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sábado, 25 de noviembre de 2023

¡El privilegio de amarle!

 


Siempre me he preguntado qué nos pasa a los seres humanos porque en un momento dado de la vida damos todo y luchamos por una persona, como somos capaces de caminar el mundo entero por estar a su lado. Enfrentamos jaurías, dejamos de lado las comodidades y hasta nuestro orgullo lo ponemos en juego y de repente, con el paso del tiempo, olvidamos todo y por esa persona por la que éramos poetas, héroes y atletas, ya no somos capaces de caminar ni una cuadra, ya no nos esforzamos y simplemente nos volvemos indiferentes.

Y disertando sobre esto, llegaron a mi mente las típicas respuestas, es que el amor se acaba, es que solo era una ilusión, es que la persona cambio, es que… es que… es que. Que muchas veces cuando ya lo conseguimos perdemos el interés porque ya se tiene, razón esta última que me parece la más ilógica, porque son demasiadas las ocasiones en las que luego se vuelve atrás a buscar, eso que ya no valoramos y que dejamos en el olvido.

 Y dando vueltas sobre el tema y viendo el otro lado de la moneda, el de esas parejas que pueden pasar 50 años juntas y siguen llenas de amor. No de las que están por costumbre o por no estar solas, sino esas que llegan a los 50 años de compañía y se siguen amando como si fuera el primer día, esas que cada día se siguen enamorando el uno al otro. Y fue entonces donde llegué a la primera conclusión: esto no es de uno, es de dos. Si algo no funciona, no es porque uno solo de los lados “dejó de hacer” si algo no funciona en una relación de pareja, si deja de funcionar es porque “los dos” olvidaron algo y porque a los dos la relación se les convirtió en paisaje.

Mi segunda conclusión fue la que le dió el título a esta pequeña disertación y es que los dos olvidaron lo más importante que se debe tener en una relación de pareja y es el recordar cada día, cada hora, cada minuto, que el tenerse mutuamente es un verdadero privilegio. Que en este mundo tan lleno de distractores, tan lleno de vanidades, mentiras y engaños, los dos por un momento tuvieron el PRIVILEGIO de tenerse mutuamente, que si en un momento lo dieron todo, lo sacrificaron todo, lo entregaron todo por el otro, fue porque se dieron cuenta de lo más importante: eras la persona más afortunada del mundo al tenerlo.

Cuando cada día, como yo he tenido el privilegio de verlo (en el amor de mis padres después de 54 años de caminar juntos), recuerdas que eres el ser más afortunado, que el universo conspiró para poder tener el privilegio de compartir con esa persona, que enfrentaste tu familia, tus amigos y al mundo entero por tenerla a tu lado, porque nadie más tenía ese privilegio. Cuando cada día que te despiertas, lo primero que recuerdas es que esa es la persona por la que serías capaz de dar tu vida, el amor jamás se acabará, jamás te cansarás, jamás dejarás de darle valor, porque sabes que tú eres el único que tienes el privilegio de amarle.

Ojalá, la próxima vez que empieces una relación te prometas a ti mismo nunca olvidar el privilegio que tienes. Yo ya me lo prometí.


domingo, 16 de febrero de 2020

¿Amor o dignidad?




Una de mis mejores amigas se le acaba de presentar una encrucijada en su vida, una de esas que siempre creemos que solo pasan en las series de televisión o en las novelas románticas de algún lunático como Shakespeare en Juleo y Rumieta. De esas que te invitan a dejar, por la búsqueda del amor (o la felicidad), toda tu dignidad a los pies del otro.

Y en esas reflexiones que me llevan a disertar por el asunto, y procurando no ser invasivo con las decisiones de mi amiga… decidí dedicarle estos pequeños reglones a mis pensamientos al respecto, no sin antes aceptar que en más de una ocasión yo mismo he dejado en el olvido mi dignidad y en otras he sido el victimario de la dignidad de alguna otra persona.

Lo primero que realmente quiero considerar hace referencia a una pregunta que muchas veces me quita el sueño y es ¿debo darlo todo por amor? Desde el punto de vista más poético y romántico de mi corazón contestaría sin ningún reparo ¡Sí! ¡el amor lo vale todo! Pero ya con los años, un poco más reflexivo y menos impulsivo no dudaría en responder al estilo de Jarabe de Palo “Depende”.

