martes, 31 de octubre de 2017

Luz u obscuridad



Últimamente la sociedad de la inclusión, la sociedad de la aceptación de la diferencia y de las múltiples inclinaciones, esta sociedad de un pensamiento moderno y pluricultural está cayendo en una de las doctrinas más antiguas y destructivas que han pasado por el mundo. Nuevamente, como sociedad, estamos cayendo en la definición de los extremos, de los juicios de valor hacia el otro partiendo de dos polos.

Nuevamente estamos caminando por ese mundo donde solamente existen  dos extremos. O se es bueno, o se es malo; o se es luz o se es obscuridad. En esta sociedad moderna los seres humanos estamos perdiendo, por decirlo de alguna forma, la escala de grises. Nuestros juicios hacia el otro nuevamente se ven fortalecidas en esos personajes donde o se es la encarnación de la maldad o se es la bondad hecha sangre.

Y es que sin darnos cuenta volvimos a esa creencia filosófica de siglo II iniciada por Manes (Maniqueismo) donde solo hay extremos. Esa concepción donde se es maldad o bondad, donde no hay puntos medios. Durante más de X siglos esta doctrina inundó el mundo generando aún más odios y dolores, que bondades. Fue tal la popularidad de esta doctrina filosófica que inundo hasta los personajes de la literatura, creando aquellos grandes villanos llenos de odio y ansiosos de sangre, sin la más mínima de las penas.

Y aunque psicológicamente existan los famosos sociópatas o psicópatas quienes efectivamente siente placer ante el dolor ajeno, aquellos que su más ferviente necesidad es complacer sus deseos sin importar por encima de quien tengan que pasar (aunque parece la descripción de muchos), estos sociópatas no representan a toda la sociedad. La mayoría de los seres humanos no tenemos extremos, no estamos polarizados, tenemos cosas buenas y cosas malas.

Todos, exceptuando a los perversos, somos un matiz de grises claros y obscuros, nuestras acciones están cargadas de cosas buenas y malas, de sueños altruistas y acciones egoístas. Desde cosas tan sencillas como no estar con alguien por bienestar personal, aunque esa persona sufra, hasta ceder nuestra comida para ayudar a un necesitado que encontramos en la calle. Todos los días, todos los seres humanos hacemos cosas que demuestran nuestra humanidad, ese cumulo de imperfecciones que nos permiten disfrutar de la vida.

Pero hoy, el grupo de los pseudointelectuales, ha vuelto el camino hacia ese pensamiento segregacionista, a ese pensamiento polarizado donde no se puede llegar a acuerdos, ese pensamiento donde el que no piensa como yo es un perverso. Donde el que yo tilde de malo, simplemente no tienen nada bueno, solo es un ser perverso y sin un ápice de bondad.

Estamos volviendo a caminar hacia ese camino de odio, hacia ese camino donde no reconozco al otro como un ser humano con errores, ni con la posibilidad de crecer. Estamos en una sociedad donde muchos buscan que todos piensen igual, donde se está confundiendo respetar y aceptar al otro, con tener que hacer y pensar como el otro. Y las redes sociales se están convirtiendo en los canales para sembrar esa lucha entre los que tienen la luz y los que hacemos parte de la obscuridad.

Nos encontramos en una sociedad que está cayendo en el obscurantismo nuevamente, pero un obscurantismo de aquellos que fueron las víctimas y hoy son los victimarios. Donde levantar mi vos y emitir juicios destructivos hacia el otro es justificable, porque no hay puntos medios, solo se es luz u obscuridad.

Y pesar de que en mi formación se me habló siempre de los dos caminos, también siempre se me enseño que el otro es diferente, que el otro merece respeto. Yo nací creyendo en un Dios que no distancia personas, que las ama y se sacrifica por ellas, un líder que interactuaba con todos y que siempre enseñó que no hay nadie que sea digno de juzgar al otro.

