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jueves, 13 de junio de 2019

Te vas a arrepentir




Alguna vez hablando con mi anciano padre me contó una anécdota (no se que tan documentada) del dialogo entre Sócrates y uno de sus discípulos sobre una trascendental decisión que debía tomar en su vida: casarse o no casarse. Y entonces el gran filósofo solo tuvo a bien contestarle: “si te casas te vas a arrepentir, pero si no te casas, también te vas a arrepentir”.

Siempre me dejó un sin sabor recordar esa historia, como es posible que sin importar el camino habría algo de que arrepentirse, y entonces que pasa con los finales felices, con las decisiones “obvias” esas que sine qua non te conducirán a ese estado fundamental de felicidad, esas decisiones que tomas completamente seguro de que no habrá nada, absolutamente nada de lo cual arrepentirse.

Pero a medida que la vida me ha llevado por diferentes caminos me he dado cuenta que sin importar lo bueno, lo malo, lo perjudicial o benéfica que pueda parecer una decisión en la vida, ese camino que decidiste dejar atrás siempre traerá consigo un “¿Y si yo hubiera?” y entonces vienen los lamentables arrepentimientos.

Desde decisiones elementales como que comer, que vestir, por donde irse, a donde ir, donde trabajar, etcétera… siempre el camino abandonado, la ruta no seleccionada nos generará en el fondo un sentimiento de tristeza y desolación. Pero entones ¿cuál es el camino?

Algunos deciden llevar la vida sin tomar decisiones, solo dejarse llevar como hojas al viento y consideran que lo que pase será fruto del “karma” de vidas pasadas y por tanto no hay mucho sobre lo cual decidir, no hay muchas rutas que seleccionar o decisiones sobre las cuales responsabilizarse.

Otros prefieren volverse grilletes de sus propias decisiones, yendo por la vida sin cambiar de decisión sosteniéndose cual muro de concreto sobre las decisiones tomadas y manteniendo los embates de la vida en su decisión a pesar de los sufrimientos y agonías que estas les puedan generar. Consideran que al tomar una decisión no hay otro camino no hay otra vía y se deben “mantener firmes”, convirtiéndose en mártires de sus acciones.

Pero ninguno de estos caminos conduce realmente a una paz, la vida no se puede vivir al viento, sin responsabilidad sobre mis actos o sobre lo que pasa en mi vida, todo lo que pasa en mi vida es consecuencia de una decisión que tomé o dejé de tomar, y eso es lo primero que debo tener en la mente.
Lo segundo, evaluar cual es el daño que puedo causar terceros con mis decisiones, porque no podemos ir por la vida dejando huellas de dolor en los corazones de otros cada que tomamos una decisión, pensando egoístamente solo en nuestra necesidad… como si fuéramos Mr. Hide, liberando siempre nuestra pasión y deseos sin ninguna medida más que nuestro propio disfrute.

Lo tercero, evaluar que tanto aporta cada decisión en para el logro del fin último de cada ser humano, ser feliz y vivir en paz. Teniendo claro, como en el derecho, que mi bienestar y mi felicidad no puede estar cimentada en el dolor o la amargura de otros. Lo difícil de esta parte es tener la claridad real de que es lo que realmente me hace feliz, de que es lo que realmente quiero, sueño y aspiro.

Lo cuarto, que no somos un árbol plantado que una vez tomada una decisión no hay otro camino, no hay retorno, ni posibilidad de cambio. Como seres humanos, lo más bello que tenemos es la posibilidad de cambiar. Y no solo la posibilidad, tenemos la necesidad de crecer, de cambiar, de seguir, de evolucionar. No importa cuanto tiempo haya pasado, siempre habrá la oportunidad de cambiar una decisión. Obvio se debe tener presente que toda decisión tiene una consecuencia y quizá cuando quiera cambiar ya no tenga los mismos caminos, pero ponerme yo mismo el grillete.

Y quinto, aunque algunas decisiones nos generan algún sentimiento de desolación o tristeza, no todo es para siempre. A veces los caminos más difíciles y desolados son los que nos conducen a los mejores paraísos, el secreto esta en tener la absoluta certeza de cuales fueron los motivos para tomar una u otra elección.

Por lo menos así lo veo yo.

domingo, 21 de abril de 2019

¡Es una trampa!