Esto es efectivamente mucho menos altruista y romántico, obvio, en total contravía del actuar de Romeo o de cualquier otro personaje de novela que sin dudarlo se arrojaría al vacío para velar por el bienestar de su enamorada, a quien acaba de conocer hace tan solo unos instantes.

Sin embargo, ya no creo en el amor idílico de canciones y poemas, por el cual entreguemos nuestra vida y dignidad, sin un poco de mesura y recato, sin un poco de garantía de reciprocidad y reconocimiento por parte del receptor de ese sentimiento. Y es que lo primero que me viene a la mente es la pregunta ¿cuálquiera debe ser merecedor de ese amor? ¿la primera o el primero que me cruzo en el camino es un digno receptor de ese amor?

Desde mi realidad diría que no, primero hay que saber que tanto nos podemos aportar, que tanto podemos confiar el uno en el otro, que tanto nos podemos construir, que tanto estamos dispuestos a hacer el uno por el otro. Que tanto estamos dispuestos a respetar el uno del otro, y solo entonces, cuando se tiene claro quién será el receptor de tan apreciado bien, de ese amor sin condición, de ese amor que lo entrega todo y es capaz de humillar su dignidad, solo entonces lo haría.

Pero viene aquí mi segunda reflexión. Y es que estoy seguro de que quien te ama, quien te quiere ver crecer, madurar, desarrollarte y ser cada vez un mejor ser humano ¡JAMAS! Lastimaría tu dignidad. Sería alguien que te conoce, te respeta, te admira y confía en ti, y por tanto, sería alguien que nunca se le cruzaría hacer algo que lastime tu dignidad, todo lo contrario, sería alguien que la protegería, que la defendería. Que daría su vida por ella.

Cierto, hay muchas cosas que confundimos con amor, hay muchas cosas como el deseo de no estar solo o como diría Rocio Durcal la costumbre, el apego o el miedo a la soledad… y creemos que esas cosas son lo suficientemente importantes para “hacer un último intento”

Pero la vida me ha enseñado en estos casi 39 años que, cuando intentas forzar las cosas, cuando las cosas no surgen naturalmente y se dan de forma fluida, con los roces normales de cualquier aprendizaje, cada intento tendrá el mismo resultado porque las variables son las mismas. Si queremos obtener resultados diferentes tenemos que hacer cosas distintas, y eso significa cambiar las variables.

Y definitivamente, si el principal factor para tener que dejar la dignidad de lado es la “desconfianza”, santo cielo, ahí sí que se está perdiendo el tiempo, porque el elemento mínimo que requiere una relación para sobrevivir es confianza mutua. Eso es como tratar de armar un rompecabezas al cual le faltan las principales piezas.


Así que, al menos desde mi punto de vista, el asunto no es si amor o dignidad, amor es dignidad y reciprocidad… amor es confianza.

Fuente imagen: https://www.chanboox.com/2018/07/07/charla-4-la-dignidad-e-identidad-de-la-persona-humana/

domingo, 11 de febrero de 2018

¡Es mio!


Una de las características más humanas, que se evidencia desde el mismo momento en que empezamos a hablar, es la del sentido de propiedad sobre las cosas y las personas. Desde que empezamos a crecer, empezamos a expresar nuestra propiedad sobre las cosas y las personas que nos rodean. Todo nos pertenece, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos. Son nuestros y de nadie más, por eso deben estar a nuestra disposición siempre… y ni que decir de los abuelos.

A medida que vamos creciendo ese sentimiento de dominación sobre los otros y sobre las cosas, generalmente se va acrecentando, nos volvemos los patronos, que patronos, los emperadores de los otros. Su tiempo, su energía, su disponibilidad es nuestra. Y esto se va reflejando poco a poco en nuestras relaciones de pareja, donde muchas veces en lugar de generar lazos de amor, generamos lazos de dependencia.

Y es en la interacción con la pareja donde más se ven reflejados estos comportamiento dominantes, no de sentido de pertenencia, sino de trato del otro como un objeto… y surgen expresiones como: “Tienes que dejar…”, “Ya es hora de que empieces…”, “Sino haces eso es como si no me quisieras…”, “si deseas estar conmigo tienes…”… Y otras muchas en el mismo sentido.

