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miércoles, 19 de septiembre de 2018

En legítima defensa!




Hace algunos días los medios y la redes sociales se inundaron con la noticia de una actriz que había sido maltratada por su pareja, con graves afectaciones físicas sobre su rostro y otras partes de su cuerpo. Tan pronto salió esto muchas personas se movilizaron con expresiones de apoyo y símbolos en reproche de la situación vivida por la figura pública, trayendo nuevamente a los medios la temática de la violencia contra la mujer.

En su momento mi única crítica, mas allá de la situación, fue en relación con los medios. Pues cuando se trata de un personaje de la farándula o mediático, todos salen a hablar a indignarse, pero esta es una realidad que afecta a muchas mujeres del común todos los días y, lamentablemente, nadie dice nada.

Sin embargo, a pesar de mi crítica al típico comportamiento de los medios frente a su amarillismo cuando un miembro de la farándula sobre los embates de la realidad social, lo que realmente me quitó el aliento fue la postura de algunos "opinadores" sobre la responsabilidad del hecho. Muchos fueron capaces de insinuar que tan solo era una pantomima y que "que abría hecho para que le pasara lo que le pasó".

Y entonces caí duramente con una de las condiciones más comunes de nuestra sociedad, la justificación de la violencia. Fue tal el movimiento de opinadores que el victimario salió en varios medios diciendo que su actuar habías sido "en legítima defensa". ¿la violencia es justificable? Ciertamente existe el agravante de que la situación fue en contra de una mujer, aunque quitando el papel machista de esta expresión, así hubiera sido contra un hombre, ¿existe una razón para defender la violencia de cualquier tipo?

Pues para mi no. Cierto, hay situaciones donde un ser humano actúa en defensa y protección de su vida, pero siempre será bajó situaciones donde la ventaja del oponente es claramente superior y el instinto de superviviencia toma control del organismo, otras que la constitución y la ley consideran legítimas.

Sin embargo, yo considero que no existe un motivo para golpear, maltratar o lesionar física, verbal o emocionalmente a alguien, en especial si esta persona, de un modo u otro, hace parte de tu vida. No existe argumento, base o justificación para levantar la mano o las palabras contra quien en otro momento quisiste acariciar.

No importa la frustración, el dolor o el orgullo herido, siempre el camino correcto será dar la vuelta e irse. Nada, absolutamente nada debe llevarnos a justificar de un modo u otro el atentar contra otro ser humano y menos cuando estuvo vinculado con nuestras vidas. La violencia solo genera más violencia, dolor y resentimiento.

Socialmente estamos acostumbrados a buscar justificaciones a determinados comportamientos, pero aceptar la violencia y defenderla, solo muestra de nosotros una incapacidad de razonar y entender que el mundo y las cosas no son siempre como queremos.

Bueno, por lo menos así lo veo yo.


jueves, 1 de junio de 2017

Algo estamos haciendo mal


Una de esas noches de tertulia, que tanto me apasionan, hablábamos con unos amigos de noticias de actualidad en la sociedad, pasamos de los conflictos de seguridad y las “barras bravas”, al juego de la ruleta sexual entre los adolescentes. Del Bullying mal manejado por los jóvenes, a las altas tasas de homicidios cometidos por jóvenes. En fin, desde temas de alta profundidad moral y ética, hasta superficiales y banales, como los nuevos “youtubers”.

Y en cada momento de la discusión, al mejor estilo de un grupo de ancianos pensionados, llegaba el señalamiento a las nuevas generaciones; como estos jóvenes se están tirando el mundo en el que vivimos… en fin, fue una tertulia larga de ires y venires; pero de todo en mi cabeza quedó dando vueltas cómo el mundo está patas arriba, como efectivamente un joven acaba con una vida por el color de una camiseta, por un celular, por comprar un bareto o simplemente por cruzar una calle (las fronteras invisibles).

Como los jóvenes juegan a la ruleta rusa al tener sexo sin protección con cualquier persona; y valga la aclaración, considero que sería mucho más seguro que se abstuvieran, pero sino lo van a hacer, por lo menos que no juegues con la salud y el futuro. Pero no todo se detiene ahí en esta generación, cada vez se es más superficial, no solo en los gustos, la música o el valor que se da a lo banal; se ha llegado al punto de valorar más una vida animal, que una vida humana.