Desde que empezamos a tener algo de conciencia deseamos fervientemente crecer, ser adultos y tomar las riendas de nuestra vida, creemos que con la adultez vienen cosas maravillosas, que será increíble cuando alcancemos esa etapa. Lo más bello es que desde que cruzamos la línea de la mayoría de edad nos toparemos en todo el camino con personas que siempre nos dirán “qué esperas para madurar, ya no eres un niño” y ahí vamos por la vida tratando de llegar a esa consabida y deseada adultez madura.

Sin embargo, aprovechando un poco que hoy estamos en Domingo de Pascua, quiero recordar las palabras de aquel carpintero de Galilea cuando un grupo de niños se acercó él y sus discípulos trataron de distanciarlos “dejad que los niños vengan a mí […] porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos”. No voy a entrar en conjeturas religiosas o discusiones bizantinas. Para partir diferencias voy a considerar el reino de lo cielos parte desde este plano de la realidad, sin entrar a hablar de lo que pasa después de la muerte.

Y partiendo de esa premisa, que el reino de los cielos (entiéndase paraíso) es de quienes son como niños, es importante definir cómo son los niños y cuál es la diferencia con los adultos. Quizás muchos no compartan las siguientes líneas de mi disertación, pero así lo veo yo.

En primer lugar, los niños no guardan rencor, aprenden a perdonar a otros y a ellos mismos con la facilidad de un abrir y cerrar de ojos. Los niños saben que lo importante es reír, jugar, disfrutar y que el tiempo es oro y no se debe perder en pleitos y rencores. Saben que ese que hace cinco minutos me pegó, ahora es mi compañero y vamos a ganar…

Los niños dan sin medida, porque cuando dan, viene del corazón. Los niños no dan por presión social o por quedar bien con otros, cuando deciden ayudar lo hacen porque su corazón se los dictó y no están pendientes de retribución o premio, solo de la mera satisfacción de haberlo hecho. Del mismo modo, ellos no están pendientes de la opinión de los otros frente a sus actos, cantan, ríen, juegan, saltan, se ensucian y nunca están pendiente de lo que otros puedan pensar, decir u opinar frente a lo que ellos están haciendo. Hacen todo lo que los llena, les genera felicidad y los transforma y eleva a ser felices.

Para un niño lo material no es realmente importante, eso lo han aprendido de nosotros, para ellos es tan divertida una caja de cartón que se puede convertir en una casa o un castillo, como la última Play Statión o el Xbox de última generación, aunque para ellos es más versátil la caja. Ellos no miden a las personas por lo que les pueden dar, sino por lo que pueden compartir, para ellos es más valioso el tiempo dedicado que el dinero otorgado.

Los niños JAMÁS se adaptan a una zona de confort, ellos necesitan cambiar, aprender, evolucionar, seguir… ellos jamás están conformes con lo que no los haga sentir bien, eso los entristece, los desalienta y aburre. Y con base en esto miden todo lo que hacen y deciden en sus vidas, su nivel de medida para todo es que tanta sonrisa me genera, que tanta felicidad me causa, que tan bien me hace sentir.

En cambio, los adultos; no sabemos perdonar, siempre estamos trayendo a colación las heridas del ayer, los dolores del pasado, las penas y amarguras. Nos quedamos atascados en lo que nos hicieron o lo que nos hicimos nosotros mismos “porque es parte de mi y no lo puedo dejar atrás”.  Por otro lado, rara vez los adultos damos sin medida, generalmente damos esperando recibir algo en retribución, y no hablo solo de dinero. Esperamos recibir atención, cariño, prelación. Esperamos que nos devuelvan lo que damos porque damos para recibir, no por el placer de hacerlo.

Y en cuanto a la opinión, nuestra carta de navegación y decisiones es, sin lugar a duda, las opiniones de los demás: no saltamos, no reímos, no cantamos a todo pulmón porque los otros que podrán estar pensando de nosotros, qué nos van a decir, cómo nos van a mirar. Mantenemos un vínculo constante de aceptación y dependencia de los demás, no somos por nosotros mismos, sino por lo que los otros piensan y ven en nosotros. Somos unos adictos absolutos a los demás y no somos capaces de vivir sin esa droga.