Y esas relaciones de amor y felicidad, se transforman en relaciones destructivas, donde la única forma de generar una buena convivencia es que el otro se “someta” a mis placeres y pensamientos, que el otro haga las cosas como yo quiero, porque “yo soy el único que sabe cómo vivir” y si él no lo hace está condenado a vivir infeliz.

Lo más triste de todo es que non nos damos cuenta cuan infelices nos vuelven estos comportamientos, cuan amargados nos estamos volviendo porque en todo ese actuar, nos olvidamos de lo más importante: Nadie puede controlar nada. El control es solo un mito que nos hemos vendido, no podemos controlar nuestra vida o nuestra salud o nuestras características… nada es controlable, nada nos pertenece realmente y los seres humanos no son objetos.

Parecen realidades evidentes, que todo el mundo sabe, pero pocas veces las interiorizamos, dejamos de vivir y ser felices, de disfrutar del mundo y las personas en el afán de controlarlo todo, de sentir que todo está bajo nuestro poder y que todos caminan hacia el… y la única realidad es que todo camina hacia todas partes, el mundo es una entera línea de caos que nunca sabes para donde va.

Al punto que los hábitos alimenticios y de ejercicio saludable, no nos garantizan una buena salud, el tener el control del nuestros hijos no nos garantiza que nunca se vayan a descarrilar, el que nuestra pareja se someta nuestras directrices, no nos garantiza su felicidad y la nuestra….

Entonces ¿qué? Lo más importante es aprender que nada nos pertenece, ni siquiera podemos controlar nuestra propia vida, no sabemos si mañana vamos a despertar o si nuestra salud va a mantener férrea, mucho menos vamos a tener dominación sobre el otro. Una vez dejemos atrás ese deseo de controlarlo todo y entendamos que el control no existe… aprender que en la vida vinimos a caminar y aprender.

Y en ese camino, en ese diario vivir vamos a compartir con muchas personas y que maravilloso es compartir el camino con alguien que tenga otra forma de ver la vida, que nos muestra su perspectiva de la cosas, que nos muestre como hay otras realidades diferentes a las mías y que eso en lugar de quitarme me aporta.

Que maravilloso es cuando aprendemos a aceptar al otro incondicionalmente y sabemos que es y será así siempre, y que es en esa diferencia donde realmente está la felicidad, porque son esas diferencias las que nos ayudan a crecer.

Así que mi recomendación es que, en lugar de andar buscando la dominación y el control de todo lo que nos rodea, en lugar de andar en la búsqueda insaciable de controlarlo y manejarlo todo a nuestro antojo, aprendamos a disfrutar de la vida de su descontrol, de su variedad, de todo el abanico de colores que nos presenta para ser felices…


Y sobre todo, que amemos a quienes están a nuestro alrededor sin la necesidad de sentirlos como nuestros o quererlos dominar, sino amar su libertad, su vida, su capacidad de volar.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjH0RAv9nkwP_vj2tsmOSSsUV_ma3wzAwgXhIbd_hpE2Lal0FifS6YOxbfDRp08eNc4hCLg7JbGbhuJt98-x6Rmf1IAwHxn2s621LMre_iQwol2_KbeSBdyqmt7vQiL5hWtlfoWj3DswPUp/s1600/pareja.jpg

domingo, 26 de febrero de 2017

¿Y qué de la viga en tu ojo?



Una de las actitudes humanas más comunes, o por lo menos con la que más me he encontrado últimamente, es la crítica, ese anhelo de las personas de despedazar la labor o acción de los demás, ese deseo constante de destruir lo que otro hace, sin otra intención que dar a entender que lo que ellos hacen es mucho mejor y diferente que lo que hacen los demás.

Entonces recordé una de las enseñanzas de aquel humilde carpintero de galilea “porque críticas la paja que tiene tu hermano en el ojo y no miras la viga que tienes en el tuyo”. Y es que de tanto caminar, han sido muchos los momentos donde me he encontrado con personas que parecen recibir cierto placer, al sacar a la luz pública los errores de los demás. Son muchas las ocasiones donde veo personas que lo único que los inspira a seguir viviendo es encontrar los defectos del otro.

Tienen constantemente un afán de demostrar sus conocimientos y capacidades, criticando lo que otro hizo, lo que otro hace o por lo menos, a diferencia de ellos, intenta hacer. Te los encuentras en diferentes ámbitos, nunca falta el que no puede ver una película sin encontrar que criticar, en lugar de buscar sobre que disfrutarla. Aquellos que en su vida no han hecho nada significativo, pero cuando ven alguien que lo logra, siempre encuentran el comentario incisivo de “quien sabe cómo lo logró”.

