domingo, 11 de febrero de 2018

¡Es mio!


Una de las características más humanas, que se evidencia desde el mismo momento en que empezamos a hablar, es la del sentido de propiedad sobre las cosas y las personas. Desde que empezamos a crecer, empezamos a expresar nuestra propiedad sobre las cosas y las personas que nos rodean. Todo nos pertenece, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos. Son nuestros y de nadie más, por eso deben estar a nuestra disposición siempre… y ni que decir de los abuelos.

A medida que vamos creciendo ese sentimiento de dominación sobre los otros y sobre las cosas, generalmente se va acrecentando, nos volvemos los patronos, que patronos, los emperadores de los otros. Su tiempo, su energía, su disponibilidad es nuestra. Y esto se va reflejando poco a poco en nuestras relaciones de pareja, donde muchas veces en lugar de generar lazos de amor, generamos lazos de dependencia.

Y es en la interacción con la pareja donde más se ven reflejados estos comportamiento dominantes, no de sentido de pertenencia, sino de trato del otro como un objeto… y surgen expresiones como: “Tienes que dejar…”, “Ya es hora de que empieces…”, “Sino haces eso es como si no me quisieras…”, “si deseas estar conmigo tienes…”… Y otras muchas en el mismo sentido.

Y esas relaciones de amor y felicidad, se transforman en relaciones destructivas, donde la única forma de generar una buena convivencia es que el otro se “someta” a mis placeres y pensamientos, que el otro haga las cosas como yo quiero, porque “yo soy el único que sabe cómo vivir” y si él no lo hace está condenado a vivir infeliz.

Lo más triste de todo es que non nos damos cuenta cuan infelices nos vuelven estos comportamientos, cuan amargados nos estamos volviendo porque en todo ese actuar, nos olvidamos de lo más importante: Nadie puede controlar nada. El control es solo un mito que nos hemos vendido, no podemos controlar nuestra vida o nuestra salud o nuestras características… nada es controlable, nada nos pertenece realmente y los seres humanos no son objetos.

Parecen realidades evidentes, que todo el mundo sabe, pero pocas veces las interiorizamos, dejamos de vivir y ser felices, de disfrutar del mundo y las personas en el afán de controlarlo todo, de sentir que todo está bajo nuestro poder y que todos caminan hacia el… y la única realidad es que todo camina hacia todas partes, el mundo es una entera línea de caos que nunca sabes para donde va.

Al punto que los hábitos alimenticios y de ejercicio saludable, no nos garantizan una buena salud, el tener el control del nuestros hijos no nos garantiza que nunca se vayan a descarrilar, el que nuestra pareja se someta nuestras directrices, no nos garantiza su felicidad y la nuestra….

Entonces ¿qué? Lo más importante es aprender que nada nos pertenece, ni siquiera podemos controlar nuestra propia vida, no sabemos si mañana vamos a despertar o si nuestra salud va a mantener férrea, mucho menos vamos a tener dominación sobre el otro. Una vez dejemos atrás ese deseo de controlarlo todo y entendamos que el control no existe… aprender que en la vida vinimos a caminar y aprender.

Y en ese camino, en ese diario vivir vamos a compartir con muchas personas y que maravilloso es compartir el camino con alguien que tenga otra forma de ver la vida, que nos muestra su perspectiva de la cosas, que nos muestre como hay otras realidades diferentes a las mías y que eso en lugar de quitarme me aporta.

Que maravilloso es cuando aprendemos a aceptar al otro incondicionalmente y sabemos que es y será así siempre, y que es en esa diferencia donde realmente está la felicidad, porque son esas diferencias las que nos ayudan a crecer.

Así que mi recomendación es que, en lugar de andar buscando la dominación y el control de todo lo que nos rodea, en lugar de andar en la búsqueda insaciable de controlarlo y manejarlo todo a nuestro antojo, aprendamos a disfrutar de la vida de su descontrol, de su variedad, de todo el abanico de colores que nos presenta para ser felices…


Y sobre todo, que amemos a quienes están a nuestro alrededor sin la necesidad de sentirlos como nuestros o quererlos dominar, sino amar su libertad, su vida, su capacidad de volar.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjH0RAv9nkwP_vj2tsmOSSsUV_ma3wzAwgXhIbd_hpE2Lal0FifS6YOxbfDRp08eNc4hCLg7JbGbhuJt98-x6Rmf1IAwHxn2s621LMre_iQwol2_KbeSBdyqmt7vQiL5hWtlfoWj3DswPUp/s1600/pareja.jpg

martes, 30 de enero de 2018

Dejando de existir



Hoy en día existen muchos temores, miedos obsesivos y fobias (ese temor que rompe todo límite de la razón). Cada día se escucha de nuevos miedos, desde los más comunes como a las alturas, hasta gente que le tiene miedo a las figuras con muchos agujeros. Es interesante como escuchas de cosas tan salidas de los cabellos como temerle a colores, objetos o partes de cuerpo, incluso a los fluidos corporales. A veces no se si me causa gracia o tristeza tanta vaina.