Yo crecí creyendo que todos somos iguales, que todos cometemos errores, que todos podemos equivocarnos. Yo creo que los seres humanos no somos polos, no somos extremos. Yo creo que en la humanidad las cosas no son una simple disyuntiva entre bueno o malo. En todos hay un poco de ambas, en todos siembre hay algo de generosidad y egoísmo.

Que debo tener presente lo malo para no volver a sufrir con eso, pero que debo recordar lo bueno para valorar al otro. Que el hecho de que alguien piense diferente no lo hace mi enemigo, que el tener otro color de partido o equipo no nos pone en contravía. Pero sobre todo, que todos cometemos errores y siempre vamos a necesitar el perdón, cuando lo pidamos.


Por eso, para mí, no es solamente luz u obscuridad, también hay días nublados, dorados y rojizos, hay mañanas y tardes grises o plateadas. Y es en todas esas variaciones de la vida donde realmente está escondido lo maravilloso de vivir. Por lo menos así lo veo yo.


Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgZP04je_VItFH0rC954bP3Hf0fUm8Y5YyVrwZjxvV5CAsibArO_VOw9GjTo6S3W6w1b4f5KJhqE5LaMNMbctLba1fRqu_eD_HqCizG8VKINVDHd2fqA4uXp4hqrYQriChBuUX-dcM34J4/s1600/Maniqueismo.jpg

jueves, 12 de octubre de 2017

Desintoxícate!!!


Siempre me ha llamado la atención lo atractivo que resultan las cosas tóxicas o dañinas, en los alimentos todo lo que hace daño, consume nuestros órganos o acaba con nuestra salud, termina siendo completamente dañino. El dulce, la grasa, el café, el alcohol… terminan siendo tan dañinos para nuestro organismo, pero ese componente autodestructivo que tenemos los seres humanos nos hace ceder ante sus perjudiciales encantos.

Lo más grave no es dejarnos llevar, es tratar de desintoxicar el organismo, este termina siendo un proceso lento, doloroso y a veces acompañado de ese tenebroso “síndrome de abstinencia” que en muchos de los casos nos lleva nuevamente a caer en la tentación. Es difícil decir cuál es el mejor mecanismo para limpiar el organismo, pero lo cierto es que es fundamental y necesario para tener una cómoda y satisfactoria vida.

Sin embargo, y en esta disertación sobre la desintoxicación, no voy a centrarme en los alimentos o los vicios, voy a hablar de algo mucha más tóxico, destructivo y atractivo, las personas tóxicas. Es mucho lo que se ve frente al tema y se escucha en frases de superación sobre alejarse de las personas tóxicas, de las que expelen veneno, rabia o amargura; pero de esas personas no es difícil alejarse.

Las personas más tóxicas y peligrosas son las que más atractivo nos generan, esas que al igual que una droga se van haciendo “necesarias” en nuestra vida, pero que poco a poco nos van consumiendo, nos van haciendo desaparecer y nos hacen olvidar quienes somos, que queremos y nuestros sueños. A veces pensamos que estamos bien, que son personas valiosas; pero si al terminar el día ves en tu corazón y solo sientes un vacío que te consume… muy seguramente te estas rodeando de personas tóxicas.

Es falso que que las personas tóxicas sean fáciles de identificar, que sean totalmente reconocibles, su actuación es como el de cualquier droga, se van haciendo necesarias en nuestras vidas, sin darnos cuenta ya no podemos vivir si no las tenemos, sentimos que la vida pierde significado sino están, pero a medida que el tiempo va pasando, cada vez es más difícil reconocerme en el espejo, cada vez tengo acciones que jamás habría hecho; y el vacío del corazón es tan profundo que hasta caminar se vuelve algo totalmente desalentador.

Las personas valiosas son las que nos retan, las que nos invitan a ser mejores, las que nos obligan a mejorar por nosotros, las que nos enseñan que no debemos depender de nadie; que tenemos que lograr las cosas por nosotros mismos; aquellas que nos enseñan a no ser conformistas.