Y para acabar de completar, lo material para los adultos se convierte en su indicador más importante de éxito, al mejor estilo de la canción “cuanto tienes, cuanto vales”. La vida se convierte en una lista de chequeo donde debe estar “la casa, el carro y la beca”, pero poco la felicidad, la experiencia, el camino, las sonrisas y alegrías. Más aún, es tal nuestro afán de tener y poseer tanto bienes, como personas, que nos olvidamos de que estamos aquí para alcanzar “el paraíso” (la felicidad) y nos quedamos pegados en lugares infelices y amargados, con tal de no perder lo que hemos conseguido, porque es más importante tener que ser.

Por eso mis amigos, yo creo que crecer es una trampa, es un camino a la tristeza, a la infelicidad, a la amargura. A un camino lleno de listas de chequeo de cosas que debo tener y hacer; pero no a vivir sin listas, sin miedos, sin tristezas… Yo lo creo y te lo digo, crecer es un engaño que busca que nos olvidemos de lo más importante… ¡Vivir!


lunes, 22 de mayo de 2017

¡Matándome suavemente!



Hace algunos días disfrutaba del humor de un meme que hacía referencia al tabaquismo, en la imagen, una cajetilla advertía que el cigarrillo daba cáncer, pero en letra menuda decía que igual la carne, el sol y respirar, así que en últimas tendríamos una muerte horrenda, entonces porque no disfrutar ese “pequeño y malsano hábito”.  Y me dejó pensando en la infinidad de pequeñas cosas que acostumbramos día a día y nos pasarán en un futuro la cuenta de cobro, una manera delicada de matarnos suavemente.

Viendo poco a poco como diariamente tenemos hábitos que nos consumen suavemente, nos van destruyendo. Desde cosas elementales como la sal, la carne y las harinas, solo por mencionar los alimentos. A esto se pueden sumar costumbres como caminar bajo el sol, el exceso de ejercicios, podríamos decir que efectivamente casi todo lo que nos rodea y nos general algún tipo de placer, de una u otra forma nos lleva destruirnos.

Y podríamos llegar a la conclusión de que deberíamos meternos en una esferita que nos evite morirnos trágicamente; pero, ¿realmente estaríamos viviendo? Alejarnos de todo, encerrarnos en una esfera sin disfrutar de nada, encontrándole el pero a cada cosa que encontramos a nuestro alrededor, esa sería solo una forma de matarnos rápidamente, y no lentamente, como estamos hechos para hacerlo, porque lo único realmente claro en nuestra existencia es que querámoslo o no, algún día llegará ese día donde nuestro cuerpo deje de respirar.

Bueno, me he desviado un poco de la temática sobre la que quiero disertar en este post… fuera de nuestros hábitos alimenticios o de nuestras costumbres para sentirnos vivos, hay unos realmente destructivos y que nos consumen. Y estos son los hábitos emocionales, esas costumbres que no destruyen el cuerpo, sino el alma, el espíritu y nos van cortando poco a poco las ganas de vivir.

Son muchos las costumbres de ese tipo que vamos adquiriendo en el camino de la vida, generalmente nacidas de nuestros temores y que nos llevan a tomar posturas de vida que acaban con lo realmente importante, nuestro espíritu. Una de los hábitos más comunes de este tipo es la autoflagelación, tomamos la tendencia a darnos “látigo” por nuestras decisiones.

Muy en el fondo de nuestro corazón consideramos que no podemos cometer errores y cuando los cometemos la empredemos lanza en ristre contra nosotros mismos, nos flagelamos, nos castigamos… casi que nos torturamos y obviamente, nuestros vecinos generalmente aportan significativamente a esto, emitiendo juicios de valor sobre nosotros, considerando que nuestros errores “nos definen” y la realidad es que solo representan un momento de nuestra vida, pero que siempre estaremos en capacidad de cambiar. Esta búsqueda de la perfección nos consume peor que el tabaco, porque nunca vamos a ser perfectos, somos imperfectos y ahí está el placer de vivir, en ser imperfectos.