Sin embargo, disertando un poco sobre los temores y las fobias me quedé pensando cual puede ser uno realmente atemorizante desde mi percepción de la realidad. Y en esos ires y venires llegue a la consideración de que uno de los más grandes males, y sobre el que yo tengo gran temor: perderme. Y no hablo precisamente de la ubicación geográfica; hablo de dejar de ser, de poco a poco desvanecerme y dejar de ser yo, dejar de existir.

Y es que en mis experiencias de los últimos años, me di cuenta que hay vacíos en el alma que cuando nos inundan, cuando nos sofocan esas desolaciones, nos conducen a tratar de llenarnos a como de lugar. En esos momentos sentimos que nuestra alma y nuestro espíritu se está perdiendo, que nuestra alma se desvanece y no encontramos consuelo. En ese momento buscamos por todas partes, amores, vicios, desviaciones, perversiones… caminamos en todos los sentidos tratando de llenar el vacío de una ausencia, de una pérdida o de una libertad.

Y ese afán de encontrar algo que nos llene, nos vamos perdiendo, vamos dejando de ser quienes somos, vamos dejando de existir. Es algo peor incluso que la muerte o que terminar cuadripléjica en una silla de ruedas; porque al final de todo el camino, lo que queda no somos nosotros. Queda un ser completamente diferente a lo que alguna vez fuimos, que ha probado y caminado tanto por el mundo tratando de llenar sus vacíos que lo único que logra es acrecentar más sus necesidades, sus adicciones y dependencias; queda solo desecho.

Al mejor estilo de un adicto, nada logra satisfacer ese profundo vacío sobre el cual nuestra alma se está perdiendo. Pero el problema fue que desde un principio habíamos llenado ese vacío en el alma con las cosas incorrectas: personas, vicios, objetos materiales, egos y reconocimientos. Y ese vació en el alma lo único que realmente lo logra llenar es amarnos.

Suena simple, pero es profundo. Aceptarnos y amarnos, ser conscientes que somos seres humanos imperfectos en un camino de construcción. Que las personas a nuestro alrededor solo son compañeros en un viaje y que en cualquier momento cambiaran su rumbo y el único que siempre estará con nosotros en ese camino, todo el recorrido desde el principio hasta el final, seremos nosotros mismos. Solo cuando dejemos de buscar llenar ese vacío con otros, con superficialidades o cosas materiales, solo cuando aprendamos a amarnos, lograremos satisfacer esa necesidad.

Entonces entendí que ese temor a perderme, ese temor a dejar de ser quien soy y desaparecer en la búsqueda de saciar ese profundo vacío que sentí durante muchas noches, me había resguardado de caídas y pesares. Que ese miedo absoluto a dejar de ser el maravilloso ser humano que vió por primera vez la luz una noche invierno, me cuido, me protegió… ese profundo temor me resguardó de muchas cosas.

Gracias a ese temor aprendí una de las mayores lecciones de mi vida, una que me ha costado 36 años de una búsqueda infructuosa de la aceptación del otro, y fue darme cuenta de la verdad más sencilla y profunda, lo único que puede llenar ese vacío en mi corazón es amarme, aceptarme, quererme y buscar mi crecimiento… y siendo luz, podría iluminar a otros en el mismo camino.

Por eso mis queridos amigos, de todos los temores y fobias que se encuentren, solo hay uno que les recomiendo escuchar, el temor a desaparecer en la búsqueda de llenar los vacíos del alma… ese temor les enseñará que solo ustedes pueden llenar ese vacío.


Bueno, por lo menos eso creo yo.

Fuente imagen: http://www.cuarzomistico.com/wp-content/uploads/2017/06/VACIO-EMOCIONAL-1024x536.jpg

jueves, 18 de enero de 2018

Una nueva esperanza




En 1977 se estrena la primera de las películas de una de las sagas de culto más famosas y con mayor número de seguidores de toda la historia del séptimo arte: Star Wars. Esta película posteriormente sería renombrada, en el año 1999, como “Star Wars episodio IV: una nueva esperanza”. Dándole coherencia con toda la trama de la historia que se reorganizó con las 3 pre-cuelas.