Esas son las personas que valen la pena en nuestras vidas, las que no siempre nos dicen las cosas que queremos oír, pero en definitiva lo que necesitamos escuchar. Las que no se conforman con vernos bien, las que nos quieren ver mejor, pero sobre todo, las que nos enseñan que en la vida debemos aprender a crecer y alcanzar nuestros sueños, no por ellos o por otros, sino por nosotros.

Esas son las personas que debemos de buscar, y a diferencia de lo que pueden ser los alimentos u otras sustancias tóxicas, de las personas lo más conveniente es hacer cortes radicales, va a ser doloroso; ten por seguro que caerás en el síndrome de abstinencia, pero lo mejor que puedes hacer por ti, por tu vida, por tu felicidad y por tus sueños, es alejarte completamente de aquellos que solo traen toxinas a tu vida.

La decisión es tuya, yo por lo pronto he empezado el camino de identificar mis amistades psicoactivas para empezar a desintoxicarme y retomar la ruta que la vida y mis sueños siempre han querido para mí.


Ojalá hagas lo mismo.


Fuente imagen: http://wallup.net/gas-masks-abstract-radioactive/

martes, 3 de octubre de 2017

Aferrado al viento


Una de las sagas juveniles más famosas de los últimos años es la de los juegos del hambre, en la película hay un pequeño diálogo entre el presidente de ese mundo apocalíptico y el encargado de los juegos del hambre en relación con la esperanza. En ese breve dialogo el presidente expresa como en ocasiones el mayor mecanismo de represión puede ser, en ocasiones, un hálito de esperanza.

Es interesante como este pérfido personaje, pues es uno de los líderes megalómanos más perversos de la ciencia ficción, presenta a uno de sus subalternos como la esperanza, en una pequeña medida, termina siendo perjudicial para quienes la ostentan, como ese elemento añorado por todos y el cual todos agradecemos a Pandora no haber dejado escapar, a veces puede ser más perjudicial que benévolo.

Recordando este dialogo y algunas vivencias personales, me puse a disertar ¿cuándo es que la esperanza termina siendo perjudicial? Y dando mucho giros y rebotes sobre mis propios paradigmas relacionados con la esperanza, su bondad y beneficio para nuestras vidas, que llegué a un elemento en el que definitivamente termina siendo solo otro mecanismo de autodestrucción.

Ese elemento es cuando nos aferramos a nada, cuando la fuente de nuestra esperanza es solo una ráfaga invisible de viento, de nada. Cuando al igual que los ciudadanos de esta novela de ciencia ficción piensan que realmente alguno sobrevive a los juegos, cuando en realidad están muriendo todos bajo el yugo de un gobierno injusto.

Es ahí, donde la esperanza nos lleva a aferrarnos a nada, a un imposible, a algo que jamás va a pasar, pero que extrañamente nuestra mente nos suplica que no dejemos de esperar, que no dejemos de soñar con ese imposible que no dejemos de esperarlo, que algún día pasara, que no avancemos, porque quizá justo en el instante en que decida cambiar de camino pasará lo que tanto he anhelado… es ahí donde la esperanza es totalmente dañina.

Es ahí donde hubiese sido preferible que Pandora la hubiera dejador irse, porque es ahí cuando la esperanza solo se convierte en un veneno que mata tu alma y tu existencia lentamente, cuando te obliga a aferrarte a nada, a una columna de humo que cuando se disipe solo te dejará tristezas y amarguras por haberte esperanzado con la ilusión de algo que definitivamente tu mente siempre supo que jamás iba a pasar.

La esperanza no siempre es maravillosa, menos cuando nos exige esperar sobre ilusiones y nos aferra a momentos que nunca volverán, en esos momentos es mejor perder la esperanza, arrancarnos la ilusión de lo que estamos anhelando y comenzar un nuevo camino. No es fácil, definitivamente no es fácil, es lo más complejo y duro de nuestra existencia.

