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domingo, 16 de febrero de 2020

¿Amor o dignidad?




Una de mis mejores amigas se le acaba de presentar una encrucijada en su vida, una de esas que siempre creemos que solo pasan en las series de televisión o en las novelas románticas de algún lunático como Shakespeare en Juleo y Rumieta. De esas que te invitan a dejar, por la búsqueda del amor (o la felicidad), toda tu dignidad a los pies del otro.

Y en esas reflexiones que me llevan a disertar por el asunto, y procurando no ser invasivo con las decisiones de mi amiga… decidí dedicarle estos pequeños reglones a mis pensamientos al respecto, no sin antes aceptar que en más de una ocasión yo mismo he dejado en el olvido mi dignidad y en otras he sido el victimario de la dignidad de alguna otra persona.

Lo primero que realmente quiero considerar hace referencia a una pregunta que muchas veces me quita el sueño y es ¿debo darlo todo por amor? Desde el punto de vista más poético y romántico de mi corazón contestaría sin ningún reparo ¡Sí! ¡el amor lo vale todo! Pero ya con los años, un poco más reflexivo y menos impulsivo no dudaría en responder al estilo de Jarabe de Palo “Depende”.

Esto es efectivamente mucho menos altruista y romántico, obvio, en total contravía del actuar de Romeo o de cualquier otro personaje de novela que sin dudarlo se arrojaría al vacío para velar por el bienestar de su enamorada, a quien acaba de conocer hace tan solo unos instantes.

Sin embargo, ya no creo en el amor idílico de canciones y poemas, por el cual entreguemos nuestra vida y dignidad, sin un poco de mesura y recato, sin un poco de garantía de reciprocidad y reconocimiento por parte del receptor de ese sentimiento. Y es que lo primero que me viene a la mente es la pregunta ¿cuálquiera debe ser merecedor de ese amor? ¿la primera o el primero que me cruzo en el camino es un digno receptor de ese amor?

Desde mi realidad diría que no, primero hay que saber que tanto nos podemos aportar, que tanto podemos confiar el uno en el otro, que tanto nos podemos construir, que tanto estamos dispuestos a hacer el uno por el otro. Que tanto estamos dispuestos a respetar el uno del otro, y solo entonces, cuando se tiene claro quién será el receptor de tan apreciado bien, de ese amor sin condición, de ese amor que lo entrega todo y es capaz de humillar su dignidad, solo entonces lo haría.

Pero viene aquí mi segunda reflexión. Y es que estoy seguro de que quien te ama, quien te quiere ver crecer, madurar, desarrollarte y ser cada vez un mejor ser humano ¡JAMAS! Lastimaría tu dignidad. Sería alguien que te conoce, te respeta, te admira y confía en ti, y por tanto, sería alguien que nunca se le cruzaría hacer algo que lastime tu dignidad, todo lo contrario, sería alguien que la protegería, que la defendería. Que daría su vida por ella.

Cierto, hay muchas cosas que confundimos con amor, hay muchas cosas como el deseo de no estar solo o como diría Rocio Durcal la costumbre, el apego o el miedo a la soledad… y creemos que esas cosas son lo suficientemente importantes para “hacer un último intento”

Pero la vida me ha enseñado en estos casi 39 años que, cuando intentas forzar las cosas, cuando las cosas no surgen naturalmente y se dan de forma fluida, con los roces normales de cualquier aprendizaje, cada intento tendrá el mismo resultado porque las variables son las mismas. Si queremos obtener resultados diferentes tenemos que hacer cosas distintas, y eso significa cambiar las variables.

Y definitivamente, si el principal factor para tener que dejar la dignidad de lado es la “desconfianza”, santo cielo, ahí sí que se está perdiendo el tiempo, porque el elemento mínimo que requiere una relación para sobrevivir es confianza mutua. Eso es como tratar de armar un rompecabezas al cual le faltan las principales piezas.


Así que, al menos desde mi punto de vista, el asunto no es si amor o dignidad, amor es dignidad y reciprocidad… amor es confianza.

Fuente imagen: https://www.chanboox.com/2018/07/07/charla-4-la-dignidad-e-identidad-de-la-persona-humana/

martes, 10 de mayo de 2016

Temet Nosce!


Hace unos 17 años se estreno la primera película de una de las trilogías de "Sci Fy" (Ciencia ficción) más taquilleras y seguidas de los últimos años, Matrix. No es necesario profundizar mucho en la temática de esta obra del "séptimo arte" pues es por muchos conocida, lo interesante del "Film" para este "Post" es que una de las escenas se puede apreciar un letrero con esta frase en latín "Temet Nosce", trayendo a colación la entrada al oráculo de Délfos.

Pero no me voy a remitir a la revisión histórica del origen del vocablo, ni tampoco a la relación inherente de la exitosa trilogía con la mitología griega, simplemente a disertar un poco sobre el profundo mensaje que nos dejan estas dos palabras "conócete a ti mismo", y es que aunque parezca evidente la respuesta que todos podemos dar cuando nos cuestionan si sabemos quienes somos, muy seguramente la respuesta será "obvio".

Sin embargo la respuesta más acertada muy seguramente sea "obvio no!". Generalmente vamos por la vida buscando satisfacer nuestra necesidad de afiliación (Tomando un poco de lo que nos presenta el querido Abraham Maslow en su pirámide) y generalmente en ese profundo afán nos vamos perdiendo de "a poquitos". Seguramente mantenemos algunos rasgos que aceptamos y defendemos con orgullo.