No es necesario profundizar en la temática de la película o de la saga completa, solo quiero disertar un poco sobre ese concepto “una nueva esperanza”. Son muchas las ocasiones o los momentos donde iniciamos poniendo todas nuestras esperanzas en el éxito de una empresa (de nuestro objetivo), pero si algo no resulta, si algo no sigue el plan o resulta siendo un rotundo fracaso, desfallecemos.

A veces ponemos “todas nuestras esperanzas” en un amor, en una amistad, en un trabajo o en una persona. Pero de repente las cosas no salen como queríamos, las cosas se truncan, aparecen los obstáculos y nos damos por perdidos, sentimos que todo fue en vano y pensamos que ya no habrá nuevas oportunidades y nuevos caminos. Que ya lo único que nos espera es rendirnos y aguardar la muerte en medio de la tristeza, el desespero y la descolocación.

¿Cuántas veces no decimos “no creo volver a sentir por nadie lo que sentí por esta persona” o “no creo que la pasión y la conexión que sentía con esa persona la vuelva a sentir con nadie más”? pero entonces la vida, de la forma más hermosa nos muestra cuan equivocados estamos y no invita a darnos cuenta que siempre, siempre, siempre… sin importar lo endurecido que estemos, depresivos que seamos, siempre habrá una nueva esperanza.

Y es que el inicio de este 2018 me ha puesto a reflexionar mucho sobre los sueños, las metas, las esperanzas y derrotas o fracasos. Y al igual que la película me doy cuenta que ponemos nuestra esperanza en algo y no resulta… pero entonces la vida nos presenta una nueva oportunidad. 2017 para mi representaba un camino una esperanza unos sueños. Pensaba que ahí estaba todo lo que tenía para ser feliz y que si lograba esas metas, autoimpuestas ese año, volvería a ser feliz.

El trascurrir del año empezó desastroso, por momentos vea cerca mi objetivo pero de repente volvía y se distanciaba, hasta que se perdió completamente. Pero la vida me mostro un nuevo camino, llegó como llegan las mejores cosas de la vida, sin darnos cuenta. Finalizando el año algunas prioridades y metas cambiaron. Las metas que me había puesto tomaron un nuevo rumbo y entonces me di cuenta que la vida me estaba presentando un nuevo camino, una nueva esperanza.

Este 2018, al igual que el episodio IV de esta legendaria saga, me ha presentado nuevos caminos, nuevos mensajes, nuevas prioridades hacia las cuales encausar mi vida. No siento que lo que no logré haya sido una derrota. Fue un aprendizaje necesario para reencausar mi vida y tomar decisiones encaminadas a alcanzar lo que realmente tengo que alcanzar, mi felicidad.

Tengo la certeza en este inicio de año que voy a trabajar por alcanzar las metas que me he propuesto, que voy a tomar las decisiones y hacer los seguimiento y mediciones para ver como cada día que pase cumplo con los objetivos que me he autoimpuesto. Pero también lo inicio con la certeza de que no importa si no los puedo alcanzar, que no importa si algún obstáculo resulta infranqueable, la vida siempre me podrá al frente “una nueva esperanza” una nueva oportunidad de ser feliz.

Porque sin importar cuantas cosas malas puedan ocurrir, sé que Dios, el Buki, el universo… como lo quieras llamar, está conspirando con un solo objetivo, que tu decidas alcanzar la felicidad que él tiene preparada para ti. Lo que pasa es que como todo, tenemos que pasar por procesos de formación y aprendizaje.

Así que mis queridos amigos, solo me resta desearles un maravilloso 2018 y…


¡Que la fuerza te acompañe!

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lunes, 18 de diciembre de 2017

Así es la vida!


No tengo recuerdo desde cuándo, pero considero que desde que fue un éxito, la canción del grupo mexicano Elefante titulada como este post, se convirtió en mi himno. Todo el que ha tenido cercanía con mi vida desde el año 2001 para acá, sabe que esa canción la canto con fuerza, con pasión, con entusiasmo, como si mi vida dependiera de ello. ¡Así es la vida!