Es arrancar de nuestra alma y de nuestro pensamiento ese sueño que por un instante fue la fuente de nuestra existencia y decir, no más! Es levantarse, dejar ese ideal en el pasado y comenzar el camino hacia nuevos ideales, construir nuevas esperanzas sobre hechos y no sobre ilusiones.

Aceptar simplemente que no todo es alcanzable, que no todo es posible, que definitivamente siempre habrá cosas que no vamos a lograr por más “pensamiento positivo”, que hay cosas que no importa cuánto nos “programemos”, nunca las vamos a conseguir. Que hay objetivos, sueños y metas que simplemente son imposibles, y que como diría mi abuelo “es más fácil hacer un hombre nuevo, que revivir un muerto”

Cuando aprendemos a aceptar que hay cosas que simplemente no están bajo nuestro control, por no decir que todas, que lo más importante en la vida no es la esperanza, sino la aceptación, aceptar lo que tenemos, aceptar nuestros errores, aceptar a los demás y aceptar lo que no podemos hacer, entonces es mucho más fácil vivir… se sufre menos, se vive más.


Así que en definitiva, hay esperanzas que es mejor matarlas, porque de lo contrario nos matarán lenta y dolorosamente, hasta que en nuestros corazones solo hayan amarguras y sueños del pasado.

Fuente imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgtLTKl841kmLAybLVGqqm0kQcD2KlG7BpRYtmF2tVnM3BDI_gb2oHCimc1ZbGksCTug8UZ08-s2CFoRTnSSXvnxF5S7fpjcg36RAz10qbPyRCjESRegWXJt9zV8vbPdJBeHC6YOOzBGg/s1600/Hospital+psiquiatrico.jpg

jueves, 7 de septiembre de 2017

Todo un fracaso


Una de las cosas que me enamoran de enseñar o dictar una cátedra (como lo quieran llamar) es que cada vez que estoy frente a un grupo de estudiantes termino aprendiendo algo, ósea, en mis clases al menos una persona aprende. Este aprendizaje llega a mí cuando quiero llevarlos a un razonamiento, al final me logro dar cuenta de que muchas cosas que he dejado en el olvido, me pueden ser muy útiles en ese preciso instante.

Así paso hace unos pocos días cuando hablando sobre un tema sin importancia empecé a hablar sobre el fracaso, ese concepto al que todos le tenemos miedo, algo así como el coco para los adultos, basta con nombrarlo y todo se nos oscurece. Fracaso… no hay expresión que nos genere mayor temor que pensar que podemos ser unos fracasados o que quizá ya lo somos.

Y entonces en esas disertaciones que se den enfrente de un grupo de desinteresados, en mi mente empecé a buscar que era realmente el fracaso, donde radicaba realmente ese tenebroso termino, cual era realmente la razón por la que nos sentimos devastados si alguien tan siquiera insinúa que nosotros somos unos fracasados.

Primero me fui por la línea más fácil, fracasar es equivocarnos, cometer errores no hace fracasados. Es la visión más fácil, pero en ese orden de ideas, todos seríamos fracasados. Todo el que esté vivo y haya querido lograr algo se ha equivocado a cometido errores y generalmente más de los que quisiera aceptar que ha cometido.

Encontrar la perfección entendida como la omisión del error o el éxito persona o profesional sin haber perdido, cometido errores o haber tenido algunas cuantas quiebras, creo que no tiene precedentes en la historia, por lo menos en la historia que yo conozco. Los más grandes han cometido errores, en todas las líneas del conocimiento o del desarrollo profesional o personal.

Entonces, ¿qué es fracasar? Y me empecé a ver que el verdadero fracaso es no avanzar, que el verdadero fracaso no es cometer errores o sufrir derrotas, el fracaso es no ser capaz de sobreponerse a una perdida, no avanzar, no evolucionar. Somos un ser diseñado para querer crecer, para avanzar, para superarnos a nosotros mismos, salir de nuestra zona de confort y lograr grandes cosas.