Luego nos encontramos con la firmesa, la inamovible  palabra, es tan precioso ver como las personas se destruyen así mismas cimentadas en esta “astuta” determinación. Escuchas frases de cajón como “es que yo tome una decisión y la sostengo hasta sus últimas consecuencias”, y lo más interesante del asunto es que por dentro se van consumiendo, se van perdiendo, dejando de ser quienes son, pero es que ya se tomo una decisión, ya se dijo algo y hay que mantenerlo.

Me recuerda la postura de un amigo que alguna vez acepto frente a su familia que sus preferencias sexuales habían cambiado, sin embargo tiempo después volvió a sentir atracción por el sexo opuesto, sin embargo ya no se iba a regresar, porque ¿Cómo diría en su casa que antes era y ahora no?... fue bastante cómico. En la vida, gracias el maravilloso Einstein se llegó a la conclusión de que todo es relativo… las decisiones son llevadas a cabo por motivaciones del entorno, pero si estas cambian, estoy en la libertad de cambiarlas.

Olvidamos que no somos máquinas que tengamos una programación, somos seres humanos RACIONALES y libres, por tanto, si las razones de una decisión cambian, yo tengo la libertad de cambiar de postura cuantas veces quiera… nada me retiene en un punto, más allá de mi deseo de autodestruirme. Cambia cuantas veces quieres, solo le debes cuentas a un ser humano, a ti mismos.

A estas costumbres se puede sumar la dependencia, esa horrible actitud que nos genera apego a las personas, a las cosas, al “Statu Quo”… le tenemos miedo a cambiar, queremos mantener nos apegados a las personas, se vuelve una droga, no dejamos ir, no soltamos… parecemos una rémora pegada a otro como si no hubiésemos llegados solos a este maravilloso mundo, hasta de nuestra madre nos cortan el cordón umbilical en el mismo instante de nuestro nacimiento, porque de lo contrario por ahí empezaríamos a morir.

No estamos atados a nadie, ni a nada. El corte del cordón umbilical nos debe enseñar que si mantenemos esos lazos y amarres, poco a poco nos iría destruyendo, consumiendo, infectando hasta desaparecer, dejando de ser quienes somos. La única vida sobre la cual estamos atados, que tenemos que sacar adelante y que nunca podremos soltar, somos nosotros… la vida es un camino, que va cambiando, a veces hay lluvia, otras sol… pero en ese camino siempre cambiante nos encontraremos compañeros de viaje, unos irán a nuestro lado unos metros más que otros, pero lo único que siempre será el constante es el camino, el cambio y tú.

Por último, pero no menos dañino, está el mismo miedo… el miedo a vivir a equivocarnos, a caernos, a rasparnos y aprender. Pero aprender no es encerrarnos en un espejo o llenarnos de prejuicios en el corazón para no volver a experimentar. Vinimos al mundo a vivir intensamente, a disfrutar, a equivocarnos, a caer, a saltar, a soñar, a reír y a llorar. El miedo nos va consumiendo la vida, la fuerza para desear vivir y disfrutar.

Cierto nos vamos a lastimar, quizá vamos a llorar, pero cada lagrima también nos ha enseñado a reír… nada más destructivo que dejar de vivir por miedo, nada que realmente nos mate, como simplemente cubrirnos en nuestro miedo para no hacer las cosas… ¿de qué te cuidas? ¿No sabes que al final no saldrás vivo de esto?

Vive intensamente, con energía, lucha, sonríe, camina bajo la lluvia, tiende la mano, enamórate, perdona, no guardes rencor… solamente vive… no hay tiempo para nada más…


Deja de matarte suavemente y empieza a vivir intensamente. Al final cuando llegues al límite del camino y te toque ver de frente a la parca, lo único que valdrá la pena fue lo que viviste, lo que amaste, lo que ayudaste y lo que reíste.

Fuente imagen: https://exitoxminuto.com/wp-content/uploads/2016/09/man-1394395_1920-649x433.jpg

miércoles, 20 de abril de 2016

Con rémoras y parásitos a cuestas.


Estando buscando temas para leer y aprender nuevas cosas, aplicando mis propios consejos encontré un tema que alguna vez me había apasionado muchísimo: las rémoras y los parásitos. Desde la biología los primeros son considerados pequeños "comensales" que se aprovechan de los sobrantes que salen de la boca de los animales a los cuales se adhieren como "pequeños estorbos" en el nado.