Durante muchos años no entendía porque una canción, que aparentemente presenta una decepción amorosa, y la cual hasta ese momento yo no había vivido, se convertía en un himno para mi vida. Toda una insignia que expresaba con la mayor de las alegrías posibles y que en cada mensaje o fiesta buscaba siempre cantarla y hacer su mímica a voz en cuello. Incluso la primera “caneca” que me gané en una discoteca por la mesa más alegre fue fruto de la coreografía de esta canción de la banda mexicana.

Solo hasta hace unos años alguien me hizo un breve análisis del porque esta tonada me generaba tanta felicidad. En el fondo de la letra, escuchando profundamente su significado y e interpretando la actitud de la historia narrada en la canción, esta representaba a alguien que vulgarmente definiríamos como un “importa culista” alguien que en definitiva siempre ve la vida con mucha frescura.

Alguien que sabe que la vida es “a veces negra, a veces rosa” y esto no lo trasnocha. Alguien que considera que hay momentos donde la vida “te quieta, te pone, te sube y te baja” y por eso puede navegar con una sonrisa, con una “botella” y con una canción cualquier momento de la vida. Desde el más triste, hasta el más feliz.

Al principio me pareció una crítica dura, ser yo un ser que no le da importancia a nada, que simplemente va por la vida viviendo y disfrutando, tanto de lo bueno y de lo malo, que a veces nada y otras, ni agua bebe. Pero que en cada momento de la vida siempre considera que “así es la vida”

Me sentí muy mal por verme reflejado en un ser tan superficial o tan mezquino. Pero divagando un poco más sobre el tema. Pensando en esa vida donde nada tiene tanta importancia como para distraernos de lo importante, donde en últimas nada es totalmente importante como vivir y disfrutar de la vida, siendo consientes de la que vida es una montaña rusa donde a veces estas arriba y otras estas abajo. Consideré que no era tan malo.
La vida en últimas está compuesta de buenos y malos momentos, de victorias y fracasos, de obtener y de perder. De decisiones y renuncias. Y entonces me di cuenta que nada de malo estaba en ver la vida con tanta frescura. Por el contrario, que la vida no es para verla con amargura o tristeza o desesperación. La vida es para disfrutarla hasta la última gota y si algo malo pasa “que me traigan más botellas”

Así que amigos, al mejor estilo de así es la vida, seguiré mi camino por esta via en la misma dirección, disfrutando a cada instante. Riendo, gozando, tomando y dejando. Viviré la vida con pasión y fuerza, sin darle transcendencia a tantas cosas que las personas le dan importancia, solo dándole importancia a vivir y a gozar… y que me apunten en la cuenta… si algo les debo.


Porque Así es la vida, de caprichosa!


Fuente imagen: https://huellasenmialma.files.wordpress.com/2014/05/path-of-life-to-the-sky-wallpaper__yvt2.jpg

jueves, 7 de diciembre de 2017

Más que una profesión



Hace unos días una amiga a quien quiero mucho me envío una imagen y me pidió que escribiera sobre lo que esto me inspiraba, y viéndola empezó a volar la imaginación y mi corazón. Todos los elementos que podía ver en la imagen los relacioné con una de las cosas que amo hacer, esa que aspiro sea la que ocupe los últimos años de mi vida: enseñar.

Cuando me iniciaba en la formación secundaría, donde tuve por fortuna ingresar a una institución educativa normal (Las escuelas “normales” formaban a los maestros de básica primaria, hace unos años), empecé a recibir clases de orientación vocacional para dirigir mis pasos hacia esta labor. Sin embargo en esa etapa de mi vida tuve varios roses con personas que “vivían del tablero y la tiza” pero detestaban su ocupación y por ende orientaban a las mentes jóvenes a dedicarse a otras ocupaciones.

A pesar de esto, extrañamente en mi corazón la docencia y la pedagogía se sembraron con fervor. Sé, que como dice mi abuelo, “cada viejito alaba su bastoncito”, y para cada uno su profesión será la más importante, la de mayor impacto, la de mayor trascendencia para la sociedad o la más importante. Cada uno verá que su profesión es la más necesaria para la sociedad. Por lo que, buscando no herir susceptibilidades, les daré la razón, todas las profesiones son supremamente importantes, necesarias, fundamentales, críticas para que se mantenga el “contrato social”.

Sin embargo, eso es así porque la docencia no puede ser vista como una profesión. No, no es solo una ocupación para generar ingresos y buscar un estilo de vida (aunque muchos la utilicen de esa manera), la docencia es la invitación a transformar las vidas, a sembrar la curiosidad en los corazones de las personas, a promover el autorreconocimiento y la valoración. La docencia es una vocación encaminada a buscar el crecimiento del ser humano.

