus experiencias. Hay quienes incluso se definen a sí mismos como un nombre, un apellido o un abolengo. Pero la realidad es que no tienen idea quienes son.

En mi realidad yo tenía claramente definido quien era, que quería, que soñaba, cuales eran mis capacidades y sobre todo, lo que no quería ser. Estaba inmerso en el absoluto afán de ser aceptado por mis semejantes, aplaudido; porque no, admirado. Siempre me esforcé por ser el mejor en todo lo que hacía, para que mi público me llenara de aplausos y ovaciones. Todo era tan absolutamente claro, mis sueños, mis metas, mis ideales, mi manera de ver la vida y mi manera de vivirla.

Todo absolutamente lleno de egocentrismo y egoísmo, no había nada más importante en mi vida para mí, que yo mismo. Alguien alguna vez me hizo ver cuán equivocado estaba, como todo lo que tenía o creía poseer, porque aquí entre nos, la realidad es que jamás posemos algo; las cosas llegan a nuestra vida en préstamo y cuando no las sabemos administrar se van. Entonces la vida, el Buki, Jebus, Jesús… llámalo como lo quieras llamar… me dio una gran lección, sino eres humilde, no eres nadie.

Entonces lo perdí todo, todo absolutamente todo, la mujer que amaba terminó en manos de un ser humano que nunca consideré superior a una cucaracha, para golpear un poquito mi ego. Las amistades me dieron la espalda, a excepción de unos, que nunca superarán los dedos de una sola mano.

Perdí mi público, todos los que me aplaudían, admiraban y amaban, se habían ido. Solo quedamos mi ego y yo. Entonces decidí cambiar dejar de pensar en mi ego, dejar de buscar los aplausos y la aceptación de otros. Caminar por mi, porque lo que soy, por lo que quería. Pero entonces me encontré con otro pequeño dilema.

Después de haber dejado mi ego de lado, mis anhelos de aceptación, mi búsqueda de sobresalir y recibir los aplausos, llegue a una conclusión… No sé quién soy. A veces me levanto con la esperanza de encontrar un sentido, una personalidad, un carácter, una fuerza, un horizonte, un norte… algo que me ayude a encontrar quien soy y entonces empezar a caminar hacia donde quiero llegar.

Al perderlo todo, fue todo, me perdí yo mismo. Solo quedó, como en unos post atrás, un inmenso vacío. Llegó en punto donde realizó cosas que yo JAMÁS hubiera hecho, porque yo no era así… el problema es que ahora, no sé quién soy, así que muy seguramente ese que soy ahora tal vez haría esas cosas o tal vez no.

Y entonces llegó la pregunta ¿cómo me puedo reconocer? Y la respuesta llegó tan rápido como la pregunta, No hay que reconocer o reconstruir, no hay que pegar o unir, simplemente no hay nada… unos recuerdos, unos conocimientos, unas cuantas normas de convivencia por ahí… entre tanto desorden no sé dónde están mis metas, ni tampoco mis sueños.

Y al igual que el personaje de la historia que empezó a caminar para saber quien era… me dí cuenta que solo tengo una salida, emprender un camino, un nuevo camino para encontrar quien soy o, dicho de mejor forma, para construir un nuevo yo. Solo en la oscuridad de este frio asfalto, en la soledad del camino sin rumbo puedo volver a construir un carácter, una personalidad.

No se que tan bueno sea, muchos dicen que empezar de cero es el mejor camino para lograr cosas buenas, mi abuelo siempre dijo que es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto. Pues en mi caso, voy a tener que construir un hombre nuevo, de la nada, solo yo, el camino y las sombras… esperar que el tiempo me permita construir un buen ser humano.

Así que mis queridos amigos, a veces la contestación de esta pregunta requiere no solo que mires en tu interior, a veces requiere que te construyas … que te enfrentes, te confrontes y camines… solo en el camino te darás cuenta quien eres o quien puedes ser.


Cuando sepa quién soy les estaré contando.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0KrdaBG2cN02DISH-XgAi7xBoAaNdCsMivFSX2TfasqbGScs50EP4mKEbE6CaMUjr6w9kNJACrdi6SZmeYoNTvMUj9yEghHqIdJKIJv9jw1RpcjoN7ZoFO31gpaOJFQltA-v7biYfTAw/s1600/Descargar+Pack+Espectaculares+fondo+de+paisajes+(409).jpg

jueves, 27 de julio de 2017

La vacuidad



Una de las películas que más me gusto en mi infancia tenía uno de los títulos más sugestivos para un niño soñador “la historia sin fin” yo, un infante lleno de sueños e ilusiones, que le gustaba montarse cuentos en la mente y armar grandes e imaginarias historias sobre lo que podía hacer, al mejor estilo de Calvin y sus sueños, al ver esta película fue como que me hubieran leído la mente, una historia sin fin, una aventura constante… wow… era todo un sueño.