Se supone que nos son tan dañinos, hasta dicen que sirven para algo, aunque lo cierto es que tener esa alimaña pegada a tu vientre, de alguna forma te va reteniendo estorbando, calculo incluso que hasta cansando. Por otro lado, los parásitos desde las ciencias son totalmente dañinos, son pequeños depredadores que te van consumiendo poco a poco, hasta que el huésped pierde todos los alientos y empieza a morir devorado completamente por la "misteriosa alimaña" que tienes en tu interior. 

Y en medio de esta disertación "biológica" sobre estas estorbosas "criaturitas" que se vinculan a nuestro cuerpo para sacarnos provecho y luego partir, llevarnos a nuestro entierro y morir de paso con nosotros,  pues con tal de destruir a su huésped no importa si tienen que morir; me dejo pensando cuantas veces en la vida nos cruzamos con personas similares... desde que estamos en el colegio y llegan los conocidos "chupasangre" a chupar llanta y sacarle el jugo a los "nerds" y superar cada año de estudio o tan solo determinadas asignaturas.

Ojo, si nunca te encontraste con algún compañero "vampiro" en el bachillerato, hay un alto nivel de probabilidades que tu lo fueras. Sin embargo, digamos que en la vida escolar estos personajes del bajo mundo son hasta graciosos, llegan a ser una parte importante de la "fauna" escolar. Pero a partir de allí en lugar de generarnos gracia el toparse con unos de estas rémoras o parásitos "antropoides", muy seguramente nos pueden conducir a la perdición.

No siempre es fácil identificar estas pequeñas y aprovechadas alimañas en nuestro entorno animal (Por decirlo al mejor estilo de Naturalia). En muchas ocasiones llegamos a pensar que son personas realmente increíbles porque aparentemente no tienen grandes ambiciones, son amantes del "Status Quo", de mantener su estado de "Confort" y al igual que una sirena, nos van conduciendo con su engaño y delicada voz a perder las energías y las fuerzas para luchar. Sentimos como nuestra fuerza poco a poco se va agotando y no logramos superar ni las más mínimas dificultades.

Perdemos nuestra fuerza y nos vamos consumiendo hasta desaparecer, sin darnos cuentas nuestro pequeño parásito se aprovecho de nosotros, nos saco el jugo, incluso sin importarle que muriera con nosotros. Otros ejemplares de estas devastadoras criaturitas son las que se van por el otro extremo... están llenas de sueños y ambiciones, pero nunca tienen la fuerza y la capacidad; se pegan a nosotros como trampolín para alcanzar lo que quieren.

Al igual que las rémoras, nos hacen creer que nos están animando y apoyando a subir a crecer, pero por el contrario están pegadas, "Sacándonos" el jugo, disimuladamente van obteniendo todo lo que quieren y nunca nos hemos dado cuenta que el benefactor de cada uno de sus logros fuimos nosotros... estamos completamente convencidos de que son "luchadores(as) o verracos(as)" y la realidad es que solo fueron una sanguijuela que nos saco la sangre sin darnos cuenta.

Y entonces, cuando estamos consumidos y sin salida, nos dicen "Bye"...  Te das cuenta cuando es demasiado tarde. Y no hablemos de cosas materiales, hablamos de la fuerza, la energia, los sueños y los objetivos de vida. Estas rémoras y parásitos de la fauna humana no se alimentan de dinero, eso viene y va... se alimentan de nuestros sueños, su objetivo es obtener lo que quieren pero en el camino irnos acabando poco a poco, que nuestras emociones vayan desfalleciendo.

Nos llevan a tal nivel de engaño que nos hacen creer que no se puede concebir una vida sin tenerlas a nuestro lado, porque al igual que la naturaleza, nos vamos adormeciendo... Pero como en todo, la solución está al alcance de una decisión, tomar la decisión de continuar, de soltarnos el parásito y recuperar nuestra fuerzas y nuestro espíritu.

Suena sencillo, pero no lo es, no es fácil tomar una decisión requiere que te levantes y digas "Ya basta!"... y empieces a actuar en forma armónica con tu pensamiento y tus palabras... 

Eso sí, luego no te quejes por los resultados de tu vida, tu eres que ha tomado le decisión de continuar caminando con tus rémoras y parásitos a cuestas...

