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jueves, 17 de agosto de 2017

¿Quien soy?



Uno de los actores de acción que siempre me ha dejado fascinado con sus películas es el gran Jackie Chan, el corte de humor en sus actuaciones y las acrobacias dan un enfoque diferentes a sus películas. Una de ellas tenía por título la misma frase de este post “Who Am I?” ¿Quién soy yo?, la historia se desenvolvía, entre acción y comedia, a través de las aventuras de un personaje que había olvidado por completo quien era.

Recordando esto y divagando un poco sobre la realidad en la que me encuentro actualmente, en medio de una caminata de las que acostumbro acompañar mis disertaciones, me puse a pensar en la respuesta a esta interesante interrogante. Se supone que filosóficamente esta palabra no tiene una respuesta certera, porque no importa cuántos años alcancemos a trasegar por este plano de la existencia, nunca llegará el momento donde puede establecer quienes somos.

Hasta hace algunos meses yo tenía casi que la absoluta de certeza de saber quién era, sin caer en las típicas frases de cajón donde las personas hablan de su profesión, de sus capacidades o de sus experiencias. Hay quienes incluso se definen a sí mismos como un nombre, un apellido o un abolengo. Pero la realidad es que no tienen idea quienes son.

En mi realidad yo tenía claramente definido quien era, que quería, que soñaba, cuales eran mis capacidades y sobre todo, lo que no quería ser. Estaba inmerso en el absoluto afán de ser aceptado por mis semejantes, aplaudido; porque no, admirado. Siempre me esforcé por ser el mejor en todo lo que hacía, para que mi público me llenara de aplausos y ovaciones. Todo era tan absolutamente claro, mis sueños, mis metas, mis ideales, mi manera de ver la vida y mi manera de vivirla.

Todo absolutamente lleno de egocentrismo y egoísmo, no había nada más importante en mi vida para mí, que yo mismo. Alguien alguna vez me hizo ver cuán equivocado estaba, como todo lo que tenía o creía poseer, porque aquí entre nos, la realidad es que jamás posemos algo; las cosas llegan a nuestra vida en préstamo y cuando no las sabemos administrar se van. Entonces la vida, el Buki, Jebus, Jesús… llámalo como lo quieras llamar… me dio una gran lección, sino eres humilde, no eres nadie.

Entonces lo perdí todo, todo absolutamente todo, la mujer que amaba terminó en manos de un ser humano que nunca consideré superior a una cucaracha, para golpear un poquito mi ego. Las amistades me dieron la espalda, a excepción de unos, que nunca superarán los dedos de una sola mano.

Perdí mi público, todos los que me aplaudían, admiraban y amaban, se habían ido. Solo quedamos mi ego y yo. Entonces decidí cambiar dejar de pensar en mi ego, dejar de buscar los aplausos y la aceptación de otros. Caminar por mi, porque lo que soy, por lo que quería. Pero entonces me encontré con otro pequeño dilema.

Después de haber dejado mi ego de lado, mis anhelos de aceptación, mi búsqueda de sobresalir y recibir los aplausos, llegue a una conclusión… No sé quién soy. A veces me levanto con la esperanza de encontrar un sentido, una personalidad, un carácter, una fuerza, un horizonte, un norte… algo que me ayude a encontrar quien soy y entonces empezar a caminar hacia donde quiero llegar.

Al perderlo todo, fue todo, me perdí yo mismo. Solo quedó, como en unos post atrás, un inmenso vacío. Llegó en punto donde realizó cosas que yo JAMÁS hubiera hecho, porque yo no era así… el problema es que ahora, no sé quién soy, así que muy seguramente ese que soy ahora tal vez haría esas cosas o tal vez no.

Y entonces llegó la pregunta ¿cómo me puedo reconocer? Y la respuesta llegó tan rápido como la pregunta, No hay que reconocer o reconstruir, no hay que pegar o unir, simplemente no hay nada… unos recuerdos, unos conocimientos, unas cuantas normas de convivencia por ahí… entre tanto desorden no sé dónde están mis metas, ni tampoco mis sueños.

Y al igual que el personaje de la historia que empezó a caminar para saber quien era… me dí cuenta que solo tengo una salida, emprender un camino, un nuevo camino para encontrar quien soy o, dicho de mejor forma, para construir un nuevo yo. Solo en la oscuridad de este frio asfalto, en la soledad del camino sin rumbo puedo volver a construir un carácter, una personalidad.

No se que tan bueno sea, muchos dicen que empezar de cero es el mejor camino para lograr cosas buenas, mi abuelo siempre dijo que es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto. Pues en mi caso, voy a tener que construir un hombre nuevo, de la nada, solo yo, el camino y las sombras… esperar que el tiempo me permita construir un buen ser humano.