Obviamente, como en toda gran historia siempre había un némesis, un personaje fiero destructor de todo, el más tenebroso de todos los grandes archienemigos que un súper héroe pueda imaginarse… y no era el lobo Gmork, no. El ser malvado de esta maravillosa aventura era aún más temible, más destructor, más difícil de derrotar… La vacuidad, la nada, el vacío… como lo quieras llamar.

Es realmente fantástico, fascinante como el escritor de este clásico de la literatura moderna se inspiró tan profundamente para crear tal destructivo, malvado y enigmático ser de maldad. Y lo más bello de todo es que no tiene forma, entonces ¿Cómo lo combates?... el vacío, la vacuidad y su capacidad de destrucción del ser.

No hay duda alguna, sea en el mundo de la fantasía o en la realidad que tanto nos agobia, no hay ser más temible (por llamarlo de alguna forma) que la vacuidad… ese vacío que se apodera de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestra vida. Esa terrible sensación de sentirte totalmente vacío, desesperanzado, desanimado… esa sensación de no saber qué quieres.

Esa terrible desolación que llena tu alma cuando sientes que puedes estar rodeado de muchas personas, pero en últimas estas completamente solo, que eres un 0 a la izquierda y en cualquier momento puedes faltar y nadie notará tu ausencia, porque tu presencia nadie la nota.

Ese vacío agobiante y tenebroso done nada parece tener significado ni trascendencia, donde lo has probado todo y nada te da significado, nada te da energía, nada, absolutamente nada te da sentido u orientación para elegir un camino. Simplemente vas caminando por la vida porque tienes la obligación de hacerlo, porque según parece ese es tu único objetivo, llenar un espacio vacío en el universo, pero no sabes cómo estará más vacuo, si contigo o sin ti.

Es totalmente destructivo el vacío, acaba con todas las esperanzas y como solo sientes la desolación, la nada no tienes como combatirlo. No es un ser tangible que puedas enfrentar, no es algo que puedas insultar y mandar a la mie…. O darle unos buenos azotes y superarlo. No es un vicio que puedas combatir y dejar.

Por el contrario, ese nada en el corazón y el alma te llevan a no disfrutar, ni siquiera los vicios te dan satisfacción como solían hacerlo, por el contrario parece que ese profundo vacío en tu corazón no te deja sentir más que la desolación de tu alma.

No hay sueños, no hay esperanza, no hay ideales, no hay nada… absolutamente nada, no hay deseos, no hay fuerza… solo un infinito vacío sin sentido, hasta la vida pierde su aroma.

Definitivamente es el ser más malvado y destructivo de todas las historias que te puedas encontrar, lamentablemente, aunque en la novela se podría combatir con la imaginación y los sueños, cuando se ha apoderado de tu alma no hay sueño que logre acabarlo, simplemente te conviertes en un ente vacío que va caminando por la vida, sin sentido, sin dirección, sin emoción, sin vida.

Fuente imagen: http://www.mataifu.org/ftp/20160427063614_eje-vacio.jpg

martes, 31 de enero de 2017

Amar sin ser amado


Hace algunos años viendo una de las primeras películas de Cantinflas (Aclaro que no la vi en estreno, luego dicen que estoy viejo) En un dialogo con el humorista que le hacia la contraparte, le preguntó el uno al otro: “¿Qué tiempo del verbo es amar sin ser amado?”. Y el otro le contestaba: “Es perder el tiempo”.

Era evidentemente un dialogo conducente a generar que el público se doblara de la risa frente a tan interesante afirmación… amar sin ser amado es perder el tiempo… lo interesante es que muchas veces vamos por la vida pensando en la misma postura. Vamos por la vida dándonos garrote por haber sido tan “ilusos” de estar enamorados solos, perdiendo nuestro valioso tiempo.

Lo cierto es que, disertando un poco sobre el tema, amar sin ser amado no es perder el tiempo, el problema es que la mayoría de las veces que creemos estar enamorados, hemos confundido nuestros sentimientos, a veces solo sentimos admiración por el otro, otras simplemente nos hemos apegado al otro.