Y si nos vamos al ámbito laboral, pareciera que el primer requisito para contratar algunas personas fuera, que tanto es capaz de criticar al otro, que tan bueno es encontrando el error en el otro. Muchas veces me he topado que su labor es mediocre, pero para lo único que son buenos es para encontrar el defecto en los demás. Y sí, en este caso, y como alguien me lo criticó alguna vez, voy a caer en ese espantoso defecto de criticar, pero como ladrón que roba a ladrón… voy a criticar a los criticones, esperando tener 100 años de perdón.

Disertando sobre esto, una de las características más evidentes de toda persona que vive en pos de juzgar a los demás, es una profunda amargura, una frustración constante de no ser lo que le hubiera gustado ser, está tan amargado con su lamentable situación, que la única forma de encontrar un significado real para seguir viviendo, es buscar siempre en los demás algo digno de poner en la picota pública.

Generalmente me he encontrado con personas que el primer defecto o error que ponen en evidencia en los demás, es precisamente el mismo que los distingue en su labor. Aquellas acciones que siempre marcan en la labor de los demás, es precisamente en que con mayor frecuencia caen, pero como son perfectos, nunca van a tener la capacidad de cambiarla.

Sin embargo, algo que es más representativo en este espécimen, de la jungla de asfalto, no solo es su capacidad para criticar al otro, sino capacidad para evitar al máximo tener que hacer algo. Obvio, a diferencia del que sufre sus críticas, este evita al máximo hacer algo para no tener que sufrir los mismos padecimientos. Generalmente los criticones no son capaces de hacer, como solo pueden ver defectos, ni siquiera en ellos encuentran realmente aciertos.

Su vida, se va llenando de amarguras, son cobardes, incapaces de crear, de hacer y mucho menos de vivir o ser felices. Y es que cuando se vive en pos de criticar a otros, se es imposible realmente vivir. Además, siempre con el temor a vivir y caer en las garras de otro igual a él.

Eso sí son los mejores jueces del comportamiento de los demás, ellos son los únicos buenos, pero no serían capaces de enfrentar ni la mitad de las tentaciones de quienes sufren su juicio, sin caer más bajo. Su vida está limitada a ser la sombra de quienes realmente se atreven a vivir.

Si por un momento se detuvieran ver su vida, su actuar, sus logros o sus acciones, no tendrían tiempo de ver la vida de los demás para criticarla. Pero como buenos mentirosos se venden la mascarada de ser perfectos, intachables, increíbles e inimitables, y obviamente, esto va entorpecer significativamente su capacidad de cambiar, de mejorar, de ayudar y ser realmente útiles para la sociedad.

Mi querido amigo, uno de los cuidados más grandes que debemos guardar es no caer en este denigrante defecto, no hay elemento que nos destruya más como seres humanos que vivir en pro de juzgar, menospreciar y criticar al otro. Tú no conoces su realidad, su vida, sus esfuerzos, así que no tienes la autoridad para determinar que tan bien o mal está.

La peor trampa en la que podemos caer, como personas, es en la de levantar nuestra vos y nuestras fuerzas para dañar al otro, más cuando las escondemos detrás de conceptos tan superfluos como “mi crítica es constructiva” eso no existe, se enseña, se aconseja, pero la crítica siempre estará en pos de destruir al otro.


Y una vez caes en esto, alcanzar la felicidad será cada vez más complicado… así que mi único consejo es, ocúpate de la viga que tienes en tu ojo, te aseguro que no te dará tiempo de pensar en la paja que tiene tu hermano en el suyo.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

33 años Cristo, 2000 años Judas


Hace algunos años, hablando con mí “anciano padre” me hizo referencia de un libro que alguna vez había leído, titulado como este post: 33 años Cristo, 2000 años Judas. Donde la principal reflexión es que los supuestos seguidores de Cristo, en sus comportamientos y actitudes parecían más seguidores del más famoso de los traidores, que del humilde carpintero de galilea.