Pero, los miedos, las tristezas, las derrotas, las perdidas nos distraen de lo que es realmente importante. Los amores perdidos, los fracasos económicos, las noticias trágicas, nos llevan a alejarnos de la “realidad” a buscar un placebo que nos distraiga, nos aleje, nos adormezca y dejemos de crecer y evolucionar, aprender.

Y es entonces cuando hemos llegado al fracaso, es ahí donde realmente somos unos fracasados, cuando no podemos ver una salida, cuando no podemos ver un futuro… cuando solo vemos tristezas, cuando no queremos seguir, cuando solo nos queremos quedar tirados… es ahí donde perdimos nuestra esencia.

Estancarnos, no mejorar y sobre todo, perder la capacidad de creer que yo puedo hacerme una buena vida y salir de esa zona de confort que me oxida y me impide mover… ese es el mayor de los fracasos.

A veces nosotros mismos nos imponemos esa frustración, nos aferramos al dolor, a la culpa, a la perdida, a la derrota y al error para no continuar avanzando, porque siempre será más sencillo ser un fracasado que un triunfador.

Porque siempre es más fácil tirar la toalla, que levantarse y continuar luchando por lo que queremos. Sin embargo hay algo importante de tener en claro, lo más atractivo del fracaso es que nunca viene solitario, no hay lugar con mayor compañía para el ser humano que el fracaso… pero de eso hablaré en otro post.

Ser un triunfador a veces viene solo, requiere tener humidad para aceptar los errores, pero valor para volver a enfrentar la vida, para volver a tomar decisiones que puedan generar triunfos o derrotas, pero siempre que me levante y vuelva a intentarlo y avanzar, no seré un fracasado, seré un triunfador en proceso. Y sobre todo, sabiduría para saber cuándo  cambiar una decisión.


Así que no lo pienses más, sal de tu zona de confort, sal de ese estado de fracaso, lucha, esfuérzate, camina… no es fácil, pero es realmente gratificante.

Fuente imagen: http://www.runners.es/media/cache/runners_all/upload/images/article/746/article-10-consejos-para-superar-el-fracaso-58b6c99a29182.jpg

viernes, 1 de septiembre de 2017

La de malas


Mi anciano padre (de cariño) tiene un dicho que siempre pronunciaba en esos momentos donde yo culpaba al devenir (a la fortuna) de mis problemas “la de malas y los pendejos, siempre van de la mano”, dicho en palabras un poco más coloquiales, la mala suerte es la excusa de los idiotas.

En aquellas épocas lo tomaba generalmente como una crítica sin sentido, hasta lo sentía como una burla de parte de mi progenitor, pues no podía creer realmente que aquellas cosas malas que pasaban fueran mi culpa. Tenía que existir algún elemento externo, una fuerza sobrenatural que estaba pendiente de que estaba haciendo yo, para ir a dañarme “el caminado” y afectar significativamente lo que estaba haciendo.

Sin embargo, y como todo en la vida, el pasar del tiempo me ha hecho ver un poco diferente las situaciones que han ocurrido en mi vida, cambiar mi consideración frente a la de malas, y evaluar un poco más las pendejadas que he ido cometiendo con el paso de los años… bueno ya lo dice el dicho “sabe más el diablo por viejo, que por diablo”. Y es que disertando sobre esta la realidad, en aquellos momentos de meditación, existencialismo y desocupe, empecé a caminar en retrospectiva sobre las crisis pasadas y presentes.

En cada momento de dificultad, que parecía llegar de forma fortuita en mi vida, que parecía resultado del azar o de las perversas intenciones de un malvado ser interesado en poner trabas y tristezas a mi miserable existencia… al verlo un poco en retrospectivas y con la mirada fría y calculadora de un observador y no del protagonista de esa historia, me di cuenta que cada fracaso, cada frustración, cada tristeza y dolor fue solo el resultado acumulado de muchas decisiones equivocadas, tomadas a la ligera y sin pensar.