En muchos de los casos creemos estar perdidamente enamorados, pero el sentimiento de fondo que hay en nuestro corazón, es una posesión sobre el otro, como sobre un objeto. Pero no es amor, es un sentimiento en el que quiero que el otro me haga feliz, me ame como yo quiero, actúe como a mí me interesa… piense como yo pienso. Vea el mundo a mi manera, desde mi perspectiva… pero lo más importante “Me HAGA muy feliz”.

Obvio como en todo hay sentimientos muy interesantes, compromiso emocional, agradecimientos y admiraciones que se confunden con el amor. Generamos compromisos emocionales y sedemos, y sedemos, hasta que llegan las tormentas. Y entonces, en medio de la tormenta todo se acaba… y es cuando escuchamos frases tan profundas como “El amor se me acabó”, "nunca me amó como yo lo amé".

Pero es entonces donde todo se descubre, el amor no se acaba, el amor no tiene fin, no se remplaza; el verdadero amor es como el que le profesa una madre a su hijo o un padre a su hijo… es eterno, no tiene fin, no tiene condición. El verdadero amor es totalmente incondicional. Se ama porque en el corazón nació el más puro de los sentimientos, aquel que es capaz de dar la vida por otro.

Aquella emoción basada en la razón y en la decisión de compartir el resto de la vida con otro ser humano. Aprender y crecer juntos. El amor no es tan egoísta que busque solo el crecimiento de uno… sí, cuando se piensa solo en uno, sin importar que sea el otro, también es egoísmo. Porque cuando las cosas no “Funcionen” podré decir que yo lo hice todo y el otro no. El amor se vive en pareja, no en individuos.

El amor puede soportar cualquier dificultad, el amor puede perdonar cualquier error, el amor puede superar cualquier obstáculo. Pero sobre todo el amor nos enseña a ser grandes, humildes, bondadosos. El amor no espera su beneficio únicamente…

Entonces llegué a la conclusión de que amar sin ser amado, no es perder el tiempo, porque lo cierto es que cuando logramos amar de verdad, de corazón… cuando aprendemos que hemos decidido amar a alguien por encima de cualquier cosa, cuando decidimos amarlo con todas nuestras fuerzas… el hecho de que ese amor no sea reciproco no es condición para seguirlo amando.

El simple hecho de amarlo se vuelve la más grande satisfacción, así esa persona no nos ame… por el contrario, amar siendo amado es la más hermosa de las casualidades, cruzarnos en la vida con alguien que me ame y que yo ame será lo más hermoso del mundo.

Lamentablemente el verdadero amor solamente se da una vez en la vida, porque cuando decides amar a alguien, es como cuando decides amar a tus hijos, tú ya no decides dejar de amarlo… lo amarás por el resto de tu vida, en tu corazón decidiste amar a esa persona y eso no va a cambiar.

Así que ten cuidado a quien decides amar, porque esa es una decisión para toda la vida… el amor no tiene fecha de vencimiento. Se ama para toda la vida.

No te desanimes, quizá encuentres personas con las cuales te sientas bien, pero cuando amaste de verdad… será definitivo.


Bueno, por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggsxyzPp_FuOBFWauyQ1C-v3r2KfMYDj1cMGK8J9T0evYeIXyKitP_okCarKaH8rFDeIF1bdHdcPpjY0utjVMBnMjv3Qwc9AcdWC-u1ybvUJvVDgoByv6bcd2XY960luA9sMJ4goMI-5Y/s1600/amor-imposible-amando-ex.jpg

martes, 3 de enero de 2017

Decisiones


Una de las primeras canciones de salsa que me gustó (Y debo confesarlo que, a pesar de ser caleño, no soy muy salsero) fue precisamente uno de los éxitos de Ruben Blades que lleva el mismo nombre de este post. La canción, que estoy seguro todos la conocen, relata una serie de situaciones en la vida donde las decisiones marcan un factor fundamental en cada paso de nuestras vidas.

De hecho el estribillo de la canción cita “decisiones… cada día, alguien pierde, alguien gana… decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y en este pequeño coro de la canción relata la realidad de las decisiones en nuestras vidas. Cada que tomamos una decisión, alguien pierde o alguien gana.