Y entonces, disertando un poco sobre todo esto, llegue a la pregunta ¿Qué estamos haciendo mal? Porque efectivamente mucho de lo que vemos hoy en día no es nuevo, ni es un comportamiento innovador, efectivamente, como hablaba con alguien, el mundo ha vivido muchas veces y desde la antigüedad estas corrupciones morales o éticas, esta falta de respeto sobre la vida, sobre el otro. Entonces, ¿Qué tiene de especial hoy?

Ya nos hemos matado por un color, por un partido, por una religión, la sociedad ya ha destruido países y razas enteras por cosas pasajeras, el desorden en lo sexual se ha visto en las grandes familias, llegando a grandes corrupciones como el incesto o el sado masoquismo, dejando como gran diferencial la difusión masiva de los medios de comunicación, los cuales nos llevan toda la información a todas partes.

Pero el tema no es solamente mediático, no es solo de sobrepoblación y polución; es estructural, es coyuntural y profundo. Muy a pesar de lo que se piensa y difunde en los medios, son cada vez más los que perversamente siente placer con el daño al otro, cada día se encuentran acciones menos racionales y más autodestructivas. La conciencia del otro, la pérdida del respeto por el otro, por la diferencia.

Ver como los jóvenes pueden asesinar sin el menor sentimiento de culpa, dañar incluso a los de su propia familia. Ver como hoy la sociedad esta totalmente desintegrada y se lamenta más fácilmente por la muerte de un animal, que por el sufrimiento de un ser humano. ¿Qué nos pasó?

Y el trasfondo, desde mi punto de vista, está soportado en los hombros de las generaciones adultas, nos dedicamos a vender valores pasajeros a las nuevas generaciones, centrarnos en el dinero, en lo pasajero, en lo poco trascendental. Nosotros cambiamos la sociedad, en el afán de alcanzar la libertad le enseñamos a las nuevas generaciones que todo es relativo.

Enseñamos que mientras yo esté bien, que se jodan los demás. Formamos un mundo de egoístas sin corazón, que no pensaban en el otro. Un mundo donde para realizar lo que yo quiero, nada puede perdurar, un mundo de amores pasajeros… porque nada es para siempre. Un mundo donde el dinero es la mayor expresión de amor, así que volvimos interesados a nuestros hijos, para ellos no hay tiempo, hay dinero.

Fue tal el afán de salir de las estructuras sociales arcaicas, machistas y falo céntricas, que destruimos todas las estructuras sociales, éticas, morales. El otro perdió importancia, yo soy el importante… yo soy lo único que existe. Y le enseñamos eso a las nuevas generaciones, nunca les mostramos la importancia de ver y pensar que el otro es parte de mi. Creamos una generación que no sabe dar, solo recibir.

Y ahora estamos recogiendo los frutos, un sociedad egoísta, donde cada pensamiento pequeño quiere ser impuesto por la fuerza a los demás, porque el otro tiene la obligación de aceptarme, una sociedad superficial que no conoce el valor de las cosas, solamente su precio. Una sociedad donde la vida no es lo importante, sino la moda.

Ojala, algún día, volvamos la mirada atrás, retomemos la importancia de aceptarnos mutuamente, de apoyarnos, de respetarnos. Ojala volvamos a darnos cuenta de lo importante, de lo trascendental. De lo necesario de compartir… que por las cosas se lucha, no se desechan. Quizá, en ese momento, volvamos a ser realmente una sociedad capaz de superar todas las vicisitudes.

Solo cuando recuperemos nuestra capacidad de dar valor a las cosas transcendentales, de dar la mano al otro y reconocerlo como parte de mi vida, donde entendamos que nada es más importante que la dignidad, la vida y la libertad… que el otro es parte fundamental para yo exista… solo entonces dejaremos de estar condenados a desaparecer.

Lo primero sería volver a dar valor a la familia, al hogar, volver a construir sentido de pertenencia en un grupo primario que me enseñe a amar y a valorar… no solo a mi, sino el mundo que me rodea.


Bueno, por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: http://www.quo.es/var/quo/storage/images/ciencia/encuentra-evidencias-entre-la-violencia-en-adolescentes-y-el-desarrollo-cerebral/1248295-1-esl-ES/encuentra-evidencias-entre-la-violencia-en-adolescentes-y-el-desarrollo-cerebral_full_landscape.jpg