Y es que en este referente, y sin pretender colocar ningún matiz religioso, pues es algo que evidentemente he querido evitar en todas mis publicaciones, mi disertación al lado del camino, estará centrada más que en lo religioso en las actitudes de las personas, más cuando estamos a unos pocos días de conmemorar el nacimiento de este personaje que cambio la historia de la humanidad.

Durante muchos años nos encontramos como en nombre de este humilde personaje se han realizado guerras, se han justificado genocidios y atrocidades, basta con dar una pequeña mirada a la historia de la edad media o voltear un poco la mirada hacia el medio oriente, o hacia nuestros vecinos del Norte, para ver cómo el mundo se llena los labios de luchar en pro de la fe del carpintero, pero la realidad es que sus actos muestran todo lo contrario.

Pero no nos vayamos tan universales, si nos vamos a nuestras pequeñas realidades encontramos como quienes son “más cristianos” se sienten con el derecho de juzgar los comportamientos de los que los rodean, se creen jueces del mundo solo por expresar que tienen una fe. Van por la vida condenando a todos los que están a su alrededor y sobre todo menospreciando las vidas de los demás, generando un rechazo generalizado.

Y evidentemente al mejor estilo del “guerrillero traidor” (entiéndase Judas), cada vez que pueden venden la fe por 30 monedas de plata, aunque hoy es por billetes y si son de los verdes mejor… porque la fe no importa, importa el dinero, volvimos de forma interesante a la compra de indulgencias que en su momento fue tan criticada por Martín Lutero…

Lo más triste es que estas acciones y actitudes llevan a que las personas rechacen las excelentes enseñanzas de este personaje que nacería en un humilde pesebre… y es que más allá de lo religioso o fanático, este humilde personaje del medio oriente, quien podría ser considerado “un joven rebelde” se fue en contra de los postulados religioso de su momento, los cuales segregaban la sociedad.

Este “rebelde con causa” promovía el amor al prójimo sin más medida que el amor propio, nunca hizo distinción de personas, sin importar lo que hicieran, el dinero nunca fue algo que lo moviera y por el contrario enseñaba que había que darlo todo, no solo por Dios, sino por los demás… y por encima de todo, buscó enseñarnos que ninguno tiene la capacidad, ni la autoridad para juzgar a los demás en su comportamientos o vivencias.

Su principal enseñanza fue que amar a los demás era el centro para lograr una verdadera convivencia entre las personas, que teníamos que aprender que el otro, es fundamental en nuestra existencia y que la verdadera forma de expresar el amor al ser supremo, era expresar amor al que tengo enfrente y puedo ver… que la violencia no era el camino a absolutamente nada y que antes de criticar a los demás, debía ver mi vida y ponerla en orden, lo cual no lo lograría hasta la muerte.

Si por un momento, si tan solo por un instante todos siguiéramos estas útiles enseñanzas de vida, estoy completamente seguro de que el mundo sería realmente un maravilloso lugar para vivir, si en lugar de pensar que yo soy el bueno y los demás dignos de las “llamas del infierno” y nos diéramos cuenta que el verdadero camino a la felicidad es el amor… no habría que esperar un paraíso o un nirvana… lo estaríamos viviendo aquí en la tierra.


Por eso, pienso que en estas fechas donde recordamos su nacimiento, deberíamos, por encima de todo, recordar sus enseñanzas, esas no tienen tinte político, religioso y mucho menos doctrinal… son solo unas enseñanzas de cómo hacer un mundo mejor.

http://www.conquistadorespentecostales.com.co/wp-content/uploads/2015/03/judas.jpg

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cómo me odio!


Hace unos días, por esas locuras que en ocasiones nos dan de ponernos cuidado en el "espejo" (En sentido figurado), caí en la cuenta de algo que generalmente nos ocurre muy seguido y es ver cuanto detestamos en los demás el defecto que más nos marca. Digo generalmente para no herir susceptibilidades por aquello de estar generalizando.

Sin embargo me di cuenta que cuando algo nos disgusta en los demás, muchas veces lo tenemos bien arraigado en nuestro compañero,  por ejemplo el otro día conocí a alguien y de una me cayo gordo por su petulancia y prepotencia, pero al cabo de unos minutos recordé como muchas personas en su momento me hicieron caer en la cuenta de cuanta veces mi comportamiento es exactamente igual.