Deteniendo un poco mi disertación en esta parte del estribillo, la realidad es que querámoslo o no, cada vez que tomamos una decisión alguien pierde o alguien gana, podemos ser nosotros o puede ser otro, algo tan sencillo como enviar una hoja de vida y obtener un empleo; esa decisión llevó a que otra persona, quien también concurso, perdiera ese empleo seguramente.

Cuando estamos en una calle y abordamos un taxi, y alguien más adelante lo necesitaba, nuestra decisión llevó a que esa persona perdiera esa “oportunidad”. El motivo de estos ejemplos nace porque muchas veces la razón para no tomar una decisión, es el miedo a “lastimar” a otros y lo cierto es que cuando otro no pierde… lamentablemente perdemos nosotros.

A veces la bondad en nuestros corazones nos lleva a retrasar decisiones porque tenemos miedo de hacerle daño a alguien y la realidad es que por sencilla que sea la decisión, siempre, siempre… alguien pierde y alguien gana… el problema es que cuando nosotros perdemos, estamos poniendo en juego nuestra felicidad.

Siguiendo con la canción, la otra parte del coro cita “decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas” y lo bello de esta parte es que contiene otra gran verdad de la vida. Las decisiones nos cuestan todo, nos pueden costar una vida de felicidad o una vida de tristeza.

Una decisión tan simple como verte con el amor de tu vida, con el cual te encuentras distanciado, una noche intrascendente de lunes, sin un motivo, sino una charla superflua o verte con tus amigos de farra, los cuales puedes ver cualquier otro día del año; puede significar entre reconciliarte con el amor de tu vida o vivir largas noches de pena pensando que debiste haber acudido a esa cita, en lugar de estarte azotando contra las paredes por haber perdido la mejor mujer del mundo.

Las decisiones nos cuestan todo, la felicidad, el éxito o el fracaso, un sí o un no, por insignificantes que parezcan, nos pueden cambiar la vida de la noche a la mañana… “Salgan y hagan sus apuestas” perderás o ganaras con la siguiente decisión que tomes…

Y aunque la canción nos invita a pensar que toda decisión es un juego de azar, en el cual no sabemos si ganaremos o perderemos con la siguiente decisión que tomemos… lo cierto es que el azar depende de que tanto hayamos reflexionado frente a la consecuencia de cada decisión.

Puede parecer un poco patético, pero ante cada decisión que tomemos en la vida, sin importar el rumbo que decidamos, siempre habrá un poco de arrepentimiento frente al resultado de la decisión tomada. El truco está en que tanto esa decisión nos genera felicidad…

Suena contradictorio pero no… hay cosas de las que nos arrepentimos superficialmente, como no ir a una fiesta o no comernos una torta de chocolate, pero en el fondo sabemos que la decisión fue sabia porque el resultado nos va a beneficiar.

Hay otras decisiones, como desaprovechar una oportunidad o perder un amor, que nos marcaran para toda la vida y nos dejaran una herida imborrable, que por más queramos, cada vez que recordemos lo tontos que fuimos al tomar esa decisión, indefectiblemente nos harán llorar.

Hay otras, sin embargo, que no sabes que puede causar más dolor, si mantenerte o dejarlo, si seguir o cambiar, sabes que no importa el camino que tomes vas a llorar desconsoladamente… en ese momento y recordando a Socrates “no importa el camino, te vas a arrepentir”, en ese momento sólo hay una pregunta que hacer… en el largo plazo que te va a generar menos dolor.

Por eso, mi amigo lector, a lo que te quiero invitar con esta pequeña disertación es que en la vida no dejes tus decisiones al azar, no dejes tus decisiones a los demás y mucho menos postergues tus decisiones, por dolorosas que parezcan, por difíciles que puedan ser o las lágrimas que puedan generar a ti o a otros, debes tomar las riendas de tu vida y decidir.


Si lo dejas a los demás o al tiempo, solo obtendrás un resultado seguro, mucha tristeza… y a la vida no vinimos a ser tristes sino felices… así que levántate y decide por tu vida… Algo importante, no importa la decisión que tomes, siempre habrá la posibilidad de volver a decidir y ¡ser felices!

Fuente imagen: http://www.emprendepyme.net/wp-content/uploads/2013/02/Aprender-a-tomar-decisiones.jpg

viernes, 16 de diciembre de 2016

La aterradora soledad


Toda la vida me he considerado una persona “más o menos” valiente, siempre he sido de los que se le mide a cualquier reto que le propongan y desde niño, ni la obscuridad me ha detenido para reír, caminar o disfrutar, por el contrario, parecía disfrutar de la obscuridad. Aunque no voy a presumir mucho, hubo mis momentos de susto.