Por poner unos pocos ejemplos, una de las grandes frustraciones de mi vida guarda relación con la imposibilidad de estudiar ingeniería electrónica en “la mejor, para los mejores” efectivamente mis posibilidades económicas no daban para más. Y en lugar de organizarme, estudiar y dedicarme, me confié de mi brillantez y no me esforcé más por estudiar y obtener un mejor puntaje en las pruebas de estado.

Mi resultado fue muy bueno, pero no suficiente, la vagancia no me dejó lograr algo más. Luego, al momento de presentarme, mi padre me aconsejó ingresar a otro programa y luego pedir traslado interno, pero mi astucia me dijo que entraba a esa o esa… y  el destino me dijo que no. Y así fueron pasando mis días con grandes errores. Cuando debí pensar en estudiar pensé en rumbear. Cuando ya estudiaba y podía pensar superarme aún más, solo pensaba en la vagancia.

Cuando debía ahorrar y administrar, solo pensé en malgastar y presumir, siempre fui tomando las decisiones inadecuadas. Cuando debí invertir, tiré. Cuando debía escuchar, hablé… Cada momento de mi vida, cada error, cada frustración estuvo siempre precedida de una decisión acelerada, a la ligera y pensando solo en el momento, sin pensar en el impacto.

En ese camino hubo muchos que me invitaron a centrarme, a pensar y calcular, pero mi brillantez solo me permitía escuchar los consejos de mi ego, encaminados a llevarme a fracasar. No puedo decir que todavía haya aprendido por completo mi lección, pero al menos ya encontré la fuente de mis descaches; ya tengo la certeza de que la fortuna, la de malas o el azar, son solo excusas que inventamos para quitarnos la responsabilidad.

Quizá pienses que estoy equivocado, que tu caso es diferente, que tú eres la víctima de un malvado ser del universo empecinado en hacerte llorar por las noches, amargamente junto a tu cama, pero puedo invitarte, al igual que con mi vida, que te siente a revisar cuales fueron las decisiones que te trajeron hasta donde estas y te aseguro que de la fortuna y el azar solo encontrarás aportes positivos, porque los negativos serán solo el resultado de tus decisiones.

Por eso, yo he decidido dejar mi dependencia de la suerte y empezar a labrarme, de la mano de mis decisiones y mi voluntad, un futuro más conforme, satisfactorio y gratificante. Dejar las excusas y temores, tomar conciencia y responsabilizarme de mi vida, aceptando que lo que pase o deje de pasar, solo será el resultado de lo que yo haya decidido construir para mí.


Ojala pienses lo mismo para ti.

Fuente imagen: http://www.elinformador.com.co/images/stories/sociales/2016/12-diciembre/13soc4.jpg

miércoles, 30 de agosto de 2017

El peso de los años


Es común entre mis amigos, cada vez que nos reunimos, hacer referencia a mi “longevidad” según sus bromas y comentarios, no solo soy el más viejo del grupo, sino de todos los grupos. Es natural ver en mi cumpleaños la referencia a Luis I de Hungría (Desde hace tres años), puesto que ellos insisten que es la referencia más antigua de mi vida. Para mi estas comparaciones en lugar de molestarme, me llenan de orgullo, sentirme el ser humano más viejo entre mis amigos o incluso entre la mismísima humanidad.

Ha habido momentos donde he llegado a pensar que realmente lo creen, que piensan que en realidad soy tan anciano como acostumbran decirlo, incluso creo que yo mismo he llegado a considerarlo como una realidad. Es interesante ver como cada vez que llega alguien nuevo se queda asombrado y pregunta si soy mayor de lo que parezco… el motivante de estas pequeñas bromas no es objeto de este post, más bien he querido disertar sobre el peso de los años en algunas personas.