Cuantas veces generamos discusiones en los demás porque detestamos tal o cual cosa, como ser incumplidos o demorados, imprudentes o porque nos sacan a relucir las invitaciones. Y muchas veces cuando lanzamos esos juicios no nos damos cuenta que nuestro comportamiento en circunstancias similares generalmente es igual o en ocasiones peor.

Algo así como que nos volvemos los más duros jueces de los otros, cuando comenten los mismos errores que nosotros regularmente cometemos, aún así, en nosotros son sólo muestras de carácter o respuesta al mal comportamiento de los demás. Eso sí, nunca vamos a dejar de criticarlo y no nos importa aquel dicho de los abuelos "El que tiene rabo de paja, que no se acerque a la candela" porque tarde que temprano esos juicios se volverán contra nosotros.

Es por eso, que sentándome a disertar sobre el asunto, me di cuenta que estos juicios de valor muy en el fondo es porque realmente hemos convivido tanto con esas actitudes que llegamos a detestarlas, no las hacemos evidentes directamente en nosotros, porque al igual que los malos olores, generalmente nos acostumbramos a los nuestros después de un tiempo, pero los de los demás los percibimos al instante.

A pesar de esto, muy en el fondo esas actitudes nos carcomen a nosotros mismos, no son agradables, pero el miedo a conocernos y confrontarnos no nos permite identificarlas. Pero en el fondo nos tenemos cierto odio y generalmente lo reflejamos en nuestras acciones auto destructivas, pero como todo, terminamos reflejándolo en otros y saliendo por la tangente.

En esos momentos debemos trabajar en disciplinarnos en dos cosas, tomar la decisión de no volver a juzgar a los demás, sin importar su comportamiento, sus costumbres o defectos (que nosotros vemos); al fin y al cabo, quienes somos para considerarnos mejores?... 

Segundo, empezar a mirarnos al espejo y trabajar por dejar atrás esos defectos que nos molestan tanto en los demás. Cuando nos demos cuenta, cuan difícil es cambiar nuestros hábitos auto-destructivos le tendremos más amor y paciencia a quienes nos topemos en el camino y entonces realmente les podremos ayudar.

Como diría aquel humilde carpintero de galilea: "No mires la paja en el ojo de tu hermano, fíjate en la viga que tienes en el tuyo"


Fuente Imagen: http://cancelesfinosorozco.com/wp-content/uploads/2015/09/Espejos-y-Lunas-2.jpg

sábado, 7 de mayo de 2016

La palabra de un hombre..


Hace algunos años hubo una frese que se escuchaba mucho, no se porque mis recuerdos siempre la relacionan con una serie de televisión, pero no logro recordar cuál es la seríe... la frase era "la palabra de un hombre es su honor, el honor de un hombre es su palabra", haciendo énfasis en la importancia y trascendatalidad del cumplir con nuestra palabra. 

En aquellas época bastaba con el compromiso verbal de una persona para saber que efectivamente lo que decía se cumplía, pues estaba en juego su honor. Sin embargo y recordando las palabras de Tácito "En un espíritu corrompido no cabe el honor" y es que en la actualidad hemos llegado a tales niveles de corrupción del espíritu, que ni siquiera en los contratos se puede confiar, porque las personas sin ningún problema, ni motivo, van quebrantando su palabra.

Y es que recordando a C.S Lewis "Nos reíamos del honor y luego nos sorprendemos de encontrar traidores entre nosotros"... recuerdo cuan cómico resultaba ser en una época esas personas que te decían "Yo no necesito contrato, con su palabra me basta" y los intelectualoides decíamos "Como puede ser tan confiado?". Cuantas veces pensamos que los contratos y los documentos son los elementos que necesitamos para resguardar nuestros compromisos, pero la realidad es que lo único que realmente necesitaríamos es volver a cultivar personas con honor en su corazón.

Disertando entonces un poco sobre el tema, hoy por hoy es muy común toparse con personas que tienen "genuino interés" (un poco de sarcasmo) por ayudarnos por levantarnos de la lona y como es natural depositamos nuestra confianza en esas personas que nos brindan "una mano de apoyo"; pero al final solo sacan ventaja del momento, y a la primera oportunidad se retractan de los pactos, acuerdos y promesas.