Cierto, hay muchas profesiones que se encargan de nuestro cuidado, de nuestra salud y de nuestros bienestar, los que nos administran, los que nos dirigen, los que nos cuidan. Pero solo una se encarga de invitarnos a ser, a conocer, a avanzar. Es una vocación que invita a quienes la ejercen a ver su labor como algo más allá de la remuneración. Lo que está en las manos de un docente no es una vida, es la vida misma de la persona y de quienes tengan relación con ella.

A través del docente una persona puede abrir su mente, puede apasionarse por la vida y el conocimiento o puede cogerle aberración y odiarla. Un guía, un maestro, un docente toca vidas, toca los corazones, las razones y las perspectivas de las vidas que serán, a partir de ahí, un nuevo ser. El fruto de esta labor no es inmediato, pero de él dependerán las  decisiones y las acciones que emprenda hacia el futuro.

Muchos somos lo que somos por nuestros maestros, profesores y docentes, los recordamos con cariño o tal vez con odio, nos apasionamos por lo que nos enseñaron. Muchos de los caminos que tomamos fueron fruto de su ejemplo de su pasión. La excelencia la buscamos a partir de sus instrucciones.

Cierto, nuestros padres son parte de esta influencia, pero eso es cuando nuestros padres, como primera escuela en la que nos encontramos, actúan como un maestro de vocación, cuando nos enseñan y aman, guiándonos para empezar a interactuar con otros maestros y profesores.

Mi pasión por enseñar nació con mi profesor de tercero de primaria, un hombre amante de su labor, apasionado por lo que hacía y que nos inspiraba a todos a ser mejores. Luego vino con un maestro, que a pesar de ser sacerdote, tenía la capacidad de aceptar al otro en sus diferencias (digo a pesar por que muchos se toman el papel de jueces de la moral), él nos enseñó a aceptarnos, a vivir, fue de quien copie mi costumbre de iniciar mis clases con una frase.

Pero mi principal motivante a ser maestro ha sido mi padre, quien fue mi primer maestro, me enseñaba con paciencia, me retaba a ser mejor. Me escuchó y aconsejó. Siempre habló de todos los temas de la vida, la ciencia y la filosofía.

Por eso, no importa que labor realce hoy, no importa en cuantas áreas y profesiones me pueda desempeñar, algo que tengo muy claro es que mi vida la quiero terminar en un aula de clase inspirando a otros a ser mejores y a transformar no solo sus vidas, sino también la vida de quienes estén a su alrededor.


Por eso, ser maestro, guía, docente o facilitador no es una labor o profesión, es una vocación.


Fuente imagen: https://www.facebook.com/ximena.m.munoz.98

viernes, 1 de diciembre de 2017

Un camino de obscuridad


Se acerca el cierre de otro año, el cierre de un ciclo, 335 oportunidades que vivimos para ser felices y alcanzar nuestros sueños (faltan 30 días todavía para ser 365).Y en este tiempo, no sé a ustedes, viví muchos momentos obscuros donde me sentía atravesando por un sendero tenebroso, escalofriante y deprimente. En muchas ocasiones tuve la intención de desistir, simplemente tirar la toalla porque no encontraba una salida a este espantoso sendero.

En muchas ocasiones me dí por vencido completamente, sabría que no importaba cuantos días transcurrieran yo iba a seguir atrapado en ese obscuro lugar. El pasar de los días, en muchas ocasiones, solo el recuerdo de las frustraciones vividas, de las rutas o caminos que por mi propia mano dejé que se cerraran ante mis narices. Incluso laboralmente iniciando el año me sentí afligido e insatisfecho.

Lo más angustiante en su momento fue buscar un motivo, una razón para todas estas problemáticas, cómo dirían algunos, el porque me encontraba donde me encontraba. Generalmente la búsqueda de esta situación me llevaba al mismo punto, era mi culpa, yo había sido el responsable de ingresar por ese camino, yo me había desviado y había permitido que todo se volcara por donde se estaba volcando.

En ese momento, y solo por un instante, le di la razón a quienes no creen en Dios, porque Dios no tenía nada que ver con las cosas malas que ocurrían o con las emociones que me afligían. Todo lo que estaba pasando en mi vida era solo la cosecha de los frutos que yo sembré en el camino. Cada cosa por la que estaba pasando era recoger lo que durante mucho tiempo había sembrado.