Muy a diferencia de mi actitud frente a la longevidad y la posibilidad realmente de haber vivido durante varios eones, es muy sorprendente ver el impacto que la edad tiene sobre algunas personas. Por estos meses que deambulan, varios de mis amigos han empezado su camino al cuarto piso, y al igual del impacto que tendría subir por las gradas de cuatro pisos corriendo, la llegada a este escalón de la vida los ha dejado sin alientos, tristes, podría decir que hasta desmotivados.

No puedo negar que antes de que se empezara a realizar entre mis amigos el comentario de mi sorprendente longevidad, cada vez que se aproximaba la llegada de mi onomástico, entraba en una grave crisis existencia pensando en lo que no había hecho, en las metas no cumplidas, en las malas decisiones, en los grandes errores, en las perdidas y fracasos.

Era mortal y no solo por el tiempo que, quizá, me restaba, sino porque las metas que me había autoimpuesto no se estaban cumpliendo en los lapso que había determinado, porque esto o aquello debía haberlo hecho en tal o cual fecha y ya había pasado. Era como si el cierre de ese ciclo significara presentar un informe de gestión al más sádico de los patronos, mi propio ego.

Y entonces era totalmente terrible ya había llegado a los 30 y no había aprendido los dos idiomas que me había puesto de meta, ya tenía 33 y todavía no sabía tocar un instrumento, llegaron los 34 y no había empezado mi maestría, ya estoy en los 36 y todavía no he tenido mi primer carro… cada cierre de ciclo se convertía, para mi, en un juicio, en un patíbulo… en un cronometro que podía detenerse en cualquier momento y yo seguí sin cumplir con los mínimos que me había IMPUESTO.

Y entonces comenzaron las chazan frente a mi innegable longevidad, la longevidad de ese ser imaginario que ha visto crecer a Amparo Grisales, que le dio clases a Chavelo en la escuela y que conocío el mar muerto, cuando todavía estaba vivo… y en medio de los chistes, las bromas y chascarrillos una idea nació en mi interior. Los años no son nada, el tiempo es solo una dimensión que nos hemos impuesto nosotros mismos.

Nosotros buscamos las herramientas para frustrarnos frente a las metas y sueños, somos excelentes destructores de nuestra autoestima y esperanza, nos imponemos fechas, tiempos y reglas y caminos que muy seguramente pueden tomar un poco más, pero lo hacemos para tener la posibilidad de, masoquistamente, darnos látigo.

Pensar en mi longevidad me hizo darme cuenta que 30 o 40 años no son nada, son un suspiro, son un camino de experiencias y aprendizajes, que quizá otros en ese tiempo hayan logrado más cosas, pero también hay muchos que no han vivido lo que yo he vivido… son casi 40 años (reales) de caminar, cometer errores, aprender… pero sobre todo de vivir, no sé cuántos años más me depare el futuro, no se si relamente sean siglos o tal vez tan solo unos minutos.

Pero hay algo de lo que estoy totalmente seguro, lo que esté por delante tengo que verlo con expectativa, con esperanza, con fe, con ánimo porque es la oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir creciendo, de seguir conociéndome… es la oportunidad de seguir viviendo y para vivir no hay edad.

¿no has alcanzado una meta cuando lo querias? Si no estás muerto la vida te está invitando a que lo hagas cuando quieras!!! No hay excusa!!! Estamos vivos ... HAY QUE VIVIR.

Así que quizá estás llegando al cuarto o al quinto o al sexto… no importa a que piso de los niveles de tu vida estés llegando, mira el pasado como una experiencia, el presente como una oportunidad y el futuro como un sueño.

Los años no son un peso, los años son la fuente de energía para enfrentar todo lo que la vida nos depara en el presente y en el porvenir.


Por lo menos así lo veo yo.

Fuente imagen: https://c.pxhere.com/photos/d9/d9/ghost_town_forgotten_place_wild_west_village_old_wood_building_house-1088921.jpg!d