Por otro lado, tenemos algunos otros rasgos que tratamos de disimular u ocultar para mantener nuestra posición lograda en el circulo que nos ha aceptado. Muchas veces vivimos, como dice el poeta Juan de Dios Peza, "breves mascaradas" y al llegar al oscuro rincón de nuestro interior sentimos el peso de no tener la certeza, si realmente disfrutamos lo que decimos disfrutar o simplemente lo hacemos por seguir perteneciendo.

Como el actor que ha desempeñado toda la vida un papel, llega el momento donde no sabemos si actuamos o somos y lo que seguramente asoma a nuestra vida es la tristeza y la aflicción de deambular por este mundo sin saber realmente lo que somos.  Y es entonces donde debemos hacer un alto en el camino y preguntarnos si realmente vale la pena seguir por el mundo, sin tener siquiera la seguridad de saber quienes somos.

Hay momentos donde es necesario reaccionar, salir de esa obscuridad y darnos cuenta lo que somos, lo que realmente nos gusta, cuales son realmente nuestras virtudes y defectos. Nunca podremos avanzar en esta vida si solo hemos vivido para pertenecer a un grupo, sin saber siquiera si realmente es lo que queremos. Cuantas veces no nos pasa que estudiamos algo o trabajamos en un lugar solo por cumplir con las expectativas de los demás y las nuestras las relegamos en el más profundo y oscuro rincón de nuestro ser.

Eso nunca nos permitirá ser realmente felices, debemos levantarnos y conocernos, luchar por lo que queremos, con la mente siempre clara que en este mundo tenemos un ser por el cual responder y ese somos nosotros mismos... de lo contrario nos iremos de este mundo sin siquiera conocernos.

Muy seguramente algún filósofo existencialista nos dirá que jamás nos llegaremos realmente a conocer, pero ¿no sería mejor por lo menos intentarlo? seguramente ahí sabremos a donde queremos llegar y como lo podemos hacer.

Las mascaradas y las actuaciones son hermosas, pero nada superará a ser lo somos y defenderlo... eso si, toma tiempo, yo llevo 35 años y no me termino de conocer, aunque según mis amigos son 690. Conocete a ti mismo y seguramente encontrarás un mejor camino para ser feliz. Recuerda que esa es realmente la única tarea que tenemos que lograr.

Fuente de imagen: https://i.ytimg.com/vi/Fy8CJq31uuY/hqdefault.jpg

lunes, 22 de febrero de 2016

Degradame por piedad!

https://c1.staticflickr.com/7/6154/6230737307_e368bd2c6e.jpg

Hace algunos años en una pequeña discusión familiar hablábamos sobre cual de los derechos fundamentales podría considerarse el más importante para la humanidad, obviamente pasamos de la vida, la libertad, la educación, etc. Y en cada pasa del análisis discursivo de cada uno de los derechos siempre revisábamos, la historia y el significado de fondo.

Pasamos de revisar la libertad, de como históricamente la gente la ha buscado y ha defendido, ha puerto por ser libre. También analizamos el derecho a la vida y como sin vida pues no tenemos nada más... pero entre todos los derechos que vimos nos pusimos de acuerdo en el que el más importante era nuestro derecho a la dignidad.

Y que es la dignidad, es respeto, respeto hacia mi, hacia lo que soy, por el simple hecho de ser. La dignidad es tener el conocimiento de que valgo como persona. Que no es mi dinero, mi familia, mi pasado o un color de piel lo que me hace ser digno, es la capacidad de respetarme y de buscar que otros me respeten, sin imponerme, ni vulnerar su dignidad.

Por la dignidad los próceres de américa dieron sus vidas, por ser tratados dignamente, por no ser subyugados y humillados, sino reconocidos como seres humanos. Por dignidad Ghandi lucho por que su pueblo fuera tratado con respeto, libertad y dignidad. Por esto Martin Luther King Jr. dio su vida para que su raza no fuera menospreciada, sino que fuera tratada como igual.

Durante muchos siglos la dignidad ha sido la mayor búsqueda del hombre, ser tratado con respeto por los demás, lograr que todos nos sintamos como seres iguales, sin diferenciación, sin distinción, tan solo mediado por el respeto y ¿por qué no?, por el amor.

Lo triste del asunto es que hoy en día muchos regalan su dignidad, le entregan a otros el poder de degradarlos, de humillarlos o menospreciarlos, "venden" su dignidad por un poco de dinero e incluso por un poco de "cariño". Permiten que otros los pisoteen porque es "la mejor forma de mostrarle" que lo amo. Y no nos damos cuenta que al vender nuestra dignidad, estamos dejando de ser.

Pero lo más interesante del asunto es que esperamos que otros nos respeten o valoren, cuando nosotros no lo hacemos. La dignidad no es andar gritando por las calles que soy digno y merezco ser respetado. Dignidad es respetarme yo mismo y lograr que eso lo reflejen los demás.

No vendas tu dignidad, no supliques por ser degradado, respetarte, amarte y valorarte, son los elemento que te llevarán a ganarte la dignidad que tanta sangre le ha costado a nuestra sociedad.