Pero esto, de nada sirvió, encontrar un responsable no me solucionó nada, eso no me sacaba de ese camino, no cambia el horizonte y mucho menos prendía una luz en la obscuridad para encontrar una salida próxima. Todo lo contrario me tenía aferrado a mi tristeza, me dejaba atrapado en pasado. La única solución que se me ocurría en ese momento era encontrar un camino a mi pasado y cambiar mi situación (Al mejor estilo de Marti Mcfly)

Efectivamente la sola idea de viajar en el tiempo a solucionar mis problemas solo lograba hacerme sentir más estúpido y enterrarme más en la melancolía. Era un año oscuro, con un camino aún más tenebroso que cualquiera de las cintas de terror que alguna vez vi en mi infancia. Y para acabar de completar, mi mente solo buscaba responsables. Tenía que haber a quien quién pagara por todo el infierno que estaba pasando. Pero ser la respuesta a la pregunta, me dejaba en el mismo punto donde había iniciado y ese no era el objetivo.

Era el más obscuro camino que había caminado en toda mi vida, 36 años o 700 eras… nunca había estado ahí. De repente, y recordando muchos de mis discursos profesionales, recordé una premisa que siempre defendí: ante un problema, no importan los responsables, hay que buscar las soluciones. Los responsables pueden esperar. Cuando el camino vuelva a su sendero, cuando todo retome las vías necesarias, ahí será el momento de hallar los responsables.

Y entonces en mi mente todo empezó a cambiar, lo obscuro del camino ya no me afectaba. Debía trabajar en las soluciones y no en la problemática, ni en los responsables. En mi mente cada cosa debía tomar un nuevo sentido y esfuerzo. Cada fuerza en mi ser debía estar destinada solo a una cosa, cambiar realmente el rumbo de mi vida. La vida me había llevado a ese lugar, no para quedarme aterrado en un rincón. Era la oportunidad de replantear, de renacer.

Lo primero, dejar de pensar en el ayer. Dejar el pasado en el pasado, mirar al horizonte en la búsqueda del nuevo sendero que seguir, dejar de pensar en lo pasado. Lo segundo soltar las cargas, las culpas, los rencores, las responsabilidades autoimpuestas que correspondían a otros. Ya es difícil recorrer el camino con las propias cargas, imaginen recorrerlo con las cargas de los demás.

Cuando levanté la mirada ante todas estas decisiones me di cuenta que el año estaba terminando, pero que estaba avanzando, quizá no al ritmo que hubiese querido, quizá  no con los logros que esperaba o las metas que pretendía alcanzar, pero estaba avanzando. Había logrado algunas, otras estaban empezadas. El camino al cierre de este año empezaba a tornarse en otros tonos.

Hubo decisiones dolorosas, personas que dejar en el pasado, sueños y esperanzas que solo representaban ataduras imposibles de librar, que era necesario olvidar. Y extrañamente estas decisiones y acciones, estas libertadas… abandonar la búsqueda desgastante de un culpable me había permitido pensar en soluciones.

Para muchos faltan unas pocas horas para cerrar el año y ya empezaron con el látigo a infligirse los castigos necesarios por no alcanzar las metas esperadas en este obscuro año que termina. Ya empezaron a juzgarse por los sueños no maternizados o las promesas incumplidas. Lo que no se dan cuenta es que solo fue otra vuelta al sol, pero todavía se pueden alcanzar esos sueños y esas metas.

Falta unas horas para terminar esta vuelta al astro que domina nuestro entorno, pero no para dejar de caminar en pos de alcanzar las metas proyectadas. Solo es el comienzo hasta lograr lo querido.

No es un cierre o un final, es un nuevo comienzo para continuar por el camino, avanzando al horizonte con los ojos llenos de esperanza, conscientes de que vamos a lograr, de que podemos alcanzarlos, salir de los escabrosos y llegar a tierras más placenteras. Solo hay que dejar de buscar culpables y soltar las culpas. Solo hay que caminar pensando en soluciones y esperanzas.


Feliz cierre de año para todos. 


Fuente de soda: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMG5xb1WxNP1vlLohe1R2b6ynuVt9ex2hzzibkxnm3L727Ng0L_XKE8gV8y8saT8ZBHsACdtDhVRUt3ZcM1vY9gQVd9gZjD8-lcu62ejNM2aTwMwMDYH8m7NiQ9OqNEiERDdXnEE7PueRC/s1600/oscuro-bosque-naturaleza-paisaje-31000.jpg