Mi infancia la viví al lado de, los que considero, los personajes más terroríficos del séptimo arte: Freddy Krueger, Jason Voorhees y Michael Mayers. Siempre he pensado que Dracula, el hombre lobo y monstruo de Frankenstein “Comen chitos” al lado de los tres primeros, porque a diferencia de los otros, los primeros son inmortales, nada los puede destruir y son capaces de atacarte hasta en lo más íntimo de tus sueños.

Obviamente el “séptimo arte” siempre busca la mejor forma de asustarte y que no puedas dormir sin tener la luz prendida o sin que ninguna de las partes de tu cuerpo salga de la sábana. Hoy por ejemplo encontramos algunos como Anabell o Samara Morgan, quienes te vienen a sembrar el terror hasta en lo más profundo de tus entrañas.

Sin embargo, a pesar de todos estos grandes personajes e historias de terror, lo único en mi vida que logra erizarme hasta lo más profundo de mis entrañas, lo único que realmente me hace temblar de miedo y llorar desconsoladamente, es “la aterradora SOLEDAD!”… y no me refiero a estar solo, comer o ir a un espectáculo solo, ni siquiera a sentarme en un bar a tomarme una cerveza (Ya van a decir que soy alcohólico).

No, mi temor va muchos más allá, es el miedo a pensar que no le importo a nadie, a pensar que voy a llegar a la habitación donde duermo y estaré solo, que no tendré a quien abrazar, a quien besar, que no tendré a quien amar y mucho menos alguien que me pueda amar, no tener con quien desear despertar y no solo dormir.

Y en muchos momentos de mi vida esta incontrolable fobia, a este terrorífico personaje (La soledad), me hizo rodearme de personas destructivas, personas que me generaban más tensión y estrés que tranquilidad, pero prefería aguantarme ese tinto recalentado o los cuernos de una niña indefinida o las excentricidades de una dama de cuatro décadas, que tener que enfrentar mi mayor miedo.

Pero llegó el momento, donde al ver la situación de vida de alguien muy cercano a mí, que en el afán de huir del dolor y la soledad se acompañó de un personaje, al cual nunca había vislumbrado como pareja, que recordé aquel viejo dicho de los abuelos “Más vale solo, que mal acompañado”.

Y entonces empecé a recordar como en muchas ocasiones, por el afán de no estar solo, me rodee de personas que terminaron siendo más perjudiciales que benéficas para mi vida, tanto “amigos” (Entre comillas, porque nunca lo fueron), como parejas y entendí que la sabiduría de los ancianos es el resultado de muchas experiencias de vida.

Cuantas veces por miedo a la soledad terminamos destruidos, derrotados, traicionados, perdidos. Cuantas veces en ese afán de estar rodeados y “acompañados” terminamos perdidos, dejando ser quienes realmente somos, ocultando nuestros sueños y deseos, mintiendo y engañando solo por mantener en nuestras vidas personas que realmente no queremos.

Y fue entonces donde tuve que enfrentar este aterrador miedo y descubrí algo aún más importante, no era a estar solo a lo que le tenía miedo, era a estar solo conmigo mismo, era miedo a conocerme en realidad, porque cuando estaba rodeado de personas no era yo quien estaba ahí, era la persona que ellos querían ver en mi la que estaba.

Estar solo me ha llevado a conocerme, a saber quién soy, a no tener miedo a ser aceptado o rechazado, simplemente a aceptarme yo. Es duro, sobre todo llegar a una habitación de un apartamento solitario y pensar en la mujer amada en otra cama, pero mientras que la vida así lo estime seguiré compartiendo este camino con el ser humano más interesante que la vida me ha permitido conocer… YO

Te invito a que no tengas miedo a la soledad, que no temas conocerte, a veces la vida nos invita a recorrer algunas distancias solos para que aprendamos a apreciar algunas cosas que estando acompañados no tendríamos la posibilidad de ver… es como salir a caminar en medio de la naturaleza, si vas solo tendrás más posibilidad de disfrutar de la belleza que te rodea, que si vas acompañado… esa persona llegará o volverá a tu vida cuando sea el momento indicado.


Recuerda, la única forma de superar los miedos, es enfrentándolos… vale la pena.