Viene a mi memoria un personaje que hasta te asegura que la decisión es tomada por sus socios (Y lo lindo es que su empresa no tiene socios)... porque hoy en esta ausencia de valores y de espíritus corruptos, el honor no tiene cabida, la misericordia queda en el olvido y lo único que realmente cuenta es como sacar ventaja de todas la situaciones y personas. Y es que en medio de las dificultades y las necesidades son más las espaldas que conoces, las manos tendidas con honestidad.

Sin embargo y sin importar el comportamiento y la actitud de los demás, cada uno es responsable de su vida, de sus decisiones y de sus consecuencias, por eso nunca debe ser una excusa en nuestro corazón, que olvidamos nuestra honorabilidad por las traiciones de los demás, eso es casi como "rebajarnos" a ser como ellos y nosotros hemos venido a brillar, no a ser obscuridad.

Por eso estoy seguro de que sin importar cuantas espaldas y traidores nos encontremos en el camino, con cuantas personas sin honor nos topemos, nuestra obligación (para con nosotros) debe ser cumplir nuestros compromisos, siempre que dependa de nosotros, mantener nuestra palabra... pero por encima de todo, jamás olvidar un compromiso y sin importar el tiempo o la distancia CUMPLIRLO.

Ser un ejemplo para las generaciones venideras, enseñar a nuestros hijos y estudiantes cuan importante es el honor, como la cultural del vivo y el bobo, solo nos hunden más y más en este pantano de subdesarrollo. Que el camino para superar todas nuestras dificultades como sociedad, es retomar el HONOR y la PALABRA, como los contratos más invulnerables de nuestro entorno....

Obviamente para esto también tenemos que perdonar a quienes nos han fallado. Y continuar el camino con la certeza en nuestro corazón de que "la palabra de un hombre (como genero) es su honor.."   


Fuente: https://elestrechodemesina.files.wordpress.com/2014/03/images-1.jpg?w=584

lunes, 22 de febrero de 2016

Degradame por piedad!

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Hace algunos años en una pequeña discusión familiar hablábamos sobre cual de los derechos fundamentales podría considerarse el más importante para la humanidad, obviamente pasamos de la vida, la libertad, la educación, etc. Y en cada pasa del análisis discursivo de cada uno de los derechos siempre revisábamos, la historia y el significado de fondo.

Pasamos de revisar la libertad, de como históricamente la gente la ha buscado y ha defendido, ha puerto por ser libre. También analizamos el derecho a la vida y como sin vida pues no tenemos nada más... pero entre todos los derechos que vimos nos pusimos de acuerdo en el que el más importante era nuestro derecho a la dignidad.

Y que es la dignidad, es respeto, respeto hacia mi, hacia lo que soy, por el simple hecho de ser. La dignidad es tener el conocimiento de que valgo como persona. Que no es mi dinero, mi familia, mi pasado o un color de piel lo que me hace ser digno, es la capacidad de respetarme y de buscar que otros me respeten, sin imponerme, ni vulnerar su dignidad.

Por la dignidad los próceres de américa dieron sus vidas, por ser tratados dignamente, por no ser subyugados y humillados, sino reconocidos como seres humanos. Por dignidad Ghandi lucho por que su pueblo fuera tratado con respeto, libertad y dignidad. Por esto Martin Luther King Jr. dio su vida para que su raza no fuera menospreciada, sino que fuera tratada como igual.

Durante muchos siglos la dignidad ha sido la mayor búsqueda del hombre, ser tratado con respeto por los demás, lograr que todos nos sintamos como seres iguales, sin diferenciación, sin distinción, tan solo mediado por el respeto y ¿por qué no?, por el amor.

Lo triste del asunto es que hoy en día muchos regalan su dignidad, le entregan a otros el poder de degradarlos, de humillarlos o menospreciarlos, "venden" su dignidad por un poco de dinero e incluso por un poco de "cariño". Permiten que otros los pisoteen porque es "la mejor forma de mostrarle" que lo amo. Y no nos damos cuenta que al vender nuestra dignidad, estamos dejando de ser.

Pero lo más interesante del asunto es que esperamos que otros nos respeten o valoren, cuando nosotros no lo hacemos. La dignidad no es andar gritando por las calles que soy digno y merezco ser respetado. Dignidad es respetarme yo mismo y lograr que eso lo reflejen los demás.

No vendas tu dignidad, no supliques por ser degradado, respetarte, amarte y valorarte, son los elemento que te llevarán a ganarte la dignidad que tanta sangre le ha costado a nuestra sociedad.