Así que mis queridos amigos, a veces la contestación de esta pregunta requiere no solo que mires en tu interior, a veces requiere que te construyas … que te enfrentes, te confrontes y camines… solo en el camino te darás cuenta quien eres o quien puedes ser.


Cuando sepa quién soy les estaré contando.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0KrdaBG2cN02DISH-XgAi7xBoAaNdCsMivFSX2TfasqbGScs50EP4mKEbE6CaMUjr6w9kNJACrdi6SZmeYoNTvMUj9yEghHqIdJKIJv9jw1RpcjoN7ZoFO31gpaOJFQltA-v7biYfTAw/s1600/Descargar+Pack+Espectaculares+fondo+de+paisajes+(409).jpg

martes, 10 de enero de 2017

Un burro hablando de orejas


Recuerdo mucho que en aquellas discusiones de infancia, cuando uno a otro se decían cosas, nunca faltaba aquel, que al mejor estilo de un gran filósofo, le sentenciaba al contrincante “No pues, un burro hablando de orejas”… aquella lapidaria frase en muchas ocasiones dejaba sin argumentos a su aferrado contrincante.

Y es que a pesar de lo infantil y tonta que pueda sonar esta expresión típica de los niños, tiene la profundidad de una verdad universal… cuantas veces vamos por la vida emitiendo juicios de quienes están a nuestro alrededor, expresiones que menosprecian sus capacidades, competencias, valores o gustos; y la realidad es que nosotros sólo somos unos burros, criticando las orejas de los demás.

Recordando esta profunda frase de la vida de infante me puse a disertar sobre el asunto, cuantas veces por la vida he ido juzgando la estupidez de los demás, incluso en este mi blog de disertaciones, han sido muchas las ocasiones donde me he burlado del alto grado de estupidez de algunos de los compañeros que me he cruzado por el camino de la vida y hoy mis queridos amigos me llegó la hora de poner el espejo.

Durante muchas veces, al mejor estilo de la frase con la que título este post, más de uno me la pudo haber sentenciado, solo soy un burro hablando de orejas y es que entrando un poco en la intimidad de mi vida, han sido innumerables las ocasiones donde mi actuar no ha demostrado la más mínima inteligencia racional y mucho menos emocional… he demostrado una “astucia” (entiéndase el sarcasmo) del nivel del más estúpido de los seres que haya pisado este hermoso planeta.

Sólo por recordar un episodio, yo tuve la fortuna de encontrar una mujer como ninguna, inteligente, bonita, dedicada; tanto que aprendió a cocinar por mi y hacia unos manjares que hoy extraño. Me perdonó patanadas, me perdono infidelidades y su único afán fue verme siempre sonreír y ser feliz porque ella era feliz conmigo.

Pero al mejor estilo de los imbéciles más grandes del planeta, me dedique a perderla, me llene de orgullo cuando me busco, esperando que volviera a bajar la cabeza, tome el tiempo como una canita al aire, mientras ella aceptaba que no podía vivir sin mi… pero todo por ser bueno y amar se cansa, yo que hablaba que había que demostrar y no esperar a perder para saber lo que se tenía… solo hasta que perdí me vine a dar cuenta de lo que había perdido.

Hoy, el único consuelo que me queda es que después de perderlo todo, porque no solo perdí a mi mujer, sino mi hogar, fue que verme sin absolutamente nada en la vida, me permitió evaluarme y darme cuenta de cuantos errores estaba cometiendo en mi vida, de cómo todas las decisiones y actitudes que tomaba solo me estaban llevando a un resultado lógico y palpable… la más infeliz de las vidas.

Sólo hasta ese momento pude despertar de mi absoluta estupidez y darme cuenta de cuanto lo estaba siendo, fue darme cuenta que ser sabio no es conocer unos libros, tener una profesión y saberse unas cuantas anécdotas históricas… ser sabio es saber vivir, es valorar las cosas buenas que la vida nos entrega y cuidarlas; es saber que hay bueno y que hay malo en nosotros y cambiarlo, sin necesidad de llegar a una crisis; es aprender a pedir perdón y cambiar de verdad, no solo por el momento.

Ser sabio es conocer el verdadero valor de las cosas y no solo su precio. No permitas que llegues a un punto crítico para cambiar, pero sobre todo, cuando critiques una característica en los demás, asegúrate de que tú no la tengas, es muy feo verse como Un burro hablando de orejas.


Fuente imagen: http://universal.org.hn/wp-content/uploads/2015/08/se%C3%B1a_1.jpg