Fuente imagen: http://www.sanar.org/files/sanar/la-soledad-puede-afectar-la-salud.jpg

martes, 8 de noviembre de 2016

De sueños frustrados


Estamos a solo 53 días de que se culmine el año, en mi caso uno de los más difíciles que me ha tocado superar, tanto económicamente, como social y emocional… y obviamente cuando el año va llegando a su fin, la acción típica de todos es sentarnos a evaluar cuantos de los sueños y metas que nos impusimos al principio de año se cumplieron.

Y obviamente, el resultado más generalizado que encontramos en estas maravillosas épocas del año, son quienes quieren en 53 días hacer lo que no hicieron en los otros 312 días… también nos encontramos los que por estas fechas solo están pensando en la percha y la rumba de diciembre, para el último día del año darse los golpes de pecho por lo que no lograron.

Por último se encuentran quienes a estas alturas del partido se encuentran totalmente frustrados porque esos sueños y metas ya no se cumplieron, se sienten impotentes, tristes y melancólicos porque el año pasó “sin pena, ni gloria”, porque piensan que en lugar de avanzar, retrocedieron, ¡porqué fue más lo que se perdió que lo que se ganó!

Y generalmente se vuelven peores jueces de sí mismos, que cualquier extraño, se sumen en sentimientos depresivos, se sienten incapaces de alcanzar cualquier cosa, sienten que su vida está destinada a ser perdedores, que para ellos no es la felicidad, ni el éxito, que la vida es una m…

Y se olvidan de algo importante, la única verdadera frustración en la vida es dejar de intentar, la única derrota real es quedarse tirados en el fango y sumidos en la tristeza y en su propia “autoflagelación”… solo cuando nos damos por vencidos estamos realmente derrotados, solo cuando dejamos de luchar, realmente hemos perdido, solo cuando dejamos de soñar es cuando realmente somos unos fracasados.

Lo cierto es que el cierre de un año no marca otra cosa que la finalización de darle la vuelta al sol, pero no marca tu capacidad o potencial, el cierre de un año no es más que el cambio de calendario, pero no significa que si no se alcanzaron los sueños o no se lograron las metas todo está perdido.

Todo lo contrario, cada día, cada amanecer, cada nuevo año, cada segundo que pasa en nuestras vidas es una oportunidad de volver a intentarlo, cada caída es una posibilidad de volver a levantarnos, cada derrota solo presenta una oportunidad de volver a empezar… No hay derrota mientras tengamos deseos de luchar, no final, mientras en nuestros corazones decidamos volver a empezar.

Es como aquella vieja frase que todo “gamer” (aficionado a los juegos de video) detestaba con mayor ahínco, pero que su significado es más profundo y optimista de lo que lo pensábamos… “Game over”… y es que cuando esta terrorífica frase aparecía en la pantalla, todos nos dábamos por vencidos, por derrotados.

Pero un día, cuando estaba enseñándole a jugar tetris a mi papá y salió la terrorífica frase en mi monitor, recuerdo su expresión “¿y cuál es el otro juego?”, recuerdo que lo mire y le dije perdiste, no hay otro juego; y el me respondió: pero es que eso significa otro juego, yo quiero mi otro juego.

Desde entonces deje de ver esa frase como una derrota, dejé de mirarla como algo negativo, como lo peor que me podía pasar y empecé a verla como un llamado a seguir, como una invitación a no rendirme, tenía una nueva oportunidad, tenía la oportunidad de volver a empezar y hacerlo mejor… no era el final, era un nuevo juego.

Aunque muchas veces nos cuente trabajo entenderlo, cada derrota, cada fracaso, cada caída, son solo una invitación a volver a intentarlo. Son una invitación a que lo volvamos a hacer, a que aprendamos de nuestros errores y digamos “aquí voy otra vez”, esta vez lo voy a hacer mejor, esta vez voy a entregarlo todo de mí.

Por eso en la evaluación que hagas de este cierre de año, cuando encuentres las cosas que no alcanzaste, los sueños que no cumpliste, no te des por vencido, el cierre de año es solo una oportunidad para volver a empezar, para iniciar nuevamente tu juego, para corregir los errores del pasado y volver a hacerlo… no es el final, es la oportunidad de un nuevo inicio.

Así que no dejes que la frustración y el sentimiento de impotencia te derroten, lo que no hayas logrado, tienes una nueva oportunidad de volver a hacerlo.

Game over, sólo es una invitación a que vuelvas a empezar tu juego.


Fuente imagen: https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2013/11/article_13838552164.jpg