Anímate a cambiar y a liberarte, verás que libre se siente.


Fuente imagen: http://www.posidoniaecosports.com/blog/wp-content/uploads/2015/08/Tibur%C3%B3n-Toro-R%C3%A9mora.jpg

viernes, 15 de abril de 2016

¿Todo porque hoy es viernes?

http://terapiadeparejaweb.com/wp-content/uploads/2015/08/superar-la-dependencia-emocional1.jpg
Hace unos días me llamo mucho la atención un "meme" que hacia mofa al típico existencialista, cuando un amigo le expresaba su felicidad por ser viernes y empezar el fin de semana, ante lo cual este personaje le respondió con una "retaila" sobre el capitalismo y el amarre económico para alegrase por ser viernes y en fin... toda una "chachara" donde el amigo le responde "ahora entiendo porque nadie te quiere".

Y es que efectivamente nada más triste que encontrarse con una persona que ante cualquier expresión de alegría, encuentra un motivo para desanimarte y demostrarte que no lo hay (que pena tema de ayer). Sin embargo al levantarme el día de hoy y caminar llevando a mi hijo al colegio, sentí ese delicioso frío mañanero, un cielo despejado... un hermoso día en toda la extensión de la palabra y solo hasta ese momento recordé que era viernes y expresé la consabida frase de cajón "Gracias a Dios es viernes!" y entonces me puse a disertar un poco sobre el tema.

Llegó a mi mente como para muchas personas existe una dependencia frente al día en el que se puede ser feliz, frente al lugar donde se puede ser feliz, frente a la persona con la cual se puede ser feliz, frente a las cosas con las cuales se puede ser feliz, etc, etc... Por alguna extraña razón los afanes de la vida nos llevan a generar una dependencia para encontrar la felicidad, aunque no podemos negar que nuestros amigos de los medios de comunicación ayudan mucho frente a este tema.

Lo interesante del asunto es ver como en realidad un lunes nos levantamos de mal genio, con malas pulgas, simplemente porque es lunes, nos sentimos algo felinos compartiendo los sentimientos del querido y amado Garfielt. Pero si ahondamos un poco en nuestro sentimiento frente a la infelicidad por ser lunes, no vamos a encontrar de fondo un motivo real: ¿por qué hay que trabajar?, pero te aseguro que sería mucho más triste levantarte y no tener a donde ir a trabajar, sino a buscar trabajo; ¿Por qué termino el fin de semana?, al menos has podido disfrutarlo, pregúntale a los que trabajan por turnos hace cuanto no disfrutan un fin de semana...

Te aseguro que si buscas un motivo para que solo el viernes sea razón de felicidad no lo vas a encontrar; todos los días son igualmente hermosos, alegres, disfrutables... porque la felicidad y la alegría no está en el día, no está en la persona con la que andes (Buenos a no ser de que sea un "zombie"), no está en las cosas y mucho menos en los lugarles. 

Nada más triste que no poder ser feliz, sino estoy con una determinada persona, hemos olvidado que en el caminar de la vida tenemos compañeros de camino, pero en cualquier momento pueden cambiar su rumbo y no por eso el camino deja de ser igual de hermoso; O no poder ser feliz sino tengo determinada cosa llámese objeto, bebida o lo que sea, porque si las personas pueden ser pasajeras, las cosas aun más y perderíamos el sentido de la vida; y que me dicen de que nuestra felicidad dependa de un lugar, sino vamos a ese sitio nos vamos a pasar "carilargos" o con cara de "estreñimiento" (Nada mas triste que no poder, sí), la vida esta hecha par ser disfrutada sentado en un anden, en un parque o simplemente caminando.

La felicidad y el disfrute de la vida no puede estar aferrada a algo externo a ti, tienes que aprender a disfrutar estar solo contigo, entonces te darás cuenta que las cosas, los días, los objetos y los lugares son solo accesorios que pueden variar en el camino y sin embargo "el traje" seguirá siendo el mismo... felicidad...

Disfruta este día con pasión, con alegría, con lujuria por la vida (ojo, por la vida), sonriendo y dando felicidad a los que te rodean... no porque hoy sea viernes, sino porque es un hermoso día estás vivo y con las fuerzas para disfrutarlo....

Feliz Viernes!!!