miércoles, 23 de septiembre de 2026

Esto tambien pasará

 


Hace algunos años, cuando leí un conocido bestseller titulado La culpa es de la vaca, me llamó muchísimo la atención una de sus historias. En ella, el reto más grande para los sabios de un reino era encontrar una frase que, al mismo tiempo, brindara esperanza en momentos de aflicción y humildad en tiempos de opulencia.

Durante mucho tiempo consideré esa anécdota como una historia más: de esas que suenan hermosas y motivadoras, pero cuya función es puramente estética, sin un trasfondo real en la vida humana. Llegué a pensar, incluso, que tenía más utilidad la fórmula del agua tibia.

Sin embargo, todo cambia cuando llega a tu vida ese momento de oscuridad, esa tormenta de la que crees que no vas a salir; cuando empiezas a caminar entre abrojos y penas, y sientes la ansiedad y la desesperación que el mundo sabe imponerte. Es ese instante en el que la existencia misma parece carente de sentido, más allá del sufrimiento y de la culpa por haber desaprovechado las oportunidades de guardar y prepararse para el invierno. Solo en ese momento la frase cobra sentido.

Es ahí donde la palabra más bella que puedes escuchar de los labios de Dios es: «Esto también pasará». Te das cuenta de que nada llena más el corazón de esperanza ni existe mayor motivo para no rendirte cada mañana que tener la certeza, en todo tu ser, de que esta etapa de la existencia donde todo parece oscuridad, también pasará.

Sin darte cuenta, cada vez que las lágrimas asoman a tus ojos, cada vez que el corazón se llena de angustia por no encontrar salida o que la mente pierde el horizonte, Dios te susurra al oído: «Tranquilo, no desfallezcas, esto también pasará».

Es entonces cuando comprendes que no hay nada más profundo ni que renueve mejor las energías para seguir luchando que recordar que este momento de espinas, tormentas, culpas y penumbras tendrá fin. Parece ilógico y alejado de la realidad, pero cada vez que recuerdas esa verdad, es como si pusieras tu historia en perspectiva y reconocieras la naturaleza de la vida: han existido momentos maravillosos que olvidaste que terminarían, pero también momentos oscuros que, finalmente, llegaron a su fin.

Es un reto enorme renovar la esperanza y las fuerzas cada mañana pensando que este desierto terminará; pero te puedo asegurar, porque lo he vivido, que nada te permite limpiarte las lágrimas y levantarte con más fuerza del último golpe, que conservar la fe en el corazón de que esto también pasará.

Levántate conmigo, miremos con esperanza el mañana y tengamos claro que cada amanecer será una nueva oportunidad para empezar y reconstruir nuestro sendero.

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